El 29 de Noviembre firmó el Papa el Decreto por el que se abría el proceso de canonización del Padre Pío de Pietralcina. Y el pasado 20 de Marzo, se inició oficialmente el proceso con el estudio dé sus virtudes heroicas y de los milagros atribuidos a su intercesión.
Al mes de la canonización de S. Maximiliano Kolbe, quiere el Papa poner ante nuestros ojos otro santo moderno, para espolearnos a caminar por el único camino que puede salvar al mundo moderno: el de la santidad vivida y presentada como un ideal social para la restauración de la sociedad sobre bases seguras.
¿Qué ha de ser la Asociación Juvenil San Luis Gonzaga? Una escuela de santidad. ¿Qué disciplinas se cursan en esta escuela? La humildad y la obediencia. ¿Cómo adquirir las virtudes de la humildad y de la obediencia? Viviendo en la verdad y venciendo toda hipocresía. ¿Cómo se vive en la verdad y se vence la hipocresía? Pensando, sintiendo y poniendo por obra las enseñanzas del P. Director y sometiéndose a su dirección espiritual.
¿Sabéis lo que más daño hace a nuestra Asociación? La existencia de una asociación por la suma de miembros, no interesa para el fin que se pretende que es un fin de perfección y apostolado. Por esa razón, está haciendo más daño a nuestra Asociación la presencia entre nosotros de personas tibias, caprichosas y desobedientes.
¿Qué deben hacer los tibios? Pedir ayuda a la reunión de grupo; pedir ayuda al P. Director; suplicarle al Señor que le ayude a salir de la tibieza y poner en la vida más oración y penitencia, para llevar a la práctica los propósitos de los Ejercicios Espirituales.
¿Qué debe hacer el caprichoso o la caprichosa? Pensar seriamente si va a seguir con sus caprichos disimulados y va a procurar dar el ejemplo que tiene que dar quien debe profesar vida de perfección. Si no va a ser así, es mejor que nos deje y que no ande entre nosotros con una vida falsa, sin ser de corazón de la Asociación.
La Asociación de S. Luis Gonzaga no quiere corazones partidos ni esquizofrénicos o esquizofrénicas que desdoblan su personalidad para salirse con la suya y rebajar el ideal de perfección a que nos llamó el Papa en nuestra peregrinación a Roma.
¿Y qué debe hacer el desobediente? Pedir perdón y dar muestras de cambio de conducta. De no hacerlo así es mejor que se vaya de entre nosotros. Hay miles de chicos y chicas en Barcelona que formarían parte de una Asociación en la que se cultivaran de verdad las virtudes, el apostolado, la vida de caridad y la vida de obediencia.
Miles de jóvenes que desearían encontrar una Asociación al nivel de los trágicos y solemnes tiempos que nos ha tocado vivir, y no la hayan porque muchos jóvenes católicos dan un contratestimonio, están aburguesados, convierten las reuniones en chismorrear, juegan a parecer buenas personas por fuera, pero no hacen nada de apostolado, no se sacrifican, no tienen ilusión por crecer en nuero y fervor, no buscan más que ennoviarse, y finalmente bajan el ideal de perfección que ellos vivieron un tiempo, y al que todos estamos llamados.
Pues bien: nosotros estamos llamados a la gran batalla que hemos de luchar a las órdenes de la Mujer vestida de Sol. Tened coraje y combatid. Hemos de estar hechos para el ideal y no para el engaño. Si alguno de vosotros obra así, pido a Dios que pronto le aparte de nosotros. Que se quede con sus juegos, con sus novias y con sus ligerezas y con sus cobardías y mentiras.
Queremos hombres, y hombres verdaderos. Prefiero mil veces, tener tres o cuatro hombres de verdad, que cuatrocientos o cuatro mil farsantes. Los primeros sabrán morir para con su sangre fructificar la tierra. Los cuentistas y farsantes, no servirán más que para estorbar, entre los que se tomarían en serio la santidad. Que se vayan con sus entretenimientos a otra parte. Que jueguen a sus diversiones privadas en otro lugar. Que hagan su vida con otras asociaciones. Y que nos dejen en paz, solos y felices, porque Jesús hará que empecemos un nuevo sendero de salvación de juventudes.
¿Falsos, cuentistas, ennoviadores, zánganos, comodones, aburguesados, hombres de ir tirando…? NO GRAGIAS.
Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 67, marzo-abril de 1983




