No sé si has estado nunca en el Hyde Park de Londres un domingo por la tarde. Verías a una media docena o más de charlatanes exponiendo diversas doctrinas a sus oyentes más o menos numerosos, y asegurándoles cada uno de ellos, que está señalando el verdadero camino del cielo. Acaso te has sonreído al imaginarte aquel conjunto que por fuerza ha de resultar interesante. Porque todos hablan sin duda con sinceridad, y sin embargo, se están contradiciendo unos a otros. De todos modos, esto ¿qué importa? ¿No son todas las religiones igualmente buenas? Sólo depende de lo que se acomoda mejor a cada uno. Mientras uno crea en Dios y procure servirle lo mejor que pueda, al final se salvará. Este es un país libre, y cada uno tiene plena libertad de seguir la religión que más le guste. La ley dela nación deja en libertad a todos los hombres.
¡Magnífico! ¡Estupendo! Pero ¿es que ha dejado Dios plena libertad en esta materia? ¿No ha proclamado Dios nunca su ley ni nos ha dicho jamás lo que ÉI quiere que creamos y hagamos en su servicio? Porque en caso afirmativo, las leyes de la nación no tienen nada que ver con el asunto. En este supuesto, no podríamos escoger libremente la religión que más nos gustare y NO todas las religiones serían igualmente buenas.
Porque si Dios ha hablado alguna vez a los hombres, y les ha dicho cómo y de qué manera deben servirle, entonces sólo la que le sirve de esta manera es la religión verdadera. Y otras maneras de servirle no le pueden agradar, porque son contra su voluntad manifiesta.
Así que, la cuestión, en realidad, depende de si Dios ha dado a los hombres algunas prescripciones determinadas. Y cuando uno ve lo mucho que los hombres, abandonados a sus propias luces naturales, disienten en materia de religión, empieza a parecerle muy probable que Dios haya hablado a los hombres y les haya ayudado a resolver una cuestión tan discutida e importante. Por lo menos, esto es una posibilidad. Y los católicos sostienen que, pueden probar además que es un hecho cierto.
Están firmemente convencidos de que Dios ha hablado a los hombres, y que el modo en que Dios quiere ser servido, es su religión. Sostienen que la IGLESIA CATÓLICA enseña LA ÚNICA RELIGIÓN VERDADERA, que fue instituida por Dios como medio de salvación para todos los hombres.
Esto parece una pretensión jactanciosa. Y con todo, los católicos están completamente seguros de ello, tan seguros, que miles y miles de ellos en todos los tiempos, desde que Cristo vivió en la tierra, han sufrido horribles torturas y la muerte antes que abandonar la religión Católica. Esta maravillosa constancia de los mártires católicos de todas las naciones, y en todos los tiempos, demuestra que jamás han tenido los hombres convicción alguna tan constante, tan ampliamente duradera, tan sinceramente profesada como la que tienen los católicos de que su religión es la ÚNICA VERDADERA.
Y es esta convicción, desde luego, la que inspira la actitud de los católicos hacia las otras religiones. Todas las comparaciones claudican en algo y llevadas hasta el extremo, conducen al absurdo.
Símil que puede ser de utilidad
Supongamos que Dios hubiese mandado a todos los hombres que subiesen hasta la cima de una elevada montaña. Y supongamos que algunos de ellos dijesen que conocían un camino enteramente seguro, llano, bien trazado, que Dios había construido y les había encargado expresamente que lo siguieran. ¿No desobedecerían a Dios los hombres que procuraran subir por otros caminos? ¿Y no demostrarían ser muy necios, si no quisiesen averiguar lo que hay de cierto sobre aquel camino? ¿O si empezaran a subir por su propio sendero, escalando tremendos precipicios, atravesando peligrosos ventisqueros, afrontando aludes espantosos y dejándose a sí mismos expuestos a toda suerte de horrores? ¿Podría alguno de ellos alcanzar la cumbre? Es muy dudoso. Si alguno llegara, sería por una especie de milagro: serían únicamente aquellos que nunca hubiesen oído nada del camino seguro, ni hubiesen tenido ocasión de descubrirlo y que hubiesen hecho lo posible para cumplir el mandato de Dios de la única manera para ellos posible.
