Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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La Eucaristía

14 jueves Ago 2014

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  1. NOCIÓN DE EUCARISTÍA

La Eucaristía es el sacramento del cuerpo y sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino. Cristo está en la Eucaristía real, física y verdaderamente.

            La Eucaristía es el centro de la vida cristiana, la clave de nuestra fe y de nuestra unión en Cristo.

La  Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad de hijos de Dios por el Bautismo y configurados con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio del mismo Señor.eucaristia5

Juan Pablo II ha recordado a todos los fieles que: “la Eucaristía transforma nuestras vidas, nos hace ”hombres nuevos», criaturas nuevas, y nos ayuda a no ser vencidos por el mal, antes a vencer el mal con el bien, porque el alimento eucarístico, al hacernos consanguíneos de Cristo, nos convierte en hermanos y hermanas entre nosotros.

La Eucaristía nos educa del modo más profundo para este amor a los demás, pues demuestra el valor que tiene a los ojos de Dios el prójimo, ya que Cristo se ofrece por igual a cada uno bajo las especies de pan y vino.

En la Eucaristía encuentran plena realización aquellas dulces palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis agobiados y oprimidos, y Yo os aliviaré”. El sacrificio eucarístico es el bien más grande de la Iglesia. Es su vida».

  1. LA EUCARISTÍA INSTITUIDA POR CRISTO

Jesús fue preparando a sus discípulos para el gran sacramento de la Eucaristía. En el discurso de la sinagoga de Jerusalén (Jn 6, 2371) dijo: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne para la vida del mundo”.

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él”.

La institución de la Eucaristía tuvo lugar durante la cena pascual del Jueves santo: “Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y, pronunciada la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad y comed, este es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz y, dadas las gracias, se lo dio diciendo: Bebed de él todos, porque esta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados”. (Mt 26, 2628) cf Mc 14, 2224; Lc 22, 1920; 1Cor 11, 2325.

  1. CONSAGRACIÓN Y TRANSUSTANCIACIÓN

La primera vez que Cristo estuvo presente en la Eucaristía fue en la última Cena. Hoy Cristo se hace presente en el momento de la consagración en la Santa Misa.

El concilio de Trento declaró que Cristo está presente en la Eucaristía por la transustanciación de toda la sustancia de pan en su cuerpo y toda la sustancia de vino en su sangre, que se realiza en el momento de la consagración de la Santa Misa.

Las especies de pan y vino permanecen después de la transustanciación. Se entiende por especies todo aquello que es perceptible por los sentidos, como el tamaño, la extensión, el peso, la forma, el color, el olor y el sabor.

El cuerpo de Cristo está realmente presente bajo la especie sacramental del pan, pero como el cuerpo de Cristo es un cuerpo vivo, están también presentes su sangre, su alma, y su divinidad.

Bajo la especie sacramental del vino, juntamente con la sangre de Cristo, se hallan también presentes su cuerpo, su alma y su divinidad.

Cristo se halla presente en todas y cada una de las partes en que se dividan las especies sacramentales.

Después de la Consagración, el Cuerpo y la Sangre de Cristo están presentes de manera permanente en la Eucaristía. Por eso, a la Eucaristía se tributa culto de adoración.

Jesús está en la Eucaristía; no dejes nunca tu visita diaria al Santísimo. Si estás enfermo, y no puedes estar junto al Sagrario, haz la visita espiritual desde tu casa.

Muchos hombres y jóvenes, chicos y chicas, participan una vez al mes en la Adoración Nocturna. Sé tú uno de ellos. Sentirás en tu corazón el gozo y la alegría de haber consolado al Señor.

  1. EFECTOS DE LA EUCARISTÍA

 Los principales efectos que produce la Eucaristía en el alma en gracia de Dios son: la unión íntima entre el alma y Cristo, alimenta la vida sobrenatural, aumenta la gracia santificante, consolida las virtudes y los dones del Espíritu Santo, sana las enfermedades del alma, proporciona alegría espiritual y es prenda de la bienaventuranza eterna.

