Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

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Mensajes de fe 20

11 miércoles Feb 2015

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Inmaculada, Medianera, Madre

La figura de María no debe suscitar en nosotros una mera contemplación extática de sus privilegios, sino también, y principalmente, una marcha dinámica hacia Cristo, como la de Ella, con Ella y en Ella.

La oración sacerdotal de Jesús: «Yo en ellos y Tú en Mí» (Jn 17, 23), se eleva en favor de todos los cristianos. Si algún alma cristiana realizó plenamente en sí esa estrecha fusión con Cristo, ésa es precisamente María, el primer templo vivo de Dios, en donde el Espíritu Santo y toda la Trinidad augusta habitaron hasta la deificación más inconcebible que se puede imaginar en persona humana.

Virgen InmaculadaSi Pablo pudo decir: «Ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí» (Gá 2, 20), ¿no se realizaría esa identificación con Cristo, mucho mejor en María? Si «el corazón de Pablo es el Corazón de Cristo» según san Juan Crisóstomo, ¿no podría decirse con mayor razón que «el Corazón de María es el Corazón de Cristo»?

María, en razón de su vida totalmente cristificada yen razón de su elección para Madre de Dios, es la criatura que realiza mejor los planes de Dios en el hombre. Hasta el punto de que en María se puede decir que no hay un latido ni un pensamiento que no sea para Cristo, más aún, que no proceda de Cristo. Jesucristo es el único «Mediador de la Nueva Alianza» (Hebr.9, 5; 12, 24). Pero si María está fusionada tan íntimamente al Corazón de su Hijo, se puede entender la Mediación de María a la luz de esta fusión íntima con Cristo, operada -en Ella. No hay dos mediaciones, sino una sola.

María Medianera

Al hablar de María Medianera, podemos adivinar que es Cristo Mediador el que actúa desde lo más interno del Corazón de María, o que es María la que obtiene gracias -la gracia del Espíritu Santo-desde lo más íntimo del Ser de Cristo. La terminología técnica sobre la Mediación Universal de María ha complicado demasiado la sencillez de una realidad objetiva que se ilumina bíblicamente al leer despacio nuevamente: «Tú en Mi y Yo en María», o a «Tu Espíritu en Mí y Yo en María, y María en Mí».

María, templo del Espíritu Santo, Sagrario de Dios, no es templo cerrado, sino él abierto a sus hijos. Si fue elegida Madre de la humanidad al pie de la Cruz, fue precisamente para engendrar hijos de Dios, dignos de Ella y dignos del Padre. Su acción maternal la realiza continuamente por la continua efusión del Espíritu Santo que Ella transmite sobre los que la invocan con sencillez humilde y filial. El dogma de Éfeso -la «Zeótokos»-, en el 431, se capta hoy en su plenitud, al ver que María no sólo engendra a Dios en Jesús, sino también en los -cristianos. A Él, dándole la humanidad y a nosotros transmitiéndonos la divinidad que procede de Él.

María Madre

Por María nos llegó Cristo al mundo. El mundo sólo podrá remontarse a Cristo, o cristificarse, a través de María. Ella es como un espejo transparente. a través del cual podemos mirar a un Dios inefable, y Dios nos mira a nosotros. María es el cristal azul que se interpone entre la humanidad caída y el Dios tres veces santo. Ya podemos mirar a Dio~. Y Dios puede posar sus ojos en nosotros. La sonrisa materna de María dignifica y facilita las relaciones entre los hombres y Dios.

El bautismo es una consagración a la Trinidad. O es como el beso de Dios al alma, en la que Él deja estampada su propia imagen. Al darnos Jesús a María por Madre, el bautismo no viene a ser otra cosa que el beso de Dios al alma a través de los labios maternales de María. Y queda ya en el alma la huella del Espíritu Santo, o es el-mismo Dios Trinidad que inicia su morada en el nuevo cristiano (Jn 14, 23) Si cada cristiano se convierte así en el templo de Dios, María es el templo más grandioso del Espíritu Santo que se pueda concebir. Pero no es una catedral gótica o románica para ser admirada por fuera, sino para entrar en ella y salir impregnado de ese Dios que inunda, como el incienso, su interior. Se entiende así mejor la Maternidad de María. Ante la viuda de Naím, a Jesús «le dio un vuelco el Corazón» -según el texto original de Lucas 7, 13, que usa el verbo griego «esplanjnisze»-y el hijo muerto recobró la vida. Ante María al pie de la Cruz -como a otra viuda de Naím- a Jesús no se le conmueve, sino que se le rompe el Corazón. Y no devuelve Él directamente la vida (Lc 7, 15) al hijo muerto, la humanidad, sino que dice a la humanidad: «He ahí a tu Madre» (Jn 19, 27), como significando: «Ella es la que os dará la vida. Esta vida que brota de mi Costado abierto, pero que se os comunicará a través de su Maternidad».

Glorificar a Dios

Vivir esa Maternidad de María en esta «hora de María» y en la «era de María», no es abandonarse a una mera pasividad. Ella -como la mejor de las madres, y siempre con su sonrisa que dulcifica al sacrificio- nos hará amar la Cruz, nos inducirá suavemente a las mayores renuncias y nos enseñará el arte de la verdadera humildad -algo muy distinto de lo que se lee en ciertos manuales-. La humildad de María reflejada en nosotros, nos hará sentir nuestra «nada» y nos moverá a cantar como nadie las maravillas de Dios y a trabajar en las más grandes empresas -aun ocultas-que den a Dios la gloria que Él se merece. El silencio de María, en el que supo meditar «en tantas cosas», nos enseñará a escuchar mejor a Dios y a vivir más intensamente las peticiones del Padrenuestro: «santificado sea tu nombre», «venga a nosotros tu Reino», «que se haga tu voluntad en la tierra, Como en el cielo».

