Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Mensajes de fe 25: ¿Qué es ser católico?

18 miércoles Mar 2015

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¿Qué es ser católico?

papa-francisco-avion--644x362Ante el confusionismo y el escándalo que sufren muchas personas en el aspecto religioso hoy día, pienso que es mi deber proporcionaros una orientación clara y segura.

¿Quién es católico?

A esta pregunta la respuesta obvia es decir: «El que pertenece a la Iglesia Católica». y a ella pertenecen, por lo menos externamente, cuantos habiendo sido bautizados en ella, no han roto voluntariamente y públicamente su adhesión a la misma, aunque sean pecadores y no practiquen del todo y fielmente sus preceptos.

Cristianismo y catolicismo

A cualquiera se le puede ocurrir esta cuestión: ¿Es lo mismo ser cristiano y ser católico? A esto respondo que hace más de mil quinientos años, allá por el año 380, San Paciano, obispo de Barcelona, en una de sus cartas escribió esta frase, famosa en la historia eclesiástica: «Cristiano es mi nombre, y mi apellido es católico; aquél me nombra, y éste me declara».

La existencia, ya desde los orígenes del Cristianismo, de diversos grupos de cristianos sectarios y disidentes, dio lugar a esa exacta y hermosa definición de CATÓLICA a la única y verdadera-Iglesia fundada por Jesucristo y que permanecía fiel a la doctrina del Evangelio y a la tradición apostólica. De aquí que San Paciano añada a su frase: «Nuestro pueblo con este apelativo, al denominarse «católico», se distingue de toda secta herética».

Es patente que en el transcurso de veinte siglos han surgido iglesias y sectas que conservan el título de cristianas, pero que son ramas desgajadas del único y viejo tronco de la MADRE IGLESIA. Son hijos prófugos que abandonaron el hogar paterno. Mientras todas ellas son o iglesias nacionales o colectividades religiosas más o menos extendidas en algunas partes de la tierra, la verdadera Iglesia de Cristo sigue siendo la ÚNICA que es de veras CATÓLICA o sea UNIVERSAL.

Iglesia Católica

Desde siempre, el CREDO cristiano ha señalado a la Iglesia cuatro notas calificativas: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Es UNA por su unidad de Fe, de Culto y Sacramentos y de obediencia al Papa, sucesor de San Pedro, obispo de Roma, vicario de Cristo en la tierra y cabeza visible de su Iglesia. Es SANTA porque Cristo, su fundador, y el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, son la misma Santidad; porque santísima es la doctrina cristiana y fuentes de gracia divina son sus Sacramentos; porque, en medio de tanta miseria moral de los hombres, pecadores que la integran, la Iglesia no deja de engendrar en todo tiempo innumerables almas que han escalado las cumbres más heroicas de la santidad y obtenido una unión muy vital y mística con Cristo Jesús, que por el Espíritu Santo nos hace participar de la misma vida de Dios. Recordad lo de San Pablo: «Imitadme a mí, como yo imito a Cristo» (1 Cor 4, 16), Y lo de San Pedro: «Sois hechos partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4). Es CATÓLICA en un doble sentido de esta palabra griega: a) en cuanto permaneciendo «una» se halla extendida por toda la tierra y es la más numerosa de todas las religiones; b) y porque Cristo la instituyó precisamente para unir en Ella a todos los hombres de todos los tiempos. «Venid a Mí, todos», dijo Jesús (Mt 11, 28), que quiere hacer de toda la familia humana «un solo rebaño bajo un solo Pastor» (Jn 10, 16).

Y es APOSTÓLICA, porque Cristo la quiso edificada sobre la roca de Pedro (Mt 16, 16) y las columnas de los Apóstoles, para ser Ella a su vez «columna y fundamento de la Verdad» (1 Tim 3, 15). Por ello, se da -tan sólo en la Iglesia CATÓLICA el hecho incuestionable de lo que se llama la «sucesión apostólica», o sea, la transmisión directa, inmediata y perpetua de los poderes ordinarios de los Apóstoles, como Maestros, Santificadores y Rectores del Pueblo de Dios, en una cadena ininterrumpida desde el primer Papa, San Pedro, hasta el actual, Pablo VI, y desde los demás Apóstoles hasta el último de los obispos legítimamente consagrados.

