Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Publicaciones de la categoría: Meditaciones de la Virgen

Meditación 37: el «Magníficat» V

11 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º «Arrojó de su sede a los poderosos y ensalzó a los humildes». -Así como en el verso anterior expuso lo que el Señor hace siempre con los soberbios de mente y corazón, así ahora nos habla de la manifestación de esa soberbia por medio de la vanidad el orgullo, el hambre de mandar…; éstos son los poderosos de la tierra…, los que mandan y no gustan de obedecer. –He aquí por qué la obediencia es hermana inseparable de la humildad. La una y la otra convienen en ese espíritu de sumisión y de sencillez que tanto agrada a Dios. ¿Cuántos poderosos no había entonces en la tierra?…; con luz del Cielo los veía la Santísima Virgen a todos ellos gozándose en sus palacios…, mandando a sus siervos y esclavos que ante ellos se postraban como si fueran dioses…

Pero escucha la frase enérgica de Ma­ría…: a esos, el Señor les arrojará de sus tronos, y de sus sillas y asientos de vanidad, y con desprecio les abandonará -Qué poco propias parecen de la dulzura y compasión de Ma­ría estas expresiones… Y es que nosotros no podemos comprender todo lo que odia Dios esa fatua vanidad de la tierra. Ni siquiera la mira, ni la guarda ninguna consideración. -Para buscar Madre, no la busca entre ellos, sino entre los humildes…, y cuando ya nace en Belén, manda a los ángeles a anunciar la gran nueva a los pastorcillos sencillos… y de aquellos grandes y poderosos, ni se acuerda… ¡Qué terrible debe de ser este desprecio de Dios!… ¡Qué espantoso ese castigo que con palabras tan fuertes Ma­ría anuncia!

Examina cómo andas de espíritu mundano en cualquiera de sus manifestaciones…, en cualquiera de sus grados, aunque te parezca muy pequeño…, mira a tu alma y si quieres ver lo lejos que estás de esta fatua soberbia y vanidad, mira dónde te encuentras y qué altura alcanzas de obediencia…, de sumisión y humildad…, y así comprenderás lo cerca que estás del gran premio que Ma­ría anuncia para los humildes. -Para éstos, la exaltación, el encumbramiento…, un trono muy alto en el Cielo. -Compara esas dos expresiones de la Santísima Virgen: la -del castigo del desprecio para los poderosos…, la de la sublimación gloriosa para los humildes y sencillos.

2º «Llenó de bienes a los hambrientos y dejó vacíos a los ricos». -Pero…, ¿todavía más? -No acierta la Santísima Virgen a acabar con la humildad…; ¡cuánto la ama! Porque estas palabras son una confirmación o repetición de las anteriores. Aquí habla de otra manifestación de la humildad, que es la pobreza…, y de la soberbia, que es la abundancia y el regalo. -La pobreza real y actual…, y la pobreza de espíritu. -Jesús quiso nacer y vivir y morir abrazado a ella. -¡Si supiéramos cuánto agrada a Jesús, como la apreciaríamos!

Pero, al menos, hemos de buscar y apetecer la pobreza de espíritu. -No apegarse a nada…, no desear ni envidiar nada…, no querer los regalos y comodidades de las riquezas…, gozarse de que algo nos falte, y no salga todo a nuestra medida y conforme a nuestro gusto… Y, en fin, en el afán de despojarnos de todo…, ¡llegar a despojarnos de nosotros mismos!

Sólo un corazón descarnado…, despojado de todo…, desnudo de todo lo que es suyo…, puede agradar a Dios. -Él Señor quiere que nos revistamos de Él, pero para eso hemos de desnudarnos de nosotros mismos.

Cuando echamos una pasta en un molde, si queremos que coja todas sus formas y dibujos, hace falta que el molde esté bien limpio de todo…; las adherencias que tenga, impedirán que se copien perfectamente todas sus líneas. -Pues bien: Ma­ría y Jesús quieren moldearse en tu corazón…, para que sea una copia exacta de Ellos. -Pero no admiten compañía, porque no hay ninguna digna de Ma­ría y de Jesús… Es necesario, indispensable de todo punto, que limpies bien el corazón…, que le desprendas y le arranques, aunque sea con violencia… y aún con dolor, de todo lo que no sea Jesús y Ma­ría. -En especial, piensa en esto en el momento de comulgar, y no olvides que Jesús y tú no cabéis juntos en el corazón… Si quieres que Él entre, tienes tú que salir… Él se basta a Sí solo para llenarlo. -Esa es el hambre de que habla Ma­ría. -Vete con hambre verdadera de Jesús, a recibirle y sentirás la verdad de esas palabras: «a los hambrientos les llenó de bienes». -Pero a los otros…, a esos, nada…; les deja con lo suyo, y como lo suyo no es nada, los deja completamente vacíos…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 36: el «Magníficat» IV

