Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Padre Alba

Página para meditar 147

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Padre Alba, Uncategorized

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Por ser un principio de año, me voy a extender algo en esta meditación, pues he pensado muchas veces en vosotros a través de ella.

Padre Alba ISan José y la Virgen que con Jesús en su seno parten de Nazaret, dejan a Jerusalén y llegan a Belén, donde va a nacer Jesús.

Nazaret.- Era la vida de familia, de paz de orden interior y exterior, de vida de previsión y de acontecimientos “controlados” cada día en su cotidiano discurrir humano y divino. En Nazaret, los dos santos esposos se hallaban bien, estaban a gusto, esperando la llegada de su divino Hijo. Sin embargo, se trunca inesperadamente aquella mansión de paz, irrumpieron las preocupaciones, la precariedad, la intemperie, los disgustos, y el sentirse como abandonados de aquella dulce protección con la que se había tejido la vida de su hogar. A nosotros se nos llama periódicamente a dejar nuestro Nazaret, en el que creímos vivir a gusto, desde donde íbamos a poder capear con ventaja humana y espiritual las circunstancia adversas… Pero entraron repentinamente y por donde menos lo podíamos esperar, las sacudidas de las preocupaciones agobiantes, las que no estaban precisamente “controladas” en nuestro programa… Fueron, hijos, mujer, marido, trabajo, estudios, economía, desilusiones, aislamiento, soledad, desolación en mi ambiente y en mi interior… ¿No os ha pasado algo de esto a todos? A unos más, a otros menos.

¿Qué hacer? Avanzar, avanzar, sin desaliento por una senda donde hay menos luz de la tierra, pero más claridad en el seguimiento de Cristo. ¡Ah!, sí, la sabiduría ignaciana, de no hacer mudanza… Dejaros, desposeeros, abandonaros, para encontrarnos cada día más con Él. Ese disgusto, esa pena que disimulo, esa preocupación que se ha hecho paralela con todo mi acontecer diario, ha venido en buena hora, es la hora de Jesús. Un día llegará en el que todo nuestro Nazaret, el Nazaret que hemos levantado con ilusión, desaparecerá. Era preciso para que Él viva en mí y yo en Él. Señor, Señor, no dejo el Nazaret que amo. Me dejo a mí para hallarme contigo en el nuevo Nazaret que me has levantado Tú y no mi vana, aunque buena ilusión mía.

Jerusalén.- Es la ciudad, la ciudad del Señor. La ciudad que es imagen de la ciudad definitiva. Pero la Sagrada Familia, no se detiene en ella. No puede, porque debe pasar a lo largo de ella, hacia el sur. La ciudad de Jerusalén queda atrás. Ahora no es tiempo de poseerla todavía, de morar tranquilamente en ella, sino de esperar. Esperar la hora de Dios, cuando se realice el ideal. Hay que luchar por el ideal, aspirar a él, anhelar el día dichoso en el que ese ideal sea realidad. Hay que esperar sin desánimo para hacernos dignos de morar un día en Jerusalén. La Patria que deseamos, la que debemos acariciar en nuestro corazón y tener ante nuestros ojos como la ciudad en el alto, un día cuando suene la hora de la plenitud de la Voluntad de Dios y del premio de sus elegidos, será una realidad en la historia de los hombres. Está escrito, “te daré en posesión hasta los confines de la tierra”; pero aún no podemos morar en esa ciudad santa. La gloria de Dios está ahora en no ceder en la empresa, una empresa que para millones de buenas gentes es utópica e imposible. Y sin embargo llegará un día Jerusalén para nosotros, y en ella moraremos nosotros, o nuestros hijos… para que quede cumplida la Voluntad de Dios, el día en que le alabarán todos los reyes y le sirvan todos los pueblos.

Ahora nos toca esperar en Dios que cumple sus promesas, orar, ansiar esa Patria, antesala de la salvación general, que podrá llevarse a término en un corno cuerpo místico de todas las naciones unidas y fundamentadas en el Rey de reyes.

Con la Sagrada Familia, veo a lo lejos las bellas murallas de Jerusalén y la maravilla del templo de Dios, pero sigo adelante porque Jesús ha de nacer aún en Belén, y morir y resucitar, antes de que Jerusalén sea del todo suya y nuestra. Sí Señor, creemos en esa esperanza, viviremos esa esperanza, ya en nuestro corazón ha nacido esa esperanza, por la que lucharemos y que trasmitiremos sin cansancio a nuestros hijos, discípulos y compañeros de peregrinación.