Sólo el CATOLICISMO responde perfectamente al plan de Dios. Dios llama a todos los redimidos por Cristo a ser miembros de su Iglesia, y a Ella pertenecen, invisiblemente y sin saberlo, aun aquellos que en otras religiones sirvan a Dios «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23). Dichosos nosotros, los católicos, que gozamos por gracia divina, de conocer y poseer toda la Verdad religiosa y tenemos a nuestro alcance todos los medios óptimos y eficaces de salvación.

Cómo ser católicos

El solo hecho de ser bautizados ya supone una riqueza espiritual inmensa. Ante todo, la FE, luz y guía de nuestra vida temporal, que ha de ser profesada conforme al CREDO y al MAGISTERIO de la IGLESIA CATÓLICA. Después, la ESPERANZA, que nos sostiene y alienta firmemente en nuestro caminar hacia la Vida Eterna. Y como fruto exquisito, la CARIDAD, que es el amor sobrenatural a Dios sobre todas las cosas, con todo el corazón y todas nuestras fuerzas, pues es nuestro Principio y Fin; y; además, el amor al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios y a imitación del amor extremo conque Cristo nos amó primero a nosotros hasta dar su vida por nuestra salvación. La caridad cristiana al prójimo exige, a veces, sacrificios y, desde luego, unas relaciones de justicia, que muchos olvidan con daños muy lamentables.

Ser CATÓLICOS, pues, es cosa seria. Debemos CREER todas las verdades fundamentales de nuestra Santa Fe. La Religión supone una relación personal y consciente del hombre con Dios. Un Dios que no es mudo, sino que nos ha hablado a los hombres, sobre todo por medio de su Hijo, Jesucristo, Dios y Hombre a un mismo tiempo, desde su Encarnación (Jn 1, 1-18). La respuesta del católico a la REVELACIÓN de Dios ha de ser un Sí total, hecho de humildad, confianza y amor. Vivamos como buenos cristianos, firmes en la Fe Católica, soldados de Cristo, hijos amantes de la siempre Virgen María, Madre de Dios y nuestra, honradísimos de ser miembros vivos de la IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA.

«MARÍA ES EL IDEAL Y EL AMOR, IMAGEN DE LO QUE ES POSIBLE. LA VIRGEN ES EL IDEAL DE AMOR QUE DIOS AMABA AUN ANTES DE CREAR EL MUNDO. ES LA VIRGEN INMACULADA», ha escrito monseñor Fuiton J. Sheen. ¿Qué menos que acordarse de María con las TRES AVEMA­RÍAS de cada mañana y cada noche, para que Ella nos lleve a Dios?

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 24

11 miércoles Mar 2015

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Mensaje de un niño que no nació

«Yo soy menos que nadie; menos que la nada. El mundo no me verá, puesto que aquellos que me hubieran dado el ser me rechazan, me temen. No podré anidar en el seno de la mujer que pudo concebirme; antes de casarse, o inmediatamente después de casada, hizo pacto con su esposo para no tener hijos. No sé cómo podré siquiera escribir este mensaje al mundo, sin tener existencia. Pretendo, no obstante, que alguien escuche mis lamentos, mis llamadas al amor conyugal, y, hasta sin ánimo de herir, el sentimiento de los que hubiesen sido mis padres, vaya a ellos algún reproche por no querer tener hijos. Éstos no son carga y sí premio. ¡Me han rechazado del banquete del mundo…! ¡Son unos egoístas!feto35semanas

Y no es que yo, en mi nada, en esa presunta nebulosa que era lógica su aparición en los matrimonios, quiera recordarles una obligación, puesto que ellos la conocen muy bien y, sin embargo, la soslayan con algún pretexto. Yo, si hubiese sido concebido y llegase al mundo, hubiera venido a dar alegría a mis padres; yo quisiera llenar su hogar con mi vida entre ellos, con mi presencia» con mis juegos y mis risas, hasta con mis dolencias, que siempre servirían para estrechar un amor y enseñar a dar gracias al Creador, quien llenó conmigo el bienestar de mi casa. Yo no creo que sería una carga al matrimonio, salvo que prefiriesen mis padres, a mi vida y mi cariño, las diversiones incontroladas del mundo o, incluso, un trabajo cómodo en otros aspectos. Hubiese seguido con mi vida el ejemplo de bondades que ellos me hubieran inculcado, el amor de Dios, a los hermanitos, si los tuviese, a la patria, al trabajo honrado…

