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Publicaciones de la categoría: Meditaciones de la Virgen

Meditación 55: vida de Nazaret IV

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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1º Vida de crecimiento. -Los evangelistas, tan parcos en hablar de la vida de Nazaret, no se callan este detalle de Jesús y dicen que «el Niño crecía y se desarrollaba»… y juntamente también con Él sin duda, había de crecer su Madre. Pensemos en este misterioso crecimiento…_nazaret

En cualquier clase de vida, el crecimiento es algo esencial… En la vida vegetativa, ¿cómo conoces que una planta ha agarrado bien y tiene vida?…; en que crece y aumenta. -En la vida animal, lo mismo; ¿qué sería de un animal…,de un cuerpo humano que naciera y no creciera, ni se desarrollara?…Sería un monstruo, o no viviría… Él crecimiento es señal de vida. -Convéncete de este principio de que la vida es esencialmente crecimiento. -Pues bien, la vida espiritual, aunque muy interna, es también vida y, por consiguiente, requiere también crecimiento.           -Crecer es aumentar…, es adquirir una nueva perfección… Por eso en la vida espiritual, no cabe detenerse, no es posible estancarse. -Comprende ahora aquello de que en esta vida del espíritu, el no ir adelante, es ya ir hacia atrás…, detenerse…, pararse por la tibieza o frialdad, es retroceder. -No te engañes miserablemente; si no avanzas, das pasos hacia atrás…; si no aumentas, pierdes de día en día…

 

2.° Él modelo -Jesús crecía. -Aparece creciendo y aumentando… y es el único que no podía realmente crecer. -Todo lo tenía y poseía desde la eternidad en grado infinito…; no era capaz de adquirir nuevas perfecciones. -No obstante, quiere ser nuestro modelo y enseñarnos prácticamente a crecer… y así quiso manifestarse como si realmente creciera.

Él sol, es siempre el mismo, realmente no aumenta ni crece, y, sin embargo, desde la luz de la alborada hasta el mediodía, aparece como si realmente aumentase y creciera su luz… Así Jesús cada día aumentaba una perfección más o un grado mayor de ellas, como si efectivamente en ellas creciera y se perfeccionara… ¿Qué será el crecimiento para Jesús cuando, siendo el único que no podía crecer, quiso aparecer de ese modo?…

¿No querrá que tu le imites y trabajes por t crecimiento verdadero?… y la Santísima Virgen, ¿no crecía también?… SI Ella fue la que aprovechó mejor las lecciones de Jesús…, ¿olvidaría ésta?… ¿No es dulce pensar, y, además, es cierto, que después de Jesús, nadie ha crecido tanto en gracia y hermosura de alma delante de Dios y delante de los hombres, como Ella?…

 

3º En qué crecía Jesús. –a) en su cuerpo: era el único crecimiento de que era capaz… Él cuerpo tierno y delicado del Niño, se fortalecía  y robustecía cada vez más y más, para ser apto y útil en los trabajos apostólicos…, en su predicación…, en los sufrimientos de su Pasión. -Por tanto, hasta el crecimiento físico y natural, era para Él, algo que se dirigía a su fin de Redentor…, al mejor cumplimiento de la voluntad de su Padre…, al bien de las almas. -Aprende a dirigir a ese fin también tu salud…, tus fuerzas…, tu vida toda, aun bajo el punto de vista corporal y físico…;

  1. b) crecía en sabiduría. -Ésta era doble: una humana, con la que, aparentaba conocer cada vez más y mejor lo necesario para la vida…, para su oficio…, para ayudar a sus padres. -Además, conocía cada día mejor lo que eran los hombres por los que se iba a sacrificar…, lo que era el corazón humano, y este conocimiento le hacía sufrir, al ver su inconstancia…, su egoísmo…, su incomprensión del verdadero amor…, Y compararía los corazones de todos los hombres y en todos vería algo semejante, y también… ¡en el tuyo!…, ¡qué pena! -la otra, era la sabiduría divina, que cada vez se revelaba más, como en el Templo se reveló admirando a los Doctores… ¡Cómo aprovecharía la Santísima Virgen estas lecciones!…, y tú, ¿cómo oyes las cosas de Dios y las inspiraciones suyas?… ¿Cómo las cumples y te aprovechas de ellas?
  2. c) Crecía en santidad. -De día en día, hacía obras más del agrado de su Padre, y más provechosas para nosotros… ¡Qué rectitud y pureza de intención!… ¡Qué amor, sobre todo, en sus obras! -Empápate bien de esa santidad creciente de Jesús, que así va creciendo hasta el fin de su vida…, hasta la Eucaristía…, hasta la Cruz…

