Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

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Ateísmo hoy 5

01 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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Guerra-Campos.5Deseamos una clasificación provechosa y suficiente de las formas y de los motivos del ateísmo. ¿Cuál? Caben varias, y todas valederas. Cada autor puede hacer la suya. En el campo de las clasificaciones ninguna satisface por igual a todos. Hay muchos aspectos y muchos puntos de vista y de referencia para ordenar y clasificar una materia dada. Dejando aparte otras,[1] me limito en este momento a releer la clasificación que utilizó el Concilio Vaticano II en los números dedicados al tema en la Constitución Gaudium et spes. Esta lectura, al ofrecernos una síntesis esquemática y enjundiosa, nos ayudará a situarnos, de entrada, ante una panorámica del campo que queremos explorar:

«La palabra «ateísmo» designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que reputa como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente los límites de las ciencias positivas, pretenden explicarlo todo sobre esta base puramente científica o, por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios. Hay quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo o como adjudicación indebida del carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente como sucedáneos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios.»

«Con frecuencia, el ateísmo moderno reviste también la forma sistemática, la cual, dejando ahora otras causas, lleva el afán de autonomía humana hasta negar toda dependencia del hombre respecto de Dios. Los que profesan este ateísmo afirman que la esencia de la libertad consiste en que el hombre es el fin de sí mismo, el único artífice y creador de su propia historia. Lo cual no puede conciliarse, según ellos, con el reconocimiento del Señor, autor y fin de todo, o por lo menos tal afirmación de Dios es completamente superflua. El sentido de poder que el progreso técnico actual da al hombre puede favorecer esta doctrina.»

«Entre las formas del ateísmo moderno debe mencionarse la que pone la liberación del hombre principalmente en su liberación económica y social. Pretende este ateísmo que la religión, por su propia naturaleza, es un obstáculo para esta liberación, porque, al orientar el espíritu humano hacia una vida futura ilusoria, apartaría al hombre del esfuerzo por levantar la ciudad temporal. Por eso, cuando los defensores de esta doctrina logran alcanzar el dominio político del Estado, atacan violentamente a la religión, difundiendo el ateísmo, sobre todo en materia educativa, con el uso de todos los medios de presión que tiene a su alcance el poder público.»[2]

Para organizar de modo sencillo la exposición que sigue, reuniremos todas las formas de ateísmo en tres grandes grupos:

1º El ateísmo como desentendimiento de Dios por inmersión egocéntrica en lo inmediato.

2º El ateísmo como solución negativa del problema de Dios, que pretende demostrar que Dios no existe.

3º El ateísmo como «humanismo» o reducción de Dios al hombre. (Es la forma más característica de nuestro tiempo.) Sólo que esta reducción de Dios al hombre se hace de dos maneras bien diferenciadas:

  1. a) Reducción simplemente explicativa; puro reduccionismo: la realidad encubierta por la denominación «Dios» y la actitud «religión» no es más que el hombre mismo, alguna de sus fuerzas, ideas o aspiraciones (explicaciones psicológicas o sociológicas).
  2. b) Reducción exaltadora o humanismo ateo propiamente dicho: la reducción de Dios al hombre, como acabamos de ver en el Concilio Vaticano JI, antepone la afirmación del hombre a la negación de Dios; el móvil determinante de la negación de Dios no es porque no existe y porque haya que contentarse con lo humano; se niega a Dios porque se afirma al hombre, «divinizándolo», exaltando su capacidad de realizar por sí mismo todo lo que la religión atribuye a Dios o espera de Dios.

A estas tres agrupaciones de formas ateas se podría añadir esa postura extraña y balbuciente llamada ateísmo cristiano, que se ha formulado hace pocos años y parece un intento de recoger y en cierto modo asimilar, dentro de la «fe», las instancias ateas del proceso del «pensamiento moderno».

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1] He aquí, por ejemplo, compendiadas sucintamente las clasificaciones de algunos autores (las obras no citadas aquí véanse en la bibliografía final): A. DEL NOCE. Tres formas irreductibles: Ateísmo negativo o nihilista -Ateísmo positivo o político -Ateísmo trágico (Nietzsche).

