Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Meditaciones de la Virgen

Meditación 42: primeros adoradores

16 jueves Abr 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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1º Los Pastores. -Son los elegidos por Dios como los representantes de la humanidad, para hacerles la primera manifestación de Jesús. -La razón de ser ellos los elegidos; fue su sencillez… Jesús Niño se comunica a los corazones sencillos como de niños. -La sencillez encuentra a Dios por los caminos más simples y más directos. -La sencillez es fe que todo lo cree, como los pastores…, es obediencia ciega, como la de aquéllos.ildefonso rodriguez villar

Los pastores, ni siquiera se enorgullecieron por ello…, oyen la voz del ángel y aceptan con sencillez la invitación…; es todo lo contrario del amor propio, que todo lo quiere pensar y calcular a su modo. -Pon la dosis de amor propio de tu corazón en los pastores y no hubieran ido a Belén…, a lo mejor hacían el ridículo…, a lo mejor era mentira…, etc. -Así habla el amor propio. -¡Qué distinto de la fe, de la obediencia y de la humildad propias de la sencillez! -¿Cómo está esta virtud en tu corazón?

2º Alegría de la Virgen. -¡Qué alegría recibiría la Santísima Virgen cuando les vio y escuchó lo que le contaron! -En premio de su fe y sencillez, Ma­ría toma a Jesús, se lo enseña… y se lo da…, para que se recreen con el Niño. -¡Qué premio el de la sencillez y el de la obediencia! -¡Poseer a Jesús!… Pero advierte que quien da a Jesús es Ma­ría. Es la primera manifestación de Jesús y quiere que sea por medio de su Madre… Es la primera entrega que hace de Sí mismo a los hombres y se entrega por medio de Ma­ría. -Eva comió el fruto prohibido…, se lo enseñó a Adán…, se lo dio Y nos perdió… Ma­ría enseña el fruto de su seno purísimo a los pastores… y en ellos a todos los hombres, se lo da y nos salva.

Jesús es el Salvador, pero por medio de Ma­ría…, ni se recibe sino de Ma­ría ni hay otro camino para llegar a Él sino Ma­ría Nunca se halla a Jesús sin Ma­ría, como dice San Buenaventura. -Y por tanto, no es posible aislar a Jesús de Ma­ría… Hallaremos a Jesús en brazos de Ma­ría, como los pastores y al postrarnos como ellos a los pies de Jesús, también nos postraremos, a la vez, a los pies de Ma­ría…

3º Los Reyes Magos. -Una revelación especial les lleva a Belén…, una estrella aparece en el Cielo y una inspiración suena en su corazón… y dóciles a este llamamiento, se ponen en camina. -Mira qué docilidad y qué prontitud en su obediencia… 1 reyes magos  (1)_thumbEn seguida lo dejan todo…, patria, casa, familia, comodidades, por emprender un camino largo y sumamente penoso. -Humanamente esto era una locura..; Convéncete de una vez, que para el mundo y para la prudencia de la carne, parecen locuras las cosas de Dios… y, no obstante, tú debes amar y buscar esas divinas locuras. -Recuerda el momento de ocultarse la estrella… ¡Qué dudas!…, ¡Qué vacilaciones!…, ¿Se habrían equivocado?… ¿No sería mejor volverse para atrás? Piensa qué hubiera sido de los Magos, si así lo hubieran hecho. ¡Qué lástima!…, estar a las puertas de conseguir su destino y al fin de su viaje… y volverse perdiéndolo todo… ¡Qué imagen más perfecta de tu inconstancia!…. No olvides que sólo el que persevera, triunfa y que la constancia es distintivo del amor…

4º Llegada a Belén. Mírales ya en Belén. Él triunfo es completo…, la estrella vuelve y les guía hasta la misma cueva donde está el Niño. -Otra dificultad. Ellos, Reyes que buscan un Rey, ¿van ahora a entrar en una cueva de animales?, ¿van a adorar a un Niño que no tiene más cuna que un pesebre? -He aquí el mérito de la fe: no se guía por apariencias y cree lo que no ve… A través de aquella pobreza, los Magos descubren la divinidad y la adoran.