4º Tu crecimiento. -Has crecido en tu cuerpo como Jesús, pero en tu alma, ¿qué has hecho cada día…, cada mes…, cada año?… ¿Notas que vas creciendo y aumentando?… ¿Procuras crecer en el conocimiento de Jesús y en el de su Madre?… ¿Trabajas por ahondar y penetrar en el fondo de esos dos corazones…, en las finezas de ese amor para imitarles en el tuyo?… ¿Aumentas de veras en fervor…, en santidad…, en amor a Jesús por medio de Ma­ría?

Si la vida es crecimiento, ¿puedes decir que tu alma vive?…, ¿o desgraciadamente en lugar de crecer ha ido decreciendo y menguando?… ¿No era antes más inocente…, más sencilla…, quizá más fervorosa? – ¿No han ido cada día aumentando tus pasiones…, tu amor propio…, tu carácter… en lugar de crecer tus virtudes? -Pide mucho a la Santísima Virgen esta gracia del crecimiento,.. que Ella te enseñe a crecer tan rápidamente, como Ella lo hizo, para que no sea tu alma algo monstruoso o esté a punto de morir… -Insiste mucho con Ella, para que todos los días, especialmente en la Comunión… ya que es uno de los mejores medios de alimentarse y crecer… te dé con su Hijo, un empujoncito que te haga correr en el camino de la santidad.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Página para meditar 147

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Padre Alba, Uncategorized

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Por ser un principio de año, me voy a extender algo en esta meditación, pues he pensado muchas veces en vosotros a través de ella.

Padre Alba ISan José y la Virgen que con Jesús en su seno parten de Nazaret, dejan a Jerusalén y llegan a Belén, donde va a nacer Jesús.

Nazaret.- Era la vida de familia, de paz de orden interior y exterior, de vida de previsión y de acontecimientos “controlados” cada día en su cotidiano discurrir humano y divino. En Nazaret, los dos santos esposos se hallaban bien, estaban a gusto, esperando la llegada de su divino Hijo. Sin embargo, se trunca inesperadamente aquella mansión de paz, irrumpieron las preocupaciones, la precariedad, la intemperie, los disgustos, y el sentirse como abandonados de aquella dulce protección con la que se había tejido la vida de su hogar. A nosotros se nos llama periódicamente a dejar nuestro Nazaret, en el que creímos vivir a gusto, desde donde íbamos a poder capear con ventaja humana y espiritual las circunstancia adversas… Pero entraron repentinamente y por donde menos lo podíamos esperar, las sacudidas de las preocupaciones agobiantes, las que no estaban precisamente “controladas” en nuestro programa… Fueron, hijos, mujer, marido, trabajo, estudios, economía, desilusiones, aislamiento, soledad, desolación en mi ambiente y en mi interior… ¿No os ha pasado algo de esto a todos? A unos más, a otros menos.

¿Qué hacer? Avanzar, avanzar, sin desaliento por una senda donde hay menos luz de la tierra, pero más claridad en el seguimiento de Cristo. ¡Ah!, sí, la sabiduría ignaciana, de no hacer mudanza… Dejaros, desposeeros, abandonaros, para encontrarnos cada día más con Él. Ese disgusto, esa pena que disimulo, esa preocupación que se ha hecho paralela con todo mi acontecer diario, ha venido en buena hora, es la hora de Jesús. Un día llegará en el que todo nuestro Nazaret, el Nazaret que hemos levantado con ilusión, desaparecerá. Era preciso para que Él viva en mí y yo en Él. Señor, Señor, no dejo el Nazaret que amo. Me dejo a mí para hallarme contigo en el nuevo Nazaret que me has levantado Tú y no mi vana, aunque buena ilusión mía.

