Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Meditaciones de la Virgen

Página para meditar 159

07 miércoles Oct 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Padre Alba, Uncategorized

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Padre Alba IEsta página para meditar, no va a ser para la meditación, sino para animarnos todos a participar en la Olimpíada.

¿No definen este año 1992, como el año de la gran olimpíada nunca vista? ¿No dicen que la epopeya del descubrimiento y evangelización del Nuevo Mundo que dará oscurecida por el efímero resplandor de unas cuantas medallas de oro, plata y bronce?

Pues este año, ya desde el comienzo, os invito a la gran olimpíada, a la gran participación y desafío olímpico. Ganaréis oro de ley para la vida eterna. ¿Cómo?

Tomemos ejemplo de Santa Teresa, llena de cortesana sabiduría y grandeza de generosidad, en sus “desafíos” espirituales.

Desafiaba a cualquiera de sus hijas, a que se ofreciera durante mes y medio, a sufrir unas mortificaciones muy graves de sus hermanas y que considerasen la humildad y silencio del Señor delante de sus tribunales.

El día que lo hiciere, le entregaba Santa Teresa la mitad de lo que mereciese aquel día, tanto en la comunión como en sus dolores y padecimientos.

¿Quién no se desafiaría con Santa Teresa, para obtener tan copioso premio de su victoria?

Os propongo este año estos “desafíos olímpicos”, para animaros a la perfección. Puede ser entre marido y mujer, entre dos o tres compañeros, entre dos amigos, presentes o por correo. Que duren dos meses, cambiar otros dos meses, y así sucesivamente hasta final de año.

“X” se desafía con “Y”: “X” mirará al crucifijo tres veces al día en memoria de las tres horas de agonía del Señor en la Cruz, para alcanzara “Y” la gracia del silencio y saber callar en la contradicción. “Y” le aplicará a “X” el mérito de sus vencimientos. Examinarán cada quince días la marcha del certamen y decidirán para el final de los dos meses, el nuevo desafío.

“A” ofrece a “B” el mérito de llevar con alegría, haciendo tres veces al día su aceptación, la voluntad de Dios en los sucesos de cada día, y “B” le ofrece el mérito de sus comuniones. “C” le ofrece la comunión espiritual a “D” puesto que no puede comulgar a diario, si “D” le suplica en sus comuniones un aumento de devoción eucarística.

Se piden cuenta cada quince días.

Otros ejemplos: dominio de la vista, ejercicio de paciencia, de la caridad, de la alegría espiritual, de la rectitud de intención, de la pereza, de la vida interior, de la humildad y la obediencia, del propio vencimiento. Tres actos cada día.

Vamos a entrar toda la Asociación en esta olimpíada. Todo lo demás se nos dará por añadidura. Además creceremos en virtud y en amistad y unión espiritual.

¡Medallas de oro incorruptibles!

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 159, febrero de 1992

Meditación 66: en el calvario, la crucifixión

01 jueves Oct 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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cruz pasión1º Preparativos de la Crucifixión. -Contempla la llegada al Calvario. -: -Agotado…, pálido…, ensangrentado…, ha llegado sin vida Jesús después de su dolorosísimo Viacrucis, en el que, agobiado por la fatiga y el dolor, varias veces cayó en tierra. -También han llegado los verdugos, que sin perder tiempo, comienzan a preparar lo necesario para la crucifixión de Cristo y los ladrones. -Mira, sobre todo, a su Madre querida. -¡Ella también ha subido a la cumbre!… Sabe lo que la espera y valiente y decidida, se abraza con todo. -La escena de ajusticiar a un hombre, por; muy criminal que sea, siempre es algo horriblemente impresionante… ¡Qué sería en el corazón de la Virgen, que era a la vez su Madre! -No te apartes de Ella… deja a la inmensa muchedumbre que por odio o por curiosidad sube también al Calvario…; muy cerca de la Virgen, para que escuches todos los latidos de su corazón, asiste a este espectáculo.