05 jueves Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º «Hizo obras poderosas con su brazo». -Aquí ensalza la Santísima Virgen el poder de Dios, que se manifiesta especialmente en algunas de sus obras. -Todas son fruto de ese poder infinito de Dios, pero en algunas se manifiesta más claramente esa omnipotencia. -Miraría la Santísima Virgen los Cielos, y vería las estrellas inmensas luminosísimas…, incalculables en su número con una vida y movimiento incesante… en medio de un orden sapientísimo. -¡Qué obra más hermosa, el Cielo de las estrellas para ver en ellas la omnipotencia de Dios! -¿Y la tierra?…, con sus plantas y animales…, con sus valles y sus montes…., con sus tíos y sus mares…, etc. -Recorre con tu imaginación todo y pregunta: ¿no será esto obra del brazo poderoso de Dios? -¿Quién, sino Él, podría concebir ni hacer algo semejante?
Y veda el hombre… y a los ángeles… y a toda la corte lucidísima que rodea el trono de Dios…, y, sobre todo, se vería a sí misma… ¿Dónde vio mejor la fuerza del brazo poderoso de Dios que en la obra de su corazón y de su alma purísima e inmaculada?
Pondera bien lo que esto quiere decir. -Pues al hacer Dios todas sus obras, parece como que las hizo sin esfuerzo alguno…, con su palabra…, con su querer…; pero en las obras de la encarnación, a nuestro modo de entender, ¿no es cierto que no las explicamos sino como obras en las que Dios tuvo que poner toda su omnipotencia y hacer, como si dijéramos, un gran esfuerzo?
Para la creación, no tuvo ninguna resistencia que vencer…; todo lo hizo de la nada. -Y el esfuerzo es tanto mayor, cuanto mayor es la resistencia que se opone a nuestro trabajo. –Pues si en la creación la resistencia fue nada, porque las cosas antes no eran nada…, en la Encarnación no fue así…, aquí era el mismo Dios… Tuvo que hacer fuerza a la divinidad…, tuvo que hacer violencia a Sí mismo para empequeñecer y achicar y anonadar ¡al mismo Dios!.., y así poderlo encerrar en un cuerpo humano y en el seno de Ma¬ría.
Y tuvo que hacer la obra única y nunca más repetida, de coger a una mujer y hacerla Madre suya… y vaciar en Ella todos los prodigios y maravillas de toda la creación… y hacerla Inmaculada… y Virgen y Madre a la vez. -¿Todo esto no supone un esfuerzo inmenso del brazo poderoso de Dios? Tan grande es este esfuerzo, que llegó a agotar su poder Dios podrá hacer mil mundos…; miles de seres millones de ángeles y de cielos mejores…, más espléndidos, más hermosos que los actuales -Pero…, no pudo hacer una obra de mayor grandeza que a su Madre…, pues no puede haber Madre más grande que la Madre de Dios.
¿Y no podrás tú aplicar esto mismo a la Sagrada Comunión?… ¿No es otro esfuerzo de su brazo? ¿No se agota ahí también la sabiduría y el poder y hasta el amor de Dios?… Con ser omnipotente…, ¿puede Dios darte algo más grane que laque te da en la Sagrada Comunión?
2º «Desbarató a los soberbios en su mente y en su corazón». -He aquí otra prueba del poder de su brazo. -Su omnipotencia se manifiesta en las obras de la misericordia y de la bondad…, pero también en las de su justicia. -Y así como para los humildes es toda su: misericordia, así su justicia se emplea con los soberbios. -Cómo recordaría la Santísima Virgen la diferencia de su exaltación hasta el trono de Dios, para ser Reina y Emperatriz del Cielo, con la caída tan ruidosa de Lucifer, desde las alturas hasta el mismo infierno. Ella subió por su humildad, éste cayó por su soberbia
Y nota bien, que dice: «a los soberbios de mente y de corazón». -Aquí se refiere, claramente, a la soberbia interna, no precisamente a la externa, que es una fatuidad… Es Ia más refinada la interior…, esto es, aparecer humilde al exterior, e interiormente tener asentada la soberbia en el corazón y la mente. -Y lo peor de esta soberbia es, que es tan sutil y tan fina, que penetra hasta lo más intimo sin apenas damos cuenta.
Fíjate en esta distinción: soberbia de mente… es el propio parecer…, el no querer ceder…, el desear siempre que se nos dé la razón…, el no sufrir una contradicción…, en fin, en no transigir en especial, cuando creemos que tenemos la razón… y luego la soberbia de corazón…, ¿qué ha de ser esta soberbia sino el maldito amor propio que tan profundamente arraiga en nuestro corazón?
Pide a la Santísima Virgen te libre de esta doble soberbia, de la mente y del corazón y así por su mediación verte libre de la Justicia divina, que, según la misma Virgen, tan duramente ha de castigar esta soberbia interna…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 35: el «Magníficat» III

