Un día Cristo dijo: “No existe amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Sufriendo y muriendo en la Cruz, Jesús nos dio la prueba más grande de su amor. Recorriendo estas estaciones del VÍA CRUCIS, iremos meditando sobre nuestros pecados, que fueron la causa de la muerte de Cristo, y al mismo tiempo nos preguntaremos: ¿Qué hacemos para que la Sangre de Cristo no sea desperdiciada? ¿Cuánta gente hay todavía que no conoce a Cristo y no lo ama? ¿Qué puedo hacer yo para que se acerquen más a Jesús, que sufrió tanto para salvarnos?
I ESTACIÓN:
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
Ya el profeta Isaías lo había anunciado: “¿Quién podrá creer esta noticia? No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él. Despreciado y tenido como la basura de los hombres, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento. Ha sido Tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Fue detenido y enjuiciado injustamente y herido de muerte por los crímenes de su pueblo” (Is. 53, 1-8).
Nosotros somos aquel pueblo por el que Cristo fue condenado a muerte. Cristo aceptó ser nuestro representante delante del Padre y pagar por nuestros pecados. La condena de Pilatos tenía que recaer sobre cada uno de nosotros.
Señor Jesús, gracias por habernos amado tanto. Ten piedad de nosotros. Ayúdanos a conocer nuestros pecados, que han sido la causa de tu condenación a muerte. Sigue leyendo →