Los verdugos despojan brutalmente a Jesús de todos sus vestidos…, renuevan sus heridas, que una vez más manan sangre en abundancia y queda así desnudo, a la vista de todo el mundo… ¡Qué vergüenza para Jesús!… Oye las risotadas y las groserías con que los soldados y verdugos, y aún su mismo pueblo le saludarían al verle así. -¿Cómo escucharía todo esto la Santísima Virgen? -¿Qué pasaría por su purísimo corazón al ver de este modo a su Jesús?

En seguida es tendido con violencia sobre el madero…, y cogiéndole con fuerza una mano, descargan sobre ella el primer martillazo… Mira el estremecimiento del cuerpo de Cristo, al sentir un dolor tan atroz…; mira sus labios, que se aprietan, conteniendo el quejido que de ellos se escapa…; sus ojos, que no pueden contener las lágrimas, se elevan al Cielo…, mira a su Padre y su pensamiento se dirige a ti y te dice: «Por ti». -En seguida, otro y otro martillazo… y así hasta que clavan las dos manos y los dos pies a la Cruz… ¿No ves el corazón de la Virgen completamente traspasado? o» Todos los golpes han descargado a la vez sobre Ella…; no ha oído los martillazos, los ha sentido igual que su Hijo… También Ella se estremecía…, también miraba al Cielo…, también pensaba en ti… Y tú, ¿en qué y en quién piensas?.. ¿Qué sientes?.. ¿Qué dices?… ¿Qué haces al ver así a Jesús y a Ma­ría?…

2º En la Cruz. -Ya clavado, es llevado o arrastrado en la Cruz hasta el hoyo donde se ha de fijar. -Levantan la -Cruz y la dejan caer, chocando vio1entamente. -El dolor de Jesús es indecible…; ahora es todo el peso de su cuerpo el que pende de los clavos, pero el choque de la Cruz al caer en el hoyo aún le hizo mayor. -Jesús se estremece convulsivamente, y la sangre corre por toda la Cruz a torrentes… Ni un solo movimiento pasa desapercibido a su Madre…, ni un solo dolor se la oculta… Todo lo ve…, todo lo comprende…, todo, como su Hijo, lo sufre en silencio.

Una vez más con Ma­ría y junto a Ma­ría, contempla este cuadro… ¡He ahí a tu Rey!, suspendido entre el Cielo y la tierra crucificado como un criminal entre dos de ellos abandonado de su mismo pueblo, que se goza en verle sufrir… Mírale bien. -Di a la Virgen que te le enseñe para que sepas mirar a Cristo Crucificado .Mira aquella frente divina que se inclina bajo el dolor insoportable de la corona de espinas…, aquellos ojos cegados por la sangre que les inunda…, aquel pecho que se levanta oprimido por la fatiga que le ahoga…, aquel cuerpo todo descoyuntado…, dolorido…, aquellas manos y pies manando arroyos de sangre… Mírale bien. -Es Jesús. ¡Tu Jesús!… ¡Tu Rey!… ¡Tu Esposo!… ¡Tu Salvador!

3º Los insultos. -Y, sin embargo, parece que no hubo nadie de los que rodeaban a Jesús, que no presenciase este espectáculo sin una alegría y gozo satánico, que se exteriorizó en los más horrendos e inconcebibles insultos… ¿Qué más querían sus enemigos? – -Habían triunfado por completo… Tenían a Jesús en la Cruz a punto de expirar… y, sin embargo, quieren aprovechar aquellos momentos de agonía para hacerle aún sufrir más…, hasta lo último…, insultándole sin cesar… ¡Qué tiranía la de la pasión cuando esclaviza al corazón del hombre!…Nunca se satisface…, siempre exige más, aunque sea brutal, inhumana, completamente irracional.; las pasiones no tienen entrañas.