 El efecto principal de la Eucaristía en el alma es la unión íntima que se establece entre el que recibe la Comunión y Cristo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él” (Jn 6, 56).

 De esta unión íntima con Cristo, cabeza del Cuerpo Místico, se deriva la unión de los fieles entre sí como miembros que son del mismo Cuerpo Místico: “Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan” (1Cor 10, 17).

 La Eucaristía conserva y alimenta la vida sobrenatural del alma, porque aumenta la caridad y fortalece la voluntad para resistir las tentaciones que incitan a pecar. Es el “antídoto que preserva de los pecados graves” (Concilio de Trento).

 La Eucaristía aumenta la vida de la gracia y consolida el hábito sobrenatural de las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

 La Eucaristía sana las enfermedades del alma borrando sus culpas veniales y las penas temporales debidas por los pecados, mediante los actos de caridad perfecta que suscita en el alma la recepción de este sacramento.

 La Eucaristía proporciona una alegría espiritual que se refleja en la entrega animosa a Cristo y en el alegre cumplimiento de los deberes y sacrificios que impone la vida cristiana.

 La Eucaristía es prenda de la bienaventuranza eterna y de la futura resurrección del cuerpo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día” (Jn 6, 54).

  1. NECESIDAD DE LA EUCARISTÍA

 A los que no han llegado al uso de razón sólo necesitan el Bautismo para salvarse, porque la gracia que reciben en el Bautismo no puede perderse antes del uso de razón, ya que no pueden pecar.

 A los que han llegado al uso de razón, Jesús les dice: “En verdad, en verdad os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (Jn 6, 5354).

 Uno de los fines de la Eucaristía es alimentar nuestras almas, de donde se deduce que, si no recibimos la Comunión, no podemos conservar durante mucho tiempo la vida de la gracia.

 La Iglesia declaró en el concilio IV de Letrán (1213) que es obligatorio comulgar por lo menos una vez al año, por Pascua de Resurrección. Esta obligación empieza cuando el cristiano ha llegado al uso de razón, que suele ser en torno a los siete años.

  1. ELEMENTO MATERIAL Y FÓRMULA RITUAL DE LA EUCARISTÍA

 El elemento material del sacramento de la Eucaristía es el pan de trigo y el vino de vid.

 La Iglesia tiene que seguir el ejemplo del Señor, de lo contrario, la consagración sería inválida. Y Cristo utilizó pan y vino al instituir la Eucaristía en la última Cena: “Tomo Jesús pan… tomo después un cáliz… desde ahora no beberé del fruto de la vid”.

 Al vino se le añade un poco de agua, pero la validez del sacramento no depende del cumplimiento de este requisito. Significa el agua que manó del costado herido de Cristo, la unión hipostática de la naturaleza humana de Cristo con la naturaleza divina y la unión mística del pueblo fiel con Jesucristo.

 La fórmula ritual de la Eucaristía son las palabras con las que Cristo instituyó este sacramento. Las palabras de la consagración del pan son: “Porque esto es mi cuerpo”. Las palabras de la consagración del vino es: “Porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”.

  1. MINISTRO Y SUJETO DE LA EUCARISTÍA

El ministro de la Eucaristía es el obispo y el sacerdote: “Este sacramento solamente puede realizarlo el sacerdote ordenado válidamente” (Concilio IV de Letrán).

 El encargo de Cristo: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19) va dirigido exclusivamente a los Apóstoles y a sus sucesores en el sacerdocio, que son únicamente los obispos y los presbíteros.

 El sujeto del sacramento de la Eucaristía es toda persona bautizada. Para recibir lícita y dignamente la Eucaristía se requieren el estado de gracia y la intención recta y piadosa de recibir al Señor.

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 Comete el pecado gravísimo de sacrilegio el que comulga en pecado mortal: “Pues el que come sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación” (1Cor 11, 29).

 La Comunión debe ir precedida de una conveniente preparación y seguida de una fervorosa acción de gracias.

