Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965
1º En qué consiste. -Es la virtud que nos sostiene inalterables a pesar de las dificultades que nos pueden sobrevenir,.., nos hace dueños de nuestras pasiones y afectos…, nos hace conservar la misma paz y tranquilidad en el alma…, el mismo humor… la misma serenidad y alegría…, la misma caridad en nuestro trato con los demás… en fin el mismo ejercicio de las virtudes que estamos practicando sin desanimarnos y sin echarlo todo a un lado…
Es una virtud sumamente necesaria porque la experiencia nos dice que muchas veces por desgracia, es la causa de nuestras caídas… Esa es la razón de nuestras geniadas…, de nuestras salidas extemporáneas…, hasta a veces de nuestras resoluciones funestas… ¡Cuánto daño nos ha hecho esta falta de dominio de nuestro modo de ser!… Quizá íbamos caminando muy tranquilamente por la senda de la virtud…, nos parecía que todo era fácil y hacedero…; de repente, se turbó esa paz, vino la tormenta con las tentaciones que el demonio desencadenó y todo o casi todo, naufragó…; cambiamos por completo…, nos pareció que era imposible ya y que esa vida no era para nosotros.
En otras ocasiones, estábamos trabajando por la gloria de Dios…, todo salía a satisfacción hasta los demás nos aplaudían y admiraban pero de pronto hubo Un cambio…, brotaron dificultades donde no las esperábamos y ya desanimados y desilusionados dejamos aquello con desaliento.- Hasta nuestro mismo trato ordinario con las personas que nos rodean, conforme a los sentimientos o a las impresiones que tenemos, así los solemos tratar…, unas veces con afabilidad y cariño…, otras con displicencia y enfado…, ya con tristeza y amargura…, ya con alegrías y bromas.
Si todo nos sale bien, parecemos los más felices…; si alguna cosa se trastorna o nos disgusta, ya nos falta la resignación debida para sobreponernos a nosotros mismos y llevarla con alegría… ¡Qué volubles y variables somos!… ¡Qué distintos unos días de otros!… ¿Quién no ha pasado por esas crisis y experimentado esas mudanzas en S! y en los demás…? ¡ Cuántas veces no hemos Visto esto en algunas personas y lamentamos que sean tan desiguales en su trato…, en su genio…, en su humor? Hay días que aparecen sumamente atractivas y simpáticas… todo las parece poco…, se dan y se entregan sin reserva…; otros, en cambio, resultan insufribles…, no hay quien las aguante…, con un temperamento excitado y vidrioso que no es posible acercarse a ellas… ¡Qué falta tan grande de esta virtud hermosísima de la igualdad!… ¿Puede haber nada más encantador que una persona que sabe estar siempre igual, en medio de los sucesos que la sobrevienen y de los acontecimientos que la rodean?…
2º Consecuencias. -Y mira qué distintas son las consecuencias y los efectos que se derivan en uno y en otro caso. -Él alma que carece de esta igualdad, es ordinariamente un alma incapaz de salir adelante con nada…; nunca llevará a feliz término una empresa de alguna importancia Su virtud será muy superficial y todo lo bueno que haga un día, lo echará a perder al siguiente por su falta de igualdad, que supone, evidentemente, una gran falta de dominio y de mortificación… -No saben estas almas triunfar de sí mismas…, menos podrán triunfar de las demás dificultades que de fuera las vienen. -Así se las ve empezar una cosa, quizá hasta con exagerado interés y empeño… y por menos de nada, cansarse y dejarla a medio hacer… son víctimas de la volubilidad y caminan o se detienen sin rumbo fijo y sin dirección fija, pues la última impresión es la que les domina… ¿Reciben una buena noticia?…, se alegran y gozan como nadie… ¿Es algo desagradable lo que se cuenta?…, pues ya están deprimidas sin poder hacer nada… Estos caracteres impresionables que no se dominan a tiempo, son incapaces de terminar bien una cosa que se les confíe, pues no sirven para nada serio y de importancia… ¡Cuántos talentos y cuántas habilidades enterradas e inutilizadas por esa perniciosa desigualdad!…
Por otra parte, otra consecuencia fatal para ellos es llegar a hacerse despreciables de todos… y a veces de tal modo hacen el ridículo con sus veleidades que excitan a la risa del prójimo. -En cambio las consecuencias del alma que sabe guardar su ecuanimidad, de suerte que aparezca igual y constante siempre, son completamente distintas… ¡Qué simpatía la rodea!… ¡Qué confianza no inspira!… -Parece que se ve a través de su rostro tranquilo y de su mirada serena, la paz Imperturbable de su alma, donde Dios está sosteniéndola…, confortándola…, dirigiéndola…-No es una estatua insensible ni es esto lo que nos pide la virtud de la igualdad…; eso sería irracional…, absurdo…, completamente antinatural e imposible.