Una corona de doce estrellas

Abandonarnos a María, o vivir como en su Corazón, es la fórmula definitiva para ir creciendo rápidamente en Cristo y llenarse más y más de Dios. La humanidad de la «Esclava del Señor» atrajo sobre Ella al Espíritu Santo. Hacer nuestra su humildad, o diríamos mejor, meternos en Ella, es el camino más genial y más breve para una cristificación progresiva. María cristificada y cristificadora. Imitable en su grandeza. Y cristificante por su Maternidad. La palabra dirigida a Ella que más puede arrebatar su Corazón y el de Dios, es, prácticamente, la que nos enseñó Jesús antes de morir: «He ahí a tu Madre». Algunos dicen que Dios ha muerto… Puede ser en las almas que no admiten a la Engendradora de Dios. Para los que aceptan la Maternidad de María, Dios vive, y con extraordinaria vitalidad, modelando una raza de santos como tal vez jamás conoció la historia. En el Concilio de Éfeso se la ensalzó tanto a Ella -y es verdad que Ella todo se lo merece-que se la llegó a alejar de los cristianos, de tal manera, que sólo muy lentamente iban descubriendo en Ella a la verdadera Madre nuestra. En doce Concilios posteriores -como una corona de doce estrellas-se ha ido captando a la vez más luz sobre la Maternidad de María en nosotros. Y hoy la fe nos pone en nuestras manos la fórmula sencillísima de la Maternidad de María, que escomo la energía nuclear de la santidad, capaz de revolver al mundo para transformarlo en la «radiante primavera» que tanto deseamos. Estas consideraciones nos muy adecuadas para entender la festividad de la Inmaculada.

«SI AMO A MARÍA ESTOY SEGURO DE MI PERSEVERANCIA, Y OBTENDRÉ DE DIOS TODO LO QUE QUIERA», exclama san Juan Berchmans. Para ello no podemos olvidarnos cada mañana y cada noche de rezar a nuestra Madre las TRES AVEMARÍAS.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 19

04 miércoles Feb 2015

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La Iglesia de Cristo:

Enseñanzas de los testigos de Jehová. -Para los Testigos de Jehová la Iglesia no está constituida sobre la base del Primado de Pedro:

La primera palabra de Mt 16, 18, es masculina (Petros), mientras la segunda es femenina (Petra). La primera se refiere a Pedro, la segunda a Cristo. Cristo es, pues, la roca que se cita allí, según los textos de Ef 5, 23 y Col 1, 18, en los que se dice que «Cristo es la cabeza de la Iglesia».vaticano

La Iglesia es invisible, y está constituida por Cristo, como cabeza de ella, y por los 144.000 elegidos de Ap7, 4 Y14, 1. Este es el Cuerpo Místico, la Esposa del Cordero (Ef 1, 22; Col 1, 18).

A los Apóstoles se les concedieron determinados poderes que terminaron con su muerte. Después de ella, se inicia un cristianismo en el que todos sus seguidores son guiados directamente por Dios y suficientemente iluminados para entender la Escritura.

Respuesta católica. -El Primado de Pedro. -Es precisamente fijándose en la etimología de la palabra, como se puede sacar el argumento para demostrar el primado de Pedro. Hay, indiscutiblemente, en el versículo griego de san Mateo (16, 18) dos palabras, una masculina y otra femenina; pero tengamos en cuenta que, en arameo, tal como ras pronunció Jesús, no existe la diferencia que hay en, el griego entre ambos géneros. Por ser en griego perfectamente claro, al traductor no le pareció recto designar a un varón con nombre femenino. Por eso, cuando, en el primer versículo, la palabra Cefas tiene un sentido de nombre propio, emplea el nombre de «petros»; pero en el segundo, cuando quiere hacer resaltar más la solidez del fundamento, usa la palabra «petra» que es la traducción exacta del original arameo. Jesús llamó a Simón dos veces Cefas como le había llamado el primer día del encuentro (Mt 10, 2; Mc3, 16; Lc 6, 14 Y Jn 1, 42). Pero Jesús quería determinar aun más, el lugar que había de ocupar Pedro en su Iglesia, y, para ello, sigue hablando con metáforas, típicamente hebreas o aramaicas: de las puertas del infierno, de las llaves del Reino, del poder de atar y desatar. Y, para encomendarle esa misión, le ha cambiado de nombre. Otra característica típicamente bíblica, como nos consta de Abraham, Israel, etc. Admitir la primacía de Pedro, no contradice lo dicho por san Pablo y por san Pedro de que Cristo sea la piedra viva y angular del edificio y la Cabeza de la Iglesia y de su Cuerpo místico. No hay contradicción, admitiendo la divinidad de Cristo que está sobre la primacía humana de Pedro. No admitiendo la divinidad, como es el caso de los Testigos, es como ellos pueden encontrar una contradicción, que no existe.

La Iglesia es una sociedad visible. -Está constituida por todos los cristianos, no por un número limitado de ellos: los 144.000.

San Pablo, al dirigirse a una Iglesia, no lo hacía a un grupo, sino a la totalidad de los fieles de la misma. La carta a los Efesios, cuyo encabezamiento «en Éfeso» falta en algunos códices como el Vaticano y el Sinaítico, hacen pensar en la posibilidad de una encíclica. Las otras cartas de los Apóstoles tienen un carácter universal. «católico». En cuanto a la participación en el Cuerpo místico se obtiene mediante el bautismo (1ª Cor 12, 12-13). Por eso, puede decir san Pablo a todos los cristianos de Roma (Rom 12, 5) que forman un solo cuerpo con Cristo.

