Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Meditaciones de la Virgen

Meditación 63: María y la agonía en el huerto

10 jueves Sep 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

≈ Deja un comentario

1º Camino del monte Olivete. -Jesús ha acabado ya sus misterios sacrosantos e inefables del Cenáculo. -Ya se acerca por momentos la hora, y valiente y decidido, sale con dirección a Getsemaní. -Bien sabe que no volverá más. -Puede contar las horas que le quedan de libertado -Es cuestión de pocos momentos y ya habrá dado comienzo el drama sangriento. -Y porque lo sabe, sufre amarguras indecibles en su corazón. «Triste, muy triste está mi alma hasta la muerte» .., razón tenía para esta inmensa tristeza… Veía a los judíos tratando su venta, como si se tratara de una cosa vil y despreciable…; veía, en especial, a Judas, llevando hasta lo último su traición veía todo lo que le aguardaba y aunque era Dios era hombre y por eso sufría amarguras indescriptibles en su amante y tierno corazón.getsemani

También las sufre Ma­ría. -Su Madre le acompaña en espíritu y participa de sus sufrimientos…, de sus temores…, de sus amarguras…; quizá tuvo revelación de lo que Judas tramaba…, quizá tuvo conocimiento de cómo estaban decididos aquella misma noche a dar el golpe decisivo… y su corazón se destrozaba de dolor, al saber y contemplar cada una de estas cosas. -Apartada estaba de Jesús corporalmente, pero ¡qué unida en su espíritu!… ¡Cuan admirablemente penetraba Ella en la razón y la causa de la tristeza de aquel divino Corazón!…

2º La oración. -Llegado al huerto Jesús deja a sus Apóstoles y se retira Él solo a una cueva a hacer oración. -Todo el peso de aquella negra y triste noche cae sobre Él. -Mírale postrado en tierra…, caído y abrumado con una carga que no puede soportar… ¡Son los pecados de todos los hombres!… ¡Son los tuyos!… ¡Cuánto pesan sobre Jesús!… y le producen una angustia que va creciendo cada vez más y más, hasta convertirse en verdadera agonía… ¡Qué lucha la que se entabla en su corazón! -Mírale bien y trata de penetrar algo siquiera en sus horribles sufrimientos.

Después mira a lo lejos, en la casa de Betania…, a en el mismo Cenáculo…, una escena semejante. La Santísima Virgen también ha caído postrada en oración…; su corazón late al unísono con el de su Hijo y no puede hacer otra cosa que la que Él hace ¡Qué noche más espantosa!… ¡Qué largas se hacen sus horas!… No es posible dormir…, ni intentar siquiera descansar…, es noche de luchas y agonías…, es noche de oración… ¡Qué oración más fervorosa…, más tierna…, más llena de amor para con nosotros la de Ma­ría! -No pide al Padre Eterno que perdone a su Hijo, ni rehúsa el cáliz del sufrimiento…, pide tan sólo el cumplimiento de su voluntad, que Ella acepta aunque sea tan penosa. -Pide para el mundo perdón…, pide por todos y cada uno de nosotros…, pide que aquellos sufrimientos de su Hijo, que ya han empezado, no sean inútiles para las almas…, que sepamos aprovecharnos de su Pasión y de su muerte y de las grandes gracias que con ella nos mereció…

Y Jesús sigue agonizando…, ya su corazón no resiste tanto dolor y se expansiona lanzando con violencia la sangre al exterior… Su sudor frío y abundante de agonía, se convierte ahora en un sudor de sangre… ¡sangre divina!… que corre en abundancia por su cuerpo…, empapa sus vestidos y llega hasta la tierra.

Contempla a los ángeles del Cielo atónitos ante esta escena…, pero, sobre todo, mira a Ma­ría. Ella también lo ve…, adivina a su Hijo cadavérico… a punto de morir de amargura y de dolor… y derramando a fuerza de sufrimientos, la primera sangre de su Pasión… ¿Qué haría la Santísima Virgen? -En medio de su pena de Madre, reconoce en aquella sangre la sangre de un Dios, v corre a recogerla devotamente…, a besarla…, a adorarla…, a empaparse en ella. -Ella es la primera que se aprovecha de aquella divina sangre… Todo lo que ha recibido su pureza inmaculada la plenitud de su gracia su inmensa santidad todo ha sido en virtud de esta sangre divina.