Dicen por el mundo que hay circunstancias en que el no tener hijos en el seno del matrimonio puede estar permitido. Es posible que alguna razón hubiera. Ya hace largos años que a muchos niños que están para nacer, que aún están desarrollándose, se les ataca cobardemente, sin que por sus condiciones encuentren medios de defenderse. Esa vida incipiente tiene tantos derechos como la de cualquier hombre. Pero quedaba cercenada con toda intención. ¡Pobrecitos niños y pobrecitos padres, que no saben lo que hacen! Convendría, por caridad al menos, recordarles que el fruto vital de su unión por el matrimonio lo asesinan, matan a una criatura que tiene su alma, que es de ellos, que también es de Dios. Pero que no busquen disculpas a la acción, pues la conciencia de esos que debieron ser padres siempre ha de acusarles, como fiscal severísimo, tal infanticidio realizado. Podrán, a lo sumo, engañar al mundo, pero no a Dios.

Hay muchos casos como el mío que ni siquiera fueron iniciados: se pusieron deliberadamente obstáculos para no tener hijos… Ya sé que un médico japonés hizo averiguaciones que se aplican, como regla de cálculo, para huir de la concepción, rechazarla y así gozar a sus anchas de la vida. Este descubrimiento, de uso justificable moralmente en algunos casos, oculta también con esa máscara de moralidad, el pro-pósito firme de algunos esposos para que no vengamos a la vida. Y por si fuese poca tal hipocresía, ha llegado en estos tiempos otra guerra contra nosotros, contra los hijos: la pildorita anti-baby nos está ametrallando, la usan lasque pudieran ser madres a su capricho, y sólo por el egoísmo de que no las molestemos… ¡Qué horror y qué aberraciones tan materialistas!

¡Cómo me hubiera gustado nacer, ser un ángel para mis progenitores, haberles dado la alegría de oír de mis labios los primeros balbuceos llamándoles papá y mamá! ¡Cuánto me encantaría que tuvieran presente que una vez casados no olvidasen que el fin principal del matrimonio, antes que ningún otro, es el de tener hijos (o, al menos, no poner obstáculos para tenerlos), sin que ello pasase a segundo término, a ningún término! ¿No saben quiénes pudieron formarnos y ser nuestros padres que nosotros llegaríamos a ser la bendición de Dios? Pese a todo, nos aborrecen aun sin conocernos; nos quitan el derecho a nacer, seríamos un estorbo a su vida frívola…

Quisiera haber sido alguien para llegar a la edad adulta y ensalzar los bienes del matrimonio, la familia, con el lógico complemento de los hijos. Pero ya no hay remedio, al menos para mí, que no me quieren… ¿Qué espíritu habrá inspirado esos matrimonios que se llaman cristianos y temen a los hijos hasta rechazar el inicio de sus nuevas vidas?

¡Dios mío, desde mi nada, desde mi no ser, te pido por ellos, por los obcecados que no quieren ser padres…! ¡Perdónalos!»

* * *

«Los médicos también somos confesores. Sobre este tema en que se ataca a la natalidad, nos llegan muchas noticias que giran en su torno. Nos corresponde siempre defender la vida y enseñar al que no sabe… Y pensando que al socaire de la ciencia se aceptan, como aconsejables, rutinarios métodos que debieran quedar como excepcionales y sólo consentidos en mutuo acuerdo de la misma ciencia y las normas de la Iglesia, en cada caso particular, no podemos callar, para así contribuir tácitamente a tales fraudes contra la Naturaleza. Por tal motivo, hemos trasladado a estas líneas algo de nuestras preocupaciones, de sueños de fantasía, como el lamento de aquellos seres que, pudiendo haberlo sido, jamás lo fueron por el veto caprichoso de los que igualmente pudieran haber alcanzado el magnífico título de padres.

Se impone una sólida instrucción de carácter moral a los que van a contraer matrimonio, para que conozcan sus deberes ante Dios y ante los hombres. El matrimonio cristiano no es mera fórmula social: ¡es algo más grande y sublime en sus derechos y en sus deberes!»

