Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Padre Alba

Página para meditar 152

27 jueves Ago 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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palbaOs escribo estas letras desde Loyola, desde la Casa Santuario, pues aunque es verdad que las redacto ahora en mi despacho, las concebí en Loyola, meditando en aquel santo lugar, durante la reciente peregrinación para el Jubileo del Año Santo Ignaciano.

Es impresionante celebrar una Santa Misa, en la cámara en la que se reponía San Ignacio, hoy convertida en la Capilla de la conversión. Allí donde “se entregó a Dios !higo de Loyola” y donde se le apareció la Santísima Virgen María, para llamarle al servicio de su Santísimo Hijo. Allí contempló a la Virgen San Ignacio “claramente por espacio notable, con una consolación excesiva”, que le duró toda la vida. Esa capilla es uno de los lugares más santos de la Cristiandad, En aquella estancia, María “visitó” a su hijo convaleciente lñigo de Loyola. De aquella estancia, por la acción de María, nació el hombre nuevo, Ignacio de Loyola, Patriarca de la Iglesia de la Contrarreforma, y de los tiempos modernos. Con San Ignacio, recibirá la Santa Iglesia, no solamente una ayuda inapreciable para su restauración interior, la verdadera autorreforma, por la que respiraba lo más santo de la Cristiandad, sino que con San Ignacio se había de marcar la raya divisoria de la separación de la iglesia de la llamada “modernidad”, que no es otra cosa que la anti-cristiandad, hasta nuestros días.

Esa anticristiandad es el subjetivismo religioso, filosófico y moral, Es la religión humanista, autónoma, sin María. San Ignacio será la norma viva del apego a la Tradición, al magisterio tradicional de la Iglesia, y siempre de la mano de María.

En sus primeros pasos de la convalecencia, caminaba a la cercana ermita de Nuestra Señora de Olatz. Después caminará a Aránzazu. Después caminará a Montserrat. Caminará a Nuestra Señora de la Salud de Viladordis, en Manresa. Caminará a Nuestra Señora de los Mártires, donde nacerá la Compañía de Jesús, Y como premio a su caminar a la Virgen, se quedará con la Virgen del Camino, Nuestra Señora de la Estrada, que será su compañía en Roma, hasta su muerte, Sin la Santísima Virgen no se puede entender a San Ignacio, Es la Virgen María la que hace a San Ignacio el soldado y amigo fiel de su Hijo divino, Esa protección especialísima de María y ese amor distinguidísimo de San Ignacio hacia Elia, realiza la maravilla de ver que San Ignacio desde el momento de su conversión, no tiene ya la más mínima cesión con la “modernidad” y el espíritu mundano, disfrazado de la expresión ambigua de “modernidad”.

¿Somos lo suficiente amadores de María, como para vivir lejos de la modernidad?

¿A qué es debido que tantos cristianos, también de entre los nuestros, pese a haberlo oído tantas veces, se hacen sordos al llamamiento de la Virgen y siguen atados a la TV, a las modas inmodestas, a las costumbres mundanizantes?

Fallamos porque no está bastante María en todo ello. No somos ignacianos de la restauración católica; somos aficionados a que sean otros los decididos. Preferimos militar “moderadamente” en la atmósfera de la modernidad.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 152, junio de 1991

Página para meditar 151

25 martes Ago 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaEn este año ignaciano, la Iglesia pretende que no sólo los jesuitas sino todos los que se sienten discípulos de San Ignacio, se hagan más ignacianos, más “fieles” a su carisma. Se trata de seguir las pisadas de San Ignacio en su vida mortal. Esa es la llamada para todos nosotros en este Año Ignaciano.

Se desenvuelve esta conmemoración centenaria en la dirección de fidelidad al espíritu de San Ignacio, al espíritu de la Compañía que él fundó, que es en todo servir a la Santa Iglesia, verdadera Esposa de Cristo.

Por eso queda uno admirado, si no sorprendido, al oír hablar, dentro del espíritu ignaciano, de “otras” “fidelidades”. He oído hablar de ser fieles al “carisma de San Ignacio, en un San Ignacio para nuestro tiempo”; “ser fieles al carisma ignaciano en el General tal o cual”; ser fieles al mismo tiempo al “propio país” o “a Cataluña” si viene al caso. ¿Hay que tener en cuenta “otras” fidelidades? ¿Tiene esto algo que ver con el Año Ignaciano?