  1. F. Sciacca (en la obra de Ricciotti): Ateísmo práctico y ateísmo teórico -Ateísmo absoluto o dogmático -Agnosticismo -Deísmo -Humanismo ateo -Panteísmo y monismo.
  2. FABRO: Monismo materialista y monismo espiritualista Ateísmo humanístico (incompatibilidad de libertades) -Ateísmo pesimístico (el mal).

Informe de la Comisión interprovincial de Jesuitas sobre ateísmo en España (1967): Ateísmo práctico o de masas (Indiferentismo naturalista -Protesta y reacción: anticlerical, por la injusticia; contra Dios, por el mal). -Ateísmo sistemático, de minorías: Agnóstico liberal -Humanista-existencialista -Ra-cionalista, por razones «científicas» -Marxismo.

  1. Grumelli (en IC.I, n. 379, 1 marzo 1971): Ateísmo cultural, por abandono de una cultura en la que estaba inserta la religión. Ateísmo ideológico, por convicción -Ateísmo sociológico, condicionado por el medio social -Ateísmo interpretativo, por protesta o rebeldía.
  2. Ayfre (cap. «El ateísmo en el cine contemporáneo», en la obra -colectiva «El ateísmo contemporáneo», ed. Cristiandad, vol. 1, tomo 2, pp. 785 ss.): Ateísmo práctico (ausencia de Dios por ignorancia o desentendimiento) -Ateísmo metafísico (ausencia como repulsa) -Ateísmo psicológico (comprobación de la ausencia) -Ateísmo idolátrico (ausencia que se distrae con pseudopresencias en las que no se cree de verdad) -Ateísmo epistemológico (ausencia con nostalgia de una presencia en la que no se confía).

[2] Gaudium et spes, 19y 20.

Ateísmo hoy 4

26 viernes Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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Formas y motivos del ateísmo (siglos XIX-XX). Una clasificación.

guerra camposEs mi intención exponer algunas de las formas de ateísmo, y por tanto algunos de los motivos o motivaciones que llevan al ateísmo -más o menos teórico, más o menos práctico-en la época contemporánea. Pero, como ya hemos dicho que la aportación original en los últimos decenios es escasa (excepto algún punto que ya señalaremos), vamos a considerar como’ época contemporánea todo el proceso de despliegue de las actuales ideas y actitudes, tomándolo al menos desde el siglo XIX.

Al intentar una clasificación, porque de alguna manera hay que poner orden y trazar líneas sistemáticas, partimos siempre de la convicción de que las actitudes de las personas concretas no se pueden encasillar con exactitud. Quede esto dicho de una vez por todas. En una persona pueden coincidir distintas formas, mezclándose en dosis variables, puede haber oscilaciones, evolución de unas a otras. No tratamos, pues, de encasillar personas; no se trata de fijar la postura exacta de un ateo determinado. Así como en el orden físico-matemático -campo de las leyes o de fenómenos mensurables las clasificaciones son muy hacederas, cuando andan por medio las personas ya sabemos que no: las intenciones, las inquietudes, los motivos son siempre muy intrincados; y no digamos si a esa complejidad añadimos el juego de lo consciente, lo subconsciente y lo inconsciente: entonces fácilmente nos perdemos y no hacemos pie. Pero lo dicho no suprime la utilidad de los esquemas y los tipos, que incluso contribuyen a esclarecer las posturas personales ante la vida, siempre que se tengan en cuenta las modalidades diferenciales y los matices de cada uno.

Prescindiendo de una clasificación por personas, conviene que hagamos una clasificación por líneas directrices o posturas dominantes. En esta clasificación hablamos de formas y de motivos. Son cosas inseparables. Quizá necesite una brevísima aclaración -para no tener que hacerla más tarde-la división que se hace de motivos. A lo largo de este guión de lecciones se mencionan primeramente unos motivos internos y después unos motivos externos. ¿Qué entendemos por motivos internos y por motivos externos? La terminología se presta a la confusión: alguien podría decir por ejemplo, que «motivo interno» es 10 que piensa uno acerca del tema de Dios, y «motivo externo» la propaganda que desde afuera le presiona y condiciona. Yo no lo entiendo así. Naturalmente estamos ante un lenguaje convencional; por lo mismo, debo explicar en qué sentido lo tomaremos ahora.

