Los católicos no podemos pedir la condenación eterna de los enemigos de la Iglesia de Cristo. Ya tienen en vida su propio castigo; la avaricia, el egoísmo, el odio, sobre todo el odio. Desprecian el amor de Cristo.
Pidamos por su conversión. Que conozcan el fuego de amor del Corazón de Cristo. Que lo amen. Que se salven eternamente.