Los Apóstoles se duermen en la oración… Ma­ría no duerme no desperdicia estos momentos tan provechosos no abandona a su Jesús ni un instante. -Podrá quejarse de que en, su agonía ninguno de sus predilectos discípulos le acompañó…, pero no así su Madre. -Desde su retiro, sigue paso por paso el desarrollo de esta escena… y toma parte en la amargura de Jesús, bebiendo con Él el cáliz del dolor…

3º Prendimiento. -Terminó ya la oración -y Jesús, decidido…, valiente y generoso…, llama a los Apóstoles y delante de ellos, sale en busca de sus enemigos, no para hacerles frente y defenderse…, sino para entregarse en sus manos.

Mira a Jesús atado violentamente…, fuertemente por sus verdugos…, penetra en su interior y mira a otro verdugo, que es el amor, atarle aún con mayor violencia…; ¡esas sí que eran ataduras!…; como que era víctima y esclavo de ese amor… ¡Cuánto nos amó! -Al verle así atado la Santísima Virgen, aumentaría la zozobra y la ansiedad de su corazón… ¿Qué iba a ser de Él?…, ¿Qué iban a hacer con su Jesús? -Contémplale tú así atado también por ti…, fíjate bien lo que esto significa, ¡por ti!…; no sólo que se deja maniatar para sufrir por ti…, en lugar de ti…, por tu causa…, sino que ese por ti quiere decir que eres tú también quien le atas las manos. -¿No caes en la cuenta de esta verdad?

No hay nada que tanto ate las manos a Jesús como la ingratitud…, la frialdad…, la tibieza…, la falta de -correspondencia a sus gracias…, en fin, ¡el pecador -Calcula si puedes, las muchas veces que Jesús habrá querido darte grandes gracias…, nuevos favores y beneficios.;.., y tú, con tu conducta, le atabas las manos… Él quería santificarte Y tú no le dejabas…, le ponías dificultades. -Átate, pues, a Él de pies y manos por el amor…, átale con esas ataduras amorosas para nunca perderle y repite lo del Cantar de los Cantares: «Ya encontré al que ama mi alma, le ataré bien y no le soltaré.» Suplica a la Santísima Virgen que así te lo conceda.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 62: María y la Eucaristía

02 miércoles Sep 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

≈ Deja un comentario

No sabemos qué parte tomó María en la institución del Santísimo Sacramento, ni si estuvo en el Cenáculo aquella noche, ni si comulgó o no, con los Apóstoles; de todos modos son muy intimas las relaciones que entre Ma­ría y la Eucaristía existen.mariaeucaris

1º El don de María. -La Eucaristía es el don de Ma­ría por excelencia. -Él hombre tiene necesidad absoluta de Dios. -Por un instinto natural, busca a Dios y cuando no lo encuentra se lo fabrica con sus manos como hacen los pobres paganos con sus ídolos… Dios nos concedió a nosotros la gracia de satisfacer a esta necesidad…, primero, por medio de la Encarnación, y luego, por la Eucaristía…

Bajó del Cielo a la tierra a hacerse uno como nosotros y así poderle ver, conocer y amar… Era poco… Él quería más, y quiso humillarse hasta el punto de que pudiéramos tocarle…, comerle… y alimentarnos de Él… y esto no unos días… o una temporada…, sino siempre. -Por la Encarnación, tomó un cuerpo humano y vivió, entre los hombres, pero muy poco tiempo. -Solo vivió en Palestina y unos treinta y tres años… ¿Que era esto para toda la humanidad?…

Por eso inventó el modo de estar con todos y cada uno realmente presente…, íntimamente unido…, con la unión más perfecta que existe, que es la de la alimentación, por la cual lo que comemos se hace una sola cosa con nosotros… y esto para siempre…, hasta el fin de los siglos. -Por tanto, la Eucaristía es una Encarnación continuada…, es la aplicación práctica dé la Encarnación a todos y cada uno de los hombres…, es el modo que Dios tiene de satisfacer a la necesidad que todos tenemos de Él.

