Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Catecismo Social XXXV: Liberalismo, Capitalismo Y Supercapitalismo II

15 martes Oct 2013

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capitalismo liberal, catecismo social, concentración de dinero en pocas manos, condena, dignidad, Divini Redemptoris, economía pública, economia privada, educación, Gaudium et Spes, Iglesia, Juan XXIII, león XIII, liberalismo, libertad, Mater et Magistra, pablo VI, pío XI, pío XII, potencia económica, Quadragesimo anno, régimen de capital y trabajo, riquezas, supercapialismo, timoratos, usura, VaticanO II

5 -La Iglesia, ¿ha condenado el capitalismo liberal?

La Iglesia propugna la propiedad privada, como garantía de la libertad y dignidad. Pero la Iglesia ha condenado catecismo socialseveramente, no el régimen de capital y trabajo, sino la concentración del dinero en pocas manos, producido por la usura más criminal. Pío XI, reflejando lo que León XIII había ya apuntado contra el capitalismo liberal, escribe en la «Quadragesimo anno»: «Salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no sólo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos, que la mayor parte de las veces no son dueños, sino sólo custodios y administradores de una riqueza en depósito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio. Dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía y tienen en sus manos así como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad». (39).

 

 

6 -Los otros Papas, ¿tienen este lenguaje condenatorio del capitalismo liberal?

Basta hojear el magisterio pontificio. Pío XII dice: «Vemos, de una parte, cómo ingentes riquezas dominan la economía privada y pública, y a menudo también la actividad civil; la otra, la innumerable multitud de quienes, privados de toda directa o indirecta seguridad de vida, no tienen ya interés por los verdaderos y altos valores del espíritu y se cierran a las aspiraciones hacia una genuina libertad» (l-IX-1944).y en otra ocasión, hablaba así acusando a ciertos católicos: «Otros se muestran no menos timoratos e indecisos frente a ese sistema económico que se conoce con el nombre de capitalismo, cuyas graves consecuencias la Iglesia no ha dejado de denunciar. La Iglesia, en efecto, ha señalado no sólo los abusos del capital y del mismo derecho de propiedad que tal sistema promueve y defiende, sino que ha enseñado también que el capital y la sociedad deben ser instrumentos de la producción para provecho de toda la sociedad y medios de apoyo y de defensa de la libertad y dignidad de la persona humana» (23-IX-1950). Juan XXIII, en la «Mater et Magistra», nos dice: «Si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto aun en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y equidad» (83). Y Pablo VI taxativamente afirma: «¡Debe de haber algo profundamente equivocado, radicalmente insuficiente en el sistema mismo, cuando da origen a semejantes reacciones sociales!» (8-VI-1964).O sea, la Iglesia que proclama que la propiedad es de derecho natural, condena «el sistema mismo», que aniquila la propiedad de muchos y la concentra en pocas manos. Lo que es lo mismo, la Iglesia condena el capitalismo como concentración injusta de la propiedad en unos cuantos. Porque este capitalismo no tiene nada que ver con la civilización católica. Es el hijo legítimo del protestantismo, que con la doctrina calvinista predicaba la predestinación para los que tienen abundancia de riquezas. y es cosa sabida que la Iglesia católica fue la que más se opuso a la doctrina del interés del dinero, entendido como usura, tantas veces condenada en la Sagrada Escritura, y que solamente se acepta por títulos externos, justos y proporcionados. Otra cosa es que los católicos hayan sido fieles a la doctrina social de la Iglesia. Pío XI, en la «Divini Redemptoris», lamentaba «la pesada herencia de los errores de un régimen económico injusto que ha ejercitado su ruinoso influjo durante varias generaciones» (SO). El ideal social de la Iglesia es la difusión de la propiedad, de la que es enemigo el capitalismo liberal y el supercapitalismo. «El derecho a poseer una parte de bienes suficientes para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde» «<Gaudiumet Spes», 69), nos dice el Vaticano II. Y a esta propiedad difundida, en que efectivamente muchos participan, se oponen el capitalismo liberal y el marxismo. Solamente la limitación del arrendamiento -negación y abuso en muchos casos, de la propiedad privada-, la justicia social y la práctica de la limosna o magnificencia, según los módulos de la moral, lo pueden lograr.