Jerusalén.- Es la ciudad, la ciudad del Señor. La ciudad que es imagen de la ciudad definitiva. Pero la Sagrada Familia, no se detiene en ella. No puede, porque debe pasar a lo largo de ella, hacia el sur. La ciudad de Jerusalén queda atrás. Ahora no es tiempo de poseerla todavía, de morar tranquilamente en ella, sino de esperar. Esperar la hora de Dios, cuando se realice el ideal. Hay que luchar por el ideal, aspirar a él, anhelar el día dichoso en el que ese ideal sea realidad. Hay que esperar sin desánimo para hacernos dignos de morar un día en Jerusalén. La Patria que deseamos, la que debemos acariciar en nuestro corazón y tener ante nuestros ojos como la ciudad en el alto, un día cuando suene la hora de la plenitud de la Voluntad de Dios y del premio de sus elegidos, será una realidad en la historia de los hombres. Está escrito, “te daré en posesión hasta los confines de la tierra”; pero aún no podemos morar en esa ciudad santa. La gloria de Dios está ahora en no ceder en la empresa, una empresa que para millones de buenas gentes es utópica e imposible. Y sin embargo llegará un día Jerusalén para nosotros, y en ella moraremos nosotros, o nuestros hijos… para que quede cumplida la Voluntad de Dios, el día en que le alabarán todos los reyes y le sirvan todos los pueblos.

Ahora nos toca esperar en Dios que cumple sus promesas, orar, ansiar esa Patria, antesala de la salvación general, que podrá llevarse a término en un corno cuerpo místico de todas las naciones unidas y fundamentadas en el Rey de reyes.

Con la Sagrada Familia, veo a lo lejos las bellas murallas de Jerusalén y la maravilla del templo de Dios, pero sigo adelante porque Jesús ha de nacer aún en Belén, y morir y resucitar, antes de que Jerusalén sea del todo suya y nuestra. Sí Señor, creemos en esa esperanza, viviremos esa esperanza, ya en nuestro corazón ha nacido esa esperanza, por la que lucharemos y que trasmitiremos sin cansancio a nuestros hijos, discípulos y compañeros de peregrinación.

Belén.- Es la casa de pan. Aquí reposarán al calor del hogar y del pan José, María y Jesús. Gozos íntimos, gozos de amor ordenado, porque todo está ordenado en el amor.

En Belén me ordenaste en el amor. Aquí dejé en el olvido Nazaret. Aquí pienso en Jerusalén, sin angustia de llegar. Aquí Jesús, María y José son pan. El pan que encarna el Pan de vida. A la sombra de Belén reposaré y sus frutos son agradables a mi paladar, para confortarme en la gran travesía de la vida hacia ti. Paz en Belén, pero paz en el destierro. Porque toda vida es destierro. Hay que atravesar la ronda de la ciudad para encontrar al Amado. Ahora le tengo Niño, pero aún no le poseo completamente, porque me poseo demasiado a mí. SO rico de mí, y necesito ser pobre en Belén. En la pobreza y el desasimiento de Belén, aprenderé a quitarme la tónica y vestirme el nuevo vestido que me haga desfallecer de amor.

En Belén se firmará mi estad, hasta que en sueños me avise el ángel que es hora de partir. Sí, porque al fin y al cabo, el pan de Belén es pan de destierro. Pero el destierro es para ordenarme en el amor. Blanco pan de Belén, con Jesús, María y José, escuela de mi afecto.

Cuando os tengo en la presencia de mi alma, toda ella memoria, os deseo siempre una felicidad sin límite. Vuestra memoria se agudiza en estos días santos de Navidad y Año Nuevo, en la que pido para vosotros al Señor, no los oropeles espirituales, sino la felicidad verdadera que se encuentra donde mora el Señor que ya vino y nos lleva con Él. Desde Nazaret, en Belén, hacia Jerusalén.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 147, enero de 1991

Chicas y chicos,
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Mensajes de fe 41: Un S.O.S. que siempre es eficaz

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Mensajes de fe, Uncategorized

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Zorrilla, en su «Don Juan Tenorio», con el más saludable empeño quiere reconciliar con Dios al protagonista en sus últimas horas. «Don Juan, -un punto de contrición- da a un alma la salvación. -y ese punto aún te le dan», le conmina desde ultratumba la estatua de don Gonzalo. Don Juan se agarra a contrapelo: «Que si es verdad -que un punto de contrición -da a un alma la salvación -de toda una eternidad, -yo, santo Dios, creo en Ti: -si es mi maldad inaudita, -tu piedad es infinita… -¡Señor, ten piedad de mí!»