Entiendo por motivos internos los que son interiores al proceso mental del ateo: las razones, las interpretaciones de hechos, las actitudes que conducen el pensamiento ° la voluntad de una persona a excluir a Dios -por exclusión radical o por desentendimiento-con una cierta lógica. (Aunque no será inútil precisar que la lógica en este campo sólo conduce a posturas de agnosticismo, y que las posturas de negación siempre son ilógicas, porque no hay ningún indicio o interpretación de hechos o razonamiento que lleve de modo razonable a una conclusión negativa; aunque sí a una desorientación o a la duda). Ejemplos de motivos internos: el de quien piensa que Dios no existe porque, si existiera, no sería conciliable con el «mal» que padecemos; o más sencillamente, el que piensa que Dios no puede existir porque a él le da la gana de ser independiente y estima que su propia independencia es inconciliable con el reconocimiento de Dios. Estas son en cierto modo razones internas al proceso mental del que se dice ateo. La «propaganda» es externa, sin duda; pero lo que hace la propaganda es suministrar, alimentar, avivar esas mismas razones internas; es un fuego que nutre el fuego interior del ateo. Por tanto, computo la propaganda entre los ingredientes del proceso de motivaciones internas; a no ser cuando está organizada para engañar.

Por motivos externos -esto se verá más claro cuando hablemos de los mismos-entiendo aquellas situaciones exteriores al ateo, por ejemplo el mal ejemplo de los creyentes, etc., que hacen que ciertas aspiraciones o movimientos legítimos del ateo, encaminados hacia un bien, y que todos compartimos, se desvíen contra Dios. La intención que mueve el proceso interior no sería ir contra Dios, sino suprimir un mal en este mundo; mas por una extraña interferencia de conductas ajenas el proceso se desviaría, quizá semiinconscientemente, y terminaría ex-presándose en forma de oposición a Dios, sin que en el fondo lo sea. A tales motivaciones externas dan ahora algunos mucha importancia. Le dedicaremos la atención necesaria en su momento.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

Ateísmo hoy 3

18 jueves Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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Ambigüedades de la distinción entre ateísmo teórico y ateísmo práctico

guerra camposPara proceder con un poco de orden y rigor dentro de la sencillez, antes de seguir adelante hay que preguntar todavía: ¿qué clase de exclusión de Dios es esa que llamamos Ateísmo? Hemos hablado de «desentendimiento» y de «negación». Quizá no basta. Cuando se trata de ateísmo es frecuente aducir una distinción que se aplica con mucha facilidad a los comportamientos concretos de determinadas personas: la distinción entre ateísmo teórico y ateísmo práctico. Se supone que esta distinción aclara mucho las cosas, e incluso señala dos niveles de profundidad: el ateísmo teórico sería más radical, sería negar a Dios directa y conscientemente; y el ateísmo práctico, por lamentable que sea, sería más superficial, sería obrar sin coherencia en relación con Dios, como si Dios no existiese, pero sin negarlo.

Sin embargo, la claridad es sólo aparente; la distinción entre los dos modos de ateísmo es muy indeterminada. Y lo que desde luego resulta difícil, casi imposible, es deslindar en las personas concretas, aun cuando formulen científicamente su pensamiento, a qué tipo de ateísmo corresponde. ¡Dios lo sabe! En abstracto parece fácil. El ateísmo teórico sería en cada caso la negación de la existencia de Dios por ciertas razones; y el ateísmo práctico sería sencillamente la negación de la Religión, la eliminación de mi comunicación libre con Dios o de la ordenación de mi vida a Dios, por agnosticismo, por falta de confianza, por lo que fuere.

Se piensa a veces que la negación meramente práctica, compatible con el reconocimiento de la existencia de Dios, es menos negación de Dios que la teórica. ¿Pero es menos negación de Dios, por ejemplo, la rebelión directa contra Dios (el antiteísmo satánico), la oposición sistemática contra Dios reconocido como existente, mas no acatado?

Aumenta la ambigüedad, sobre todo entre cristianos, cuando, al exigirnos justamente mayor fidelidad a nuestra vocación, llamamos «ateísmo práctico» a toda actitud de pecado. No hay peor equívoco, porque donde hay pecado reconocido hay profunda religiosidad: el reconocimiento del pecado es una de las marcas inconfundibles de la actitud religiosa.