Demuestran que la Iglesia es visible y terrena (además de invisible) los siguientes hechos:

1º) la autoridad de Cristo (Mt 7. 28-29), es enviado (Jo 3, 16). Su expresión «Yo os digo», y la irrevocabilidad de su palabra, dan pleno sentido a «haberle sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra».

2º) los Apóstoles, escogidos expresamente por divina voluntad del Padre Celestial (Jn 17. 6).

3º) Los poderes. Perdonar o retener (Jn 20, 23), bautizar y predicar (Mt 28, 19). Les promete la asistencia hasta el fin de los siglos (Mt 28, 20) Y les envía, del mismo modo que Él es enviado por el Padre (Jn 20, 21).

4º) Los poderes comunicados por éstos a otros. Como Cristo les dio el poder, ellos mandan (l otros. En los Hechos 14, 23, establecen cabezas de iglesias. que. en 20, 28. son llamados obispos y se establece que el Espíritu Santo los ha instituido; y se dan normas para elegirlos (Tt 1, 5-7). Prevén que, cuando ellos falten, haya sido creada una cadena de sucesores autorizados (2ª Tim 2,2).

5º) Se organiza la Iglesia (Hech 14, 23); se excluye a los indignos (1ª Cor 5, 5); se dan reglas: para las reuniones (1ª Cor 11): se regula el ejercicio de los carismas (1ª Cor 14, 26); se eligen los diáconos (Hech 6, 1-6), etc.

Queda pues demostrado con estos hechos que la Iglesia es visible y que en ninguno de estos textos se habla para nada de los 144.000.

La Iglesia después de la muerte de los Apóstoles. -Los Apóstoles tuvieron sucesores, como hemos visto. Esto era -absolutamente necesario y se desprende además de las mismas palabras de Cristo. Pre dicar en todo el mundo y a toda criatura (Mc 16. 15). Y estar con ellos hasta la consumación de los siglos, supone sucesión, puesto que aquellos apóstoles no iban a poder predicar en su corta vida a todas las naciones, a todas las criaturas, ni iban a vivir hasta el fin de los siglos. Admitido el principio de la sucesión apostólica, y vista la posibilidad de ser adulterada la doctrina, se impone una cabeza visible que pueda declarar, en forma sensible a todos, lo que es verdadero y lo que es falso.

Este magisterio de la Sede Romana nos garantiza que la fe que profesamos y la moral que practicamos hoy los católicos son auténticas, las que Cristo trajo las únicas que pueden salvarnos. Mientras, él nuestro alrededor, vemos pulular centenares y centenares de sectas, cada una con una doctrina distinta -prueba del error-, e impidiendo sean cumplidos los deseos del propio Cristo, en su oración sacerdotal al Padre: «¡que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti…!» 11 (Jn 17, 21).

No queriendo tener la humildad -por algo decía santa Teresa que humildad es andar en verdad-, ante las dificultades que presenta la Escritura (piedra de toque para contrastar nuestra fe y nuestra humildad), de admitir la interpretación de la Iglesia Católica, se alzan con la doctrina de la interpretación personal e iluminación directa a cada uno; doctrina que, aparte de no constar en ningún pasaje de la Biblia, demuestra con los hechos -la variedad de las sectas de ella derivada-todo lo contrario.

La necesidad del magisterio de la Iglesia, y la humildad con que debemos recibirle, se encuentra reunida y resumida en aquellas magníficas palabras de la Escritura: ¿Cómo voy a poder entenderlo si no hay quien me guíe? (Hech 8, 31).

«SI QUEREMOS SER CUERDOS Y DAR A LA IGLESIA LO QUE MÁS NECESITA EL ESPÍRITU SANTO, HEMOS DE ESTAR DISPUESTOS Y SER FIELES A LA CITA FIJADA PARA SU ENCUENTRO VIVIFICADOR: LA VIDA INTERIOR», nos recordó Pablo VI. Y, ¿hay vida interior o sea, amistad con Dios sin oración? ¡Reza cada día! No te olvides de la devoción salvadora de las TRES AVEMARÍAS a nuestra Madre la Virgen Inmaculada.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 18

28 miércoles Ene 2015

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Hoy no me divorciaría

Mientras concluyen y se encrespan opiniones, entusiasmos y denuestos sobre la autorización legal del divorcio en ciertas circunstancias, me llega una carta, publicada en América, de una mujer divorciada. A través de la misma se adivina que la única fórmula eficiente del amor humano en el matrimonio ya nos la sintetizó hace siglos San Pablo cuando escribió: «El amor verdadero nunca muere. El que tiene amor tiene paciencia, es servicial, no es envidioso, no es presumido ni orgulloso… No es grosero ni egoísta, no se enoja, no es rencoroso. No se alegra del mal de los otros, sino de la verdad. Todo lo excusa, todo lo espera, todo lo soporta… El amor no acaba nunca». (1 Coro XIII, 4-8).divorcio-gemelos-mellizos-trillizos

