Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Padre Alba

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13 miércoles Abr 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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P.Alba, Loles y su padreRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I. Meridiano Católico Nº 188, octubre de 1994

Betania se queda a nuestra espalda. Descendemos por la carretera hacia el Jordán. El desierto de Judá se descubre en toda su impresionante austeridad. Es una llamada de la naturaleza a despreciar lo efímero y poner el pensamiento en lo eterno. Embebidos en esas consideraciones, divisamos repentinamente a nuestra derecha las ruinas del viejísimo mesón que albergó al peregrino de la parábola que cayó en manos de ladrones, de los que fue salvado por la caridad del buen samaritano. Sigue leyendo →

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06 miércoles Abr 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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p. albaRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I. Meridiano Católico Nº 187, septiembre de 1994

Bajando por la ladera oriental del Monte de los Olivos, llegamos en camino de unos dos kilómetros a la “casa de los dátiles”, Betania. La sencillez del lugar nos atrae. Está escondida en un recodo de la gran carretera que une Jerusalén con Jericó. Sólo el peregrino devoto quiere hacer un alto en donde se nos reveló la amistad de Jesús hacia tres hermanos y su omnipotencia al servicio de su amistad.

Allí se conserva la casa de María, Marta y Lázaro. Allí se conserva la sepultura de Lázaro. La pequeña basílica que cubre aquellos lugares sagrados en los que habitó el Señor es de una gran belleza, realzada por los mosaicos hermosísimos que aluden a la amistad del Corazón de Jesús y a su portentoso milagro.

Jesús amaba aquel lugar. En Betania se hallaba Jesús tan a gusto que pronunciaría muchas veces el versículo del Salmo 132: “Aquí habitaré porque la he querido.”

Aquí, en Betania, encontró Jesús corazones que lo amaron sin reservas y lo esperaron ansiosamente en todo momento. Aquí Jesús hallaba el consuelo y la fortaleza humana que su sensible Corazón requería, ante las confabulaciones de los fariseos que le habían ido cerrando todas las puertas de Jerusalén.

María dejaba todas las cosas, que ya nada le interesaba cuando venía Jesús. Estaba plenamente cautivada por el Señor. Amar a Jesús, escuchar las palabras de vida eterna de sus labios, era todo para ella.

Marta ponía toda su inteligencia y su finura espiritual para el único objeto de hacer aquellos días la vida placentera a Jesús, una vida hogareña llena de detalles y muestras de amor.

Lázaro, cabeza de aquella casa, era el sólido amigo de Jesús. Lázaro comprendía la tragedia que se avecinaba para su amigo, y sin duda más de una vez le habría pedido a Dios que dispusiera de su vida para no tener que ver la muerte ignominiosa de su amigo y la traición de su pueblo.

En Betania se desarrollaron los diálogos más sublimes y más enternecedores de Jesús. Algo de ellos podemos adivinar por lo que nos dejó escrito San Juan.

En aquella iglesia, entre aquellas piedras, ante la tumba de Lázaro, se escucha la llamada de Jesús que busca una Betania, un refugio en nuestro corazón. Él quiere ser el Huésped permanente de una amistad que no se concluirá jamás. Para Él un amor fogoso, sin cálculos. Para Él un trabajo sin fatiga para complacerle y darle gloria. Para Él la firmeza de una amistad varonil y fiel que le compense de la ingratitud de tanto oportunista.

Quiero acabar con la transcripción de un texto. Hay una placa en la antecámara de la tumba de Lázaro, que dice así: “La gloria de Dios se puede ver en aquellos que ponen su fe en Jesús en los tiempos de mayor angustia y desesperación: ellos están persuadidos de que Él es mayor que cualquier aflicción, ¡aun mayor que la misma muerte!

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30 miércoles Mar 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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P.Alba con Rafael Stern en el Colegio Corazón Inmaculado de

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I. Meridiano Católico Nº 186, julio-agosto de 1994

No puedo sustraerme en este mes de junio de 1994 en atraer vuestra atención sobre la conmemoración de los veinticinco años del nacimiento de la Unión Seglar de San Antonio María Claret.