Ahora pregúntate: y ese don de la Encarnación, ¿quién nos le dio?… Él Padre Eterno, pero por medio de Ma­ría… Jesús encarnó y nació, pero por Ma­ría… Ella fue la que dio al mundo a Jesús… Luego si la Eucaristía es la continuación de la Encarnación, es bien claro que es la continuación del don de Ma­ría. -Ella continúa dándonos diariamente a Jesús como un día nos lo dio en el portal de Belén. -Adán nos perdió por comer el fruto que le dio la mujer. «La mujer que me diste por compañera me ha dado el fruto y he comido»… Así pecó Adán… Nosotros podemos decir lo mismo: «Señor, la mujer que nos diste por Madre nos ha dado y nos está dando el fruto bendito de su seno y por eso vivimos…, de Él nos alimentamos»,..

2º Él Sacramento de Ma­ría. -Así se puede llamar a la Eucaristía. -En los demás Sacramentos, no tiene Ella parte alguna. -En éste la tiene y muy principal. -La carne de Cristo dice Santo Tomás, no es más que la carne virginal de María. -Ella, pues, es la que facilitó la materia prima de este Sacramento. -La Virgen, con su fiat, trajo al Hijo de Dios del seno del Padre al suyo inmaculado… Él sacerdote, en la consagración, repite un milagro semejante, y a sus manos baja el mismo Hijo de Dios, pero ya hecho Hijo de Ma­ría. -Las palabras del sacerdote son, pues, como una repetición de las d? Ma­ría… Él prodigio que ellas obran, es como el prodigio y la continuación de las maravillas de Nazaret. -Así se ha dicho que la Eucaristía es una continuación de la obra de Ma­ría.

Esta obra consistió en amar y adorar a su Jesús como a su Hijo y como a su Dios. -Jesús se hizo. Niño para arrastrarnos, con su encanto y amor, al amor de Dios. -Pero de hecho, ¿cuántos conocieron y amaron a aquel Niño Dios? -Ma­ría fue el modelo de las almas enamoradas de Jesús… Ella le amó con toda la intensidad, ¡Y qué grande era! -Ahora, en la Eucaristía, Jesús se hace papo y alimento de los hombres… ¿Para qué?… También para buscar nuestro amor. -Se anonadó al hacerse hombre…; más aún, se anonada al hacerse pan… y en ese anonadamiento, apenas si tiene otro cariño y amor verdadero que el de su Madre. Sólo Ésta, con su amor, es capaz de compensarle esa humillación y anonadamiento. -Alamar a Jesús en la Eucaristía, piensa que estás continuando la obra de amor que Ma­ría comenzó en Belén… Ahora, como entonces, la mayor parte de los hombres no le conocen…, ni le aman…, ni le agradecen lo que por ellos hace. -Ahora también, como entonces, hace falta quien supla esa ingratitud…, esa enorme falta de amor. -Entonces fue Ma­ría ahora debes ser tú, con Ella ya imitación de Ella…

3º Él consuelo de Ma­ría. -¡Qué tristeza produciría todo esto en el corazón de la Santísima Virgen!…, cuando Ella viera a aquel Niño precioso y encantador, desconocido de unos…, despreciado de otros… y hasta perseguido en su misma cuna… cuando Ella considerara en su Hijo al Hijo de Dios… ¿qué sufrimiento sería el suyo al verle así tan escondido que nadie le daba el culto de adoración que merecía?

Es evidente que Jesús, ni en su vida privada…, ni en la pública…, menos aún en su pasión y muerte, recibió los honores divinos a que tenía derecho… y la Santísima Virgen tendría en eso un verdadero tormento. -Pues bien, la Eucaristía es la que puede consolara la Santísima Virgen…, aquí puede Jesús ser honrado en aquel cuerpo…, en aquella misma carne y sangre que tomo de Mapa…; ahora, la Santísima Virgen queda ya satisfecha y consolada cuando ve a las almas acercarse a honrar…, a adorar…, a amar la Hostia sacrosanta de nuestros altares. -¿No querrás dar este consuelo a tu Madre y a la vez este honor debido a Jesús? ¿Crees que en tu vida eucarística así lo haces? ¿Está tu alma contenta de ella?…