25 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º Porque ha hecho en mí grandes cosas el que es Todopoderoso y su santo nombre. -¡Qué mal entendemos la humildad!… Creemos que consiste en decir al exterior palabras en contra nuestra…, en no reconocer lo bueno que hacemos en no ver las gracias que el Señor nos concede y nada de esto es la humildad.

Escucha a Ma­ría:«me llamarán bienaventurada todas las generaciones». -«Ha hecho en mí grandes cosas el Todopoderoso»…, y no obstante, esto es humildad. -No olvides que humildad, es verdad y sencillez y sinceridad. -Reconoce lo bueno que en ti haya, pero no para alabarte por ello…; esto es la soberbia. -Comprende la obra de Dios tan grandiosa e inmensa en tu corazón…, pero que eso te sirva para alabarle más…, para corresponderle mejor…, para amarle con mayor fervor y entusiasmo cada día, como consecuencia natural de tu agradecimiento. -¿A qué cosas se refería la Virgen, al decir que había hecho en Ella Dios grandes cosas?.,. ¿En qué pensaría cuando decía estas palabras? -Piensa tú y trabaja por adivinarlo, recorriendo, como Ella recorrería, los favores y dones que, del Señor había recibido.

Recuerda su predestinación desde la eternidad…, su existencia como algo gratísimo y dulcísimo en la mente divina. -Y luego, el privilegio inefable de su Concepción Inmaculada, con todas las gracias infinitas inherentes al mismo…,  pasarían por su imaginación, y tendría presente, todas las maravillas que en su corazón quiso el Señor acumular, y recordaría el saludo del ángel, el misterio de la Encarnación del Verbo… y entonces, saltaría a su vista el milagro de los milagros, el que Ella, ¡criatura!…, ¡esclava del Señor!… fuera a la vez verdaderamente ¡Madre suya!… Y cómo para ello fue necesario hacer algo muy grande y desconocido en el cielo y en la tierra, esto es, el ser Madre sin dejar de ser Virgen. Por eso, extasiada Ma­ría al ver todo esto…, penetrando en el valor y significado de todo ello…, con gran fervor exclama: «Ha hecho en mi cosas grandes el Todopoderoso».

¿Lo ves bien?…, todo, todo lo atribuye al poder de Dios…, ¡al Todopoderoso!…, ¡a la santidad de Dios!…, ¡a su santo nombre! -Dios, con su santidad y bondad y misericordia divina, determinó hacer todo esto… y con su poder infinito lo hizo.

Haz una aplicación de estas palabras a tu alma. -¿No puedes también tú decir que ha hecho en ti cosas grandes el poder y, sobre todo, la bondad de Dios?… ¿No es un efecto de su bondad… (sin méritos de ninguna clase por parte tuya)… todo lo que el Señor te ha dado tan generosa y amorosamente? -Detente y también recuerda todo esto, desde tu nacimiento hasta ahora…; recuerda, sobre todo, las veces que te ha perdonado tus pecados…, que te ha transformado de un abismo de miseria que eras, en un abismo de gracia y hermosura. -Reconócelo así, que esto no es soberbia… Pero alábale a Él como Ma­ría. -Bendice su poder…, glorifica su bondad…, adora con amor su santo nombre.