Doctor A. SOROA PINEDA

«CON LA MADRE DE DIOS SE INAUGURA LA DIGNIDAD VIRGINAL», afirma san Agustín. No olvides cada mañana y cada noche de encomendarte a la Madre de toda pureza. Rézale las TRES AVEMARÍAS, que asegurarán tu salvación eterna.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 23

05 jueves Mar 2015

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La Redención
Enseñanzas de los Testigos de Jehová
Al negar los Testigos la Divinidad de Cristo, creado como un ser espiritual, pasó, en su Encarnación, a ser hombre perfecto.
Dio su vida, de hombre perfecto, por la vida de otro hombre (Adán). Este es el precio del rescate. Y como lo que se perdió, por el pecado de Adán, fue ron las prerrogativas terrenas, la restauración de éstas será el premio de la Redención. Para consultas sobre tenias de religión o moral. feesperanzaycaridad
La venida de Cristo no tuvo, pues, por fin principal sino el establecimiento del justo gobierno teocrático de Jehová, que tenía que apoyarse en su Hijo Fiel, por medio del cual reivindicará su excelso nombre.
Respuesta católica
La serie de mutaciones que establecen los Testigos en la persona de Cristo -primero ser espiritual, para pasar después a ser hombre perfecto en su Encarnación, y de nuevo ser espiritual, del orden más elevado, con su muerte- son antiescriturísticas. No hay un solo texto, por oscuro o dudoso que pudiera parecer, en que pueda apoyarse esta doctrina.
Cristo Dios y Hombre
Ya en Isaías (7, 14) vemos que el nombre de Cristo es Emmanuel, que quiere decir «Dios con nosotros» (no Hombre Perfecto con nosotros), y añade (9, 6) que tendría, entre otros nombres, el de «Dios fuerte», «Padre eterno», etc.
Los supuestos cambios del ser espiritual de Cristo se estrellan frente al texto de Jn 8, 58: «Antes de que Abraham existiese, yo soy». O sea, soy el mismo que era antes de Abraham, no ha habido cambio. Por otra parte: «Yo soy» es una magnífica expresión de existencia eterna -de divinidad-, eco de las mismas palabras de Yavé a Moisés (Ex 3, 14)
Si, pues, Cristo es Días y Hombre, su venida al mundo y su muerte de Cruz no tuvieron otro fin que la Redención del hombre, anunciada desde el Génesis, ansiada por su pueblo y cantada por todos los profetas.
«Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores» (1ª Tim 1, 1S), y «no vino a que le sirvieran, sino a servir y a dar su vida para la redención de la multitud» (Mc 10, 45). Y esto, en razón del amor de Dios al mundo, al «que tanto amó que le dio su Hijo Unigénito para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3. 16). (Como nota curiosa y muestra de cómo «arreglan» los Testigos de Jehová los textos, que les conviene tergiversar, éste de san Juan lo componen en esta forma: «EI Creador ha amado tanto al nuevo mundo que ha dado su Unigénito Hijo para que sea Rey de él».)
Universalidad de la Redención
«Cristo por todos murió» (2ª Cor S, 15). «Se dio a Sí mismo como precio del rescate por todos; divino testimonio dado en el tiempo oportuno, para cuya promulgación fui yo -habla el Apóstol san Pablo- constituido heredero y Apóstol (digo la verdad, no miento), maestro de los gentiles en la fe y en la verdad» (1ª Tim 2, 6-7).
La Redención de Cristo podrá no ser universal, sólo en el sentido de que habrá muchos que no querrán corresponder a ella, pero, en cuanto a la voluntad de Cristo, nos dice san Juan (1ª Jn 2, 2) que «Él es propiciación no por nuestros pecados solamente, sino por los de todo el mundo».
Frutos de la Redención
Según la doctrina de los Testigos, lo que se perdió con el pecado de Adán fue la perfecta vida humana con todas sus prerrogativas. Este error se funda en la negación de la inmortalidad del alma. Lo que restituyó Jesús, en virtud de su Redención, lo expone san Pablo en sus cartas, preferentemente en Efesios y Romanos.
EFESIOS: Capítulo 1º: «El autor de la Redención es Dios», que antes de la Creación había ya establecido el formar parte de la Redención (v. 4); el motivo de tal elección fue su gloria (v. 6), no hay, por tanto mérito en nosotros -en nuestra participación en la Redención- es un regalo de Dios (v. 3 y 9) para que fuéramos inmaculados y santos en su presencia (v. 4), por medio de la unión su Hijo (v. 5). Y los efectos: remisión de los pecados (v. 7), herencia (v. 14) y sello del Espíritu Santo como sello de esta herencia (v. 13). El capítulo 2º desarrolla algunos de los puntos anteriores: los grandes bienes recibidos y otros que esperamos por la sangre de Cristo. El capítulo 3º, demuestra también la universalidad de la Redención.
ROMANOS: El capítulo 5º, muestra cómo por el pecado entró la muerte, y, por medio de Cristo, la vida y la justificación. En el 6º, enseña cómo el que ha sido justificado ha muerto al pecado, porque, con el bautismo, hemos sido sepultados con Cristo y resucitados a una nueva vida (v. 2, 3, 4).
El precio del rescate. -No fue la vida de Cristo por la de Adán: «Una vida por otra vida». Este error también se funda en el materialismo que profesan los Testigos.
La carta de san Pablo a los Hebreos nos muestra las tres prerrogativas de Cristo, la naturaleza del rescate:
Cristo es Sacerdote (5, 5-10; 7, 26-27; 8, 1): la diferencia entre el sacerdocio de Cristo y el del Antiguo Pacto no reside sólo en las víctimas, depende también del Sacerdote. Ha cambiado, ha sustituido a los antiguos, y aquí entra, precisamente, el argumento de su divinidad. Es superior, a todos, y san Pablo le atribuye las prerrogativas de inmutabilidad y eternidad que se dan a Dios. Cristo es Mediador (8, 6; 9, 1S): Nos muestra cómo el Nuevo Pacto sustituyó al Antiguo. Y los pecados fueron perdonados y expiados por la sangre del Redentor: «Que se dio a Sí mismo como precio del rescate por todos» (1 Tim 2,6). Cristo es Víctima (9, 1214): «En la Antigua ley, sin derramamiento de sangre no hay remisión» (v. 22). Cristo se ofrece a Sí mismo una sola vez, abrogando así cualquier otro sacrificio existente y realizando una Redención, en forma universal y definitiva.
He aquí, por tanto, en qué consiste la naturaleza del rescate: una oferta personal del Hijo de Dios hecho hombre.
No aceptar a Cristo Redentor, para seguir las doctrinas humanas, es hacerse esclavo de los hombres; aceptarle como tal, es ser súbdito de Rey de Reyes…
«LA ORACIÓN QUE LA IGLESIA NOS PONE EN LOS LABIOS NOS DISPONE, ESPECIALMENTE SU RITO MÁS AUGUSTO, LA MISA, AL GRAN DIÁLOGO ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA Y CADA UNO DE VOSOTROS, NIÑOS Y MUCHACHOS, MUJERES, HOMBRES, TRABAJADORES TAMBIÉN… ES-TÁIS INVITADOS A DESPEGAR ESOS LABIOS…», nos dice Pablo VI. Sí, hemos de unirnos a Cristo en la Santa Misa. Y también cada mañana y cada noche con la oración sublime y eficaz de las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensaje de fe 22