Por otro lado, en cada una de las personas, posibles ateos, que quisiéramos examinar, se dan interferencias entre lo teórico y lo práctico y, además, es dificilísimo determinar la prioridad genética, esto es: ¿ciertas actitudes de desentendimiento O aparente negación de Dios en una persona determinada empezaron por el examen de unas razones. u objeciones, que la llevaron a declarar que DIOS es mutI1-desconocido-no existente, y en consecuencia la indujeron a conformar su vida práctica de acuerdo con esa supresión de Dios?; ¿o al contrario, fue una actitud inicial de desentendimiento o descuido, de afirmación práctica y un poco a ciegas de la propia autonomía la que poco a poco la llevó a buscar razones que cohonestasen aquella actitud y le sirviesen de coartada? A veces no lo saben ni siquiera los interesados.

Baste considerar algunos hechos. Muchas personas, que se creen totalmente ateas, mantienen sin embargo una preocupación, una «apertura» hacia lo misterioso, hacia lo trascendente desconocido: donde permanecen esta preocupación y esta apertura, no hay exclusión total de Dios. Hay otras formas de ateísmo que son posteriores al ejercicio de la fe: formas de descreimiento que aún conservan viva la desilusión, la nostalgia, a la manera de los discípulos que se retiraban a Emaús el día de la Resurrección del Señor: daban ya por acabado lo que habían esperado del Señor, formulaban ya esta esperanza en pretérito («nosotros esperábamos que Él había de restablecer el reino de Israel, pero ya estamos en el tercer día y…»).[1] Esa nostalgia era como una ceniza, pero con brasas debajo; la nostalgia dice mucho con la fe: era todavía fe, aunque en peligro de apagarse. Hay también el ateísmo de los «apasionados». Acaba de morir Jean Rostand, uno de los pensadores incrédulos más conocidos de nuestro tiempo, célebre por su racionalismo implacable, pero también por su honradez antitópica y su franqueza. Escribió en una ocasión: «Lo que me escandaliza es que aquellos que creen en Dios no piensen en Él tan apasionadamente como pensamos en su ausencia los que no creemos».[2] ¿Es éste un ateísmo radical?

Ateos que parecen muy radicales en sus formulaciones científicas sistemáticas, luego resulta que no lo son tanto. ¿Excluyen de verdad a Dios? ¿o, por 10 que sea, se deciden a no contar con Dios, a proclamar su autonomía sin trabas? Cito dos autores de los más extremosos y sistemáticos en la materia. El famoso filósofo Nicolai Hartmann, después de haber refutado a su manera con toda clase de razonamientos el valor de los indicios o pruebas que conducen a afirmar la existencia de Dios, después de establecer como postulado la afirmación de una libertad humana absolutamente desligada de toda relación con Dios, confiesa: «La falsedad de las pruebas o de las teorías no es nunca por sí sola una refutación del objeto. Éste puede subsistir. Pero permanece envuelto en una absoluta irracionalidad».[3] ¿Quiere decir que, a pesar de todo lo dicho, a lo mejor Dios existe, aunque no sea accesible con valor práctico?

El otro autor es J. P. Sartre, el clásico existencialista ateo, consolidado al parecer en un ateísmo sin preocupaciones ni búsquedas y que, sin embargo, escribió hace exactamente diecisiete años unas palabras, que no sabemos si tenían un tono irónico, pero es probable que en este momento sean para él mismo más serias de lo que se imaginaba: «Mi ateísmo es provisional. Está vinculado al hecho de que Dios no se me ha revelado todavía».[4]

Como la modalidad teórica y la modalidad práctica del ateísmo pueden darse con distintas dosis en una misma persona, y también en diferentes formas de ateísmo, siendo difícil deslindarlas. por ello renuncio a clasificar el ateísmo teórico y el ateísmo práctico como formas separadas entre las demás formas de ateísmo. Pueden invadirlas todas y podemos tropezar con ambas modalidades en cualquiera de ellas.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1] Lucas 24, 21.