2º «Y su misericordia se extiende de, generación en generación para con los que le temen». -Otro detalle delicadísimo de la humildad. -Ma­ría se goza en extender esta misericordia del Señor, que ha tenido con Ella, a todos los demás. -Cuanto ha hecho de grande en su alma, hará con todos los que le temen…; nada de querer ser la única…; se complace en publicar la participación que todos pueden tener en esta bondad de Dios. -¡Qué humano es el querer ser los primeros!…, ¡y mucho más ser los únicos! -La verdadera humildad, no es exclusivista…, ni ambiciosa…, ni menos envidiosa del bien ajeno…; eso será muy humano…, pero Ma­ría es ¡divina! y por eso no es así, ni piensa tampoco así…

Además, dice, que esta misericordia y bondad será para los que le temen. -No se refiere al temor servil, propio de siervos, sino al temor reverencial y filial de los buenos hijos. -Es aquel temor santo de Dios, de quien dice la Escritura Santa, que es el principio de la sabiduría… y, por lo mismo, el comienzo de la santidad y el fundamento del amor. -¡Teme y ama!…, son dos cosas inseparables para Dios… Debes, pues, temer con amor, y debes amar con temor. -Temor de ti  de tus pecados y recaídas…, de tu miseria…, de tu poca gratitud y correspondencia… ¡Qué bueno es Dios para los que le temen!… ¡Qué será para los que le aman! -Teme su justicia, pero sobre todo ama su bondad…; confía en su misericordia, y verás cómo se cumplen en ti las palabras de Ma­ría.

Gózate de tener un Dios tan misericordioso, que no niega a nadie su misericordia, y trabaja con toda tu alma por extender, con tu oración…, con tu penitencia…, con tu amor, este reino de la bondad y de la misericordia, no sólo a tu alma, sino al mundo todo, como Dios quiere… a todos, a justos…, a tibios…, y hasta a los grandes pecadores, donde aún no brilla esta inmensa misericordia del Señor.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 34: El magnígicat II

18 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º Porque miró la pequeñez o humildad de su esclava. -Es admirable la lección práctica de humildad que aquí nos da la Santísima Virgen. -Acaba de ser saludada porel ángel de parte de Dios…, acaba de ser elevada a la dignidad de Madre suya…, acaba de ser bendecida entre todas las mujeres por Santa Isabel… y Ella, empeñándose en abismarse en el profundo de su humildad…, reconoce que no es más que una simple esclava del Señor.

Con esto, nos dice, que todo lo que hay en Ella, es de Dios, pues todo procede de que Dios la ha mirado… y «miran en lenguaje bíblico significa mirar Con buenos ojos y amar… Y así, todo procede de esa mirada de amor de Dios hacia Ella…, pues, de lo contrario, no hubiera pasado de ser una de tantas hijas de Eva. Medita mucho en estas palabras y empápate de esta verdad, que si lo es aplicada a Ma­ría, mucho más lo es si te la aplicas a ti. -Tú, ¿qué eres?… y, sobre todo, ¿qué eres delante del Dios?…, ¿qué tienes tuyo y qué tienes de Dios?… Si Dios te pidiera todo lo que te ha dado, y que por lo mismo es suyo, en el orden de la naturaleza y de la gracia…, bienes físicos y espirituales…, dones interiores y exteriores…, ¿qué te quedaría?… Sólo una cosa: el pecado…, ese, es exclusivamente tuyo. – -Todo lo demás, es de Dios. -Por tanto, ¿no puedes decir que Dios te ha mirado con buenos ojos y que por eso te ha colmado de bienes y te ha dado cuanto posees?

Mira, pues, cómo con mayor razón que la Santísima Virgen, debes no sólo reconocer, sino practicar la humildad, ya que esto es lo único justo y racional que te corresponde.

Además, considera cómo Ma­ría nos enseña que el fundamento de todos los bienes del Señor y de todas las gracias que de Él recibimos, es exactamente la humildad… y así dice, que por eso alaba al Señor y se regocija en su Salvador porque ha mirado la pequeñez de su esclava. -De este modo estarás muy lejos de alabarte por nada, como lo hizo aquel fariseo del Evangelio, quien achacaba a sus méritos todas sus buenas obras…, sino al contrario, estarás a cada instante reconociendo la bondad y misericordia de Dios, que te levanta del polvo y de la miseria, a la altura de la santidad…, y tanto más alta te subirá el Señor, cuanto tu Dios la empeñes en vivir una vida rebajada y escondida en tu humildad.

2º He aquí que por esto me llamarán bienaventurada todas las generaciones. -Es una confinación de lo anterior. -Él humilde enamora al corazón de Dios, y Dios no repara en medios para levantarle y ensalzarle. -¡Cuánto no ha ensalzado y sublimado a todos los santos! -Pero sobre todo a Ma­ría. -¿Quién más humilde que Ella?… Pues por eso, la llamarán bienaventurada todas las generaciones… ¡Ella se humilla y Dios la ensalza.