25 miércoles Feb 2015

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El hombre ante la muerte

Hoy que, eliminado el «tabú» del sexo, hemos caído en una era de carnalidad, se levanta otro: el de la muerte. Nadie se atreve a hablar de ella. Los enfermos ocultan sus pensamientos. La familia utiliza recursos para disimularla. Médico, SÍ: Sacerdote, NO. Antes, el santo Viático solemnizaba aquel trance y consolaba a moribundos y familiares… La Eternidad se tocaba… Os escribo, pues, sobre la actitud del hombre cristiano ante la muerte.cruz

I. El hombre

«El hombre… esa caña que piensa», como dice Pascal, es un misterio de pequeñez y grandeza. Su paso por el mundo es como una sombra que dura un momento. Se reconoce la misma debilidad e impotencia, pero en su alma abriga deseos inmensos, el anhelo de felicidad e inmortalidad… ¡La carne es flaca, pero el espíritu aspira a lo infinito, a lo absoluto, a poseer la Verdad, el Bien, la Belleza, el Amor, la Vida Eterna!… No os extrañe. ¡Es que hemos sido creados a IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS! POR ÉL Y PARA ÉL. Y para alcanzar nuestro fin hay que pasar por el riesgo» de la muerte.

LA MUERTE. -¿Qué es? -Una frontera entre la vida temporal y la que no tendrá fin. Una puerta que se cierra y se abre: se cierra a lo caduco y se abre a lo inmortal. De las Postrimerías del hombre hablan pocos y poco» (Pablo VI), pero la Fe cristiana, a la luz de la Biblia, nos enseña las grandes verdades: MUERTE, JUICIO, INFIERNO o GLORIA. Sí, hasta «esta verdad terrible de un posible castigo eterno, que llamamos infierno, sobre el que Cristo no empleó reticencias (Pablo VI, IX-1971). -Está establecido que los hombres mueran una sola vez y después de esto el Juicio» (Heb 9, 27). Del Juicio universal y del castigo eterno y de la vida eterna, Jesús habló muy claramente (Mt 25, 3146). Que hay un Juicio Particular inmediato a la muerte, con sentencia de premio o castigo. Jesús lo enseña en su parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31).