[2] JEAN ROSTAND: «Ce qui me scandalise, c’est que ceux qui croient en Dieu, n’y pensent pas aussi passionnément que nous, qui n’y croyons pas, pensons a son absence». (Cf. Ce que je erais, Paris, 1953; Inquietudes de un biólogo, Ed. Fontanella, Barcelona, 1969.)

[3] N. HARTMANN, Ethik, ed. 1935, p. 743.

[4] J. P. SARTRE, en Recherehes et Débats n 32 Paris 1960, p. 61.

Ateísmo hoy 2

10 miércoles Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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¿Qué entendemos por ateísmo?

guerra camposTampoco es fácil responder satisfactoriamente a la pregunta previa y elemental: ¿qué entendemos por ateísmo? Las palabras citadas del Concilio señalan dos actitudes: desentenderse de Dios y negar a Dios. Pero ¿qué «Dios»? Porque, cuando los ateos se ocupan de la existencia o no existencia, de la presencia o de la ausencia de Dios en el mundo y en la vida del hombre, no se refieren a cualquier forma de «absoluto» o de substrato permanente, eso que de algún modo, aunque confuso, todos reconocen bajo la transitoriedad de las formas particulares del universo. (A no ser que alguien se atreva -y alguien se ha atrevido- a imaginar el nacimiento de esas formas sucesivas como un puro chisporroteo, un continuo brotar desde la pura nada.) La mayoría, cuando quieren pensar con coherencia racional, apelan a un trasfondo o manantial, a la «Naturaleza».

Esto, que apenas nadie negará, tiene muy poco interés. Lo que interesa es aquella Realidad en que se conjugan el Poder y los llamados Valores, a saber, lo que da sentido al mundo y sobre todo al hombre, a las aspiraciones de la libertad humana. Por eso, para no perdernos en consideraciones que podrían ser verdaderas, pero inútiles, debemos acotar el campo. Aquí entendemos por ateísmo una postura -bien sea de desentendimiento, bien de negación, que a estas dos se reducen todas según el resumen conciliar-en relación con una realidad que, siendo poder o siendo el sustrato de toda realidad a lo largo del tiempo y del espacio, de alguna manera es personal, aunque no definamos demasiado este concepto: de alguna manera se emparenta con nuestro modo peculiar de ser, con la inteligencia y con la voluntad, y por tanto de alguna manera es un polo de posibles relaciones, es decir, de la religión.

Cierto es -digámoslo entre paréntesis- que ha habido siempre formas de religiosidad panteísta: Los estoicos y otros pensadores «veneraban» de verdad, con una seria actitud de rendimiento y hasta de emoción, la racionalidad o la bondad del Todo, sin atribuirle carácter personal.

Pero también es cierto -y esto no 10 pueden evitar los hombres modernos-que cuando en ese Todo queremos situar nuestra persona, con sus aspiraciones, con su ansia de ser persona, de ser libre, de no ser un fragmento de una gran máquina universal automática, entonces sólo tiene sentido referirse a un Dios de índole personal. Quizá a veces la coloración panteísta impregnada de religiosidad que admiramos en ciertas personas o en ciertas plumas, si es realmente «religiosa», más que excluir al Dios personal, lo que intenta es subrayar la intimidad, la presencia universal o la inmanencia vital de Dios en todas las cosas.

El hecho es que gran parte de los planteamientos sobre el ateísmo o la religión derivan de ese gran drama o tensión angustiosa que desde hace siglos condiciona el pensamiento humano: el choque y la aparente inconciliabilidad entre el sistema de las leyes universales y necesarias -que constituyen la Ciencia o un cierto tipo de pensamiento filosófico, ontológico abstracto-y el campo de la libertad y de lo personal. (Evoquemos las angustias incesantes de un escritor tipo Unamuno y tantos como él). En realidad la perspectiva de la persona sólo se puede afirmar si las dos dimensiones -lo universal y necesario que vemos realizado en la Naturaleza, y lo libre, personal, subjetivo-se unifican en Algo, mejor dicho, en Alguien. Esta es la concepción del pensamiento católico acerca de Dios: a la vez el Ser Necesario y Libre; Él mismo es la necesidad y la libertad, la razón de ser de las leyes y la razón de ser de las actuaciones personales. El hombre mismo ve en sí realizada, aunque insatisfactoriamente, esa conjunción más o menos armónica de lo sometido a las leyes ciegas de la Naturaleza, por una parte, y de la aspiración hacia lo alto, hacia el señorío, hacia la independencia ante esas leyes: el espíritu, la libertad.