Un grupo numeroso de sacerdotes de la Asociación de religiosos y sacerdotes de San Antonio María Claret había convocado para el 26 de junio a las 8 de la tarde a todos los seglares que sintieran en su corazón la tragedia que vivía el mundo y sobretodo la auto-demolición de la Iglesia que había denunciado el Papa, causa del desconcierto universal en que se encontraban los hombres.

Hacía medio año exacto de la muerte del P. Piulachs, fundador de la Asociación de Sacerdotes. En sus Estatutos se decía como aspiración de la Asociación, que al calor de los sacerdotes, se constituyeran agrupaciones de seglares, que con el mismo espíritu mantuvieran la lealtad a la Iglesia, traicionada en tantos lugares, y desarrollaran en su vida profesional un apostolado de reconquista y evangelización, en medio de una sociedad descristianizada, y en medio de los  ambientes de herencia aun católica, pero destrozados en pensamiento, acción, oración y vida moral y litúrgica, por la herejía progresista, como la llamó S.S. Paulo VI.

Aquella generosa reunión de seglares se convocó como no podía ser de otra forma en la Basílica de La Merced. Era la Casa de la Virgen Madre, la que había descendido a Barcelona para la fundación de la orden de Nuestra Señora de la Merced. Allí quiso la Virgen se fundara también la Unión Seglar. Estaba la iglesia llena de fieles. Mn. Ricart, que fue tantos años brazo derecho del P. Piulachs, predicó con fervor la llamada de María a una nueva empresa de seglares. La lectura de la “Declaración del Pueblo de Dios” centró la oración y el sentimiento de aquella multitud que oyó la llamada de Dios en un actualísimo “Dios lo quiere”. Se entregaron nombres, se habló de organizarse. La Virgen María lo hizo todo. Ella plantó la semilla de la Unión Seglar que había de fructificar en los nobles corazones de nuestros fundadores.

Ahora mi alma se vuelve al alma santa del P. Piulachs que está en la base de todas estas cosas. Ahora mi alma se vuelve conmovida hacia el alma de nuestros fundadores, los fieles de la primera hora, donde la Virgen Madre encontró la tierra buena, colaboradores de la Obra de Dios. Pero especialmente se vuelve mi alma hacia los fundadores de la primera época que nos han precedido en la marcha a la Patria celestial, y duermen el sueño de la paz. He conocido almas muy santas. He conocido sacerdotes de virtud eximia. Los he visto en medio de las persecuciones de que hemos sido objeto, no perder su calma, no perder su decisión de seguir son fidelidad la vocación a la que fueron llamados. La Unión Seglar tiene un tesoro escondido en el Corazón del Señor, en donde están escritos los nombres de quienes nos enseñaron con su ejemplo, nos sostuvieron con su oración, e interceden por nosotros ante Dios.

La Unión Seglar, renovada casi por completo la primera generación, sigue su marcha, dispuesta a honrar a sus mayores, caminando por el camino que ellos nos marcaron.

Estamos en los últimos tiempos. Debemos tener alma de cruzados y de santos. Debemos confesar intrépidamente a Cristo, con la seguridad de que así se acerca más y más su Reino. Ese Reino que será en España el triunfo de su Sagrado Corazón, y en el mundo también, gracias a la fe y al heroísmo de nuestros mártires, de nuestros Santos, de la súplica de las almas santas de nuestra Unión Seglar, y sobre todo de la señal victoriosa de María y su promesa de la victoria de su Corazón Inmaculado.