Esta doctrina -que el acto de contrición perfecta salva, con el propósito de confesarse si se pudiera-, es tan sólida, evangélica y confortadora que un teólogo tan sabio como el cardenal Franzelin decía: «Si me fuese dado recorrer el mundo, sería el tema favorito de mis predicaciones, la contrición perfecta.» Un sacerdote francés, J. De Driesch, en un libro muy conocido, escribe: «Cierto día, corrí peligro de muerte inminente. Fue cosa de ocho a diez segundos no más, el tiempo de rezar la mitad de un padrenuestro. En este momento tan breve, mil pensamientos cruzaron mi mente. Se me apareció mi vida con toda su increíble prontitud y me asaltó la idea de lo que me aguardaba después de mi muerte… Mi primer cuidado en tamaño peligro fue hacer lo que manda el catecismo: un acto de contrición perfecto, recurriendo a Dios en demanda de su protección. Entonces es cuando aprendí a cobrar el cariño y aprecio debidos a la contrición perfecta. Posteriormente, he tratado de hacerla conocer y estimar en todos los sitios en donde he tenido proporción para ello.»

Pero en la literatura española, singularmente, existe un «Acto de contrición de Lope de Vega Carpio», que ha conocido raras ediciones, y que bien merece los honores de la reproducción y de la más viva y cálida meditación. En el mismo palpita toda el alma de Lope de Vega:

Aunque en culpa y error fui concebido,
y fui nacido en culpa y en pecado,
y desde que nací, Dios te he ofendido
y he sido inobediente a tu mandado;
aunque como traidor he delinquido
contra Ti, gran Señor, que me has criado,
aunque es tan grande y tal mi desvarío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Aunque me esté el castigo amenazando
de las terribles penas del infierno,
y aunque el demonio vil me esté acechando
prometiéndome dar tormento eterno;
y aunque mi vida ya se va acabando
y veo que he vivido sin gobierno,
y aunque he sido cruel, traidor, impío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Aunque sé, Rey inmenso, en quien espero,
que eres en tus juicios riguroso,
y aunque sé que en el día postrimero,
has de bajar airado y muy furioso,
y aunque sé que eres justo y verdadero
y yo a Ti, fementido y alevoso,
si lloro y del pecado me desvío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Poder tienes, Señor, para salvarme,
poder tienes, Señor, para admitirme,
poder tuviste, Dios, para comprarme
y del demonio pérfido eximirme:
poder tienes, Señor, para librarme,
y poderoso fuiste-en redimirme,
y pues es tanto y tal Tu poderío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Tu divina palabra me asegura
en que dices, Señor, que en toda hora
que se volviera a Ti cualquier criatura,
con fe y con contrición el alma adora
que con brazos abiertos de dulzura
recibirás el alma pecadora
por esta real palabra, en la que fío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Porque no me perturbe el grave estruendo
de las fuertes cadenas infernales
que parece que ya las voy oyendo
por mis graves delitos y mis males:
en tus manos sagradas me encomiendo,
Jesús, gran Redentor de los mortales,
porque sé que, eres Dios, clemente y pío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Y vos, Virgen de culpa no manchada,
más Santa que los santos y más digna
del Padre eterno Hija regalada,
y de su Hijo Madre a quien se inclina:
del Espíritu Santo Esposa amada,
pues tenéis tantas prendas de divina
y tanto os ama Dios y sois tan mía,
¡rogad por mí!, Purísima María.

¡Ay!, Virgen Santa, nuestra gran Señora
Que hallo en el discurso de mi vida
No haber vivido en Dios tan sólo una hora,
por donde el alma teme esté partida:
mas Virgen, siendo Vos mi intercesora
no teme el alma mía ser perdida,
pues el alma en Vos espera y fía,
¡rogad por mí!, Dulcísima María.Lope_de_Vega_firma

Lo que Lope de Vega tan magníficamente expresa es lo que realmente de alcanza la reconciliación con Dios. Es la palabra eterna del perdón divino que se repite y repetirá hasta el final de los tiempos. A Dimas arrepentido, Cristo le dice: «Te digo, en verdad, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.» Zorrilla lo registró en el final de su drama: «Mas es justo, quede aquí – al universo notorio – que pues me abre el purgatorio – un punto de penitencia, -es el Dios de la clemencia – el Dios de Don Juan Tenorio.»