Así escribe y confiesa la tragedia de su equivocación la mujer que ha escrito esta carta: «Me da vergüenza confesarlo, pero se lo escribo a usted para que la publique. HOY NO ME DIVORCIA­RÍA… Tal vez esta confesión, que para la publicidad debe ser anónima, pueda ser útil a alguien que, esté acariciando esa misma idea qué á mí de pronto se me metió en el alma. HOY NO ME DIVORCIARÍA… La idea me machaca la cabeza, como antes me obsesionaba la otra: me tengo que separar de Juan… ¡Va no aguanto más! Debo de haber estado neurasténica, enferma, qué sé yo… Vivía tensa esperando el momento en que él llegaba a casa para decirme una vez más: Hija, ¿cómo estás? Entonces yo no le contestaba y me refugiaba en mi cuarto con doble vuelta de llave o ponía una cita lamentable de mártir, como si él con esa pregunta me persiguiera despiadadamente… Generalmente me refugiaba en el silencio, convencida de que él hablaba para afrentarme, que comía en silencio para llevarme Ia contra, y que de pronto se iba sin decirme palabra para ofenderme aún más… Claro que estaba neurótica y que me enredaba en mis propias cavilaciones.» «Ahora, rememorando todo ese proceso enfermizo, me lo vuelvo a repetir: HOY NO ME DIVORCIARÍA… Y creo que muchas mujeres y hombres divorciados piensan como yo. Pero, claro, eso no se lo confiesan ni a sus amigos más íntimos… Ni a Dios se lo confiesan… Y levantan una cortina de humo aparentando una indiferencia que no sienten… ¿Te sientes sola sin él? Por supuesto que no… Y a él le dicen: ¿Encuentras a faltar a tus hijos…? Me basta con verlos dos veces por semana… Y él Y yo nos seguimos jactando que ahora gozamos de libertad, que podemos hacer lo que queremos, que no hay nadie que controle nuestras salidas y entradas en el hogar… Pero él y yo hemos fracasado como padres, como esposos y como amantes. Aunque la gente nos diga: ¡Qué joven estás! Y él Y yo nos arreglemos lo mejor posible para que nos lo digan. Mis hijos son buenos, pero están divididos entre la lealtad para con mi marido y conmigo. Sin quererlo ni saberlo hemos truncado su educación y destrozado su hogar. Ahora cuentan con una mujer y un hombre que los miman. Pero eso no es lo mismo. Ellos necesitan de dos padres y un hogar. Y eso ya no se lo podemos dar.»

«Me casé demasiado joven, no por los años, sino por la inmadurez. Tampoco él tenía mucha experiencia, pero ahora comprendo que con paciencia lo hubiese podido llevar. No era perfecto, no. Pero tuvo más constancia y menos desniveles que los míos. Va era de esas perfeccionistas que quieren que todas las cosas salgan bien… ¿Nos amábamos…? Creo que igual, más o menos, que otros matrimonios jóvenes. Evidentemente que todavía allí no hay un gran amor, ni una gran intimidad. Había, eso sí, una borrachera de sentimentalismos y un ansia enorme de que el otro nos haga comprender de que uno vale algo. A mí, personalmente, me halagaba tener el monopolio de él: simpático, atractivo, viril, chispeante. Sentía que las demás me envidiaban, y eso me convencía de que había elegido bien. Sin preocuparme, sin embargo, de que el amor mutuo tenía que ayudarnos a crecer, a entendernos, a perfeccionarnos. Cuando empezaron las disputas mutuamente nos echamos en cara defectos de nuestros familiares. En todo esto -lo reconozco-me faltó mesura. Hay gente que cree que el desahogo es la mejor manera de serenar los nervios, que piensan que ellos tienen derecho a decir todo y que los demás quedarán callados, anonadados por el descubrimiento de nuestras quejas… Va era de ésas. Pero él me respondió con frases no menos dolorosas, y me resentí. De ahí nacieron nuestros silencios. Silencios trágicos y angustiosos en que la vida en común se hacía insoportable. Él entraba y se sentaba frente al aparato de televisión sin decir palabra. Yo lo recibía con una cara impávida, sin hacer ningún esfuerzo para comunicarme con él. De vez en cuando nos reconciliábamos, pero era por poco tiempo. De nuevo volvía yo a ofenderle, y a quedar callada, con la pretensión, tal vez, de que él iniciase la conversación. Y me respondía con la misma moneda.»

«Cuando vinieron los hijos pensé que nos arreglaríamos. No habíamos roto todavía el hielo de la incomunicación. Deseé una parejita… Y la tuve. Pero sentí de pronto la esclavitud de aquellos dos chicos que lloraban al unísono y exigían infinitos cuidados. Nosotros mismos, como padres, fuimos un fracaso. Ninguno de los dos se puso nunca firme con los niños. Los dos queríamos simplemente gozarlos. V por eso sobrevenía un tira y afloja de mimos, de regalos y de competencias entre los padres que los niños instintivamente comprenden: ¿A quién quieres más? ¿A papá o a mamá…? Nuestros hijos fueron los principales testigos de nuestros choques. Ellos presenciaron el derrumbamiento de aquel inestable hogar que les ofrecíamos… Por mis hijos me separé. Eso fue, a lo menos, lo que dije a mis amigos, y que me repetí mil veces a mí misma. No quiero -me decía-que ellos oigan nuestras continuas disputas… Cuando los esposos se faltan al respeto es preferible separarse… Él vive con otra mujer… No pudo aguantar su soledad. A mí me queda confiarles a mis hijos esta convicción profunda de que el divorcio o la separación son el fracaso para el hombre o para la mujer. Me faltó comprensión. Con un poco de humanidad y de cariño todo entuerto puede ser arreglado. HOY NO ME DIVORCIARÍA… Con los años he aprendido a perdonar y a vivir… Y me siento sola, irreparablemente sola, aunque mis hijos convivan conmigo.» En el fondo de la sinceridad desgarrada de este texto palpita la palabra de Dios: «Por ese amor dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y se harán una sola carne» (Gé II, 24). Y Cristo repite: «No separe el hombre lo que Dios ha unido» (Mat XIX, 6). ¿No será que el amor -como nos ilumina Saint-Exupery- «no consiste en mirar uno al otro, sino en mirar juntos en una misma dirección»? Y la «dirección» son los hijos… Pensando en los hijos, ¿puede justificarse socialmente el divorcio?