Contémplales en el momento de ofrecerle sus dones y medita en su significado… Aquí todo habla de sacrificio y todo nos anima a él. Sacrificio por amor, que representa el oro… Sacrificio por la oración, que simboliza el incienso… Sacrificio por la mortificación y penitencia exterior, que significa la mirra. -Sólo por el sacrificio se encuentra a Jesús. -Sólo el sacrificio es el don que agrada a Jesús.

5º La Madre con el Hijo. –Dice el Evangelio: «y encontraron al Niño con su Madre, María». -No despreciemos este detalle… Otra vez tenemos que el Evangelio nos lo recuerda: «el. Niño está con su Madre»… Ma­ría aquí aparece instruyendo a los gentiles por primera vez… Por Ella entran los Magos y con ellos el mundo pagano en el Cristianismo. -A Ella debemos nuestra fe… Aprendamos a adorar y amar a Jesús siempre en los brazos de su Madre y por medio de Ella, ofrezcámosle hayal Niño querido, nuestros dones y nuestro corazón.

Pensemos que también para nosotros hay una estrella…, una vocación que hemos de seguir a pesar de todas las dificultades…, aunque llegue a ocultarse y no veamos el término a donde vamos a parar. -Seamos fieles en seguir esa vocación y constantes a toda prueba. -No desechemos ninguna inspiración del Cielo, que tantos bienes nos puede traer.

En fin, veamos que para nosotros hay también otra estrella que siempre luce y brilla…, que nunca se oculta y que si queremos, siempre la podemos seguir… Esta estrella es Ma­ría, nuestra Madre querida. -Ella nos guiará y nos alentará en los momentos difíciles. -No tienes más que levantar los ojos y mirarla y siempre la verás alumbrando los pasos de tu vida y guiando los movimientos de tu corazón. -«Mira a la estrella siempre, invoca a Ma­ría», dice San Bernardo.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 41: el nacimiento

08 miércoles Abr 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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1º Ingratitud de los suyos. -Mira cómo se cumplen al pie de la letra aquellas palabras: «vino a los suyos y los suyos no lo recibieron». -¡Que ignorancia de las cosas de Dios! -¡Si ellos hubieran sabido lo que iba a pasar en aquella noche!… Pero he ahí el mérito de la sumisión y resignación en las manos de Dios…, no pensar en el por qué, ni en el para qué, dispone el Señor las cosas de ese modo.

Por otra parte, aquellos pudieron tener disculpa de su ignorancia…, pero nosotros, ¿no tenemos miles de pruebas para conocer las cosas de Dios y saber quién es Él y dónde se encuentra?nacimiento-de-jesus

Pedir perdón al Señor de las muchas veces que ha querido entrar en nuestro corazón, y nosotros no le hemos admitido…; de las muchas veces que Él ha deseado hacer algo…, quizá algo grande, con nosotros y lo hemos estorbado. -En fin, temamos y temblemos, pues no sabemos la responsabilidad que de esto tenemos y la cuenta que hemos de dar a Dios por ello.

2º Él Nacimiento. -Si el olvido y el abandono y el desprecio fue el modo cómo los suyos recibieron a Jesús, contempla ahora a Ma­ría…, penetra en el interior de la cueva y… mira con santa curiosidad todo lo que allí pasa. -Iluminada por el Espíritu Santo, ha comprendido María que el momento del Nacimiento de su Hijo ha llegado… y, naturalmente, aunque cansada del penoso y largo viaje, no quiere descansar.

Ahora más que nunca, se entrega a fervorosísima oración… Sus ardientes anhelos y fervorosas suspiras, hacen una violencia irresistible al corazón de Dios… Se deja vencer por la oración de Ma­ría, y cuando Esta ha llegado al grado más elevado de aquel éxtasis de amor, el Espíritu Santo hace que de repente…, de un modo milagroso…, al abrir Ma­ría sus ojos, se encuentre entre los pliegues de su manto…, blanco como un copo de nieve…, bello más que los ángeles…, al Hijo de Dios e hijo suyo. -Ma­ría Virgen antes del parto, es virgen sin mancilla en el parto…, como el rayo del sol sale por un cristal, sin romperlo y sin mancharlo…, así nació el Hijo de Ma­ría.