ALMA INMORTAL. –¿Nuestra vida, termina aquí sobre la tierra, o continúa en cierto modo, y cómo en otro mundo?» En la BIBLIA, hay citas abundantes del Antiguo y Nuevo Testamento en pro de la inmortalidad del alma; su negación por los -Testigos de Jehová-se debe a interpretación errónea, absurda y falsificadora de la Biblia.

Baste recordar las palabras de Cristo: «No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed al que puede perder alma y cuerpo en la gehenna» (Mt 10,28). Y al Buen Ladrón momentos antes de morir entrambos, le dice Jesús: «En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso». (Lc 23, 43). Y san Pablo: «Deseo morir y estar con Cristo, que es mucho mejor» (Filip 1, 23), lo que supone la esperanza cierta de poder estar con el Señor a partir del momento de la muerte. La doctrina católica dice: «Creemos que las almas de los que mueren en la gracia de Cristo, tanto las que aun deben ser purificadas en el fuego del Purgatorio como las que desde el instante en que dejan los cuerpos, son recibidas por Jesús en el Paraíso, como hizo con el Buen Ladrón, constituyen el Pueblo de Dios más allá de la muerte, la cual será definitivamente destruida en el día de la Resurrección cuando las almas se reunirán con sus cuerpos »

II. Ante el peligro de la muerte

Toda nuestra vida conviene que sea una santa preparación: FE, ESPERANZA Y CARIDAD, tres virtudes que han de ir creciendo cada día; contacto directo con Dios y la Virgen nuestra Madre, por la ORACIÓN; santificar el -Día del Señora; recibir digna y frecuentemente los SACRAMENTOS de PENITENCIA y COMUNIÓN; AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO, con la observancia de los DIEZ MANDAMIENTOS: dar a Dios lo que es de Dios y al prójimo lo que es del prójimo. Pero veamos cómo hemos de comportarnos todos ante una muerte probable.

EL MISMO ENFERMO. -Consciente de la trascendencia del trance que le espera, no dude en pedir que sea llamado no sólo el MÉDICO del cuerpo, sino también el SACERDOTE, MÉDICO DEL ALMA. LOS FAMILIARES Y AMIGOS. -Gravísima responsabilidad les incumbe en procurar a sus deudos y amistades la recepción oportuna de los SACRAMENTOS. Hay maneras delicadas de disponer el ánimo del enfermo a recibir la visita del sacerdote. Y si la enfermedad es duradera nunca debe esperarse a última hora. Con tiempo se hacen mejor las cosas.

ÚLTIMOS SACRAMENTOS. -Se entiende el de la PENITENCIA o Confesión; la EUCARISTÍA o santísimo VIÁTICO; y la SANTA UNCIÓN, que muchas veces ha devuelto la salud, fortalece el ánimo y perdona los pecados -caso de no poder confesarse, con tal, que el alma esté arrepentida de sus culpas.

QUE HAY QUE PREPARAR. -Dos cirios o candelas. Un vasito con agua. Un plato con algodón en rama. Un Crucifijo o imagen que presida la ceremonia. Antes no faltaba en ninguna familia la toalla de comulgar, un lienzo purificador, etc. No tengáis ninguna habitación sin su Cristo o una imagen o cuadro de la Virgen. Vuestro hogar tenga ambiente y vivencia cristianos.

MUERTE REPENTINA. -Es verdad que hoy menudean las muertes repentinas o casi repentinas, inesperadas. Otras veces, el estado de salud ya es delicado y empeora. No os descuidéis. Aun en caso de una gravedad que se presenta de improviso, ¡AL MISMO TIEMPO QUE AVISÁIS Al MÉDICO DE URGENCIA, DEBÉIS AVISAR A LA PARROQUIA! No esperéis más, que NO HAY Sacramentos para los muertos, aunque sí de «muertos» (muertos espiritualmente, en el alma). Y antes hay que quedar bien con Dios, que con los hombres…

LAS EXEQUIAS. -Son las ceremonias religiosas para el difunto. Siempre la Iglesia, Madre de sus hijos, ha puesto esmero en atender a las exequias hasta de los más pobres y desconocidos. Y nunca a nadie, ni a los suicidas ni a los fallecidos en situación espiritual rara, ha negado el sufragio de la SANTA MISA. Cosa distinta es el ENTIERRO CON LA MISA. Esto no es obligatorio ni siempre es factible: o por razones de la Parroquia y sus sacerdotes o por conveniencia de la misma familia.

