iglesiaPapa Francisco

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.

Cardenal Velasio de Paolis

De hecho, los documentos del Concilio al proponer la doctrina de la Iglesia han querido evitar en la medida de lo posible los tonos conflictivos; más aún el diálogo con el mundo moderno ha sido la tonalidad característica. Esto se revela también en la doctrina de la visión positiva de las realidades temporales y en la invitación a la lectura de los signos de los tiempos que la Iglesia estaba llamada a reconocer. Esta visión y perspectiva del Concilio no ha sido de hecho siempre correctamente interpretada. Las interpretaciones incorrectas han sido denunciadas en el Sínodo de los Obispos de 1983. De hecho, el diálogo con el mundo se ha transformado en adaptación, y tal vez ha comportado una cierta mundanización y secularización de la Iglesia.

Cardenal Caffarra

La condición en la que el matrimonio se encuentra hoy en Occidente es simplemente trágica. Las leyes civiles han cambiado su definición, ya que han erradicado la dimensión biológica de la persona humana. Se han separado de la biología de la generación de la genealogía de la persona. Para fieles católicos que están confundidos acerca de la Doctrina de la Fe sobre el matrimonio, simplemente digo: “Lee y medita en el Catecismo de la Iglesia Católica nº 1601-1666. Y cuando oigas a algunos hablar del matrimonio – aunque lo hagan sacerdotes, obispos, cardenales – y luego compruebes que no está e conformidad con el Catecismo, no los escuches. Son ciegos guías de ciegos”.

Cardenal Raymond Leo Burke

Sin embargo, que yo recuerde, nunca he dudado de que el don más grande de Dios hacia mí, mi familia y la Iglesia entera sea el santo sacrificio de la Misa y su incomparable fruto: el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Efectivamente, es el mismo Jesús el que, sentado en el cielo a la derecha de Dios Padre, desciende para hacer presente el Sacrificio del Calvario sobre los altares de nuestras iglesias y capillas, dispersas por todas las regiones del mundo.

Cardenal Robert Sarah

Por tanto, para los racionalistas Dios es el arquitecto supremo del mundo que se desinteresa totalmente de sus criaturas. El deísmo de los enciclopedistas ha matado La paternidad de Dios. Rousseau dijo que la paternidad era un privilegio social. Es lo que yo llamo cortar el cordón umbilical y esta etapa decisiva va a dar lugar a otras etapas que paulatinamente van a convertir a la persona en un individuo y a continuación en un «zombi». De hecho, si Dios ya no es el Padre, el ciudadano deja de ser el hijo y por tanto ya no es una persona que recibe todo de su padre. Se convierte a sí mismo en un individuo abandonado a la organización del mundo y a su propio destino porque ya no recibe su identidad de aquel a cuya imagen y semejanza ha sido creado, ahora la persona tiene que construir su identidad basándose en su única razón.

Cardenal Antonio Cañizares

Quiero mucho a España; como algunos saben, me es muy querida particularmente Cataluña, como también lo son mi tierra y patria valenciana o Castilla o La Mancha o Extremadura o Andalucía o Murcia o Madrid, comunidades a las que me siento unido por haberlas servido en mi misión eclesial, o el resto de las otras regiones y comunidades autónomas que configuran nuestra patria común en esa riqueza pluriforme que se debe respetar, favorecer y potenciar.

Cardenal Joao Braz de Aviz

Cuando Dios encontró al hombre lo hizo en la grandeza. Cuando el Hijo de Dios vino entre nosotros, se hizo pequeño, se hizo niño, de nuestro tamaño. Escondió su divinidad para poder encontrar nuestra humanidad. Después acabó escondiendo su humanidad para quedarse con nosotros en la Eucaristía. Y si nosotros queremos aprender cómo estar con Dios, necesitamos aprender también a rebajarnos. Y no sólo delante de Dios porque somos criaturas, sino también aprender a rebajarse delante de los otros para ser amor. Y no existe otra regla, ley, experiencia en el mundo que nos haga felices, a no ser el amor.