Belén.- Es la casa de pan. Aquí reposarán al calor del hogar y del pan José, María y Jesús. Gozos íntimos, gozos de amor ordenado, porque todo está ordenado en el amor.

En Belén me ordenaste en el amor. Aquí dejé en el olvido Nazaret. Aquí pienso en Jerusalén, sin angustia de llegar. Aquí Jesús, María y José son pan. El pan que encarna el Pan de vida. A la sombra de Belén reposaré y sus frutos son agradables a mi paladar, para confortarme en la gran travesía de la vida hacia ti. Paz en Belén, pero paz en el destierro. Porque toda vida es destierro. Hay que atravesar la ronda de la ciudad para encontrar al Amado. Ahora le tengo Niño, pero aún no le poseo completamente, porque me poseo demasiado a mí. SO rico de mí, y necesito ser pobre en Belén. En la pobreza y el desasimiento de Belén, aprenderé a quitarme la tónica y vestirme el nuevo vestido que me haga desfallecer de amor.

En Belén se firmará mi estad, hasta que en sueños me avise el ángel que es hora de partir. Sí, porque al fin y al cabo, el pan de Belén es pan de destierro. Pero el destierro es para ordenarme en el amor. Blanco pan de Belén, con Jesús, María y José, escuela de mi afecto.

Cuando os tengo en la presencia de mi alma, toda ella memoria, os deseo siempre una felicidad sin límite. Vuestra memoria se agudiza en estos días santos de Navidad y Año Nuevo, en la que pido para vosotros al Señor, no los oropeles espirituales, sino la felicidad verdadera que se encuentra donde mora el Señor que ya vino y nos lleva con Él. Desde Nazaret, en Belén, hacia Jerusalén.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 147, enero de 1991

Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión y santa formación.
Dos niveles: de 11 a 15 años
y de 16 en adelante.
Del 27 de julio al 10 de agosto de 2015.

campamentosdelpadrealba@gmail.com

Página para meditar 146: vivir en oración

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaEn este Año Ignaciano, deberíamos reflexionar durante todo él, cómo va mi oración, y si sigo la enseñanza de mi maestro San Ignacio que tantas veces me ha enseñado a través de los Ejercicios Espirituales el camino para transformarme en hombre contemplativo que vive en oración.

Vivir en oración, no es lo mismo que hacer oración o dedicar tiempo a la oración. Debemos sí, necesariamente, hacer oración, dedicar tiempo fijo a la oración, para llegar a vivir, cuando el Señor lo decida, en oración.

Si viéramos el mal que nos inferimos por abandonar la oración y perderla constancia en la oración, nos apartaríamos de los que nos la estorba (activismo, pereza, rutina, inconstancia…) como del mayor mal. Pena grande sería comprobar que en nosotros pudiera cumplirse lo que dice la Sagrada Escritura, que Dios miró a la tierra y no halló a nadie que se recogiera y meditara en su corazón. O la recriminación amorosa de Nuestro Señor Jesucristo: “¿No pudiste velar cada día un cuarto de hora conmigo?”.La oración es lo más excelente que podemos hacer. Porque es a Dios a Quien nos dirigimos. Porque la ocupación de la oración es la más trascendental, la más suprema, la incomparable con las otras ocupaciones, por nobles y urgentes que ellas sean. Es la ocupación que tienen los bienaventurados, y en sustancia la misma que tiene el hombre que ora. Pero es que además el alma se eleva sobre sí misma, sobre todo lo temporal, se familiariza el alma con Dios y se va espiritualizando, endiosando, llegando a serlo que nos enseña San Pablo, que somos conciudadanos de los Santos y familiares de Dios. Cuando oramos escondidos en un rincón de nuestra habitación en la misma presencia de Dios, nos ponemos en la realidad cristiana y nos adentramos en el misterio de Dios que habita en nuestros corazones. En la oración creemos, esperamos, amamos, contemplamos, adoramos, conversamos, discurrimos, reflexionamos, nos desahogamos, excitamos afectos, deseos, propósitos, súplicas, actos de arrepentimiento, en una palabra todo el conjunto de maravillas interiores que bajo el influjo de la gracia, se levantan en nuestro interior. Por eso se ha dicho que la oración es la respiración del alma, porque sin respirar en la oración el alma está muerta, cómo muere el cuerpo que no puede respirar. La gracia divina nos mueve a orar, para llevarnos a construir en nosotros el hábito sobrenatural de la oración, que es el anticipo de la contemplación y de la vida verdaderamente santa y divina. Dios siempre nos acoge en audiencia para orar. A cualquier hora, en cualquier situación y respondiéndonos siempre. Dios no tiene tiempo y está siempre dispuesto a nuestro tiempo, en cualquier momento que queramos estar con Él, porque sus delicias son conversar con los hijos de los hombres. Discípulos de San Ignacio: no cometáis el gravísimo error de dejar la oración. No cometáis la enorme equivocación, de hoy sí y mañana no, en oración. No contristéis al Espíritu de Dios que quiere gemir en vuestro interior con gemidos inenarrables, abandonando por sombras de un instante, la oración. San Ignacio quiere llevaras a ser hombres que vivan en oración. Sólo así seréis santos.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 146, diciembre de 1990