Contempla esta divina porfía; María empeñándose en rebajarse delante de Dios…, y Él levantándola por encima de todos los hombres…, de todos los ángeles… y esconderla en los mismos secretos altísimos de la divinidad. -¡Nadie tan humilde como Ma­ría…, nadie más elevado que Ella! -Si examinas su humildad, te pierdes porque no llegas hasta el profundo de su abatimiento… Si meditas en su exaltación, tienes que dejarlo por imposible, pues también se te pierde de vista y no alcanzas a seguirla en el vuelo de su alma levantada, por Dios. -¿Qué será la humildad?… ¿Qué vera en ella Dios, cuando es la condición indispensable para agradarle? -Si Ma­ría no se hubiera hecho esclava, no sería ahora Reina y Señora y Madre del mIsmo Dios.

No sólo, pues, la soberbia y vanidad es algo irracional., porque carece de todo fundamento…, sino desde el punto de vista de un santo egoísmo, es completamente inútil e infructuosa. -Nada consigue el soberbio…, todo lo alcanza el humilde. -¿Comprendes cómo hasta por conveniencia propia, «debiéramos trabajar por adquirir esta mágica virtud… y desterrar todo asomo de la asquerosa soberbia? -¡Con cuánta razón San Bernardo llamó al Magníficat el «éxtasis de la humildad» de Ma­ría!…, pues de esa virtud, hizo brotar todas sus grandezas y maravillas.

Mira, por fin, que estas palabras encierran una profecía…; dice que «la llamarán bienaventurada»… Habla de un futuro que debía desconocer, y, no obstante, con toda seguridad afirma que así será. -¡Qué dulcísimo es, para nosotros, ver el exacto cumplimiento de estas palabras! -Refine los títulos de Ma­ría…, los santuarios y templos de María… ¿Conoces alguna Iglesia que no tenga uno o. vanos altares de Ma­ría?… ¿Hay población, grande o pequeña, que no posea su Virgen y la celebre su fiesta con alegría y esplendor? -Repara en el mes de Mayo…, piensa en el día de la Inmaculada recuerda las fiestas principales de la Virgen y verás al pueblo cristiano correr a las plantas de María. -Sube al Cielo y mira a todos los santos reconociendo su santidad por Ma­ría…, y a todos los ángeles, que juntamente con los hombres, no cesan de llamar bienaventurada a María… ¡Qué espléndida confirmación la de esta profecía!…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Meditación 33: el «magníficat»

11 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villarSon tan admirables y llenas de sentido las palabras del Magníficat que encierran un conjunto maravilloso de alabanzas, de agradecimiento y virtudes tan prácticas, que no es posible pasarlas de largo, sino detenemos a saborear sus dulzuras < Ya estudiar sus enseñanzas.

1º Engrandece mi alma al Señor. -Es el fin del hombre… alabar y engrandecer al Señor. Obligación dulcísima, pero al fin obligación. -Dios todo lo ha creado para su gloria, pero la gloria propiamente solo se la puede dar en la tierra el hombre… la gloria es un conocimiento seguido de la alabanza… no podemos alabar si no conocemos.

Y como las demás criaturas no tienen conocimiento, parece que nos dan a nosotros ese encargo, de que en ellas veamos y conozcamos a Dios, para que en nombre suyo le alabemos. -, -Este es nuestro oficio…, recoger esas notas de bondad sabiduría, poder, hermosura y caridad, que Dios ha ido depositando en las criaturas y con ellas formar el himno de la gratitud que debemos entonar en alabanza de Dios. -¡Oficio magnífico y sublime! ¿Como lo cumples? -¿Sabes alabar a Dios? ¿Trabajas por conocerle para mejor amarle? Piensa que cuando no lo haces faltas a tu deber…, eres una nota discordante que desafina horriblemente en ese concierto de alabanzas…, no sabes torpemente interpretar el cántico que te confía la creación entera. -Y todo por tu culpa… ¡qué vergüenza! -Mira a Ma­ría. -Son sus primeras palabras, recoger las alabanzas y grandezas que Santa Isabel la dice para dirigirlas a Dios… A Él solo la gloria y el honor… ¡qué hermoso comienzo de este magnifico cántico!visitacionaIsabell

Además mira cómo Ma­ría engrandece al Señor con toda su alma y corazón. -Nosotros, a lo más, le engrandecemos con la lengua, pero no con todo nuestro ser. -Cuando pecamos, aunque sea venialmente, empequeñecemos a Dios en nosotros…, parece como que le disminuimos y llega a desaparecer con el pecado mortal.