Con abundancia de poesía a lo Lope de Vega, o con las postreras premuras a lo Don Juan Tenorio, ojala no olvidemos el acto de contrición. Basta con decir con corazón y de verdad: «Dios mío, perdóname», para tener el «punto de contrición» que Zorrilla, el poeta de la «gigante voz y corazón altivo», puso en boca de nuestro trotamundos de todas las aventuras y amoríos. ¿No es una buena lección para el día de hoy? Repasa, si lo has olvidado, el acto de contrición, o sea, el «Señor mío Jesucristo», pues puedes necesitarlo en momentos de apuro. En un accidente automovilístico o laboral, para asistir a un moribundo sin tiempo para avisar al sacerdote, al ponernos a descansar todas las noches, cuando nos demos cuenta que hemos ofendido a Dios, de momento y rápidamente, recemos de corazón, este acto de amor y de reparación, de amistad y de reconciliación que es el «Señor mío Jesucristo», o simplemente lo que nos salga del interior reconociendo la infinita misericordia de Dios, infinita Bondad.

DICE JESÚS EN EL EVANGELIO: «TODO CUANTO PIDIEREIS EN UNA ORACIÓN LLENA DE FE, LO OBTENDRÉIS». Es cosa santísima unirse a la oración de la Virgen. Por ello, cada mañana y cada noche reza las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen para que vivas como hijo de Dios.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Meditación 54: vida de Nazaret III

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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mi-vida-en-nazareth21º Vida de oración -Es la oración, la unión del alma con Dios…, la comunicación y el trato con Él. -Por eso no hay nada más esencial: Dios es el todo y tú la nada. -Él es el Señor y el Dueño inmensamente rico… poderoso lleno de bondad…; tú el pobre…, miserable reducido a la mayor impotencia Es natural, es indispensable, que acudas a Él, pues sin Él nada tendrás…, nada podrás hacer. -Ese acudir a Él, ese pedirle lo que necesitas, es la oración. -¡Qué amor tan grande el del Señor al darte un remedio tan fácil…, tan sencillo…, tan eficaz, para remediar tus debilidades y miserias. -Si los enfermos tuvieran una medicina tan fácil que con sólo acudir al médico ya se curaran, ¿habría enfermos en este mundo?

Piensa en nuestra locura inmensa, cuando no apreciamos en lo que vale, el medio divino de la oración… cuando no la utilizamos como debemos…, ni con la frecuencia que la necesitamos. –No ha habido santo alguno sin oración… y a mayor espíritu y vida de oración, mayor santidad. -Podrá haber, santos sin grandes y extraordinarias cosas de milagros…, profecías…, austeridades…, éxtasis y raptos -.., pero no sin oración. -Sin embargo, no mires a los santos;.., entra en la escuela de oración donde ellos aprendieron esta lección…, y la escuela es Nazaret.

2º Oración continua -Allí se vivía una vida continua de oración. -Por encima de todas las virtudes, destacaba ésta. -Más aún ésta es la que daba vida y carácter a todas las demás. -En muchas casas hay pobreza como en Nazaret…, hay oscuridad…, hay trabajo…, pero todo eso con aquel espíritu de oración, no lo hay en ninguna. -Todo se hacía en virtud de la oración y como fruto de ella…; de ahí que en Nazaret se oraba sin cesar ¡Cómo santifica.la oración las cosas más pequeñas!…; todo deja de ser pequeño e indiferente cuando se hace con este espíritu de oración.-El comer…, el dormir…, el jugar y el divertirse…, el sufrir o gozar…, el trabajar y el descansar, es entonces una verdadera oración -Y ¡cómo endulza esta todas las cosas amargas de la vida!

Contempla a Ma­ría trabajando afanosa…, cansada…, fatigada…, abrumada…, sudorosa…, y todo para apenas poder darle de comer a su Hijo querido…, para no salir de su pobreza nunca…; mas no se enfada…, no se impacienta…, esa es la voluntad de Dios, y la acepta, no resignada, sino gustosa y contenta…, satisfecha…, alegre…; todo lo hace con Dios y por Dios…, es decir, todo lo hace orando todo lo convierte en oración. -Por eso es feliz no cambiada su suerte por nadie…, no dejarla su pobreza por las mayores riquezas y comodidades…, ¡Ah!, si conoce­ríamos bien cómo todo se transforma con la oración!