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«NO APARTES TUS OJOS DE LA LUZ DE ESTA ESTRELLA, Y SI SIENTES QUE TE ATRAE, PARA ENGULLIRTE, DEL ABISMO DEL PECADO Y DEL VICIO, INVOCA A MARÍA Y TE MANTENDRÁS FIRME Y SEGURO EN EL CAMINO DE LA VIDA», nos dice el gran doctor de la Iglesia san Bernardo. Muchos dicen que les cuesta cumplir Ia Ley de Dios… que les es difícil confesarse… que pierden la fe… Todo se puede superar con una confianza filial en María. Pruébalo. Cada mañana y cada noche no olvides de rezar las TRES AVEMARÍAS. Sin rutinas, sin distracciones voluntarias. Con toda tu alma. Como se habla a una madre. Pruébalo. Jamás te arrepentirás.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 17

24 sábado Ene 2015

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Para recibir dignamente el sacramento del Matrimonio

QUÉ ES EL .MATRIMONIO. -El matrimonio es el sacramento que santifica la unión del hombre y la mujer y les da la gracia para que vivan en paz y críen hijos para el cielo.matrimonio

El MATRIMONIO ES UN SACRAMENTO. -Lo que quiere decir que no es un simple contrato civil. Es algo sagrado, que obliga a la fidelidad, a la unidad y a la indisolubilidad de los cónyuges. Aunque la ley civil legalizara el divorcio, jamás los que están unidos por el sacramento del matrimonio lo podrían aceptar los casados por la Iglesia que se divorciaran, y se unieran civilmente con otras personas, delante de Dios no estarían casados. Habrían caído en el tremendo pecado del concubinato. También es un pecado gravísimo delante de Dios la infidelidad, o sea, el adulterio. No hay pretexto que jamás pueda justificar faltar a la palabra sagrada de amor perenne entre los dos cónyuges.

DOCUMENTACIÓN NECESARIA. -La Partida de bautismo de los dos novios, teniendo que estar legalizada por el obispado correspondiente si son naturales de otra diócesis. 2. Fe de soltería, cuando hace poco tiempo que son vecinos de la parroquia.

FINALIDADES DEL MATRIMONIO. -El fin principal del matrimonio es la procreación de los hijos que Dios concede. No se puede usar el matrimonio quebrantando este fin, que está señalado por el mismo Dios. Tampoco se puede usar del matrimonio en forma inmoral, o sea, interrumpiendo el acto del matrimonio, con medios artificiales o en cualquier otra forma que sea antinatural. Dios lo prohíbe porque es un acto contra la naturaleza, perjudica la salud de los cónyuges y no fomenta el amor mutuo. En cambio, está permitido el uso del matrimonio normal cuando se hace en períodos agenésicos, pues entonces no hay ningún acto contra la naturaleza. Es un pecado criminal y horrible cuando los cónyuges, ya de común acuerdo, ya personalmente, aconsejan o perpetran un aborto, o sea, el asesinato de un hijo que ya está en las entrañas de la madre, aunque sea de pocos meses, pues ciertamente allí palpita ya su alma, y destruir aquel cuerpo en gestación es un auténtico asesinato.

También prohíbe la ley de Dios la esterilización, ya voluntaria, ya legal, y la que se procura a través de las llamadas píldoras anticonceptiva, que además de sus inconvenientes para la salud de la esposa, es en sí misma un atentado contra la finalidad procreadora del matrimonio,

DISPOSICIONES INTERIORES PARA RECIBIR BIEN EL MATRIMONIO. -No basta tramitar los papeles ni la misma ceremonia sacramental. Para que Dios bendiga el matrimonio, es necesario que los novios estén en GRACIA DE DIOS. Si están en pecado mortal, quedan casados, pero reciben el sacramento del matrimonio sacrílegamente. Mal comienzo para aquella familia… Los novios cristianos se disponen para su enlace con una confesión bien hecha, o sea, repasando bien su conciencia, sin hipocresías y acusándose de TODOS LOS PECADOS MORTALES, sin callarse ninguno expresamente. Si se calla un pecado mortal, a sabiendas, la confesión es sacrílega y también la comunión si se tiene el atrevimiento de recibirla con estas pésimas condiciones. Los novios cristianos han de querer confesarse bien, comulgar fervorosamente y asistir a la Santa Misa para que el Señor bendiga copiosamente su unión y el porvenir de su hogar.

DISPOSICIONES EXTERIORES. -1. La novia y acompañantes deben presentarse en la casa de Dios, o sea, en el templo, con vestidos decentes. 2. Tampoco las señoras y señoritas que acompañan a la pareja se pueden permitir la entrada en la iglesia con vestidos transparentes, escotes provocativos o sin mangas. 3. Es muy elegante y recomendable que las señoras y señoritas usen la clásica mantilla española, que tanto adorna y enmarca el rostro femenino.

PENSANDO EN EL FUTURO. -Los nuevos esposos han de empeñarse en lograr la máxima compenetración. La mujer distribuyendo bien y administrando correctamente el hogar y la economía doméstica. El esposo preocupándose de la esposa e hijos y cortando todo vicio, aunque sea oculto. Los dos han de procurar limar las asperezas de su carácter, los celos, las amistades sospechosas, los brotes de soberbia, las intemperancias y los egoísmos del orden que sean en los dos cónyuges.

La perfecta vida de matrimonio necesita la gracia divina. Por ello asegurarán la bendición de Dios, si ya desde el día de su matrimonio los nuevos esposos cada mañana y cada noche se encomiendan a la Santísima Virgen con las TRES AVEMARÍAS. Mucho mejor, si se acostumbran al Rosario en familia. También los esposos deben asistir a Misa todos los domingos y fiestas de guardar, y confesar y comulgar con frecuencia, a lo menos una vez al año en tiempo pascual. Sin este mínimo, no hay seguridad alguna en la felicidad cristiana de este matrimonio.