Sucede con harta y dolorosa frecuencia que quienes no han tenido interés ninguno por la muerte cristiana de su familiar, luego EXIGEN de la Parroquia el entierro celebrado con Misa. A esto decimos: ES YA ANTES DE LA MUERTE que hay que demostrar piedad para con el alma del enfermo. La Parroquia no siempre puede complacer esas exigencias. Es lógico esperar que las familias que piden entierro con Misa sean familias que vivan en cristiano y se sientan miembros vivos de la Comunidad parroquial. Procurar todos vivir y morir como Dios manda y la Iglesia quiere y nos enseña. En el umbral de la muerte nos espera la VIDA ETERNA, LA MISMA DICHA DE DIOS.

VUESTRO PÁRROCO

«DE TODAS LAS MADRES, LA MEJOR, LA MÁS SUBLIME, LA MÁS SANTA Y, POR ESO MISMO, LA MÁS CLEMENTE Y MÁS DULCE PARA CON LOS PECADORES, ES LA SANTÍSIMA VIRGEN», dice san Gregorio VII. He ahí porque reciben siempre gracias de salvación los que cada mañana y cada noche rezan las TRES AVEMARÍAS. No las olvides jamás.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 21

18 miércoles Feb 2015

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EL INFIENO

Enseñanzas de los testigos de Jehová:

Negar la inmortalidad del alma trae como consecuencia negar el castigo eterno. Una doctrina deriva lógicamente de la otra. Todos los credos adventistas siguen esta trayectoria y los mismos procedimientos para cimentar su doctrina: apoyarse en las etimologías de las palabras y tratar de fundarla en el Antiguos Testamento.

infierno1º No es lícito, para un asunto de la trascendencia de éste, apoyarse en etimologías de las palabras, por el cambio de sentido que sufren éstas con el uso, y ser necesario tener un conocimiento exacto del sentido en que las» empleó quien las escribió y el momento de hacerlo.

2º Tampoco es admisible apoyarse exclusivamente en el Antiguo Testamento.

Supuestos estos dos principios, vamos a tratar de resumir la doctrina de los Testigos de Jehová.

La vida eterna es sólo para algunas almas, como ya vimos al tratar de su doctrina sobre el Reino de Dios. Esta vida eterna será celestial para los 144.000 de Ap 7, 4; y terrenal para «las otras ovejas». Los inicuos serán aniquilados. Estos son los que han combatido a la verdad y a los seguidores de Dios. Distinguen entre éstos y los que «han obrado mal» por no haber tenido la fe, ni conocimiento de Dios, y haber obrado por ignorancia.

Serán resucitados los que estén en la memoria del Señor, puesto que sepulcro, «nemeion» significa memoria, y aniquilados los que no estén en ella.

El infierno fue desconocido en todo el Antiguo Testamento.

La doctrina del infierno es contraria al amor de Dios, repugna a su justicia y es antibíblica.

Sería un malvado delito torturar a la criatura, por tener la desgracia de haber nacido pecadora.

El infierno bíblico es el sepulcro, Sheol y Hades significan sepulcro e infierno estar abajo. La Gehenna, o valle de los hijos de Hinnom, es figura o símbolo de exterminio eterno, pero no de tormento.

Respuesta católica:

Los que «han obrado mal» y los «inicuos». -Plantean otra discusión etimológica, alrededor de la palabra «faula» (en griego, cosas malas), que ellos traducen como cosas malas hechas sin conciencia. No hay razón que autorice este sentido; en Rom 9, 11, se emplea en contraposición a «agatha» -cosas buenas, pero no cosas buenas hechas sin conciencia-. La palabra «faula» es empleada por Jesús para indicar cosas conscientemente malas: «porque todo el que hace cosas malas aborrece la luz» (Jn 3, 20).

¿Era el infierno desconocido en el Antiguo Testamento? -Negar que el infierno haya sido desconocido en el Antiguo Testamento es negar una verdad. En lo que se refiere a la retribución (premio o castigo) tenemos en el Antiguo Testamento la siguiente distribución:

1º Una doctrina general: Dios es justo, juez y santo (Sal 7, 12 y 145, 17). Premia a los justos y castiga los impíos (Sal 5, 56 y 11; 94, 23). Y juzgará a unos y a otros (Ecli 3, 17).