3º Oración fervorosa -Mira, además, y contempla a la Santísima Virgen en los momentos especialmente dedicados a la oración. -No ya sólo interrumpe su trabajo para levantar su corazón…, purificar su rectísima intención y renovar su incesante presencia de Dios, sino que varias veces al día dedicaba varios ratos exclusivamente a la oración y contemplación. -Mírala y examínala bien; ¡cómo oraría en su porte exterior y en su interior!… Levanta tu espíritu y tu imaginación al Cielo, y allí verás al Ciclo todo, y especialmente a Dios, gozándose con la oración de Ma­ría…, recibiendo la gloria que esta oración le da…, comunicándose con Ella y aumentando sus gracias y merecimientos. -¿Será así tu oración?… ¿También darás con ella gloria a Dios…, alegría a los ángeles… y merecerás que Él se comunique contigo y te dé sus gracias y lo que necesitas? ¿Por qué sacas tan poco fruto de la oración?… ¿No debías ya tener mucha santidad?… ¿Es que tu oración es como la de Ma­ría, fervorosa…, humilde y constante?…

4º Oración en común -Y no sólo Ma­ría, sino todos en aquella casa oraban…, y oraban en privado y en común. -¡Qué espectáculo tan hermoso el de la Sagrada Familia en oración!… ¡Cuánto agrada al Señor la oración en familia… la oración en común… ¿Te persuades bien de esto? -Él mismo Jesús, después de practicarlo así en Nazaret, y más tarde con sus discípulos, claramente nos lo enseñó y aconsejó…: «donde haya dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo»

El hombre es social por naturaleza…, todo lo hace con los demás…, ha de vivir con la familia…, con la sociedad, ¿por qué no santificar esa vida con la oración? -Si tienes amistades para tratar…, conversar con ellas…, ¿por qué no para llevaros mutuamente a Dios? Si se dice que en la unión está la fuerza, y el hombre se une a los demás cuando quiere conseguir algo… o hacer un esfuerzo que solo no podría…, ¿por qué no ha de ser así en la vida espiritual? -Mira a la Iglesia cómo fomenta la oración y la vida espiritual en común.Las6rdenes religiosas no son otra cosa. -¿Por qué no tratas de hacerlo así y en lo que puedas fomentar la oración…, la mortificación la conversación y vida espiritual en la familia en las amistades…, en la sociedad que te rodea?

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 53: la vida de Nazaret II

01 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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_nazaretVida de trabajo. -Consecuencia de la vida de pobreza de la Sagrada Familia, es la vida de trabajo que allí tenía que reinar…; eran pobres y no tenían más remedio que comer de su trabajo…; San José, en su oficio…; Ma­ría, en sus ocupaciones domésticas…, y el Niño, ayudando a ambos…, todos allí trabajaban. Meditemos, que algo nos quieren enseñar con este trabajo.

1º Él trabajo es una ley de la creación: es, por tanto, algo natural en el hombre… La pereza, la ociosidad, es completamente irracional.: Como el ave para volar, así el hombre ha nacido para trabajar, dice. Job en la Sagrada Escritura. -En el mismo Paraíso, Dios quiso que el hombre trabajara y, para eso, para trabajarlo y cultivarlo, se lo dio el señor -Es, además, un castigo, y por eso tiene el carácter de tal, y ocasiona fatiga…; la fatiga, es propiamente el castigo del pecado, no el trabajo mismo. -Todos hemos pecado, luego nadie puede estar exento de esta pena. -Trabajos físicos y morales…, en el cuerpo y en el alma…, para comer y: para conservar la vida y hasta para gozar…, siempre hay que trabajar.

Convéncete que éste es tu deber, y que no puedes dejar de cumplirlo… Cuanto más trabajes, más racional eres…, más semejante a. Dios, que es la misma actividad por excelencia…, la más grande…, la que más produce.