 Para recibir dignamente la Eucaristía no se ha de comer ni beber nada una hora antes de comulgar. El agua y las medicinas no rompen el ayuno.

  1. COMUNIÓN FRECUENTE

            Los últimos Papas han recomendado muchísimas veces la comunión frecuente. El Papa San Pío X ha pasado a la historia de la Iglesia como el Papa de la Eucaristía porque permitió que los niños hicieran la Primera Comunión cuando llegaran al uso de razón y fomentó la Comunión diaria entre los fieles.

             La actual ley de la Iglesia permite comulgar dos veces al día: “Quien ya haya recibido la santísima Eucaristía puede recibirla el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en que participe” (Can 917).

 San Juan Bosco decía que: “es moralmente imposible que vivan mucho tiempo en gracia de Dios los jóvenes que no frecuentan la Comunión”. No lo olvides nunca, porque el diablo te irá apartando, poco a poco, de la Eucaristía y de la confesión.

 Necesitas comulgar frecuente, porque: “Siendo la Comunión la extensión de la Encarnación en cada hombre, es natural que Cristo viva y reine en el que comulga. La Eucaristía es el reinado de Jesús en el cristiano. El cuerpo del que comulga es su templo; el corazón, su altar, la razón, su trono, y la voluntad, su fiel sierva.

 Por la Eucaristía Jesús reinará en todo el hombre; su verdad será la luz de su entendimiento; su divina ley, la regla invariable e inflexible de su voluntad; su amor, la noble pasión de su corazón; su mortificación, la virtud de su cuerpo; su gloria eucarística será el fin de toda la vida del comulgante.

 ¡Oh, dichoso mil veces el reinado eucarístico de Jesús! Es el paraíso en el alma, ya que posee en ella al Dios de los ángeles y de los santos. Jesús en la Eucaristía es el rey que reina en el individuo y en la sociedad» (San Pedro Julián).

Página para meditar nº 100

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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El MERIDIANO CATÓLICO es ya un largo surco de cien números. Su nacimiento casi coincide con los primeros pasos de nuestra Asociación. Recuerdo los primeros ensayos hasta que cuajaron los proyectos en el primer número. Su trayectoria de nombres y páginas, es un retazo vivo de la historia de la Asociación, de sus luces y de sus sombras. Es la señal visible de su singladura en el mar tormentoso de estos últimos tiempos en los que está llegando a su cénit la lucha final entre la Señora Inmaculada y la serpiente infernal. 

Dar gracias a Dios

Como con toda mirada retrospectiva ha de nacer en nuestra alma un himno de gratitud y alabanza a Dios. Cien ejemplares de MERIDIANO son el certificado escrito de una historia íntima de beneficios del cielo, para todos y para cada uno de nosotros. Los que erais jóvenes, casi adolescentes cuando se comenzó a escribir en Buz páginas iniciales, sois ahora hombres y mujeres adultos, cristianos con graves responsabilidades familiares y sociales.cruz Hermosa oración sería repasar uno a uno todos los beneficios recibidos y de los que tengamos memoria, para elevar himnos de gratitud al Señor. ¿Qué le devolverá al Señor por tantos beneficios como de su mano he recibido? Si tanto me ha dado el Señor más me regalará, puesto que quiere más y más mostrar en mí las infinitas abundancias de su misericordia. No debo dejarme dominar del desánimo, pensando que aquella época ya pasó. Estoy en la línea de una nueva expansión de los beneficios de Dios, más amplios y más fecundos. No me tengo que apartar de ese camino jamás, sin hacer caso de lee sirenas de la pereza, del desengaño o de la solicitud de las cosas de la tierra.