Página para meditar 145

01 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.Alba, SJ

P.Alba, SJ

En el año 1491 nacía en el castillo de Loyola, San Ignacio, el octavo hijo de una familia de once hermanos. Casi cincuenta años después el 27 de Septiembre de 1540 el Papa Paulo aprobaba en Roma la fundación de la Compañía de Jesús.

Entre estas dos fechas, 27 de Septiembre, con los 450 años de la fundación de la Compañía de Jesús, y el 31 de Julio, fiesta de San Ignacio celebramos en 1990-1991 el año ignaciano, que quiere poner ante nuestros ojos con renovada luz, la figura de aquel santo que a los 500 años de su nacimiento sigue siendo el maestro espiritual más común de la Iglesia en los tiempos modernos.

No fue San Ignacio un teólogo de profesión, ni un escriturista, ni un escritor ascético. Aquel hombre que vivió 30 años entregado a una vida mundana; que convertido al servicio de Cristo Rey, inicia su etapa de santidad hasta que entre mil visicitudes reúne los compañeros que habían de participar de su mismo ideal; aquel hombre que una vez aprobada su “mínima compañía”, querrá que no sea “suya”, sino “Compañía de Jesús”, tendrá en los dieciséis restantes años de su vida una actividad de gobierno y dirección impresionante como lo demuestran sus 6.500 cartas conservadas, y los mil jesuítas que de una forma u otra se habían agrupado en la Compañía a su muerte; aquel hombre, que aunque achacoso ya por su vida penitente, con una clarividencia del juicio admirable, escribe las Reglas y Constituciones de la Compañía, y encontraba tiempo aún para sus notas espirituales intimas y la atención a otros muchos asuntos de la Iglesia; aquel hombre irrepetible por la grandeza de su corazón, la visión universal de sus afanes, nos dejó, algo más importante aún, y fue un librito de apuntes de su primera época de conversión, en el que apuntaba las “luces que el Señor le comunicaba” y que podrían ser de “alguna utilidad” para otros y que luego a lo largo de su vida completó con muy ligeras añadiduras que en nada variaban el núcleo fundamental terminado en Manresa. Ese es el Libro de los Ejercicios, libro esquemático, sustancioso y personalísimo, todo él diríamos subjetivo, como fruto de su experiencia interior espiritual, pero universal, objetivo en el pleno sentido de la palabra, porque es la plasmación en sus cortas líneas de toda la ortodoxia católica y de toda la tradición dogmática y espiritual católica enmarcadas para emprender el camino de la perfección a la que es llamado todo hombre, según su estado y el nivel de gracia a que el Señor le tiene destinado.

Por los Ejercicios Espirituales, es San Ignacio el maestro indiscutible de la vida espiritual católica de los últimos cinco siglos de la Iglesia. Maestro espiritual, director de almas, organizador de conciencias y mentor más lejano o más próximo de cuanto ha sido y es en la Iglesia desde su conversión hasta nuestros días. Todo a través de sus Ejercicios Espirituales que a millones de hombres han santificado y han hecho surgir heroísmos de santidad en todos los grupos sociales y en todos los pueblos. Solamente en el cielo podremos contemplar el bien inmenso que han hecho los Ejercicios Espirituales.