2º La virtud. -Pero, sobre todo, es una virtud. a) porque el trabajo es una penitencia verdadera… y una penitencia muy santa y muy hermosa, porque ha sido elegida e impuesta por el mismo Dios… y porque, además, es universal para todos y en cada momento. -Quizá puedas eximirte de otras penitencias, pero no de trabajar…; aún el enfermo, en una forma o en otra, está trabajando; b) porque si la ociosidad es madre de todos los vicios, el trabajo lo es de las demás virtudes…; es evidente que al ocioso tienta mucho más y mejor el demonio el trabajo, cuanto más duro, y penoso, mejor sirve admirablemente para prevenir las tentaciones…, para debilitar las pasiones…, para quitar ocasiones al enemigo que se desconcierta ante un alma ocupada; c) en fin, es una virtud de expiación o reparación… Satisfacer por el pecado…, adquirir grandes méritos…, preservarte de las caídas, he ahí los grandes frutos del trabajo.

Da gracias a Dios que en una cosa tan necesaria como ésta, puso tantos provechos con que estimularnos… y a la vez endulzar la pena de este castigo. -¿Quién llamara castigo a una cosa tal provechosa como ésta? ¿Quién no se abrazara gustoso con el trabajo si ha de servirle de fuente de gracias y merecimientos incalculables?…

3º Él trabajo en Nazaret. -Por lo mismo, no es posible que falte el trabajo en Nazaret…, y el trabajo, en su más: estricto sentido… no solo es trabajo la ocupación…, el no perder tiempo… sino, sobre todo, trabajo significa una cosa laboriosa…, difícil., costosa…, ruda…, que requiera, esfuerzo…, sudor…, molestias grandes. -Así, así fue el trabajo en Nazaret…; nada de poesías ni de idilios en aquel trabajo… No era un trabajo para hacer algo para matar el tiempo…~ para pasar el rato era para comer…, ¡para vivir!-vivían del trabajo…, eran unos pobres trabajadores…, unos jornaleros.

Mira a San José y al Niño con el trabajo monótono…, pesadísimo…, aburrido de una carpinte­ría. -Y de una carpintería de aldea, donde no se hacen más que cosas toscas…, ordinarias…, vulgarísimas. -Mira a aquellas manos divinas, que fabricaron el mundo, encallecidas ahora, con el duro trabajo. -Y a la Santísima Virgen lo mismo…; También Ella, después de las labores de la casa, aún las más bajas y viles… lavar, barrer, fregar, etc., cogería el huso para hilar y ganarse hilando, también su jornalito. -Piensa y medita. ¡La Virgen a jornal!… No se ocupa en labores primorosas…; sus finas y delicadas manos no bordan en oro y se.das…, -ni trabajan en blondas v encajes sino en trabajos ásperos y mortificantes

4° Tu trabajo. -Así debe ser tu trabajo.-Bien está evitar la ociosidad, teniendo siempre alguna ocupación, pero no lo olvides, que no siempre toda ocupación es trabajo. -Distingue dos clases de trabajo en que has de ejercitarte: el espiritual y el corporal. -Hay que trabajar en el alma, para vencerlas pasiones…, dominar el genio y carácter…, pisotear el amor propio…, para no distraerse y hacer fructuosa la oración para ejercitarse en la práctica de las virtudes para llevar una vida intensamente espiritual… y, sobre todo, para, ser constante y perseverante en ella. Todo esto, es trabajo y sin él, nada se puede hacer. -Propón trabajar muy de veras en este trabajo, aunque te resulte pesado…, cansado…, molesto.

Además, el corporal, trabajando en el cumplimiento de tus deberes…, no buscando aquello que más te gusta, o te distrae…, sino lo que debes, según la voluntad de Dios y para la mejor gloria suya. Finalmente, esto mismo aplícatela a tus obras de celo y apostolado. ¿Buscas las que más lucen y brillan o las que más provecho causan en las almas?… ¿También en esto te gusta trabajar con comodidad?… ¿También aquí te guías por lo que te agrada o desagrada?… ¿También eres inconstante en este trabajo? Mira a Jesús…, contempla a Ma­ría ¡tantos años trabajando!, y aprende esta lección…, sigue ese ejemplo………Pídeles gracia para hacer con Ellos esa penitencia hermosísima del trabajo… diario…, costoso…. aburrido…, monótono…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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