También es cosa buena y recomendable que en el nuevo hogar, en vuestras habitaciones y lugares más importantes, tengáis alguna imagen devota y artística del Señor, como el Sagrado Corazón o el Santo Cristo, y también de la Santísima Virgen, bajo la advocación que os sea más querida.

A los hijos que Dios conceda, hay obligación de bautizarles CUANTO ANTES, enseñarles el catecismo, educarles, darles siempre ejemplo de vida cristiana, y hacerles amar la pureza con una verdadera devoción a María.

Cuando en la familia hay algún enfermo grave, además de la asistencia médica y personal, hay que preocuparse de su alma. Los nuevos esposos han de empeñarse en que cuando sus respectivos padres estén graves, además del cariño y veneración de que se les debe rodear, procurarles que el sacerdote les pueda administrar los últimos Sacramentos. Será el mejor agradecimiento a cuanto se debe a los padres. A los nuevos esposos, en la jornada feliz y señalada de su boda, nuestra parroquia les desea las mayores bienandanzas y prosperidades. Sobre todo, aquellas que ni el tiempo ni los hombres pueden robar. En nombre de Dios, ¡adelante, novios y esposos cristianos!

VUESTRO PÁRROCO

« DOS REGALOS TIENE ESPAÑA QUE NO LOS TIENE NINGUNA OTRA NACIÓN: EL DESCENSO DE LA VIRGEN DE LA MERCED Y EL DE LA VENIDA EN CARNE MORTAL PARA CONSOLAR A SANTIAGO. ZARAGOZA SABE LO QUE PESA LA VIRGEN», escribía el obispo Manuel González. Por esto todo cristiano ama a la Virgen. Por esto, cada mañana y cada noche, a lo menos, se le deben rezar las TRES AVEMARÍAS para pedirle Ia salvación eterna.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Mensajes de fe 16

14 miércoles Ene 2015

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El Reino de Dios

Enseñanzas, de los Testigos de Jehová. -Aunque la doctrina que, sobre el Reino de Dios, sostienen los Testigos de Jehová es de origen adventista y parecida a la que defienden muchas sectas que esperan en un próximo casi inmediato, fin del mundo y advenimiento del Señor, tiene, sin embargo, características especiales:bible-archeology-exodus-mt-sinai-sinai-drawing-shmita-570x300

La tierra está próxima a desaparecer y serán creados nuevos cielos y nueva tierra. Cristo ha venido ya a la tierra, de una manera invisible en 1914.

Hay un «Reino de Cristo» un «Reino de Dios». El primero durará mil años aquí en la tierra. Y el segundo está compuesto de una parte celeste (los 144.000) y otra terrena (todos los que alcancen vida eterna sobre la tierra).

Esta doctrina sobre ser un tanto obscura, ha sufrido variaciones desde Russell, pasando por Rutherford, hasta nuestros días, lo mismo que las sufrieron sus profecías. Ante doctrinas tan cambiantes es difícil poder precisarlas bien, pero creemos que, tal como hemos pretendido resumirlas, es como las enseñan en la actualidad.

Respuesta católica. -La segunda venida de Cristo, de una manera invisible, es antibíblica. No consta en ningún lugar de la Escritura, y sí, en cambio, lo contrario. Vendrá de la mismamarera que subió al cielo el día de su gloriosa Ascensión (en forma visible) (Hech 1, 11). «Vendrá sobre una nube y todo ojo le verá» (Ap 1, 7), como le vio Daniel en profética visión, que refrenda el mismo Cristo en los evangelistas sinópticos (Mt 24, 30; Mc 13, 26, y Lc 21, 27).

No hay distinción en el Nuevo Testamento entre el Reino de Cristo y el Reino de Dios. -La aparente distinción entre «Reino de Dios» y «Reino de los Cielos», frase, esta última que emplea san Mateo, es una manera de hablar propia de este evangelista, que escribe para los hebreos, los cuales evitaban pronunciar por respeto la palabra «Dios». La igualdad del concepto de ambos «reinos», puede comprobarse comparando los versículos relativos a este tema entre san Mateo y los otros sinópticos. En el Nuevo Testamento no hay, Pues, más que un Rei­no con dos fases: una final, definitiva y otra presente. La fase final está reservada a los justos, en oposición a los impíos. Los Justos «resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Mt 13, 43); y los impíos será «malditos, al fuego eterno» (Mt 25, 41), «donde será el llanto y rechinar de dientes…» (Lc 13, 28).

La fase presente existe, aunque no la quieran admitir los Testigos, puesto que se deduce de los siguientes textos: «el reino de Dios está en vosotros» (Lc 17, 21); en el mundo presente es lanzada la semilla del «Reino de los Cielos» (Mt 13, 23), etc.

Naturaleza del Reino de Dios. Fase Presente. -Está descrita en los siguientes pasajes del Nuevo Testamento: «la ley y los profetas (el Antiguo Testamento) terminan en Juan; desde entonces es anunciada la buena nueva (el Evangelio) del Reino de Dios y todos forcejean por entrar en él» (Lc 16, 16). «En él se entra por la puerta angosta que lleva a la vida» (Mt 7,13-14). «A un reino que no es de comida ni bebida, sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rom 14, 17). Todos estos textos confirman que el Reino de Dios tiene una fase presente que comienza en la nueva vida, que todo bautizado obtiene en la Iglesia.

Fase Final. -A todos los que han creído y obedecido su Ley, Jesús les promete un premio, que ha de realizarse en el futuro: «Quien perseverare hasta el fin, ése se salvará» (Mt 10, 22). Otras veces, está descrita por vida eterna: «¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» (Mt 19, 16). Y, en fin, como heredad; ver a Dios, estar en Cristo, gloria del Señor, el Reino, el Paraíso, etc.