La igualdad no quita la sensibilidad, sino que la modera de tal modo, que en medio de las impresiones que recibe y aunque muy frecuentemente la exciten sabe sostenerse, como se sostiene el barco que lleva mucha carga, fácilmente en medio del oleaje…
Esto y no otra cosa te pide esta virtud, que entre los diversos acontecimientos que te ocurran dulces y agradables o amargos y desagradables no pierdas tu cabeza y tu soberanía de suerte que sean esas impresiones las que manden en ti y no tú en ellas… Esto es lo Justo…, lo racional…, lo digno y lo meritorio. -Las almas, pues, Siempre iguales son capaces de todo…, nada las asusta…; son almas grandes…, superiores a todas las cosas…; son las verdaderamente dominadoras…, las que se llevan tras sí los corazones que saben buscarlas y descansar en ellas. ¡Qué paz!…. ¡.Qué consuelo!… ¡Qué ambiente de serena tranquilidad no difunden en su derredor estas almas!…
3º El ideal-y como siempre, nuestro ideal le tenemos en la Virgen querida. ¡Qué ecuanimidad la suya!… ¿Quién pasó por trances y acontecimientos más fuertes y diversos que Ella?… Y, sin embargo, ¿quién supo mantenerse como Ella tan igual y tan serena, a pesar de las impresiones de su delicadísima sensibilidad y de su aún más delicado corazón?… ¡Qué impresión no recibiría en la Anunciación del Ángel al verse elegida por Dios para ser su Madre!… ¡Y en el momento de la Encarnación, cuando ya sintió en su purísimo seno la presencia real de la Divinidad!… -Tan grande fue esta impresión, que la hizo prorrumpir delante de Santa Isabel, en aquellas palabras tan sublimes del Magníficat…
Pero aprende en esa Virgen y en esas palabras, no a ser insensible como Ella no lo fue…, no a recibir con frialdad e indiferencia los grandes acontecimientos y más aún los numerosos beneficios de Dios, que eso no es la igualdad…, sino a no perder la cabeza… y el dominio de tu imaginación… y de tu voluntad, en medio de esos acontecimientos, por muy grandiosos y extraordinarios que sean… ¡Qué temple el del alma de María!… ¡Qué bien preparada estaba para soportar todos los oleajes que iban a inundar su corazón…, unos dulcísimos, como los del nacimiento del Niño… ¡Qué impresión aquella al ver al Hijo de Dios hecho Hijo suyo!…, otros llenos de zozobra e i:q.certidumbre, como el de la huída a Egipto y la pérdida de Jesús en el Templo de Jerusalén…; otros horriblemente espantosos y dolorosísimos, como los de la Pasión, Crucifixión y muerte tan afrentosa de Jesús…
No hay roca en el mar más azotada por las olas, que lo fue el alma de María por la diversidad tan extrema v extraordinaria de los acontecimientos que la sobrevinieron… ¡Qué ejemplo para ti!… Desde luego, que Dios no te pedirá tanto…, no te expondrá a pruebas tan duras y tan fuertes. ¿Por qué pues, no trabajas por mantenerte con igualdad y serenidad a través de las cosas que te pasen o te sobrevengan? -Pide a la virgen Santísima más espíritu de fe…, más conocimiento de la Providencia de Dios, que es la que todo lo dispone…; más resignación y abandono en sus manos, para que Ella haga lo que quiera y cumpla los planes y designios que tiene sobre ti. -De esa fe…, de ese conocimiento…, de ese abandono, brota natural y espontáneamente la virtud de la igualdad. -Vete a la raíz y cuando no tengas esa virtud, examina a ver cuál de esos tres fundamentos te faltan y procura afianzarte en ellos con la ayuda de María.