 

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XL: Motivos para esta perfecta consagración VIII

15 martes Oct 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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amor de Madre, devoción, felices para siempre, gozos de la eternidad, gracia dviina, Israel, madre verdadera, predestinados, réprobos, santísima virgen, virgen

200. 5.º En fin, los predestinados siguen los caminos de la Virgen, es decir, la visitan, y por esto son verdaderamente dichosos y devotos, y llevan la señal de su predestinación como se lo dice Ella: Dichosos aquellos que practican (Prov. 8,32) mis virtudes y que caminan sobre las huellas de mi vida, con el socorro de la gracia divina. Son dichosos en este mundo durante su vida por la abundancia de gracias y de dulzuras que de mi plenitud les comunico, y con más abundancia que a los que no me imitan tan de cerca; son dichosos en su muerte, que es dulce y tranquila, y a la que asisto ordinariamente para conducirlos yo misma a los gozos de la eternidad; en fin, ellos serán felices para siempre, porque ninguno de mis buenos servidores que han imitado mis virtudes en la vida se ha perdido jamás. Los réprobos, al contrario, son desgraciados durante su vida, en su muerte y en toda su eternidad, porque no imitan a la Virgen en sus virtudes, contentándose con inscribirse alguna vez en sus Congregaciones, con recitar alguna oración en su honra o con hacer alguna otra devoción exterior.

¡Oh Santísima Virgen, mi bondadosa Madre: cuán felices son, repito, con los transportes de mi corazón, cuán felices los que, no dejándose seducir por una falsa devoción hacia Vos, siguen fielmente por vuestros caminos, observando vuestros consejos y vuestras órdenes! Pero ¡qué desgraciados son los que, abusando de vuestra devoción, no guardan los mandamientos de vuestro Hijo! Son malditos quienes de tus mandatos se desvían (Psalm. 119,21).

201. Ved ahora los actos de caridad que la Virgen, como la mejor de todas las madres, hace para con sus fieles servidores, que se han entregado a Ella del modo que he dicho, y según la figura de Jacob.

1.º Ella los ama

Amo a los que me aman (Prov. 13,17). Ella los ama: 1.º, porque es su Madre verdadera, y una madre ama siempre a su hijo, fruto de sus entrañas; 2.º, los ama por reconocimiento, porque efectivamente ellos la aman como a su buena Madre; 3.º, los ama porque, estando predestinados, los ama Dios. Jacob amó, Esaú odió (Rom. 9,13); 4.º, los ama porque están enteramente consagrados a Ella, y son su posesión y su herencia. Heredar en Israel (Eccle. 24,13).

202. Los ama tiernamente, y más tiernamente que todas las madres juntas. Poned, si os es posible, todo el amor natural que las madres de todo el mundo tienen hacia sus hijos en el corazón de una sola madre para con su hijo único: esta madre amará ciertamente mucho a su hijo; sin embargo, la verdad es que María ama aún más tiernamente a sus hijos que esa madre puede jamás amar al suyo.
No los ama solamente con afección, sino con eficacia: su amor para con ellos es efectivo y afectivo, como el de Rebeca para con Jacob, y aun mucho más. Véase lo que esta buena Madre, de quien Rebeca era no más que figura, hace por obtener para sus hijos la bendición del Padre celestial.

Imitación de Cristo XL: que debemos andar con verdad y humildad delante de Dios

15 martes Oct 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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alma, corazón, Dios, humildad, juicios de Dios, murmuraciones, pecados, sencillez, Verdad

Jesucristo.- 1. Hijo, anda delante de mí en verdad y búscame siempre con sencillez de corazón.

El que anda en mi presencia en verdad será defendido de los malos encuentros, y la Verdad lo librará de los engañadores y de las murmuraciones de los malvados.
Si la Verdad te librare, serás verdaderamente libre y no cuidarás de las vanas palabras de los hombres.
El Alma.- Verdad es, Señor. Como tú dices, así te suplico que lo hagas conmigo. Enséñame tu verdad, y ella me guarde y me conserve hasta alcanzar mi salvación.
Ella me libre de toda mala afición y amor desordenado, y andaré contigo en gran libertad de corazón.

Jesucristo.- 2. Yo te enseñaré -dice la Verdad- lo que es recto y agradable delante de mí. Piensa en tus pecados con gran descontento y tristeza, y nunca te juzgues ser algo por tus buenas obras.
En verdad eres pecador, sujeto y enredado en muchas pasiones.
De ti siempre vas a la nada; presto caes, presto eres vencido, presto te turbas y presto desfalleces.
Nada tienes de que puedas alabarte, pero mucho de que humillarte, porque eres más flaco de lo que puedes pensar.

3. Por eso no te parezca gran cosa alguna de cuantas haces.
Nada tengas por grande, nada por precioso y admirable; nada estimes por digno de reputación, nada por alto, nada por verdaderamente de alabar y codiciar, sino lo que es eterno.
Agrádete sobre todas las cosas la Verdad eterna y desagrádete siempre, sobre todo, tu grandísima vileza.
Nada temas, ni desprecies, ni huyas tanto como tus vicios y pecados, los cuales te deben desagradar más que todos los daños del mundo.
Algunos no andan sencillamente en mi presencia, sino que, guiados de cierta curiosidad y arrogancia, quieren saber mis secretos y entender las cosas altas de Dios, no cuidando de sí mismos ni de su salvación.
Estos muchas veces caen en grandes tentaciones y pecados, por su soberbia y curiosidad, porque yo les soy contrario.