El Reino de Dios y el milenarismo de los Testigos de Jehová. -El adventismo y el milenarismo son los resultados de una interpretación, demasiado verbal de un libro cuajado de simbolismo y de alegorías. En los textos oscuros, donde no haya una interpretación que se imponga de una manera absoluta, la interpretación debe hacerse por los textos de los restantes pasajes bíblicos, que sean claros y universalmente admitidos en un solo sentido.

¿Se encuentran en otros textos las cifras, mil del milenarismo o 144.000 de los elegidos? ¿Puede suponerse en ellas alegoría, algo indefinido en el tiempo o en el número? Es lo más probable. Lo es, puesto que ni las palabras «mi reino no es de este mundo», ni «los resucitaré en el último día», pronunciadas por el mismo Cristo, autorizan a suponer en Él el establecimiento de un reino material terreno, o la referencia a una resurrección, mil años antes del último día. La interpretación verbal del Apocalipsis ha dado origen a multitud de sistemas milenaristas entre los cuales éste de los Testigos, no es sino uno más con detalles propios, extorsión de textos y demás «arreglos» para subsanar el error de colocar la venida de Cristo en 1914.

La Iglesia Católica no es partidaria de ninguno de estos sistemas milenaristas inventados por los hombres. Subsiste para ella la sentencia tajante de san Jerónimo: «Que se acabe por fin la fábula de los mil años», y nos propone que el Apocalipsis es como un evangelio de la Resurrección y triunfo de Cristo y de su Iglesia en un milenio indefinido, durante el cual Satanás, encadenado, por la gracia de Cristo que santifica a quienes le siguen. Esta vuelta del género humano a la gracia, puede ser la primera resurrección, y la del cuerpo al fin de los tiempos, la segunda.

Esta llamada a la salvación y al premio eterno es para todos, no para un grupo determinado. En el coloquio con Nicodemo (Jn 3, 3-12), al afirmarse la regeneración espiritual, no se da a entender que sea para unos pocos (v. (), la palabra «quienquiera» indica lo contrario.

La filiación adoptiva de los cristianos, es también para todos ellos: «somos hijos de Dios, si hijos también herederos y coherederos de Cristo» (Rom 8, 17). «Vosotros sois linaje escogido, nación santa, sacerdocio real» (1º P 2, 9) son conceptos que se dirigen a todos los cristianos, en una epístola «católica», universal, y este mismo concepto tiene el premio eterno en cientos de textos, entre los que escogemos éste de san Pablo: «…edificio tenemos de Dios, casa no hecha de manos, eterna, tenemos en el cielo» (2ª Cor 5, 1).

El Apocalipsis, interpretado con el criterio de la Iglesia Católica, ilumina el espíritu, vigoriza el corazón y conduce al hombre a la práctica de la virtud, a la santificación. Interpretado de una manera material, conduce a las mayores aberraciones. Por eso los Testigos olvidan las doctrinas cardinales de la salvación y la práctica de ellas. Hablan mucho del Reino, pero olvidan el paso inicial, la puerta para entrar en el verdadero Reino de Dios.

«LA IGLESIA ES LA SOCIEDAD DE HOMBRES QUE ORAN. SU FIN PRIMORDIAL ES ENSEÑAR A ORAR. SI QUEREMOS SABER LO QUE HACE LA IGLESIA DEBEMOS ADVERTIR QUE ES UNA ESCUELA DE ORACIÓN », nos ha dicho Pablo VI. Por esto el cristiano que no rece se arruina espiritualmente, pierde la gracia, la fe. Se expone a la perdición eterna. Que jamás nos olvidemos de levantar el corazón a Dios, cada mañana y cada noche, con las TRES AVEMARÍAS, rezadas sin ninguna clase de rutina.

El Reino de Dios

Enseñanzas, de los Testigos de Jehová. -Aunque la doctrina que, sobre el Reino de Dios, sostienen los Testigos de Jehová es de origen adventista y parecida a la que defienden muchas sectas que esperan en un próximo casi inmediato, fin del mundo y advenimiento del Señor, tiene, sin embargo, características especiales:

La tierra está próxima a desaparecer y serán creados nuevos cielos y nueva tierra. Cristo ha venido ya a la tierra, de una manera invisible en 1914.

Hay un «Reino de Cristo» un «Reino de Dios». El primero durará mil años aquí en la tierra. Y el segundo está compuesto de una parte celeste (los 144.000) y otra terrena (todos los que alcancen vida eterna sobre la tierra).

Esta doctrina sobre ser un tanto obscura, ha sufrido variaciones desde Russell, pasando por Rutherford, hasta nuestros días, lo mismo que las sufrieron sus profecías. Ante doctrinas tan cambiantes es difícil poder precisarlas bien, pero creemos que, tal como hemos pretendido resumirlas, es como las enseñan en la actualidad.

Respuesta católica. -La segunda venida de Cristo, de una manera invisible, es antibíblica. No consta en ningún lugar de la Escritura, y sí, en cambio, lo contrario. Vendrá de la mismamarera que subió al cielo el día de su gloriosa Ascensión (en forma visible) (Hech 1, 11). «Vendrá sobre una nube y todo ojo le verá» (Ap 1, 7), como le vio Daniel en profética visión, que refrenda el mismo Cristo en los evangelistas sinópticos (Mt 24, 30; Mc 13, 26, y Lc 21, 27).