Esto explica que algunas reacciones -más bien dieciochescas y ya arcaicas-frente a la religiosidad, con propensión hacia apariencias de ateísmo, sólo puedan referirse a las formas de religiosidad «natural» o pagana; ya que estas incurrían en el fallo de disociar los dos atributos divinos de la Personalidad y la Trascendencia. Es sabido que los «dioses» de las viejas religiones eran más bien personas antropomórficas, es decir, limitadas y, aunque fuesen superiores al hombre, supeditadas a su vez a una ley O fatum o poder superior. De ahí que, cuando se desarrolla la «ciencia» (la ciencia de las leyes o las constantes, de los procesos necesarios, lógico-matemáticos) se desarrolla también, casi inevitablemente, una tendencia «despersonalizadora». Un mundo poblado de dioses, diosecillos, voluntades, intenciones, espíritus, etc., se despuebla, para sustituir todo eso por el automatismo de energías, de constantes universales y necesarias. Y quizá por ello se explica también que, fuera del ámbito de influencia de la Revelación judaica y cristiana, las filosofías u ontologías han propendido siempre a un cierto monismo: a una concepción de lo divino que oscurece su condición personal, su ser término de una posible relación consciente y esperanzada, de una auténtica religión.

En conclusión, hablamos del ateísmo en cuanto es desentendimiento o negación O duda, consistentes y enraizadas, respecto a un Dios de índole personal.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

Ateísmo hoy 1

04 jueves Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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INTRODUCCIÓNguerra campos

Magnitud social del fenómeno.

Hablamos del ateísmo contemporáneo. Nos referimos, pues, a un fenómeno de nuestro tiempo, fenómeno que se caracteriza por su magnitud social. El Concilio Vaticano II, describiendo la situación del mundo de hoy, ha dicho:

“Muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión… La negación de Dios o de la religión no constituye, como en épocas pasadas, un hecho insólito e individual; hoy día se presenta no rara vez como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo.”[1]

Y cuando en el mismo documento conciliar se trata a propósito el tema del ateísmo, leemos:

“La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador. Muchos son, sin embargo, los que hoy día se desentienden del todo de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan en forma explícita. Es este ateísmo uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo.”[2]

En las últimas palabras el Concilio cita, introduciendo una levísima variación, un texto anterior del Papa Pablo VI, que en la Encíclica Ecclesiam suam había afirmado: “El ateísmo es el fenómeno más grave de nuestro tiempo”.

¿Fenómeno de hoyo de ayer?

¿De nuestro tiempo? ¿Es realmente un fenómeno característico de hoy y de aquí? Autores especializados en el estudio de la cuestión sostienen que el ateísmo del siglo xx es poco original[3]; no hace más que continuar en sus líneas dominantes formulaciones ya dadas sobre todo en el siglo XIX, y algunas con raíces de tipo cultural en el siglo XVIII. Volveremos sobre el tema: y quizá entonces podamos advertir que lo que caracteriza principalmente al ateísmo de hoy -en cuanto hodierno o contemporáneo-es más bien un efecto de acumulación y la consiguiente creación de situaciones ambientales.

Mas este incremento por acumulación, en virtud de un proceso que viene desplegándose hace muchos decenios,

¿cómo ha de ser interpretado? ¿Como marea creciente o como decreciente? La respuesta no es fácil, ni tampoco es este el momento de intentarla.

A este efecto de acumulación con sus implicaciones sociales quizá hay que añadir lo que subraya con dolor el Concilio Vaticano II: que en muchos sectores del mundo actual el ateísmo es promovido por los poderes públicos, especialmente en el campo de la educación.[4]

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca

[1] Constitución Gaudium et spes, 7. Traducción de Ed. BAC, Madrid, 1967.

[2] Gaudium et spes, 19.

[3] Cf. H. DE LUBAC, Ateísmo y sentido del hombre, ed. Euramérica-CEU, Madrid, 1969, p. 26. Cf. también la obra de A. Del Noce citada en la Bibliografía final.

[4] Gaudium et spes, 20.

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