4. Teme los juicios de Dios; espántate de la ira del Omnipotente, y no quieras escudriñar las obras del Altísimo, sino examina tus maldades, en cuántas cosas pecaste y cuántas buenas obras dejaste por negligencia.
Algunos tienen su devoción solamente en los libros; otros, en las imágenes, y otros, en señales y figuras exteriores.
Algunos me traen en la boca, pero pocos en el corazón.
Hay otros que, alumbrado el entendimiento y purificado el afecto, suspiran siempre por las cosas eternas; oyen con pena las terrenas y con dolor sirven a las necesidades de la naturaleza; y estos sienten lo que habla en ellos el Espíritu de la Verdad, porque les enseña a despreciar lo terreno y amar lo celestial, aborrecer el mundo y desear el cielo de día y de noche.

Página para Meditar: Orar y Formarnos

14 lunes Oct 2013

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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apostolado intelectual, apostolado político, apostolado social, católico, criterio católico, derecho natural, formarnos, oración, orar, orar y formarnos, Patria, piadoso, reconquista de España, Reinado social de Jesucristo, Reinaré en España, vida de piedad

Ayer me decía un sacerdote que es a su vez un profundo pensador: «Si el católico, por piadoso que sea, no conoce

P.Alba, SJ

P.Alba, SJ

además la doctrina social y política de la Iglesia, y no tiene por ideal para su Patria la realización del Reinado social de Jesucristo, prácticamente, para la vida pública de la acción es como si fuera ateo». Creo que esta dicho con toda exactitud y con toda exigencia la necesidad de formarse seriamente en el criterio católico, el mismo tiempo que se cultiva la vida de piedad y de oración.

La gran calamidad que se ha abatido desde hace varias generaciones sobre vuestro pueblo es la carencia en sus cuadros dirigentes de hombres que tengan una visión lúcida de lo que es la soberanía social de Jesucristo, la organización de la sociedad civil según el derecho natural y cristiano. Un pueblo que era profundamente cristiano, que se batió en guerras todas ellas exclusivamente religiosas en defensa de su fe, que ha realizado la obra de evangelización y civilización cristiana en todo el mundo más gigantesca a lo largo de su historia, al carecer de reyes, políticos, clases dirigentes, eclesiásticos persuadidos de que su único esfuerzo había de dirigirse a que la promesa de Jesucristo, »Reinaré en España», se tradujera en la realidad política y social, se ha convertido en un pueblo descreído, con una fe enferma y en grandes zonas en avanzado estado de descristianización y apostasía. La reconquista de España para Jesucristo y el hacer que vuelva a ser la nación misionera por antonomasia, es la obra más larga. Nuestra consigna para este año que comenzamos ha de ser: orar y formamos.

Orar para hacernos dignos ciudadanos del reino de Jesucristo; Formamos para conocer todas las exigencias de su doctrina sobre la sociedad, para que se acelere el día de su Reinado social en España por nuestro apostolado intelectual, político y social.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 55, enero de 1982

El infierno en San Juan de Ávila.

14 lunes Oct 2013

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Ejercicios espirituales dirigidos por San Juan de Ávila, Infierno, Joaquín Marturet, Salamanca, san juan de ávila, sj

1. Existe

83. Avisa el Señor a los suyos y amenaza a los ajenos; porque a los unos les dice que sientan de su galardón San Juan de Ávilagrandemente, pues con este rigor lo da. A otros dice que cómo piensan escapar de las manos de su rigor siendo enemigos, si así son tratados los hijos e hijas escogidos para grande bien.

84. «No os engañéis con decir: Cristianos somos, que ni los fornicadores ni los adúlteros ni los ladrones ni los avarientos ni los que se emborrachan ni los maldicientes no entrarán en el reino de Dios» (1 Cor. 6, 9-10). ¡Desdichada su comida, desdichados sus placeres, desdichado cuanto hablan y cuanto pasean, si no han de entrar en el reino de Dios!

2. Van muchos

85. «Multi sunt vocati, pauci vero electi» (Mr. 20, 16): Muchos son los bautizados y se llaman cristianos; pero pocos los escogidos, porque pocos viven como cristianos. Uno le dijo: «¿Son pocos Señor los que se salvan? Y el Señor le respondió: Esforzaos a entrar por la puerta estrecha porque os digo que muchos serán los que busquen entrar y no podrán» (Lc. 13, 23- 24). «Cerrada la puerta muchos dirán: Señor ábrenos. El os responderá: no os conozco» (v. 25).