Recibiré el Cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor

Nadie se gloríe sino del superior beneficio de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. Nadie diga: fue mi iniciativa, fue mi sacrificio, fueron mis ideas, ha sido mi entrega, he sido yo el que he reunido y llamado a la juventud. Debo levantar el cáliz de mi gratitud. Seguiré invocando su nombre y seguiré caminando en su presencia. Os señalaré algunos puntos para dar gracias a Dios. El primero de ellos es el crecido número de vocaciones: sacerdotes, vírgenes, religiosos y religiosas. Dios ha querido que de nuestra miseria e incapacidad, hayan brotado tantas vocaciones en estos años, como no conozco en asociación alguna de España. Repasarlas desde el principio. El segundo de ellos es el crecido amero de matrimonios cristianos que han levantado los ánimos decaídos de tantas almas y han llenado el jardín de la Iglesia con una abundante floración de hijos, muchos hijos que aprenden a hablar con el Ave María. Y la tercera, me ha­béis oído muchas veces: es el beneficio inconmensurable de la persecución. Las externas y las más dolorosas, las internas. Muchos estuvieron entre nosotros y a nuestro lado. Pero se fue­ron. Han pasado muchos por nuestras filas. Más no han perseverado hasta el final, hasta beber el cáliz de la pasión.

Es natural que así sea. Pero no es sobrenatural. Pero la persecución, una vez más sacudirá el árbol de nuestra Asociación, para que caigan, los frutos aparentes y comidos por gusanos internos, y queden los frutos que Dios guarda para que florezcan nuevas vocaciones, nuevos matrimonios con la única ilusión del Reinado Social de Jesucristo Rey.

A todos los que empezasteis el Meridiano CATÓLICO y a los que lo continuáis mi agradecimiento y alegría, que participa, del de nuestro Señor Jesús. “Sequitur ad astral». Seguid adelante.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 100, octubre de 1986