Acércate mucho, sin miedo alguno, y contempla aquella escena. -Jesús va a recibir la primera adoración, y con ella las primeras caricias de una Madre… Ma­ría adora a su Dios allí vivo… real y físicamente presente…, pero como Madre, se cree con derecho a tomar a aquel Niño y estampar en sus mejillas delicadas sus primeros besos… ¡Qué besos más ardientes!…, ¡Qué abrazos más efusivos!…, ¡Qué caricias más tiernas!… Excita tu imaginación, que todo será nada, para pintar esta escena.

Jesús no siente la pobreza del establo…, ni el frío de la noche.,., porque lo primero que han visto sus ojos al abrirlos a la luz de este mundo, ha sido el rostro de su Madre. -Recuerda el encanto de un niño pequeño cuando sonríe al contemplar algo agradable para sus ojuelos, y piensa cómo sería, la Sonrisa de Jesús al ver a su Madre tan pura…, tan bella…, tan hermosa. -Madre e Hijo parece que no se hartan de contemplarse mutuamente… y esta mirada de Ma­ría, es consuelo y alegría para Jesús… y la mirada de Jesús es aumento de gracia y santidad para Ma­ría.

Con qué respeto y devoción, Ji al mismo tiempo ternura y delicadeza iría la Santisima Virgen envolviendo aquel cuerpecito de su Hijo en los blancos y pobres pañales… Y con qué dolor Y pena tan profundos, le colocaría en las pajas del pesebre… Ella fue la primera que medit6 en esta verdad que tenía delante de sus ojos… ¡Dios en un pesebre!… ¡Dios abrazado con la pobreza tan estrechamente, que ni casa ni habitación tiene para nacer!… ¡Qué será la pobreza cuando así aparece inseparablemente unida al Hijo de Dios! Pide a Ma­ría que te la dé a conocer, para que ames esta virtud.

3º Él Hijo Primogénito. -Dice el Evangelio, que Ma­ría dio a luz a su Hijo Primogénito… Si fue primogénito, esto es, el primero, es porque luego debi6 tener otros hijos, Y así es por dicha nuestra. -Jesús es el primero…, es el hermano mayor…, pero luego vinimos nosotros, que también somos hijos de Ma­ría. -¡La Madre de Dioses nuestra Madre!.. Jesús es nuestro hermano… ¡Hermanos de Cristo!… ¿Lo has pensado bien? Te has detenido a considerar lo que esto significa de parte de Dios y de parte tuya? -De parte de Dios, es el colmo de la bondad y del amor para contigo…; de parte tuya, es la mayor gloria y dignidad a que puedes aspirar…, es el titulo dulcísimo que ni a los ángeles ha querido dar… Ma­ría es Reina de los ángeles, pero no es Madre suya como lo es nuestra. Así, ante la cuna de Jesús…, en presencia de esta Madre, medita y saborea estas dulcísimas verdades…

4º Acércate antes de terminar a Ma­ría y pídela por unos momentos te deje en tus brazos a su Hijo…, recréate con Él…, abrázale y mímale con toda clase de caricias… y, sobre todo, estréchale tan fuertemente, que le metas hasta lo más hondo de tu corazón. -Suplícale que cambie su cuna y pesebre por tu corazón, que allí le darás más abrigo y calor. -En fin, pide al Niño que te enseñe a amar a su Madre… Pide a la Madre que te enseñe a amar a Jesús.

Piensa que la vida de Jesús comienza mirando a Ma­ría y… también en la Cruz termina mirándola a Ella… ¿No querrá decirte con eso que Él quiere que toda tu vida se deslice también bajo la mirada de Ma­ría?… ¡Qué dulce es pensar que así vivimos alumbrados y consolados con la luz de los ojos de Ma­ría!… Aprende a mirar a Ma­ría y a recordar que Ella siempre te mira sin cesar…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 40: Camino de Belén

31 martes Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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1º Él empadronamiento. -Éste sirve de ocasión para el viaje a Belén y para ejercitar las más bellas y difíciles ildefonso rodriguez villarvirtudes en la Santísima Virgen, cuales son la sumisión y la obediencia. -Contempla a Ma­ría, en compañía de San José en su pobre casita de Nazareth…, pobre, pero nada falta. -Ella ha ido preparando con gran cariño todos los detalles para el Nacimiento de su Hijo, que se aproxima…, la cunita hecha por San José…, los pañales que Ella misma ha confeccionado…, en todo hay pobreza, pero mucho cariño y amor… y el amor suple e inventa muchas cosas para mejor recibir a su querido Niño.