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23 miércoles Mar 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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P.Alba, SJ

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I. Meridiano Católico Nº 185, junio de 1994

Hay panoramas que se llevan en el alma. Por ello la mirada se introdujo en la contemplación de lo que nos lleva en derechura al Creador. Paisajes amados trascendidos en la soledad íntima de la presencia inexplicable y del recuerdo. Rutas repetidas compostelanas, presentes siempre en el espíritu; pasos intemporales por la tierra de Jesús, compañía de nuestro pensamiento y nuestra sangre. Estampas que marcan etapas fronteras en la vida que se descifra en ellas con la presencia de lo que fue y de lo que es.

Atesoro entre todas ellas, por encima de las demás -Guadalupe de Fuenterrabía, Comillas, Garabandal, Veruela, Moncayo, noches de Tibidabo sobre la urbe amada, Pollensa desde la Victoria, Fontilles con nieve hasta Denia, Fátima húmeda en horas de soledad y tantas otras y más guardadas en el corazón, la imagen de la ciudad que es la imagen de nuestra alma, contemplada en éxtasis de luz. Es la ciudad de Jerusalén contemplada desde el mismo lugar que la contempló el Señor tras las lágrimas de sus ojos.

Aquí lloró el Señor al fijar su mirada en la ciudad. Es a la bajada de Betfagé. Huertos amenos de olivos y flores. De Pronto, la vista de la ciudad. Lloró el Señor abundantemente. Lloro sin sollozar. Lloró el Señor sin esfuerzo de pena visible. En medio de la alegría y el bullicio de las ilusiones humanas de la multitud. Lloró pausadamente, como brotan las lágrimas en la paz de los dones místicos. El alma tres veces santa del Señor, fluía en lágrimas por sus ojos ante la vista de la ciudad insensata y querida, infiel y sagrada, terrena y celeste. En la soledad de los hombres que aclaman, las lágrimas incomprendidas del Señor.

Hoy en aquel lugar posee una capilla que amarga entre cipreses y pinos familiares. Tiene un nombre estremecedor: “Dominus flevit”. El Señor lloró. Sobre el altar hay un enrejado con los símbolos de la Sagrada Eucaristía. Frente al altar no hay retablo, ni imágenes. Una cruz de hierro, un enorme ventanal y el espléndido panorama de toda la ciudad de Jerusalén: Al alzar en la consagración el sacratísimo Cuerpo y Sangre del Señor, se contempla, a través del misterio eucarístico, la luz de la ciudad. Se contempla la ciudad más allá de Cristo, el Señor. El mismo Señor Jesucristo, desde las manos del sacerdote vuelve a ver toda la ciudad santa. Una avenida de lágrimas puja anegar nuestros ojos.

Lloraron Esati y Jacob al encontrarse muerto ya su padre. Lloró Jacob alcuello de José y lloró José abrazado al pequeño Benjamín. Lloró Ezequías. Lloró la madre de Tobías. Lloró Ana, la madre de Samuel. Lloró Estar… Lloró Jesús ante el sepulcro de Lázaro. Pero ahora llora Jesús ante la ciudad. La ciudad de Jerusalén. También la ciudad en la que habito, me muevo, soy conocido, consumo mis días. La ciudad que es además ni alma, que es la ciudad de las almas. Por eso son otras las lágrimas del Señor. Son las lágrimas del Redentor que habla con Dios Padre: “Da mihi animas calera tolle”. Sí, son las viejas palabras del Génesis: “Dame las almas y quítame todo lo demás”, también la vida y la honra. En aquel altar, a través de las lágrimas del Señor, se descubre uno de los caminos para entrar en la vida íntima del Sagrado Corazón y en sus misterios de misericordia.

La vista de la ciudad nos cautiva. El Señor se hace presente junto al altar. La piedra y las murallas de Jerusalén son luz de oro, y anuncian la luz de la nueva Jerusalén que tiene luz sin luz. Al volver la mirada hacia dentro en busca de lo interior, tropieza la vista con el bellísimo mosaico del frontis del altar. Es la gallina que recoge a sus polluelos bajo sus alas. La oración me llevó a los santos de la Unión Seglar.

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

16 miércoles Mar 2016

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

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Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

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