4º La Comunión de Ma­ría. -Si no es cierto que María comulgara en el día de la última cena, no se puede dudar de que, al menos, muchas veces después, comulgaría de manos de San Juan. -¡Él apóstol Virgen dando la Comunión a la Virgen de las Vírgenes!… ¡Qué espectáculo más sublime!… ¡Que comunión! ¡Con qué gusto entraría Jesús en el alma de Ma­ría!… ¡Qué bien se encontraría allí!… SI ya habla antes elegido Él su purísimo seno para encarnar…, ¿cómo no elegir ahora su corazón para morar en él? -Y la Virgen bendita, ¿cómo se prepararía? ¿Qué acción de gracias?… Si un San Luis pasaba toda la semana pensando en la comunión y empleaba tres días en prepararse y otros tres en dar gracias…, ¿qué haría Ma­ría? Imítala en su fervor…, comulga tú también -con Ma­ría y como Ma­ría-. Pasa así tu vida metido de llenó en la Santísima Eucaristía…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 61: María y la pasión

27 jueves Ago 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

≈ Deja un comentario

PRELUDIOS DE PASIÓN. -LA DESPEDIDA


JesusandMary1º La hora.
Llegó la hora señalada por el Padre para consumar el sacrificio, y el Hijo obediente ni un momento siquiera la retarda. -No ignoraba lo que significaba la llegada de esta hora, y lejos de echarse para atrás cobardemente, con inmensa alegría, a la vez que con profunda pena, se lanza al sufrimiento todo de la Pasión. -Y el primer paso que da es el despedirse de su Madre. Imposible pintar ni imaginar esta escena.

Jesús ha llamado a solas a la Santísima Virgen y la ha comenzado a exponer la voluntad de su Padre… Escucha estas palabras…, adivina las razones que la daría para explicar su decisión de ir a la muerte y para tratar de consolar su corazón herido. -Él Padre lo había decretado…, era necesario para satisfacer la justicia divina…, para redimir al mundo…, para destruir el imperio del pecado… ¡Qué concepto forma­ría del pecado la Virgen, cuando comprendió que tanto iba a costar borrarle!

Penetra mucho en esa razón que es la causa de todo… ¡Qué será el pecado!… ¡Cómo irritará al corazón de Dios cuando no se aplaca si no es con el sacrificio de su propio Hijo! -Y ya para prevenirla…, ya para que Ella tomara también desde entonces como suyos los sufrimientos que iba a padecer la daría cuenta detallada de toda la Pasión de su prisión en el Huerto…, de la traición de Judas…, de las injusticias de los tribunales… de las escenas del Pretorio… Temblándole la voz le contaría el tormento horrible de la flagelación…, el de la coronación de espinas el del camino del Calvario cargado con la Cruz el de la crucifixión… y, en fin, cómo después de las tres horas de espantosa agonía, en ella había de morir escarnecido…, insultado hasta sus últimos momentos… ¡Cuántas horas amargas tuvo Jesús que pasar en su pasión!; pero no fue ésta una de las menores… ¡Cuánto tendría que sufrir por ser Él el verdugo que así laceraba el corazón de su Madre, clavándola cada vez más, con cada palabra suya, la espada del dolor…

2º La Virgen. Y, efectivamente, cuál sería el dolor de Ma­ría cuando oyó todo lo que su Hijo la dijo. -Naturalmente se estremecería a cada nuevo tormento que oía había de padecer… ¡Cómo lo había Ella de permitir!… ¡Cómo lo había de tolerar!… ¿Por qué no morir antes?… ¿Cómo el Padre Eterno no usó con Ella del beneficio que concedió a San José, llevándole de este mundo antes de presenciar estas escenas?

Pero al mismo tiempo que esos afectos naturales, sentiría que era esa la voluntad de Dios… y, sobreponiéndose este afecto sobrenatural, no sólo admitiría resignada todo lo que su Hijo la ofrecía de dolor y de sacrificio… sino aún contenta y gozosa se abrazaría ya desde este momento con su Hijo dolorido y quebrantado para seguirle hasta la muerte… ¡Qué dolor tan intenso el de este corazón de Madre!… Pero aún admira más la fortaleza y valor con que a imitación de su Hijo se lanza a padecer. -Piensa…, piensa mucho en esto…; ante este ejemplo, medita tus cobardías ante cualquier sufrimiento que se te presenta.» avergüénzate…, pide perdón…, pide gracia para cambiar y tener gran generosidad y participar de esta fortaleza de Madre y de Hijo.