Porque ¿cuál es el carisma de San Ignacio? El que aprobó la Iglesia. El que quedó fijo en las Constituciones, Cartas, Ejercicios Espirituales. Esa es la única fidelidad en la que debemos seguir. El camino de San Ignacio no es para “su” tiempo. Es para todo tiempo. La Iglesia si aprobó todas las Reglas y Constituciones y el Libro de los Ejercicios de San Ignacio para todos los tiempos.

Tampoco se trata de ser fiel a tal o cual teólogo, intérprete de San Ignacio, General tal o cual. Los verdaderos intérpretes de lo que quería y deseaba San Ignacio para todos sus hijos son los Santos jesuitas. El espíritu de la Compañía no es el de una reunión de espiritistas, que creen a su propio talante en el “espíritu” que les inspira. El espíritu de la Compañía es el que queda marcado por todo lo legislado por San Ignacio y lo que decretaron las Congregaciones Generales aprobadas por los Papas. Los PP. Generales de la Compañía han de entregar el ser de la Compañía, de forma incontaminada, a sus sucesores, El gobierno y administración de un P. General no es para “inventar”, sino para trasmitir e impulsar a la mayor imitación de San Ignacio, Hablar de otra manera, justificando tensiones o particulares puntos de vista, es adulación, culto al hombre y no a Dios, a quien hay que obedecer antes que al hombre.

¿Qué es ser fieles al “país”? ¿A qué país? ¿Qué se esconde detrás de esa ambigüedad?

País es el valle del Urola. San Ignacio fue fiel a su país muriendo en Roma y no volviendo a habitar en su casa natal. San Francisco Javier fue fiel a su valle navarro muriendo en la isla de Sanchón, San Pedro Claver fue fiel a su villa de Verdú, evangelizando en Cartagena de Colombia. Ser fiel a su estirpe natural no es quedarse en estatua de sal, sino amarla, porque en ello cumplimos el cuarto de los Mandamientos de la Ley de Dios, preocupándonos por encima de todo de ser fieles a la gracia de nuestra vocación, que perfeccionará nuestra estirpe natural hasta llevarla a ser pregonada en los confines de la tierra.

¿Qué es ser fiel a Cataluña? ¿A qué Cataluña? ¿La de las teorías de Xirinachs, o la de los cálculos económicos de un Trías Fargas, o la del laicismo masónico de un Companys o la de la burguesía oportunista de La Vanguardia? ¿O bien la del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat? Porque una interminable serie de políticos, ideólogos, periodistas, han transformado con fantasías a Cataluña en un término equivoco de contradicciones inextrincables, ¿Tiene todo esto algo que ver con el Año Ignaciano y la fidelidad a San Ignacio? Esto no es serio.

Que para todos nosotros sea el Año Ignaciano una renovación en nuestra Vida espiritual y en nuestro afán apostólico. Y que nuestra renovación interior sea la de vivir con más intensidad, en cuanto con la divina gracia posible fuere, la vida de perfección a la que fuimos llamados por los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Dejemos de lado para eruditos y autocomplacientes las disquisiciones de “otras” fidelidades.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 151, mayo de 1991

Página para meditar 150

23 domingo Ago 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaLa Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, que es el fundamento de toda nuestra fe y nuestra vida cristiana, es el hecho más portentoso de toda la Creación. Muerto por los enemigos que creyeron asegurar, con su muerte, el triunfo de sus odios, y resucitado por el amor a los suyos que estaban en el mundo, para llamarlos y llevarlos consigo a la Vida eterna.

Como recapitulación de su pasión y muerte, y de toda la obra de la Redención, ha querido el Señor dejarnos en su santísimo Cuerpo las insignias de sus cinco llagas gloriosas, las que certificaron con rasgón de sangre su muerte en cruz.

Vienen a ser a manera de gloriosa insignia, por el mérito de su victoria. Desde entonces no solamente la Cruz es la señal de la victoria, sino que en las llagas encontramos la fuerza para nuestra victoria diaria, la de nuestros miedos al mundo, la de nuestras pasiones, la de la independencia y autonomía de nuestro yo, que se quiere endiosar, en lugar de dormirse en la voluntad de Dios.

Viene a ser a manera de reliquia perenne, recuerdo y estímulo de su amor a nosotros. Recuerdo y estímulo del amor que debemos también nosotros entregarle a Quien por mí y por todos murió en la cruz para salvarme.