2º Se añade aún más luz con la doctrina del juicio, que Dios se reserva para condenar a los impíos y premiar a los justos (Sal 1, 5; 97; Is 24, 21-23; Ez 38 y 39; Mal 3, 16; 4, 3).

3º Una doctrina más positiva la encontramos en la idea de un premio ultramundano reservado a los justos y excluidos los impíos (Sal 16, 10). «No dejarás mi alma en el sepulcro…». ~

4º Finalmente, encontramos la categórica afirmación de que al impío le están reservados el dolor y la infamia (Dan 12, 2).

La doctrina del infierno no se opone al amor de Dios, ni a su justicia. -No corresponde al hombre pecador determinar cómo debe castigar Dios el pecado. Somos pecadores que hemos violado la ley Divina, y por ello criminales espirituales. Si el derecho no permite determinar al criminal cuál debe ser su castigo, tampoco debe permitirse tal cosa en la esfera espiritual.

Dios nos ha dado todos los medios para obtener nuestra salvación y los hemos rechazado. Así, pues, el que se condena es porque nunca se le ha ocurrido pedir perdón, está obstinado en el pecado. Su camino para volver a Dios está en la humildad y en la obediencia y su orgullo no es el mejor indicador de ese camino. Para comprobarlo basta abrir la. Escritura.

No puede argüirse que es un malvado delito torturar a una criatura por la desgracia de haber nacido pecadora; pues si se admite una voluntad que ha escogido el mal, una vez más diremos que no es in justo el castigo. Por otra parte, Dios nunca condena a nadie si no es por pecados graves propios.

Infierno, sheol, hades y gehenna. -Infierno deriva, efectivamente de «inferi», pero no puede admitirse que por esto signifique sepulcro. Ejemplos de ello tenemos incluso en la literatura clásica, por ejemplo en la Eneida…

Desde la más antigua mención, que hallamos en la Biblia, de «sheol» (Gen 37, 35) se nos muestra como argumento de la supervivencia, ya que, en este pasaje. Jacob espera ir a reunirse con su hijo José, a quien supone devorado por una fiera, y por lo tanto, difícilmente sepultado. Algo parecido puede decirse en relación con la palabra hades…

La «gehenna» era una profunda torrentera al sur de Jerusalén. Lugar de inmundicia y podredumbre, vertedero lleno de gusanos y del humo de las hogueras que de continuo ardían para quemar los desechos. Lugar impresionante, siempre considerado, por la literatura rabínica (libros apocalípticos hebreos), como sitio de suplicio y no de «aniquilamiento».

El Señor la tomó, como ejemplo grafico, en aquella frase que nos ha transmitido san Marcos (9, 4748): «Si tu ojo te escandalizare, sácatelo; que más te vale entrar en el Reino de Dios con un solo ojo, que no con dos ojos ser arrojado a la gehenna donde el gusano nunca muere y el fuego no se extingue». Y en la que, repitiendo el Señor el versículo 24 del capítulo 66 de Isaías, interpreta, en sentido típico, el castigo eterno del condenado.

Si el Reino de Dios -el premio- es eterno, el castigo del condenado será también eterno.

«EL PUEBLO DE DIOS, EN CADA UNA DE LAS PERSONAS QUE LO COMPONEN Y COLECTIVAMENTE, ESTA INVITADO A SER MAS CONSCIENTE, MAS OPERANTE, MAS CERCANO A LOS PUNTOS FOCALES DONDE SE EXPRESAN LAS VERDADES ESENCIALES DEL CRISTIANISMO, ESPECIALMENTE EN LA ORACIÓN EN TORNO AL ALTAR. YA VEIS QUÉ ESFUERZO DESPLIEGA LA IGLESIA PARA UNIR A SU EXCELSO MANDATO AL PUEBLO DEL SEÑOR, PARA QUE CADA UNO DE VOSOTROS NO ESTÉ EN EL TEMPLO COMO UN NÚMERO, COMO UN PALO QUE NO RECIBE NADA Y SE CANSA Y SE AGOTA ESPERANDO QUE TERMINE LA FUNCIÓN» nos dice Pablo VI. Hemos de orar en el templo, en Ia santa Misa, ante el Sagrario. Pero también privadamente. Cada mañana y cada noche deben brotar de nuestros labios y corazón las benditas y salvadoras TRES AVEMARÍAS a la Virgen.

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Laura, 4 – Barcelona-10

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