Así fue aquella muchedumbre…, aquellos judíos…, aquellos sacerdotes apasionados contra Cristo. -No le perdonan ni aun en su agonía, y se ceban en Él con los más groseros insultos…, se burlan de Él como Profeta, que había dicho que destruiría el Templo y en tres días lo reedificaría como Hijo de Dios, ya que así Él se había llamado como Mesías y Rey, que había tenido poder para salvar a otros, pero no a Sí mismo…, y le añadían: «Si bajas de la Cruz, creeremos en ti…» ¡Cuán dolorosas fueron para Jesús aquellas burlas…, en aquellos solemnísimos momentos…, viendo, además, la ingratitud y desprecio de Dios que suponían!

Y Jesús, callaba…. y sufría, saboreando en su corazón la amargura infinita de su tristeza y de los dolores. -Y para Ma­ría, ¿qué serían aquellos insultos?… No es posible expresarlo ni comprenderlo… ¡Qué valor el suyo! – -Junto a la Cruz muy cerca de su Hijo, todo lo más que puede permanece de pie ¡Stabat Mater! -Recta e inmóvil, con las manos apretadas sobre el pecho, como conteniendo el corazón que quería saltar de dolor…, con los ojos fijos en Jesús… no acierta a mirar a otra parte…, es mucho lo que» tiene que leer en aquel libro de su Cuerpo, escrito con su propia sangre.

Contempla a la muerte que poco a poco se va acercando ya a ÉL., y Ma­ría, más fuerte que la muerte, no huye, sino que permanece sin moverse… ¡Stabat Mater! -Oye las blasfemias…, los insultos de aquellos tigres que no respetan el dolor de una Madre que ve morir a su Hijo…; quisiera gritarles y decirles: «Ya basta, ¡fieras!, dejadle ya, es mi Hijo…, tened piedad de mi dolor.» -Pero calla, como Jesús…; ahoga en su corazón la angustia… y aunque toda la naturaleza se conmueva… y las piedras choquen y se rompan, y la tierra tiemble… Ella allí estará: Stabat. -Medita esto mucho y promete a tu Madre, ser fiel a tus deberes…, no apartarte de ellos jamás, aunque sean tu Cruz…, aunque supongan para ti el mayor sacrificio…, que también de ti se pueda decir: Stabat…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 65: en la calle de la amargura

28 lunes Sep 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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1º Jesús cargado con la Cruz. -Jesús vuelve de nuevo a tomar sus vestidos, deja la púrpura y la caña, pero no la corona. -Es Rey y como Rey va a morir, por eso su corona no cae de su cabeza. -Ya tomó, abrazándose a ella, la Cruz…, y el cortejo se puso en marcha. -Rodeado de soldados y verdugos que le insultan… y maltratan sin cesar…, de una muchedumbre inmensa que le maldice… y se goza en verle sufrir… y de dos ladrones criminales, camina Jesús.03

Contémplale…: esa respiración fatigosa que oyes es la suya…, no puede más… Él reguero de sangre que deja en el camino, dice cómo lleva su cuerpo todo hecho una llaga por los azotes… La Cruz es muy pesada…; no es el peso material de ella…, si no todo lo que con ella ha cargado sobre sí…, ¡es el peso de todos los pecados de los hombres!… ¡Qué peso más espantoso! -También tus pecados van en aquella cruz oprimiendo a Jesús… y no puede con ese peso… ¡qué extraño, si es tan grande!

No obstante, nadie le alivia… Mira a todas partes y no encuentra una sola persona que le alivie su Cruz. -Te mira a ti, a ver qué haces ante este cuadro, y a lo más, encuentra palabras bonitas…, hermosos deseos…, pero prácticamente, ¿cuánto haces por aliviar el peso de la cruz de Cristo? -¿Te acuerdas de esto en tus caídas… en tus faltas frecuentes? Mira a la Santísima Virgen; Ella sola…, Ella, ¡la única!, que no arrojo el peso de sus pecados, que nunca tuvo, sobre la Cruz de su Hijo. -Ella, ¡la única! que puede y sabe consolarle…, aliviarle y ayudarle. -Ponte junto a Ella…, imítala y pídela que te ensene a consolar y a aliviar a Jesús.