Todos los santos engrandecieron a Dios con sus obras, y cada día le aumentaban con su santidad; pero no siempre también ellos tuvieron faltas, e imperfecciones  también algo alguna vez empequeñecieron al Señor en sus corazones: Solo Ma­ría es la que nunca, ni un momento dejo de engrandecerle y siempre… sin cesar… fue creciendo y aumentando a Dios en su purísima alma. -Por eso dice en presente: «Mi alma engrandece», no dice engrandeció o engrandecerá… sino ahora y siempre engrandece. -Parece que esa es su ocupación perpetua… su oficio principal., como si no tuviera otro…

Abísmate en este ejemplo y piensa en ti comparándote con Ma­ría. -¡Oh! si siempre engrandeciéramos al Señor o al menos, si nunca le empequeñeciéramos, ¿cuál sería ya nuestra santidad? «Poco podemos y poco valemos, pero con eso poco y del modo que podemos, propongámonos alabar y engrandecer al Señor como Ma­ría…

2º Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. -Ma­ría se alegra y se goza, mejor aun, se encuentra como inundada de un gozo infinito. -¿De qué se goza? -No de cosas terrenas… ni de algo corporal. -Es un gozo íntimo, espiritual, que tiene por objeto al mismo Dios. -Se goza y alegra en Dios… en la posesión plena y perfecta de Dios.

Santa Isabel la recuerda sus grandes gracias y privilegios, y aunque son motivo suficiente para alegrarse y gozarse en ellos, no obstante, parece que no repara tanto en los dones, como en el autor y dador de los mismos. -San Agustín; decía al Señor: «No me des tus cosas, sino a ti mismo»… esto es lo que aún con mayor razón indica la Virgen en estas palabras. -No sabemos buscar a Dios v por eso no acertamos a gozar de Él. ¡Qué dulzuras no ha comunicado siempre a los que le han amado! -¿Cuáles serian las que derrama­ría en la Virgen? -¿Qué extraño, pues, que su alma benditísima saltara de gozo y de alegría divina?

Mas repara que, no dice sólo que su gozo está en Dios, sino en Dios Salvador. -Esta es la raíz y fundamento de la alegría espiritual y del gozo eterno que esperamos…, por eso, porque es Él nuestro Sa1vador. -Estábamos condenados a las tristezas, y amarguras eternas del infierno.: -Gracias a nuestro Salvador se han convertido en gozo y alegría sempiterna… ¡Qué alegría sentirá el alma al ver allí a su Criador!…, pero sobre todo, ¡cuando vea a su Salvador y Santificador!… Porque, ¿de qué hubiera servido criarnos, si no nos hubiera salvado y santificado?

Gózate con la Virgen con este pensamiento y alégrate por tener un tan grande y sublime Redentor y Salvador. -Fíjate cómo también este gozo ha de ser en el espíritu, esto es, un gozo purísimo, sin mezcla de nada carnal~ y, por lo mismo cómo de este gozo has de cuidar por ser verdadero. -Aunque el cuerpo sufra con la penitencia y mortificación, si el espíritu se goza y alegra, esto es lo único que te importa.

Finalmente, piensa que el gozo de Ma­ría no fue en Sí misma, sino sólo en Dios…, es decir, nada de gozo egoísta, que busca su comodidad y complacencia, sino gozo de amor…, que se alegra de amar y ver amado el objeto de su amor, aunque por este amor sufra y padezca. -Ma­ría miraba en sí misma y allí veía a Jesús en sus mismas entrañas y esta vista causaba su gozo en Dios.

Tú también puedes mirar dentro de ti a Dios, y en tu corazón debes encontrarle…, cuanto más le veas así, más gozo sentirás. -Aplica también esta vista a la Sagrada Comunión. -¿No tienes a Jesús como le tenía Ma­ría, dentro de ti? -¿Sabes, como Ella, mirarle? ¿Sa.bes gustar del gozo y de la alegría de su presencia real? ¿Le miras así muchas veces al día?

Pide a la Santísima Virgen te enseñe a mirar a Jesús…, a estrechar contra tu pecho amorosamente a Jesús a deleitarte con las dulzuras divinas de Jesús en cuya comparación son amargas todas las dulzuras de la tierra…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen Ma­ría
26ª edición, Valladolid, 1965

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