De repente, oyen un rumor primero, y luego se confirman en la certeza de tal rumor…; todos tienen que ir a empadronarse al lugar de su origen, y Ella y José descienden de David y de la real ciudad de Belén… ¡Qué contratiempo!… ¿Cómo iban a ir de viaje, ahora, en esas circunstancias…, cuando de un día para otro espera el divino Nacimiento? Y todo por el antojo y soberbia de un hombre, de un tirano, que así lo ordena… ¿No habría medio de burlar tal disposición…, o por lo menos de dilatarla?.. ¿por qué no esperar un poco tiempo hasta que pasara ese día dichosísimo?…

Y, sin embargo, la Santísima Virgen ni habla, ni critica, ni protesta… Con el corazón herido acata la divina voluntad…, confía en el Señor…: se arroja en sus brazos y se lanza inmediatamente-a la obediencia. -¿Quién tuvo jamás mayor disculpa para no obedecer que la Santísima Virgen en esta ocasión? -Si se hubiera rebelado y no hubiera obedecido, ¿quién la podría tachar de imperfecta?… ¿No diríamos que habría obrado muy bien… y que hubiera sido una imprudencia ponerse de viaje en aquella ocasión? No obstante Ma­ría no atiende a la prudencia de la carne…, antes es obedecer sin pensar en más… ¡Qué sumisión de voluntad y de juicio!jose-y-maria-sobre-un-burro_hacia_belen[1]

Nota bien esto, que es la parte más difícil de la obediencia… A Ma­ría la sobraban razones para no obedecer…, pero obedece ante todo y por encima de todo…, y es que ante la obediencia, no hay nada… ¡Qué lección más difícil, más penosa y más práctica nos da Ma­ría!…

2º Él viaje. -Es largo, unas cinco jornadas…; es duro por el camino tan malo y la incomodidad de hacerlo todo en una caballería…; es molesto por la época…, en diciembre, con frío, vientos desagradables, lluvias y hasta nieve. -Acompaña un poco tiempo a la Santísima Virgen…, mírala abrigada con un manto oscuro y echado un velo obre su rostro. -San José a su lado, no la quita ojo y cuida de que el jumentillo vaya por la parte mejor del camino…; adivina aquel rostro que se esconde bajo el velo…., todo él pureza, modestia…, recogimiento belleza y hermosura celestiales y, sobre todo santidad.

Otros viajeros pasan junto a Ellos, haciendo el camino más rápido y cómodamente. ¡Qué diferencia! -Todos irían criticando, maldiciendo aquella orden del César. -Ma­ría va como transfigurada, como extasiada, pensando en el tesoro que lleva consigo…; no la importa la vida exterior que la rodea. -En el viaje y en su casa, en todo momento vive con Jesús y para Jesús.

¡Qué oración haría la Santísima Virgen en este camino! -Contempla a los ángeles que se disputan el honor de acompañarla, y tú también detente a acompañarla lo mejor que puedas en esas jornadas… Ahora ayúdala a bajar del asno…, colócala al abrigo de cualquier palmera, llévala agua…, algo que te pida…, ponte a su servicio, y ruégala que aunque lo hagas mal muchas veces, no te desdeñe, sino que te admita en su compañía… No la niegues nada, que todo se lo merece…

3º Belén. -Han negado, por fin…, es hora de descansar. -José va en busca del mejor sitio que su pobreza le permite…, pero otra vez la mano del Señor que les prueba con el sufrimiento de la más dura mortificación. -Ni posadas, ni amigos, ni nadie, les abre sus puertas. ¡Qué horrible!… Después de cinco días de camino… y en vísperas de dar a luz a su Hijo, no hay dónde hospedarse… ¿No es para perder la paciencia y para murmurar y para dar lugar a todos los nerviosismos a que nosotros nos entregamos?… ¿No es esto ya demasiado?