Nosotros hijos espirituales de San Ignacio, todo se lo debemos también en el orden de la gracia a los Ejercicios Espirituales. Amemos los Ejercicios, practiquemos los Ejercicios, pongámonos como meta preparar un nuevo ejercitante para este año ignaciano, a fin de que siga en crecimiento el número de los que se salvarán y se santificarán por- los Ejercicios Espirituales. Y demos continuas gracias a Dios por habernos llamado a Ejercicios como camino seguro para amar a Dios en su servicio.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 145, noviembre de 1990

 

Página para meditar 144

26 viernes Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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 P.albacena            Al comenzar el nuevo curso, quiero responder a las preguntas que con frecuencia os formuláis, con motivo de las defecciones que llamativas o “discretas”, verificáis cada temporada en las filas de la Unión Seglar. Hay nombres recientes y no tan recientes que están en la memoria de todos. ¿Por qué no perseveraron? ¿Por qué personas entregadas un tiempo nos ha dejado? La respuesta no la da el Evangelio en la parábola del Sembrador. “Salió el Sembrador a sembrar…” La Unión Seglar y su Asociación Juvenil es el campo del padre de familias donde el Señor por medio de sus ministros esparce la divina llamada.

Para unos la palabra cayó a la vera del camino. Fueron unos días de acudir a los actos comunes, pero sin dejar al mismo tiempo de merodear por los caminos que llevan en sentido opuesto, sin comprometerse a fondo, sin romper con amistades, con la TV, con diversiones y lecturas. El enemigo roba enseguida lo sembrado. Así son muchos. Oyeron y se fueron. Para ellos la Unión Seglar no es humana, no tiene acogida.

Para otros cayó la semilla entre piedras; brotó sí, pero no tenía profundidad aquella tierra, y al salir el sol se secó la semilla. Son los que tras el primer gozo, más o menos largo, de una entrega que no compromete para siempre, se cansaron de su trabajo con el ardor del sol de mediodía. Querían compromisos infantiles, pero no de hombres adultos. Entonces se descubren imperfecciones, se encuentran pretextos para no seguir un compromiso que llama a más. La tierra de poco fondo es la ausencia de una sólida vida interior que me lleva a cambiar según el temple emotivo a “un cierto grado de contentar mi alma…” como diría San Ignacio.

Lo sembrado entre espinas, se ahogó al crecer las espinas. La vida cristiana. La Iglesia, la Unión Seglar están rodeadas de espinas. Ellas son las preocupaciones de las cosas terrenas de este mundo, del trabajo, de la seducción de la riqueza, del prestigio social, de la soberbia. Se hace incómoda la Unión Seglar, demasiado marcada por la persecución, refugio a juicio de algunos de gente insincera e inútil o de poca personalidad que la hace desenvolverse en un ambiente pobretón, sin consideración social y relevancia. Por eso se alejan de ella, como de puntillas.

En el primer caso, otras codicias sustituyeron la llamada al heroísmo que sonaba en la Unión Seglar, al heroísmo cristiano. En el segundo caso, otros honores, o amores, o codicias, o vacíos de vida interior, llevaron a traicionar la primera vocación. El tercer caso la soberbia ahogó todos los deseos y el  cansancio hizo que se derrumbara a la hora de la prueba aquella alma. Cuando la Unión Seglar necesitaba apoyo y aliento rodeada de espinas, las espinas de la soberbia alejaron de ella a los que más debían haberla servido. En los tres casos, los escalones del diablo que descubre San Ignacio. En los tres casos la Unión Seglar fue abandonada, por los que no la amaban hasta el interior compromiso, fuera del alcance de las piedras, las espinas y las pisadas de los que pasan.

Dios quiera que todos vosotros pidáis al Señor el don de la perseverancia en vuestra llamada a la Unión Seglar. Que todos seáis tierra buena de humildad, para dar siempre fruto, cada día más fruto. Dios quiera de vosotros llenar la sala de su convite: el de los cojos, los lisiados, los que no son, para confundir a los que se creen que son. Caminemos todos en humildad, como la Reina que se llamó como su título real, La Esclava del Señor.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 144, octubre de 1990

Niñas y niños,
venid con nosotros
a las Colonias del Padre Alba.
Sana diversión, santa formación.
De de 7 a 11 años.
Del 2 al 12 de julio de 2015.

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Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión y santa formación.
Dos niveles: de 11 a 15 años
y de 16 en adelante.
Del 27 de julio al 10 de agosto de 2015.

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Organiza: Asociación de la Inmaculada y san Luis Gonzaga
Colegio Corazón Inmaculado de María
Apdo. 97 – 08181 – Sentmenat (Barcelona)

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES
campamentosdelpadrealba@gmail.com
Tel. 93 715 34 08

Página para meditar 143

18 jueves Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaAnte el nuevo curso que se nos eche encima, bien podemos reflexionar sobre lo acaecido, a fin de sacar algún provecho.