2º El acompañamiento que lleva Cristo. -A) Unos le cargan la cruz: los judíos, los fariseos, los soldados y verdugos. -También ellos llevan su cruz…, la cruz de sus pecados. -No hay remedio o se lleva la Cruz de Cristo o la cruz de Satanás; que es más afrentosa y más pesada. -B) Otros llevan la cruz con Cristo, y son los ladrones, pero no la llevan por Cristo, ni por amor a Cristo; sino a la fuerza con rabia y con desesperación. -C) En tercer lugar, está el Cirineo, quien lleva la Cruz de Cristo y carga con ella… ¡Qué dicha la de ese hombre!… No la conoció al principio…, por eso tampoco acepta su carga voluntariamente…, mas poco a poco fue conformándose, y terminó por llevarla con gusto y alegría, y esto se santifico. -Así la cruz, aunque sea involuntaria e impuesta a la fuerza puede servir para santIfIcarnos.

  1. D) Otro grupo es el de las piadosas mujeres… Éstas acompañan a Cristo, se compadecen de Él…, quisieran aliviarle y quitarle aquella carga si pudieran…, pero su compasión es incompleta por ser puramente humana… Ven en Cristo al hombre desgraciado…, no ven en Él al Dios que sufre…; por eso no comprenden ni penetran en la causa por la que padece. -Jesús se la dice: son vuestros pecados, llorad por ellos…, así me consolaréis…, solo así.
  2. E) Por último, mira el grupo que acompaña a su Madre. -Ésta sí que sabe llevar la Cruz con Cristo y como Cristo… ¡Qué parte toma Ma­ría en su pena y dolor!… ¡Qué sufrimiento más igual el de los dos corazones!… Igual en todo…, en la intensidad que ya no puede ser más…, en el motivo, que son nuestros pecados, que a ambos tanto afligen y tanto cuestan…; en el mudo, que es por puro amor…, divino e infinito amor del Hijo que se refleja todo lo que puede en la Madre.

Elige: Tienes que llevar la Cruz…, tienes que acompañar a Cristo en el camino del Calvario…, no puedes eludir esta obligación…, sólo tienes libertad para elegir la forma y el modo de llevar la cruz… ¿En qué grupo quieres figurar? -Pide a la Virgen te admita en el suyo, en compañía de aquellas santas mujeres. -Ponte junto a Ella…, muy cerca de Ella… y ahora, a sufrir…, a llevar la cruz que Dios te dé. -Nunca la lleves a solas…; no acertarías a llevarla y sería sumamente penosa… A su lado todas las cruces son pequeñas…. todos los dolores se endulzan.

3º Él encuentro. -Contempla en silencio este devotísimo paso. -No es posible expresarlo con palabras…; deja a «tu corazón que hable y sienta todo lo que pueda y sea capaz de sentir. -Mira el sentimiento de aquella Madre que anhela acercarse a su Hijo…, quiere verlo más de cerca…, cambiar con Él una mirada…, una palabra…, una muestra de afecto y de cariño maternal. -Y, efectivamente, en medio de la calle de la Amargura, le sale al encuentro… le tiende sus brazos… le quisiera arrancar si fuera posible y llevarle consigo: -Jesús levanta sus ojos y ve a su Madre…; se encuentran las dos miradas… ¡Cuántas cosas se dirían con ellas!… ¡Qué bien se entenderían! -Los Corazones se compenetraron y cada uno aumentó más su dolor con la vista del otro. -Bien lo sabía Ma­ría y, no obstante, no rehúye el encuentro. Quizá no creyera ver tan desfigurado a su Hijo… ¡Cuán grande sería su dolor al contemplar aquel rostro divino tan asquerosamente tratado y tan horriblemente desfigurado! -Sólo Ella, con su mirada de Madre, lo pudo conocer. -Aprende generosidad ante el hecho de ver a Ma­ría salir al encuentro de Jesús, que tanto dolor la había de causar. -No dudes…, no vaciles…, sal generosamente al encuentro del dolor…, del sufrimiento…, que allí te espera Jesús…, allí encontrarás indefectiblemente a Jesús.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 64