Ni una palabra, otra vez se arroja en brazos de Dios la esperar lo que Él quiera. -Si al fin ha de triunfar siempre su voluntad, ¿por qué no la aceptamos con más resignación y alegría, sobre todo cuando nos prueba con algo desagradable? -Mira a María entrar en aquel establo de bestias…; su delicadeza…, si amor maternal, se rebelarían. -¡Qué asco!… ¡Allí iba Ella a pasar la noche!… ¡Allí iba a dar a luz a su Hijo… ¡Qué dominio el suyo!… ¿Esa es la voluntad de Dios? Pues esa es la suya también.

Póstrate a los pies de esta Virgen purísima, y pídela perdón de tu soberbia, de tu amor propio con el que tantas veces te has opuesto a la voluntad de Dios… y pídela una sumisión y obediencia como la suya, para obedecer sin réplica y sometiendo hasta con alegría, no sólo la voluntad, sino tu juicio, a tus superiores, aun cuando creas que te sobre la razón.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 39: La expectación del Parto

25 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villarLa Iglesia celebra esta Expectación de la Santísima Virgen con una fiesta especial que la dedica en el tiempo santo del Adviento. -Es fiesta genuinamente española, establecida probablemente por San Ildefonso, quien en los maitines de medianoche de esta fiesta, mereció ser revestido por la Santísima Virgen de una preciosa casulla que trajeron los ángeles del Cielo.

1º Vida de la Santísima Virgen en este tiempo. -Considera esta vida bajo dos aspectos: uno interior y otro exterior… Bajo el aspecto interior, la vida de Ma­ría es de una absoluta compenetración con su Hijo. -Madre e Hijo no vivían una vida semejante, sino una misma vida, una sola vida. -No se puede concebir mayor dependencia que la de Jesús en el seno purísimo de Ma­ría. De Ella recibía toda su vida…, de Ella dependía toda su vida… ¡Qué misterio! ¡Dios depende de una criatura!…

Penetra en lo más profundo de esa intimidad divina entre Ma­ría y su Hijo y aprende: recogimiento con el que Ma­ría reconcentraba en Jesús sin cesar todo su ser…; fervor y amor, con él vivía únicamente para Jesús… Ella veía más con los ojos de su Hijo, que con los suyos propios…, amaba con el corazón de su Hijo y todos sus gustos eran dárselos a Él. -¡Qué amor no sentiría tan perfecto y tan puro hacia el Dios que encerraba en su seno!…, vida de gozo y alegría inexplicable, porque todas las cosas divinas son gozosas y producen la dicha y felicidad, pero mucho más la posesión de Dios, como la tenía entonces Ma­ría…; no tenía que envidiar para nada la gloria de los bienaventurados del Cielo…

inmaculadaEn fin, una vida de deseo y de ansia infinita, con las que sin cesar estaría en oración, haciendo violencia a Dios, para que acelerara cuanto antes la hora de revelarse al mundo. -La hora de la Redención…, esto sobre todo, es lo que más caracteriza este momento de la vida de Ma­ría. -¡Qué dulce es pensar que en virtud de esta sublime y fervorosa oración, el Padre Eterno adelantó la hora de la Redención del mundo y nos envió a su mismo Hijo a salvarnos!…

2º Su vida exterior. -¡Qué admirab1g es la Virgen en todo!… Con una vida interior tan intensa y tan divina como llevaba entonces, no dejaba traslucir nada al exterior. -Exteriormente una dulce calma, una simpática sencillez, una muy amable serenidad. -Nadie sospechaba lo que pasaba por su interior…, nadie, ni siquiera San José… ¡Qué santa avaricia la de Ma­ría!, ¡cómo guarda para Sí el tesoro y no le confía a nadie! -Ni la ambición, ni la soberbia, ni el amor propio, ni el deseo de alabanza, la lanzan a comunicar a nadie su secreto…, ni a darse importancia delante de los demás, creyéndose superior a todos, aunque en verdad lo era… ¡Qué humildad más práctica!, ¡qué sencillez tan preciosa!… Cuántas veces el mérito nuestro se evapora, porque le destapamos delante de los demás y no sabemos guardar nuestras cosas solo para Dios…, o al menos peligra, porque imprudentemente las exponemos a los ojos de los hombres, buscando más o menos directamente alguna alabanza…, alguna estima de ellos…