Nota: En nº 99 no tiene página para meditar

Recapitulación segunda: criterios para la autodefensa de la fe

07 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Resumimos en el capítulo último las líneas principales trazadas hasta ahora en la serie de «El octavo día». Dejamos para hoy el resumen de los cinco capítulos dedicados a exponer criterios para orientarse en medio de la confusión doctrinal. La Iglesia, por voluntad de Dios, pone sumo cuidado en preservar íntegra y pura su doctrina. La confusión, según el dictamen del Papa y de los obispos, sobreviene cuando» en el seno de numerosos grupos, desde publicaciones, cátedras de enseñanza y a veces desde la misma predicación sacerdotal, se vierten, como doctrina de la Iglesia, ideas a la misma; al parecer, sin una desautorización eficaz». En estos casos, el Papa ha recomendado la autodefensa. Pero se trata de defensa de la fe, no de posturas subjetivas arbitrarias. Y, por tanto, aun cuando en alguna ocasión hubiera que defenderse frente actuaciones turbias de algún ministro de la Iglesia, se hará siempre de acuerdo con las normas superiores que nos dan la orientación auténtica de la jerarquía. No es de este momento repetir explicaciones; pero, sí, vendrá bien resumir los criterios ya apuntados, en una especie de decálogo. Primero: el magisterio de la Iglesia está subordinado a verdades ya formuladas, a las que ha de conformar sus manifestaciones nuevas. Algunos hablan -según suele decirse, a lo loco- de los cambios en la Iglesia, como si los papas o los concilios venideros pudiesen sustituir cualquier cosa. En materia de disciplina, por ejemplo, el ayuno antes de la Comunión, un papa o un concilio pueden modificar lo que otros establecieron como oportuno en circunstancias diversas; pero cuando el magisterio de la Iglesia universal -el Papa o el cuerpo de los obispos en comunión con él- propone de forma definitiva la doctrina de la fe y la moral, sus afirmaciones son inmutables. Los papas y concilios siguientes quedan vinculados, igual que todos los demás fieles. Así, la definición del Concilio Vaticano I sobre la infalibilidad del Papa, o la de Pío XII sobre la Asunción de Nuestra Señora, son válidas para siempre. Segundo: Todos debemos conocer estas verdades ya formuladas: en el Credo, en las profesiones de fe (como la de Pablo VI), en los catecismos autorizados… Guerra-Campos.5Tercero: El Concilio Vaticano II no ha sustituido ni suprimido una sola verdad de fe ni un solo principio moral de los catecismos anteriores. Cuarto: Sin duda, puede haber novedad en el modo de expresar o de aplicar las verdades, con fidelidad al contenido de las mismas. Puede haber desarrollo orgánico, que ilumine distintos aspectos de la verdad revelada, pero en armonía con ella y sin suplantarla. El que oye cosas nuevas tiene derecho a ver esa armonía. Para ello, tomará como puntos de referencia las verdades que ya conoce. Si su conocimiento se resume en un viejo catecismo familiar, debe pedir que el que habla muestre su conformidad con él, no porque no se pueda mejorar la exposición, sino por exigencia elemental de la pedagogía, según la cual se ha de avanzar desde lo conocido hacia lo desconocido. Quinto: Si la conformidad no aparece clara, suspender el juicio. Si hay disconformidad, resistir en nombre de Dios. Conviene advertir que las nuevas fórmulas o maneras de expresar la verdad se justifican solamente en cuanto sirven para hacerla más inteligible a los que escuchan. Si los destinatarios no las entienden, como sucede ahora con frecuencia, algo falla. Al que las propone toca explicarse con más claridad; y mientras no lo consiga, no solamente es lícito, sino obligado, suspender el juicio. Sexto: Todos los fieles, según su capacidad y con la ayuda de Dios, pueden contribuir a hallar las nuevas expresiones o aplicaciones, o una inteligencia más intima de la palabra de Dios. Pero lo que garantiza autorizadamente a todos que no se trata sólo de consideraciones humanas en torno a la palabra, sino de su auténtico significado, es el magisterio, cuando propone la verdad que todos hemos de acoger por obediencia a la autoridad de Dios. Séptimo: Las normas de disciplina pueden variar, pero sólo por decisión de la autoridad de la Iglesia. La obediencia a las vigentes es voluntad de Dios y preserva la libertad contra las arbitrariedades. Así, el Concilio Vaticano II dejó establecido que «nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia». En algún caso, además, las normas condicionan la validez de los sacramentos; y ningún sacerdote ni otro fiel se atreverá a infringirlas, si conserva la fe en el misterio de salvación que es la Iglesia. Octavo: Es legítimo renovar los medios prácticos de acción pastoral, siempre que se haga al servicio de los fines permanentes de la Iglesia y sin excluir los medios tradicionales que continúen siendo provechosos. Noveno: Cuando se está a la busca de nuevas expresiones, aplicaciones o desarrollos de 1a verdad, mientras que alguna no sea propuesta a toda la Iglesia por el magisterio, hay una zona de opiniones libres, que es necesario respetar. Y lo mismo sucede cuando se buscan medios de acción, mientras la autoridad competente no dicte una norma. Se ha de evitar una gran tentación actual: la de imponer la dictadura en materias opinables, donde son libres las apreciaciones de los creyentes, mientras por otro lado se tolera todo atrevimiento contra los dogmas. Décima: Rechazar a toda costa las ambigüedades. Si son fruto de impericia, no tenemos por qué padecerlas; si son fruto de malicia, no podemos implicarnos en una traición contra Cristo y su Iglesia. Fieles a la Iglesia, diremos con los Apóstoles: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (3). Como dijimos en otra ocasión, será inevitable atravesar más de una vez la niebla de nuestras propias dudas, pero es forzoso repeler, como agresores, a los que tienden alrededor de nosotros cortinas de humo. Estos diez «mandamientos» se resumen en dos: Vigilar y orar, según la palabra de Jesús y en unión con la madre Iglesia.

Monseñor José Guerra Campos

Post mortem Francisco Franco: Obispos de Santander, Castellón y Tenerife

07 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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Obispo de SANTANDER.

«En la homilía el Prelado invitó a los fieles a unirse a su oración por el ilustre fallecido, cuya vida fue un esfuerzo permanente por mantenerse fiel a la Iglesia en su vida personal como ferviente cristiano y en todas sus actuaciones como estadista”.