Viene a ser a manera de memorial escrito en sangre que el Señor presenta al Padre Eterno, en demanda de perdón, misericordia, gracia y mercedes para sus redimidos. Por esas llagas podemos ser santos. Nunca nos negará el Padre las gracias necesarias para alcanzar una santidad excelsa, nunca nos pueden faltar las gracias necesarias para imitar a Jesucristo y seguirle de cerca como le siguieron los grandes cristianos, los santos y mártires de todos los siglos.

Viene a ser el argumento irrecusable de la condenación de los réprobos. A pesar de la infinita misericordia de Dios, que brotaba a raudales de esas llagas, a pesar del infinito amor, prefirió el desprecio a la gratitud, prefirió las tinieblas a la luz de gloria de las llagas, Las llagas explican el cielo lleno de bienaventurados. Las mismas llagas, explican el infierno, lugar de los condenados.

Decía el profeta Zacarías: “¿Qué son esas llagas abiertas en tus manos?”. Y dirá: “Con ellas fui lastimado, entre aquellos que me amaban, a aquellos que yo amaba y estaban tan obligados a mi amor…”.

Adoremos devotamente en nuestras comuniones las santas llagas. Entrémonos por la llaga del costado en el Sagrado Corazón. Vida divina a la que estamos llamados.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 150, abril de 1991

Página para meditar 149

31 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaLa Novena de la Gracia que tenemos a la vista, en honor de San Francisco Javier, recibió este nombre por un como plebiscito popular, al comprobar el pueblo cristiano la verdad de la promesa hecha por el Santo al P. Marcelo l1astrilli, al que curó milagrosamente y prometió que concedería la gracia que se le pidiera en el transcurso de una novena para suplicar su intercesión.

Años después el P. Filipucci experimentaría en sí mismo, por un nuevo milagro que le devolvió la salud, la verdad de la poderosa intercesión de San Francisco Javier. Al P. Filipucci se le deben las oraciones de la novena que seguimos rezando y que él imprimió en Lisboa en 1695. A él debemos también la fijación de las fechas 4 al 12 de marzo para concluir la novena el día de la canonización del Santo.

Gracias a la Novena de la Gracia, tiene la Iglesia un nuevo Santo y la Compañía de Jesús un mártir. El niño Juan de. Britto, de muy delicada salud, que era paje en la Corte de Juan IV, rey de Portugal, inducido por el P. Filipucci, hizo con su piadosísima madre la novena dela gracia, y no solamente recuperó la salud, sino que pudo ingresar en la Compañía y partir como misionero al Malabar, donde halló la corona del martirio, después de llevar una vida misionera émula de la de San Francisco Javier.

El Venerable P. Hoyos, Apóstol del Corazón de Jesús, recurrió en su difícil empresa a la Novena, y confesó después haber sido visitado por San Francisco Javier, quien le dijo que complacería sus deseos y que por todo el mundo se· extendería el culto al Sagrado Corazón.

Conocidísima es la petici6n de Santa Teresita del Niño Jesús, de poder pasar toda la eternidad haciendo el bien, descargando una lluvia de rosas sobre la tierra. Confesó poco antes de morir que había pedido la gracia .de seguir haciendo el bien después de su muerte y que estaba segura de haber conseguido esa gracia, «porque por medio de esta Novena,-son sus palabras- se obtiene todo lo que se desea.».

En nuestro tiempo, fue otro Santo, el gran apóstol de la Novena. Nada menos que el Santo Pontífice San Pio X. El favoreció constantemente la difusión y conocimiento de la Novena y de la devoción a San Francisco Javier. De este Santo Pontífice son estas palabras:»Hace ya cerca de tres siglos que los fieles acostumbran a recurrir confiadamente a. San Francisco Javier, principalmente por medio del devoto ejercicio, al que por su grande y comprobada eficacia, no dudaron en llamar Novena de la Gracia.»

Son innumerables las nuevas citas que podríamos añadir. Basten las que anteceden para que nos animemos a vivir una Novena con todo fervor y con la confianza más completa de obtenerlo que el Señor nos inspire que debemos pedir.

Necesita de la intercesi6n de San Francisco Javier, nuestro Padre Santo, la Iglesia y las Misiones, la Unión Seglar y nuestras obras. También nuestra familia. Ojalá hubiera entre nosotros muchas madres como la de San Juan de Britto, que pidi6 para su hijo la salud, la gracia de ser jesuita, y la. de ser misionero. A su generosidad de madre, el Santo, la coronó con la bendición extraordinaria de ser la madre de un mártir.