3º La vida del Hijo. -Contempla en este momento la vida de Jesús…, oculta y escondida como en un sagrario en el seno de Ma­ría. -¡Qué oscuridad y silencio el de esta vida de Jesús!…, ¡qué debilidad e invalidez la de Jesús!… Todo lo espera todo lo recibe de su Madre… y, no obstante, desde allí está dirigiendo al mundo…, está siendo la alegría de los ángeles y, sobre todo, está de día en día santificando más y más con su presencia, con su contacto, a su querida Madre. ¡Qué misterio!…, ¡qué vida más activa la de María con su Hijo y la del Hijo con su Madre!…; pero toda, vida de actividad interior…

4º Tu vida. -Esa debe ser, sobre todo, tu vida. Eso es vivir;.., vivir para Jesús, dándole todo a Jesús como Ma­ría. -Esa es la dulzura, y el encanto, y la perfección que encierra la vida inte­rior… Aprende y pide esta vida a Jesús y a Ma­ría. -Examina como te encuentras con relación a ella. –Mira si te gusta ese silencio…, esa oscuridad esa sencillez externo de que va acompañada y si despliegas en tu interior ese fervor, y ese amor de Ma­ría, para ver siempre y tratar con Jesús en lo más íntimo del alma.

Especialmente después de comulgar, ¿por qué ese contacto de Jesús y esa presencia suya, semejante a la que tuvo en el seno de su Madre, no produce en ti la santidad que en Ella? -Para ello hay que vigilar los sentidos, las potencias, mortificándolos sin cesar y reconcentrándolos en el interior, para que, vean allí a Jesús y se acostumbren a tratar con Él, allí precisamente en lo más intimo del corazón.

Por último, mira cómo aquí tienes un modelo perfectísimo de esclavitud Mariana. -Es Jesús el primer esclavo de Ma­ría. -De Ella depende toda su vida… Así debe ser la tuya…, una vida entregada por completo a Ma­ría, sin acertar, sin poder hacer nada sin Ella…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 38: el «Magníficat» VI

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º Recibió o socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia. -Recuerda aquí la Santísima Virgen la gran misericordia efectuada con Israel. -Era un pueblo esclavizado a los Faraones, y el Señor milagrosamente le sacó de aquella esclavitud y le llevó a través del desierto…; allí le alimentó con un maná del Cielo, y, después de sacarle triunfante de sus enemigos, le llevó a la rica tierra de promisión. -En fin, le tomó como Cosa suya…, le hizo su pueblo escogido…, y le cuidó como a un miembro de familia, con cariño y providencia admirables.

Aplica todo esto, punto por punto, a lo que Dios ha hecho contigo y verás en ello una sombra de la realidad. -Te sacó del cautiverio del demonio, infinitamente peor que el de los Faraones…, te protegió y protege sin cesar en el desierto de esta vida…, te alimenta con el verdadero maná divino de su mismo Cuerpo y Sangre… y te conduce de su mano cariñosamente a la tierra prometida, que es el Cielo.

Pero aún más: a Israel le dio título de siervo o doméstico suyo -¡gran favor, por cierto, servir a Dios!-, pero a ti te llama y te da título y honores de hijo…, de hermano de Jesucristo…, de heredero de su trono… ¡Qué realidad tan sublime y magnífica! -No dudes que, aunque Ma­ría habla sólo de la misericordia de, Dios con Israel, también pensaba en la que haría contigo y también la tenía muy presente.