27 domingo Sep 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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MA­RÍA EN LOS TORMENTOS DE LA PASIÓN

La_pasion_de_cristo1º En la flagelación. -Pasada la noche en oración…, confortada y alentada con la misma con los ojos llorosos y el semblante desencajado al ser ya de día, sale la Santísima Virgen de su retiro para ir en busca de su Hijo. -No la sufre el corazón asistir a sus sufrimientos desde lejos,.., quiere ir con Él a donde Él vaya. -No sabemos detalles de este paso, ni cuándo ni en dónde, encontró a su Hijo. ¿Fue ya en casa de Pilato?… ¿Quizá al ir o al volver de Herodes?… ¿Cuando le estaban posponiendo a Barrabás? -Fuera cuando fuese, tuvo que ser un encuentro violentísimo para su corazón. -Apenas si conocía a Sil Hijo…; mentira le parecía que en tan pocas horas hubiera podido perder tanto… y desfigurarse como estaba. -La cara hinchada por la horrible bofetada en casa de Anás… y por los golpes que durante la noche le dio la soldadesca, no dejaba entrever la belleza divina del «más hermoso de los hijos de los hombres»

Y, sin embargo, todo aquello había sido el comienzo…; los tormentos horribles y bárbaros Comenzaron en la flagelación. -Consta por revelaciones particulares, por ejemplo a Santa Erígida, que la Santísima Virgen asistió personalmente a este tormento.-Párate y detente a considerar lo que este paso diga a tu corazón… y ante todo pregúntate: ¿qué sentiría la Santísima Virgen cuando oyera la sentencia de azotes?… ¿Cuando viera los preparativos para ejecutarla en seguida… y escuchase los gritos salvajes con que aquellos sayones se animaban unos a otros… y hacían apuestas sobre quién lo iba a azotar mejor y más bárbaramente? -Ponte junto a la Virgen…; mírala, intensamente pálida…, con el corazón queriendo saltar del pecho por la violencia con que late…, apartando los ojos por no ver aquello… y abriéndolos sin acertar a dejar de mirar lo que tanto la interesaba…, en lo que la iba la misma vida.

Y, efectivamente, ve traer, entre empellones y golpes, a su Hijo y con violencia y desvergüenza inaudita le comienzan a desnudar. Nunca llegarás a comprender lo que pasó entonces por el Corazón de María. -Sería necesario que supieras lo que era para Ella, la modestia y la pureza… para que pudieras rastrear algo, de lo que sintió al ver a su Hijo desnudo ante aquella muchedumbre… y si encima, al verle así, le insultaron…, se mofaron y rieron de Él…, si le acompañaron con bromas groseras…, con chistes soeces… ¡imagínate qué sentiría la Santísima Virgen y cómo aumentaría su dolor!

Ya está atado a la columna… y los sayones a ambos lados…, a una señal, empiezan uno tras otro a descargar golpes con toda su fuerza.-Jesús se estremece…, aprieta sus labios para no romper en gritos de dolor…, levanta sus ojos al Cielo con una mirada de indecible sufrimiento… y María lo ve todo… y ya no puede más. Según las revelaciones, a los primeros golpes cayó desmayada, sin sentido… Acércate a Ella…, sostenla en tus brazos, pero a la vez no dejes de mirar a Jesús y admírate de cómo no te desmayas tú y mueres de pena al ver esto.-Ya han pasado dos…, cuatro…, seis verdugos…; ya se han cansado de azotar a Jesús…, ya su cuerpo es una llaga continua y horrorosa que deja ver los huesos… Mira, mira mucho ese cuerpo deshecho y piensa: ¿por qué… y por quién está así Jesús? -Recuerda los pecados de impureza y pregúntate: ¿quién merecía ese castigo?…, ¿sobre quién debía haber descargado esta espantosa y durísima disciplina?