Queridos míos: no empequeñezcamos nuestras vidas. Vivamos a lo San Francisco Javier, so fiando, anhelando, pensando, viviendo a lo grande, para ganar el mundo entero para Jesucristo.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 149, marzo de 1991

Página para meditar 148

22 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaUno de los engaños del progresismo moderno, que ha esterilizado tantos corazones generosos y ha desviado a tantos incautos, ha sido el proponer como deseo de la Iglesia el abandono de las tradiciones particulares de las asociaciones y de los institutos religiosos, el abandono de costumbres seculares y de maneras de proceder bien fundadas, en aras de un cambio que de momento sería la destrucción de lo anterior, pero que al poco tiempo daría lugar a unas nuevas formas de religiosidad, de apostolado, de presencia de la Iglesia en medio del mundo, que constituiría la nueva juventud de la Iglesia que nuestra edad necesitaba.

Para vencer la natural resistencia de quienes tenían presente la enseñanza de San Ignacio, de que “en tiempos de desolación no se deben hacer mudanzas”, se esgrimió, con las apariencias de una comprensión caritativa hacia todos, la idea del pluralismo y del respeto a todas las opiniones y actitudes, a fin de lograr una convivencia armónica entre todos. El sofisma consistía en trastocar el respeto y la caridad que se debe al hombre y a la persona que yerra, con el respeto y la intangibilidad de las- ideas erróneas. Por eso el pluralismo se entendió a la postre como la libre interpretación del pensamiento y de las maneras de proceder, como la creatividad espontánea, que sin salirse del todo de los “esquemas” que teóricamente se repudiaban, se vivía gracias a ellos y se vegetaba sobre los restos que quedaban de la fecundidad anterior.

Estaba latente en el pluralismo la idea más radical del relativismo. En ese relativismo cabía ya todo y era el sustentáculo filosófico que todo lo posibilitaba, todo lo justificaba y alimentaba con la etiqueta pluralista. Ese pluralismo traería una auténtica renovación de la Iglesia, anquilosada, parada en el tiempo, incapaz de aceptar el mundo moderno. Vendría la “primavera” de la Iglesia, Sin embargo todas estas utopías han constituido un estrepitoso fracaso. ¿Dónde están los cines debate, los cine forum, las agrupaciones juveniles sin formalismos, las experiencias mixtas, los que profetizaban tiempos de autenticidad y aperturas avasalladoras? Las iglesias se han vaciado de jóvenes, lo mismo que las casas religiosas y sólo quedan grupitos invertebrados. En Santiago lo comprobamos: cientos de miles de jóvenes, llamados por el Papa, pero sin consiliarios, sin directores, sin agrupaciones apostólicas reunidas por los nuevos profetas. Era la juventud católica, unida con el Papa, e invertebrada en todo su conjunto.

La explicación es muy clara: al romper el progresismo y sus epígonos con el pasado, no solamente rompieron con lo que decían accesorio, sino que rompieron con la tradición, sin la cual es imposible el progreso verdadero y la fecundidad. En esa situación es casi imposible volver a las fuentes y realizar la auténtica reforma que hubiera deseado la Iglesia.

Esa es la razón, por la que la Unión Seglar, siguiendo a San Ignacio, no se movió. Tuvo que oír los epítetos de conservadora, de anticuada, de integrista, de retrógrada, de tridentina etc. Se vio postergada e ignorada voluntariamente en el ambiente eclesiástico más o menos “oficioso”. Pero esta postura acaba de tener una esplendorosa confirmación con la decisión del Papa de permitir a las Carmelitas Descalzas que lo deseen seguir en todo las Reglas y Constituciones que en 1581 dejó Santa Teresa para sus monjas, para seguir así, en una reforma de fondo, el espíritu y la letra de la Santa. Más, de cien monasterios empiezan, con la bendición del Papa, esa reforma, que pone a todas esas generosas carmelitas descalzas, en consonancia, no solamente con lo que la Iglesia ha querido en el sino con el verdadero ser de una carmelita de Concilio Vaticano II, Santa Teresa.

Seamos nosotros como nos quisieron quienes nos dieron el ser: la Virgen de la Merced en 1969 y el P. Piulachs.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 148, febrero de 1991

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