Diez meses del año que ya han pasado, han sido pródigos en inesperados acontecimientos que señalan de una manera inequívoca el fin de una época, iniciada hace cuatro siglos de rebelión social, colectiva contra la Ley de Dios y su Palabra Revelada, que está llegando a las últimas etapas de su descomposición y autoaniquilamiento. Las palabras del Papa a la Asamblea Episcopal reunida el pasado mes de Abril en Moravia, son una llamada a todos los católicos para una nueva evangelización que renueve la faz de Europa y consiguientemente de todo el mundo, después de la destrucción espiritual, inmensamente superior a la física, que ha supuesto a toda la humanidad el materialismo marxista por un lado y el materialismo positivista y agnóstico, edificados ambos sobre el supuesto de la no existencia de Dios.

El nuevo mundo, el mundo reevangelizado no puede ser un arreglo del actual, autónomo, subjetivista, en el que a lo más la religión es un hecho cultural, como el descubrimiento de los antibióticos, sin repercusión alguna en la vida personal, familiar, en la educación, en la conducta de cada día y en la ideología de cada uno de nosotros. Ha de ser una sociedad, conformada según la Ley de Dios y las normas objetivas que el Señor nos ha revelado para. dirigir nuestra conducta.

Da la impresión a veces, que algunos de vosotros, llenos quizá de la mejor intención, creen que lo que se nos enseña, pertenece al mundo de las ideas puras, sin las consecuencias concretísimas, pequeñas y muy prácticas. Da la impresión a veces, que algunos de vosotros seguís creyendo que lo que os enseñamos, es una doctrina respetable pero que desciende a demasiadas minucias y hasta exageraciones quizá, y que las que no vamos para carmelitas descalzas, o para el sacerdocio, no tienen que abrazarse con esas consecuencias. Tal vez, crean algunos, que mientras “se piense bien” y no se abrace conscientemente la bandera del capitalismo, del marxismo o -del progresismo, lo que es particular en la vida de cada día, no debe distanciarse demasiado del proceder de nuestros contemporáneos. Funestísimo error.

Me estoy refiriendo a algunos de vosotros, padres de familia, que permitís, consentís, o enseñáis a vuestras hijas menores, lo que no consentiríais a vuestras mujeres; me estoy refiriendo a algunos de vosotros, padres de familia, que lleváis a vuestros hijos e hijas; a la piscina, a la playa o al campo, -lo he visto con mis propios ojos- desde el salir de casa, con inmodestia en el vestir, como si el hecho de ir a una piscina, playa o campo, justificara la inmodestia en casa, en la calle, en el automóvil. O los que lleváis a vuestras hijas o hijos a playas donde ven lo que ni los mayores hemos de poner al alcance de nuestros ojos. O que algunas vistan, vosotras -mujeres, olvidando lo que ha sido siempre la norma de una sociedad cristiana, en la que era abominable, según el texto de la Escritura Santa, que la mujer vista a la usanza del hombre y a la inversa.

Me llevé un disgusto, al ver la misma noche que se volvió del Campamento, al veros a algunas de vosotras de pantalones y shorts. ¿Hay justificación en este proceder? Es general y casi común, el uso de pendientes en los hombres y de pantalones en las mujeres. Pero esa corriente no va con nosotros. Nosotros no somos como los demás hombres contemporáneos nuestros. Nosotros nos hemos de diferenciar de nuestros contemporáneos. Ellos pertenecen a la Europa anticristiana que derrotó a la Cristiandad y pasea orgullosa y triunfante su triunfo, con la superación de todos los tabúes de las costumbres católicas y de la convicción de que se han “superado” los miedos y perjuicios antiguos. Pero nosotros, pertenecemos a la Cristiandad que fue derrotada por la gran Revolución anticristiana, pero que no quiere arrodillarse delante de los triunfadores y sabe que con su paciencia, su humildad, su no querer imitar a los que nos oprimen, vencerá al fin la abundancia del mal, con la fuerza invencible de la debilidad aparente del bien.

Así procedieron San Vicente, Santa Inés, los santos mozárabes, los cristianos del Japón de San Francisco Javier. ¿Os imagináis a San Luis y a San Fernando, imitando en sus hijos las modas de los musulmanes? ¿Os imagináis a Blanca de Castilla, a Santa Isabel de Portugal, a Santa Juana de Chantal, con hijas con tirantitos y pantaloncitos o minifaldas? Pues ya sabéis a quiénes tenéis que imitar y cuyos pasos habéis de seguir.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 143, septiembre de 1990

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