3.° La bendición. -Y entonces, Jesús pide humildemente de rodillas a su Madre su bendición para ir a padecer. -Considera las circunstancias que hacen más penosa la despedida de dos corazones y verás que nunca la ha habido semejante a ésta. -Él amor y la unión de corazones, era en Jesús y Ma­ría algo tan extraordinario como no se puede pensar más…, pues ¿cómo se arrancarían y despegarían el uno del otro en esta amarguísima despedida?

Por otra parte, la separación era para ir a sufrir y a padecer. -Y el colmo de su sacrificio fue no sólo el aceptar resignada este dolor y quebranto, sino consentir en él y admitirlo con alegría y satisfacción… y por eso Jesús pide que muestre este su beneplácito dándole su bendición… ¡Cómo temblaría de emoción la mano de Ma­ría al levantarla para bendecir a su Hijo si sabía que con ella le daba licencia para entregarse a los tormentos y a la muerte misma!

4.° Tu hora. -Piensa que tú también tienes tu hora también llega para ti la hora del sufrimiento de la prueba del dolor… y luego llegará la hora de la muerte ¿Cómo te preparas para estas horas decisivas en tu vida? ¿En especial para la última? -¿Vives realmente para aquella hora?… ¿Desperdicias ahora las que el Señor te da, para santificarte aunque sea a costa de sacrificios?… ¿Eres cobarde y huyes de ellos?

Mira a Jesús… contempla a Ma­ría y aprende el camino del sacrificio y el de la mortificación. No olvides el detalle de Jesús al pedir la bendición a su Madre. -También quiere que para todo pidas la bendición y el beneplácito a quien debes, para no hacer nunca ni siquiera en el sacrificio tu propia voluntad. ¡Cuántas veces eso será la mayor mortificación…, la que quizá más te humilde…, la que más te cueste… y, por lo mismo, la que Jesús más te pide y más quiere de ti!…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Página para meditar 153

27 jueves Ago 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Padre Alba, Uncategorized

≈ Deja un comentario

Concluiremos el 31 de Julio, festividad de Sr Ignacio, el año ignaciano que ha valido para que muchos hombres de buena voluntad, se animaran a estudiar más el espíritu de San Ignacio a fin de configurar su vida, con el ideal cristiano.alba cereceda

Inútilmente se buscará en los Ejercicios o en los escritos ignacianos una meditación o un tratado sobre la humanidad, la paciencia, la pobreza y los medios y motivos para practicarla. San Ignacio nos propone a Cristo humilde, paciente, pobre, para su imitación. En ninguna parte aduce razones abstractas sino solamente el amor a Cristo para que nuestra vida sea un trasunto de la suya.

La meditación asidua de los misterios de Cristo y la contemplación de su persona, de SU vida temporal, muerte y resurrección, ha de ser nuestro alimento diario en la oración.

Hay un paralelismo sugeridor entre San Pablo y San Ignacio. San Pablo, el perseguidor de los cristianos, tiene en el camino de Damasco un encuentro personal con Cristo. De esa visión de Cristo arranca todo lo que va a ser el apóstol de los no judíos. Luego tendrá San Pablo otras mil comunicaciones de Cristo que le convertirán además en el doctor y teólogo por antonomasia del Nuevo Testamento, considerando las debidas distancias, tiene San Ignacio un encuentro personal con Cristo, y es la persona de Cristo la que arrebata su corazón de caballero. En Manresa las comunicaciones sobrenaturales fueron eximias. Pero en su estancia breve en Tierra Santa, dice el Santo, que tuvo muchas comunicaciones del Señor. Por eso San Ignacio quería hacer de Tierra Santa, la tierra del Señor, su nueva patria, para establecerse y vivir allí, a fin de configurar su vida en todo, hasta lo externo con Cristo. Esa es la razón, por la que no hay nada teórico en San Ignacio, fuera del contacto personal con Cristo. Su autobiografía, que le dicté a su fiel secretario el P. González de Cámara, es la trayectoria de un alma en contacto continuado con Cristo, y la historia de los favores y las comunicaciones de Cristo. Hay otras autobiografías, no me refiero a las profanas, que no buscan en sus memorias más que justificaciones inconscientes o halagos a su persona, sino, por ejemplo hasta las mismas y maravillosas Confesiones de San Agustín que están llenas de derivaciones y disquisiciones filosóficas o espirituales, que demuestran la riqueza de aquella alma, pero que son al mismo tiempo, distractivas del objeto de la conversión interior. Nada de eso hay en San Ignacio. Escribe con una sobriedad elegante y riquísima, precisamente porque no hay un adjetivo de más, ni una consideración paralela al camino que siguió su alma en su encuentro con Cristo.