Lo que no dice la Santísima Virgen es la correspondencia de Israel al Señor…; bien lo sabes: dureza de corazón…, desconfianza de Él en el desierto…, un total olvido de Dios en las delicias de la tierra de promisión, llegando a buscar otros dioses para adorarlos… y, finalmente, rechazando a su Hijo cuando vino a salvarnos y dándole muerte cruelísima de Cruz… Todo eso sacó Dios de su misericordia para con aquel pueblo. -Mas… ¿también en esto será figura tuya? . ¿Tú también habrás imitado a Israel en esta enorme y negra ingratitud?;.. ¿También podrá decir de ti el Señor que de su viña elegida, que era Israel, no sacó más que agrazones silvestres, agrios y amargos?… Por lo menos en algunas ocasiones, reconoce, con humildad y con santa vergüenza que así ha sido…, pero promete firmemente que ya no será más así…

2º Como lo había prometido a Abraham y a sus descendientes, por todos los siglos. -¡Qué bien cumple Dios su palabra! -Así lo prometió a Abraham ya sus hijos los demás grandes Patriarcas del Antiguo Testamento… y como lo prometió, lo cumplió. -No ignoraba Él, lo que aquel pueblo iba a hacer con sus beneficios, y, no obstante…, no se echa para atrás y deshace su promesa. -¡Qué fiel es el Señor!

Pero mira, como dice la Virgen, que esta fidelidad y exactitud de Dios, es por: todos los siglos…, esto es, que como cumplió lo prometido entonces, también lo cumplirá en lo que prometa después.

Y, efectivamente, según San Pablo, esta fidelidad, de Dios se manifiesta en tres cosas: a) en no dejar al demonio que nos tiente más de lo que nosotros. podemos resistir, pues es bien claro que si le deJara, nadie le vencería…, ¡tanta es su astucia!, ¡tanto su poder y sabiduría!;

  1. b) es fiel en no abandonarnos durante la tentación…; no es como las amistades terrenas, que en las pruebas y dificultades de la vida, en especial en la más terrible, la de la muerte, nos dejan solos y nos abandonan…, no nos sirven para nada. -Mas el Señor no es así: cuando es mayor la tentación y la necesidad, tanto más nos asiste con su ayuda y con su gracia…, de tal modo, que nos da ésta a medida de aquélla, sin que nunca nos falte Él…, a pesar de que tantas veces le dejamos nosotros;
  2. c) en fin, es fiel en darnos un premio eterno, se hemos sabido, con su gracia, luchar y vencer…; esta fidelidad de Dios, es el fundamento de nuestra esperanza… ¡el Cielo!…, ¡la posesión de Dios!… y esto ciertamente, pues su palabra no faltará…; ¡qué consuelo y alientos nos da en la vida esta mirada a Dios…, al Cielo…, a la corona que nos aguarda!…

Mira qué debes decir al Señor ante este ejemplo suyo de fidelidad que te recuerda la Santísima Virgen. -¡Qué pena qué vergüenza que tú tantas veces hayas sido infiel e inconstante en tus palabras y promesas al Señor! -Si hubieras cumplido sólo la mitad de las cosas que tantas veces le has prometido, ¿cuál sería ya tu santidad para estas fechas? -Pide a María la gracia de la exactitud…, de la fidelidad…, de la formalidad y constancia en el cumplimento de tus palabras.

3º Resumen y conclusión. -¡Qué sublime el canto del Magníficat! -¡Qué hermosísima la oración de Ma­ría. -¡Cuántas cosas abarca! -¡Él canto de la gratitud de su alma a Dios! -¡Él canto de la Redención, con el que publica» las maravillas y grandezas que en esta obra hizo el brazo poderoso del Señor y su misericordia! -¡Él canto en fin, de la humildad! -Fíjate bien que es en lo que más insiste. -Claramente nos señala el camino que hemos de seguir…, no hay otro… Ni Ella ni Jesús encontraron, ni siguieron tampoco otro… ¡Lánzate generosamente por él!… ¡A imitar a Jesús ya María en su humildad!… Ten, por tanto; una devoción tierna y ferverosa a este sublime cántico y diariamente repítele en la Comunión para dar gracias al Señor…, al mismo tiempo que te examinas de tu fidelidad en la promesa que hoy le haces de seguirle en la humildad.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

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