(Boletín   Oficial   del   Obispado 1975, pág. 15.)franco

 Obispo de SEGORBE-CASTELLÓN.

«…Hay muertes que son especialmente impresionantes. Son muertes históricas. El mundo entero ha sentido una sacudida ante la muerte de Francisco Franco. (…).

La liturgia no quiere que convirtamos la homilía en un elogio del difunto. No es necesario. ¡Cuánto elogio, cuánto agrade­cimiento a Franco en España, hoy! Desde las manifestaciones de los dirigentes a las lágrimas de los pequeños. Yo quisiera, sin embargo, hacer notar su limpia confesión de fe en Dios y en la Iglesia. Desde siempre. El testamento ha sido la rúbrica de su postura. Cuando tantos cristianos confiesan su fe casi vergonzosamente, hasta en la hora de la muerte, el Jefe del Estado recibe los últimos Sacramentos con inmensa naturalidad. Y su testamento es una confesión de fe. Recuerda el juicio de Dios que le espera, se gloría de ser católico, de ser hijo fiel de la Iglesia, pide perdón y perdona a sus enemigos. Quiere en su último momento unir los nombres de Dios y de España.

La trayectoria cristiana de Francisco Franco nos recuerda que a la hora de la verdad lo que cuenta no es haber sido grande a los ojos de los hombres, sino a los ojos de Dios. Lo que importa es servir, cada cual en el lugar donde le ha tocado vivir. Difícil el servicio en puestos de autoridad. Autoridad que quiere decir responsabilidad y seriedad. Francisco Franco ha servido a la Patria con responsabilidad y seriedad. En el fondo, Dios.

No puedo terminar sin pedirme a mí y a vosotros algo con­creto. El Año Santo ha sido una gracia de Dios que nos ha ido repitiendo: Convertíos a Dios, acercaos a vuestros hermanos. El testamento del Jefe del Estado está en esta línea: «Os pido que perseveréis en la unidad y en la paz» (…).

(Homilía: Boletín Oficial del Obispado, 10 diciembre 1975, págs. 1, 6, 187, 188.)

 Obispo de TENERIFE.

El Boletín Oficial reproduce el Testamento espiritual de Franco (diciembre 1975, pág. VIII-IX) y un artículo de G. Fernández de la Mora sobre Franco (ibid., p. IX-X).

“El Boletín Oficial del Obispado de Tenerife, consciente de la labor religiosa que el católico Jefe de Estado supo siempre imprimir a todos sus actos, no escatimó oportunidades para destacar esta faceta de sus profundas convicciones religiosas que se traducían en obras, con las que beneficiaba a la Iglesia española. Por esto también la caridad cristiana y la gratitud a su ingente labor se han traducido, en la diócesis, en oraciones por su alma y en funerales concelebrados en todas las parroquias…»

(Crónica Diocesana: Boletín citado, pág. 1341.)

 

 

 

Meditación sobre María Inmaculada: el privilegio

07 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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Detengámonos hoy a considerar este privilegio grandioso que Dios concedió a María en su concepción, para que comprendamos algo del valor que encierra y de la razón por la cual tanto le estima la Santísima Virgen.

1º Fue un privilegio único.-Figúrate, al demonio que a la entrada del mundo, según van pasando los hombres a comenzar la vida, a todos marca con el sello del pecado…, en todos pone su asquerosa baba inmunda de serpiente infernal…, así hemos nacido todos…, a los ojos de Dios como algo sucio, asqueroso, repugnante, por esa mancha del demonio.-Piensa bien lo que significa ese ¡todos!-Recuerda a los santos más grandes, a los más amantes y más amados de Dios…, mira pasar por tu imaginación a los patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, vírgenes… y todos tienen que decir con David. «Fui concebido en la iniquidad y en pecado fui engendrado»… ¡Qué pena! ¡Qué dolor! ¡Qué espectáculo tan triste!Virgen Inmaculada

Pero mira cómo cambia la escena. –Ahora es todo lo contrario…, contempla a esa alma purísima que brota de las manos de Dios, y burlando al demonio entra en el mundo victoriosa, mientras los ángeles la acompañan y la cantan «Toda hermosa eres María, y no hay en Ti mancha alguna».-Repite muchas veces: todos menos Tú… donde todos caen, Tú no caes… donde todos mueren, Tú vives… donde todos se manchan, Tú permaneces pura e Inmaculada.-Privilegio gloriosísimo por ser único.