Quince siglos después, hace el Señor con San Ignacio, la obra divina de santidad que había trazado en San Pablo: “Qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo, qué debo hacer por Cristo”, de San Ignacio, es el eco místico de “ansío morir, para estar ya con Cristo” paulino.

Para llegar a este grado de identificación con Cristo, resumen de toda espiritualidad cristiana, no hay más camino ordinario, que el de la meditaciar-1 asidua de Cristo, de su Humanidad sacratísima. Por el camino de la fidelidad diaria a la oración, meditación y contemplación de Cristo, entraremos en ese misterio de Cristo, que transformará lentamente nuestras vidas. Llega el verano, y se abandonan muchas almas en la insistencia de la oración para contemplar a Cristo, ¡Lástima grande, la de condenarse siempre a retroceder! San Ignacio os propone su método, que no es otro sino la contemplación de Cristo, Si así lo hacemos día tras día, todo lo demás en el orden espiritual se nos dará por añadidura.

Dios quiera que sea ese el mejor fruto para nosotros del año ignaciano que concluye.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 153, julio-agosto de 1991

Mensajes de fe 48: el adiós de un suicida

27 jueves Ago 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Mensajes de fe, Uncategorized

≈ Deja un comentario

Ha alcanzado una repercusión enorme en toda América la impresionante carta con que Miguel Ángel Quevedo, que fue director de «Bohemia», se ha despedido, de este mundo. La carta se presta a múltiples comentarios. Pero preferimos y estimulamos la personal reflexión de cada lector. Ciertamente los remordimientos pueden castigar y hacer sufrir terriblemente a la conciencia humana. Una prueba de ello lo es el texto que comentamos, dirigiéndose a su íntimo amigo, Ernesto Muntaner, director de «El Triunfo». suicidioMiguel Ángel Quevedo, con su actitud y la influencia del millón de ejemplares de su publicación, contribuyó eficazmente a la implantación del régimen de Fidel Castro en Cuba. Tras la experiencia y la realidad del castrismo, Miguel Ángel Quevedo sintió un tremendo «mea culpa». Y acabó con su vida, suicidándose. Pero antes, para la posteridad, estampó este incallable desahogo. Dijo Nietzsche que «todas las verdades que se callan se tornan venenosas». Para el que fue director de «Bohemia» se le trocaron en murallas insalvables para continuar viviendo… He aquí los párrafos sustanciales de esta póstuma confesión: «Sé que después de muerto lloverán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como el «único culpable» de la desgracia de Cuba. Y yo no niego mis errores, ni mí culpabilidad; lo que sí niego es que yo fuera «el único culpable». Culpables fuimos todos en mayor o menor grado de responsabilidad. Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer al morbo infecundo y brutal de las multitudes, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme de «oposicionistas sistemáticos». Uniforme que no se quitaban nunca. No importa quién fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviera realizando a favor de Cuba. Había que atacarlo. Y había que destruirlo. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chivás. El pueblo que aplaudía a Pardo Liada. El pueblo que compraba la revista «Bohemia», porque «Bohemia» era el vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que la resultante del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y, todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos, o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja penal de Fidel, su participación en el bogotazo comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gangsteril en la Universidad de La Habana, pedíamos una amnistía para él y para sus cómplices en el asalto al Cuartel de Moneada, cuando se encontraba en prisión. Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía. Y los comentarios de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República. «Bohemia» no es más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a «Bohemia» cuando «Bohemia» inventó los «veinte mil muertos». Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa que sabía que «Bohemia» era un eco de la calle pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba «Bohemia».