No hay distinción en el Nuevo Testamento entre el Reino de Cristo y el Reino de Dios. -La aparente distinción entre «Reino de Dios» y «Reino de los Cielos», frase, esta última que emplea san Mateo, es una manera de hablar propia de este evangelista, que escribe para los hebreos, los cuales evitaban pronunciar por respeto la palabra «Dios». La igualdad del concepto de ambos «reinos», puede comprobarse comparando los versículos relativos a este tema entre san Mateo y los otros sinópticos. En el Nuevo Testamento no hay, Pues, más que un Rei­no con dos fases: una final, definitiva y otra presente. La fase final está reservada a los justos, en oposición a los impíos. Los Justos «resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Mt 13, 43); y los impíos será «malditos, al fuego eterno» (Mt 25, 41), «donde será el llanto y rechinar de dientes…» (Lc 13, 28).

La fase presente existe, aunque no la quieran admitir los Testigos, puesto que se deduce de los siguientes textos: «el reino de Dios está en vosotros» (Lc 17, 21); en el mundo presente es lanzada la semilla del «Reino de los Cielos» (Mt 13, 23), etc.

Naturaleza del Reino de Dios. Fase Presente. -Está descrita en los siguientes pasajes del Nuevo Testamento: «la ley y los profetas (el Antiguo Testamento) terminan en Juan; desde entonces es anunciada la buena nueva (el Evangelio) del Reino de Dios y todos forcejean por entrar en él» (Lc 16, 16). «En él se entra por la puerta angosta que lleva a la vida» (Mt 7,13-14). «A un reino que no es de comida ni bebida, sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rom 14, 17). Todos estos textos confirman que el Reino de Dios tiene una fase presente que comienza en la nueva vida, que todo bautizado obtiene en la Iglesia.

Fase Final. -A todos los que han creído y obedecido su Ley, Jesús les promete un premio, que ha de realizarse en el futuro: «Quien perseverare hasta el fin, ése se salvará» (Mt 10, 22). Otras veces, está descrita por vida eterna: «¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» (Mt 19, 16). Y, en fin, como heredad; ver a Dios, estar en Cristo, gloria del Señor, el Reino, el Paraíso, etc.

El Reino de Dios y el milenarismo de los Testigos de Jehová. -El adventismo y el milenarismo son los resultados de una interpretación, demasiado verbal de un libro cuajado de simbolismo y de alegorías. En los textos oscuros, donde no haya una interpretación que se imponga de una manera absoluta, la interpretación debe hacerse por los textos de los restantes pasajes bíblicos, que sean claros y universalmente admitidos en un solo sentido.

¿Se encuentran en otros textos las cifras, mil del milenarismo o 144.000 de los elegidos? ¿Puede suponerse en ellas alegoría, algo indefinido en el tiempo o en el número? Es lo más probable. Lo es, puesto que ni las palabras «mi reino no es de este mundo», ni «los resucitaré en el último día», pronunciadas por el mismo Cristo, autorizan a suponer en Él el establecimiento de un reino material terreno, o la referencia a una resurrección, mil años antes del último día. La interpretación verbal del Apocalipsis ha dado origen a multitud de sistemas milenaristas entre los cuales éste de los Testigos, no es sino uno más con detalles propios, extorsión de textos y demás «arreglos» para subsanar el error de colocar la venida de Cristo en 1914.

La Iglesia Católica no es partidaria de ninguno de estos sistemas milenaristas inventados por los hombres. Subsiste para ella la sentencia tajante de san Jerónimo: «Que se acabe por fin la fábula de los mil años», y nos propone que el Apocalipsis es como un evangelio de la Resurrección y triunfo de Cristo y de su Iglesia en un milenio indefinido, durante el cual Satanás, encadenado, por la gracia de Cristo que santifica a quienes le siguen. Esta vuelta del género humano a la gracia, puede ser la primera resurrección, y la del cuerpo al fin de los tiempos, la segunda.

Esta llamada a la salvación y al premio eterno es para todos, no para un grupo determinado. En el coloquio con Nicodemo (Jn 3, 3-12), al afirmarse la regeneración espiritual, no se da a entender que sea para unos pocos (v. (), la palabra «quienquiera» indica lo contrario.

La filiación adoptiva de los cristianos, es también para todos ellos: «somos hijos de Dios, si hijos también herederos y coherederos de Cristo» (Rom 8, 17). «Vosotros sois linaje escogido, nación santa, sacerdocio real» (1º P 2, 9) son conceptos que se dirigen a todos los cristianos, en una epístola «católica», universal, y este mismo concepto tiene el premio eterno en cientos de textos, entre los que escogemos éste de san Pablo: «…edificio tenemos de Dios, casa no hecha de manos, eterna, tenemos en el cielo» (2ª Cor 5, 1).

El Apocalipsis, interpretado con el criterio de la Iglesia Católica, ilumina el espíritu, vigoriza el corazón y conduce al hombre a la práctica de la virtud, a la santificación. Interpretado de una manera material, conduce a las mayores aberraciones. Por eso los Testigos olvidan las doctrinas cardinales de la salvación y la práctica de ellas. Hablan mucho del Reino, pero olvidan el paso inicial, la puerta para entrar en el verdadero Reino de Dios.

«LA IGLESIA ES LA SOCIEDAD DE HOMBRES QUE ORAN. SU FIN PRIMORDIAL ES ENSEÑAR A ORAR. SI QUEREMOS SABER LO QUE HACE LA IGLESIA DEBEMOS ADVERTIR QUE ES UNA ESCUELA DE ORACIÓN », nos ha dicho Pablo VI. Por esto el cristiano que no rece se arruina espiritualmente, pierde la gracia, la fe. Se expone a la perdición eterna. Que jamás nos olvidemos de levantar el corazón a Dios, cada mañana y cada noche, con las TRES AVEMARÍAS, rezadas sin ninguna clase de rutina.

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