2º Privilegio grande.-Porque por él aparece grande, muy grande, nuestra Madre querida ante los ojos de Dios, de los ángeles y de nosotros mismos. -Si todos naciéramos en gracia, no encontraríamos en este privilegio una de las razones más principales para enaltecer la figura de María.-Ella misma se refería, sin duda, a este privilegio, cuando decía «que el Señor había hecho en su alma grandes cosas» y que para hacerlas había tenido que poner en juego toda la fuerza de su brazo poderoso.-Y así es: dice la Historia que Ciro penetró en Babilonia desviando las aguas del río Éufrates entrando por el cauce seco, así tuvo que hacer Dios, desviar la corriente del pecado original que corría por el cauce de la generación humana para que entrara en él la Santísima Virgen sin contaminarse con sus aguas.

Además, demostró su grandeza al hacer a María objeto de una Redención especial.-Todos hemos sido redimidos por Cristo y ésta es nuestra gran gloria… pero María, si no pecó, no fue redimida… luego, nosotros ¿hemos recibido de Cristo más que Ella? ¿Tenemos una gloria que Ella no tiene?… Nada de eso.- Muy al contrario.-Hay dos Redenciones: una liberativa, que levanta a los caídos y da vida a los que habían por el pecado muerto; así fuimos nosotros redimidos.-Otra es preventiva, la que previene para que uno no caiga; ésta es la de María… en virtud de la Redención de Cristo y por la previsión de sus méritos divinos alcanzó Ella sola la gracia de no caer… Su Redención es, pues, más perfecta que la nuestra y, por tanto, también en esto nos aventaja… ¡Qué grandioso así considerado, es este privilegio!

3.0 Privilegio divino.-Sólo Dios pudo obrar semejante prodigio de hermosura y de gracia… Dios como legislador que es, está por encima de todas las leyes, y por eso Él solo tenía poder para disponer de esta ley universal.-Este privilegio es una excepción, pero que no podían hacerla los hombres, no estaba en sus manos… únicamente pudo hacerla Dios.-Recuerda cómo por medio de Josué detuvo el sol, por medio de Moisés dividió las aguas del mar, y por medio de sus ángeles impidió que las llamas del horno de Babilonia hicieran daño a los tres jóvenes hebreos…, ese mismo Dios hizo, que las aguas del pecado se dividieran ante María y no la tocaran lo más mínimo. Todo aquello fue una figura de este milagro inmenso del poder y amor de Dios.-Por eso el triunfo de María Inmaculada es un triunfo de Dios…, este privilegio es verdaderamente divino y la gloria de la Inmaculada, es una gloria divina.

4ª Nuestro privilegio.-También nosotros participamos de este privilegio.-Nacimos en pecado pero en seguida tuvimos el privilegio de ser bautizados y nuestras almas quedaron ya entonces puras e inocentes, semejantes a la de María -La gracia bautismal nos hizo bellísimos y hermosísimos ante Dios… por eso al celebrar con alegría y meditar con gozo en la Concepción Inmaculada de María, debemos celebrar y meditar la nuestra a la vida de la gracia, para preguntarnos ante el ejemplo de María: «¿ Sigo yo con aquella pureza inmaculada de mi bautismo? .. ¿La he perdido? ¿No la he sabido apreciar?-Pedir perdón a María y su ayuda para vivir siempre esa vida de pureza y castidad de su Purísimo Corazón.

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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