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los militares traidores que se lo vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocupaban más del contrabando y del robo que de las acciones militares de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotana roja que mandaban a los jóvenes a la Sierra a servir a Castro, y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas conminando al Gobierno a entregar el poder. Fue culpable Estados Unidos de América que se incautó de las armas destinadas a las Fuerzas Armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

Y fue culpable el State Department que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba. Fue culpable la mayoría de la prensa americana. En particular el vocero casi oficial de la Cancillería «The New York Times» que, con sus campañas, proyectó a Fidel como un héroe de leyenda. Fueron culpables Gobierno y oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Y los infiltrados por Fidel en aquella gestión, para hacerla fracasar y sabotearla como lo hicieron. Fueron culpables los políticos abstencionistas que cerraron las puertas a todos los caminos electoralistas. Y los periódicos que como «Bohemia» les hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones. Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y ¡pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más «virtuosos» y los más «honrados» eran los peores… Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a meditación. Para que los que queden aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieren que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más dinero a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación. Y para que el pueblo recapacite y repudie a esos voceros del odio, cuyos frutos hemos visto que no podían ser más amargos. Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos caímos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Núñez de Arce cuando dijo: Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano. Adiós. Este es mi último adiós. Y diles a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho para que me perdonen el mal que yo he hecho. MIGUEL ÁNGEL QUEVEDO.»

Hasta aquí el documento que está dando la vuelta al mundo, con alaridos de acusación para muchos y de advertencia para no pocos. Nosotros dejamos al margen toda consideración discriminatoria. Simplemente, como cristianos, recordamos que el suicidio siempre es injustificable. Por negras que sean las responsabilidades personales, cuando se busca, siempre se alcanza la misericordia divina, aunque la historia humana condene y no pueda absolver. No obstante, queda constancia que la dureza abrumadora de la propia conciencia puede explicar, de alguna manera, para los que carecen de fe, decisiones trágicas e irreparables como la del infortunado director de «Bohemia», que rubricó su vida con la peor de las cobardías.

Dice Pablo VI: «EL VERDADERO DISCÍPULO DE CRISTO DEBE SER UN HOMBRE DE ORACIÓN. A través de ella se abre el Cielo, estableciéndose un diálogo de amor entre Dios y los hombres. ¡Cuánto mejor sería el mundo si todos los hombres supiesen orar bien!» San Juan Crisóstomo, traduciendo los sentimientos de la Iglesia afirmó: «NADA HAY MÁS PODEROSO QUE LA ORACIÓN. NO HAY NADA QUE SE LE PUEDA COMPARAR». Por esto, como mínimo, todo cristiano cada mañana y cada noche se acuerda de Dios intensamente durante unos minutos para que ilumine toda su jornada y REZA LAS TRES AVEMARÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA PEDIRLE LA GRACIA DE LAS GRACIAS: LA SALVACIÓN ETERNA.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

← Entradas anteriores
Entradas recientes →
marzo 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
« Sep    

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

palba2

Archivos

Categorías

  • Artículos (1.171)
  • Artículos – Contracorriente (919)
  • Carta Dominical (118)
  • Chispicas (266)
  • Cosicas (108)
  • De Hispanoamérica (1)
  • Dominicas (266)
  • El Coladero (1)
  • El nacimiento de la España moderna (75)
  • Francisco franco (176)
  • Guerra Campos (286)
  • Hemos leído (99)
  • Hispanoamérica. La verdad (192)
  • Historia de España (57)
  • Hitos (175)
  • Imagén – Contracorriente (132)
  • La Iglesia vive de la Eucaristia (22)
  • La voz de los santos (154)
  • Magisterio (38)
  • Meditaciones de la Virgen (174)
  • Mensajes de fe (214)
  • Miguicas (265)
  • Mojones (184)
  • Mostacicas (265)
  • Noticas (10)
  • Oraciones (391)
  • P. Manuel Martínez Cano (736)
  • Padre Alba (268)
  • Palabras de Dios (94)
  • Para pensar (27)
  • Pensamientos (99)
  • Pensar es sano (111)
  • Sabaticas (266)
  • Santos (111)
  • Semillicas (265)
  • Sintonía con la jerarquia (184)
  • Uncategorized (1.327)
  • Vida mixta (13)
  • Vida religiosa ayer, hoy y mañana (22)

Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

Mis tuits

Twitter P. Cano

Mis tuits

“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • Contracorriente
    • Únete a otros 279 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Contracorriente
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...