Y porque no conocían otro mejor, Dios les ayudó, les protegió y les condujo hasta la cumbre, a pesar de no haber andado por el verdadero camino.
Ahora bien, nuestro esfuerzo por conseguir la salvación es lo mismo que la subida a esa montaña. Los católicos son los que conocen el camino: la Iglesia Católica. Los hombres que toman otros senderos y perecen en el camino, son los que no quieren averiguar qué dicen los católicos. Los que, a pesar de andar por malos caminos, se salvan por especial providencia de Dios, son los no católicos de «buena fe» esto es, los que no han tenido ocasión propicia para conocer la Iglesia Católica. No conocieron otro mejor, hicieron de su parte todo lo posible, y Dios, en su gran misericordia, los salva, no porque hayan andado por los malos caminos, sino porque son hombres buenos que hubieran seguido el camino verdadero si lo hubieran conocido. Son hombres que hubieran sido católicos si hubieran conocido lo que es y lo que enseña la Iglesia Católica.
Los católicos se sienten muy seguros en el camino que les lleva a Dios. Y les da pena ver a otros que intentan en vano subir a la montaña. Y les gritan: «¡Venid acá y dad un vistazo a nuestro seguro camino! Dejad los pasos resbaladizos de los glaciares y venid con nosotros.» Algunos (los que están de buena fe) no alcanzan a oír la voz. Porque no es culpa suya, Dios cuidará de ellos. A otros les llegan las voces -hombres como tú, que saben que hay algo que se llama Iglesia Católica que proclama haber sido señalada por Dios como el camino seguro del Cielo.
Si no te informas debidamente, ¿crees que Dios te va a ayudar?
¿Podrás pretender que has procedido con rectitud y que has hecho todo lo posible, si no te has tomado nunca la molestia de averiguar si Dios ha señalado un camino determinado para llegar hasta Él?
Si los católicos conceden que algunos pueden alcanzar la salvación aun cuando profesen una religión no católica, ¿por qué los católicos quieren convertir también a ésos? Porque estarán mucho más seguros en la Iglesia Católica y recibirán toda clase de auxilios, seguridad y fortaleza de que carecen ahora. Necesariamente han de correr grandes peligros escalando la montaña. Mientras, nosotros, los católicos, vamos subiendo con seguridad, con provisiones abundantes para mantenernos vigorosos (la Sagrada Comunión), con puestos de socorro (la confesión) , en los puntos de más peligro para casos de accidente; y un admirable refuerzo (la Extremaunción) para ayudarnos en el último esfuerzo para ganar la cumbre (la muerte) que nos lleva a Dios. Nosotros deseamos hacer partícipe de estas ayudas a todo el mundo Quisiéramos que todos fueran tan felices y estuvieran tan seguros como nosotros. Por eso procuramos convertir a los demás -incluso a los hombres «de buena fe» que se salvarían en todo caso, por especial misericordia de Dios-. Si somos católicos, no es ciertamente por ningún mérito nuestro, sino por pura bondad de Dios, que ha colocado nuestros pies firmemente en su camino real; y lo que hacemos es simplemente procurar que también Tú recibas el mismo beneficio de Dios, para participar de nuestras seguridades y nuestros auxilios, y que abandones la peligrosa situación de permanecer alejado de la Iglesia Católica sin hacer lo posible por averiguar la verdad de lo que ella proclama.
«HONRAD A LA VIRGEN MARÍAN Y HALLARÉIS LA VIDA Y LA SALUD ETERNA», es una frase de San Buenaventura. Y una manera de honrar a la Virgen María es no olvidarse JAMÁS de rezar cada mañana y cada noche las TRES AVEMARÍAS.