2º Coronación de espinas.-Jesús trata de descansar y tomar algún aliento, pero…, no era día de descanso y tenía que sufrir aún mucho más. -El infierno inspira a aquellos soldados la burla de su coronación. -Oye las carcajadas y aplausos con que es acogida la idea, y mira cómo todos se dan prisa a ponerla en práctica…. Uno trae un pedazo de púrpura sucio y roto…, otro prepara el cetro de caña…, los demás tejen la corona… y otra vez desnudan a Jesús. Contémplale sentado en aquella piedra…, con el jirón de púrpura sobre los hombros y la caña en las manos. -Ha llegado el momento de coronarle… Con burlas y bromas infernales, le colocan, con grandes ceremonias, la corona en su cabeza… y en seguida la aprietan fuertemente y le golpean con palos la misma… ¡Qué sería aquello!… Jesús, instintivamente, cierra y aprieta los ojos y de ellos brotan lágrimas mezcladas con la sangre que por toda la cara y cabeza corre con gran abundancia… ¿Es posible imaginar tormento más atroz?

Ahora contempla la sacrílega comedia que hacen con ÉL…; está coronado de Rey…, hay que rendirle homenaje… y doblan sus rodillas ante Jesús y unos le dan una bofetada…, otros le escupen…, quién le tira del manto y le dice una asquerosa gracia…, quién, en fin, le quita la caña y le golpea la cabeza con ella… ¿Asistiría la Santísima Virgen a esta escena?… ¿Tuvo, al menos, conocimiento de lo que se estaba haciendo con Jesús?… ¿Cómo tenía corazón para sufrir estas cosas? Fue un milagro, sin duda, que no muriera de dolor. Por lo menos, ciertamente, debió presenciar la escena del Ecce Homo. –Asiste tú a ella con la Santísima Virgen. -Imagínate cómo sería…, qué ocurriría en aquella plaza a la vista de Jesús… y oye la gritería de la multitud que le pide para la muerte. -Habla con la Virgen… ¿que la dices tú?…

3ª La condenación. -Y, efectivamente, Pilato cobardemente, accede a estos gritos y le condena a muerte. -La gente oye la sentencia y aplaude… La oye Ma­ría…, la oyes tú…. y ¿qué haces? ¡Jesús condenado a morir! -Él muere y ¿tú puedes vivir?, ¿Cómo recibirían Jesús y Ma­ría esta sentencia?… ¿Cómo la recibes tú, si piensas que de ella depende tu salvación?… ¡Qué afectos de gratitud y de inmensa alegría y al mismo tiempo de profundo dolor, deben llenar tu corazón!

Mira a Jesús, sin poderse tener en pie, hacer un esfuerzo supremo… y lanzarse con avidez al encuentro de la Cruz que le traen los sayones. -Mírale bien cómo se abraza con ella, cual si fuera algo muy deseado o querido. -No quiere, no, que nadie se la lleve y Él mismo se la carga sobre sus hombros… ¡Qué generosidad!… ¡Qué amor el suyo tan verdadero!

Escucha lo que la Virgen te quiere decir…, te habla, sin duda alguna, oye bien lo que te, dice: Que reconozcas por tu Rey a Jesús…, que Él sea el único que reine en tu corazón…, que nadie, ni tú mismo, ocupe el lugar que a Él solo corresponde…; que tengas generosidad en el sacrificio que no sólo aceptes, sino busques y ames la cruz que ella será tu dicha y tu felicidad…, que la lleves con constancia y hasta lo último…, que Ella te ayudará. -En fin, que veas lo que es el pecado, y repares los tuyos con la penitencia y el fervor…, al mismo tiempo que desagravias a Jesús por los pecados de todo el mundo. -Que no sea tu alma cobarde…, ingrata…, infiel ante un amor como el de Jesús… ¿Lo escuchas bien?… ¿Lo entiendes?… Y ¿qué la respondes?…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgicas
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Página para meditar 156

27 domingo Sep 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaLa parroquia de San Estanislao, en el extrarradio de Varsovia, era para nosotros una visita obligada. En el pequeño parque que la rodea y que embellece su entrada, a la sombra de un roble, símbolo de la nobleza, bajo una gran lápida de granito, reposan los restos mortales del mártir de la fe y de la patria, Rvdo. Popieluszko.

Al vernos de rodillas ante los restos del mártir, al oírnos cantar nuestro himno, “Por la fe”, al vernos invocar la intercesión del mártir, por una Polonia católica, varios turistas se detuvieron y más de uno sacó fotografías ante aquel hecho insólito. Pero la meditación de nuestro corazón es otra. Queremos España para Cristo, queremos Polonia para Cristo. Queremos como término de nuestro apostolado en este mundo y de nuestra intercesión en el cielo, cuando nos reunamos en la Gloria, que se realice en este mundo una nueva Cristiandad.

Los mártires cristeros de Méjico morían gritando, ante las balas que dirigía la masonería para quitarles la vida, “Viva Cristo Rey”. Y los miles y miles de cristeros que murieron en aquella guerra santa, luchaban y morían con el mismo grito de victoria, “Viva Cristo Rey”. Porque morían para que Jesucristo fuera el verdadero Rey de Méjico, su deseo, el ideal de aquellos mártires, era alcanzar del Cielo una Patria para Cristo.

Innumerables mártires de nuestra última Cruzada contra el ateísmo militante comunista, en la persecución religiosa de España, morían en la zona dominada por los comunistas, y en los frentes de batalla, “por Dios y por España”. Es decir, por la España católica, la de Jesucristo, la de la Inmaculada, la de los santos, los misioneros, los cruzados, los mártires y los héroes católicos. El cielo se llenó de los innumerables mártires de España.

La Polonia católica ha estado durante cuarenta años bajo la tiranía comunista, y aunque es verdad que la persecución no ha sido tan sangrienta como en España, pues se guardaban ciertas formas externas de respeto y tolerancia, sin embargo, la persecución se desataba furiosa, frenética, cuando se encontraba frente a quienes defendían los derechos de la patria católica y deseaban un régimen político católico, en conformidad con el ser católico de la Patria. Si, el comunismo permitía a regañadientes la piedad externa, los actos religiosos católicos, aunque fueran multitudinarios. Lo que no soportaba era la escuela católica, el patriotismo católico, la enseñanza de la política tradicional católica, el trabajar para instaurar en Polonia el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el P. Popieluszko predicaba sus sermones, que llamaban “predicaciones patrióticas”, no hacía otra cosa que enseñar al pueblo la sociología católica y la política católica, que si es verdadera, ha de desembocar en el reconocimiento de todos los derechos de Jesucristo sobre la sociedad, y convertir finalmente la Patria en un Reino de Jesucristo. Entonces, el comunismo decretó la muerte del P. Popieluszko. Aquella voz no se debía escuchar en Polonia.

Queridos míos: nuestro espíritu está con los cristeros de Méjico, con los mártires de España, con los popieluszkos de Polonia. Soñamos y anhelamos la Cristiandad, porque sabemos que si no es así, las almas no tendrán, además de los medios sobrenaturales, los medios sociales para salvarse con facilidad, de manera universal y sintener que vencer grandes obstáculos, que obligan a un heroísmo continuado.

El Enemigo lo permitirá todo si le conviene, en su obra de desconcierto y confusión, incluso el empleo de apariencia de vida cristiana y de libertad en el culto católico. Lo que no puede permitir es que la doctrina del Reinado Social de Jesucristo sea la línea directiva de un proceder de piedad personal, de piedad colectiva, y de ideal social y político para la Patria. Por eso, al conocer la táctica del Enemigo, debemos perseverar firmes en la estrofa de nuestro himno, el que cantamos con emoción delante de la tumba del glorioso P. Popieluszko: “El Reinado de Cristo es nuestro ideal, que vendrá por el Reinado del Corazón Inmaculado de María y su amor maternal.”

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 156, noviembre de 1991

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

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"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

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