¡Oh Rey de la gloria! ¿Que no conocéis a los hombres? ¿No los criasteis? ¿No los redimisteis? -Sí, mas no los conozco, porque pecaron.

86. «Grande es mi tristeza e incesante el dolor de mi corazón » (Rom. 9, 2). ¿Sabéis por qué? Porque dicen que van muchos al infierno. No es ésta opinión de Santo Tomás o de Escota, sino determinación y sentencia del Hijo de Dios, que lo dijo en el santo Evangelio. Dios por quien es, nos dé gracia para que seamos de los pocos escogidos y no de los muchos perdidos.

3. Camino para ir a él

87. «El camino de los pecadores está enlosado pero su fin es el infierno y las tinieblas» (Ecl. 21, 11). Ahora paréceles así, camino muy llano, pero después será al revés; después verán lo que seguían y si eran ellos los dichosos y libres. Los justos, éstos dice el Señor que son los libres, los dichosos, los que tienen buena vida, los que andan por buenos caminos. Señor, los caminos que Vos enseñáis a vuestros amigos, los pasos por donde Vos los lleváis, no tienen tropezadero; en grande libertad viven y grande razón tienen para estar contentos; porque aunque parezca camino angosto, aunque a juicio de la carne haya alguna estrechura, en fin, son caminos seguros, dichosos, rectos, que llevan a buen paradero, «pues te encomendará a sus ángeles, para que te guarden en todos los caminos» (Ps. 90, 11). Muy guardada está la Iglesia y el alma de un justo.

88. En el infierno hay dos cosas: culpa y pena; y porque en el infierno hay culpa, ninguno va allá por la voluntad de Dios; él se va por sus malas obras. Dios es como buen Juez, que ahorca al malo, mas no quería que hiciese aquel mal.

89. El árbol, que siendo plantado en la Iglesia y estando alentado con tal espíritu, no produjera los frutos, que pone San Pablo, ya está amenazado y le está dicho en el Evangelio lo que será de él: «Todo árbol, pues, que no lleve fruto bueno, será cortado y echado al fuego» (Mt. 3, 10). Habemos de entender que estaremos sujetos a maldición, como la higuera, que no tuvo fruto para Cristo.

90. Hacer buenas obras en este mundo llama el Apóstol sembrar. Hacer malas obras también es sembrar; pero hay diferencia, que el fruto de las buenas obras, lo que se coge de esta semilla, dice que es vida eterna, que no se pudo más decir; y el fruto de las malas es corrupción y muerte eterna de los malos. «El que siembra iniquidad, cosecha desventura» (Prov. 22, 8). «Pues siembrar vientos, recogerán tempestades» (Os. 8, 7).

91. ¡Oh peligros del infierno tan para temer! Y ¿quién es aquél, que no mira con cien mil ojos no resbale en aquel hondo lago, donde para siempre llore lo que aquí temporalmente rió? ¿Quién no endereza sus caminos, porque no le tomen por descaminado de todo el bien? ¿Dónde están los ojos de quien esto no mira, las orejas de quien esto no oye, el paladar de quien esto no gusta?

Verdaderamente señal es de muerte no tener obras de vida. Nuestros pecados son muchos, nuestra flaqueza grande, nuestros enemigos fuertes, astutos y muchos y que mal nos quieren; lo que en ello nos va es perder o ganar a Dios para siempre.

Y ¿por qué entre tantos peligros estamos seguros; entre tantas llagas sin dolor de ellas? ¿Por qué no buscamos remedio antes que anochezca y se cierren las puertas de nuestro remedio?

92. ¿Qué pensáis que sentirá el que esperaba salvarse, cuando oyere su sentencia de condenación y le digan: «Nunca tendrás parte en Dios ni te faltarán tormentos ni compañía de demonios »? «Ligatis manibus et pedibus eius», arrojadle a las tinieblas de allá afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt. 22, 13). «Atadas las manos», porque no podrá más bien obrar y porque no se podrán defender. «Y los pies», porque no podrán huir, sino pecar para siempre y arder para siempre.

93. iOh si preguntaseis al triste que está en el infierno tantos miles de años en tormentos, que no se acabarán: «Hermano, ¿qué sembraste que tal cosecha cogiste? ¿Por qué camino viniste a tanta miseria, a tantos tormentos, de donde nunca, mientras Dios fuere Dios, saldrás? ¿Qué senda te aportó a tanto mal?».

94. El pecado es el camino. Muchos han cometido pecados mortales, que si hubieran en el tiempo de su tentación confesado y comulgado, no hubieran caído en el abismo del pecado. Metidos en éste, muy breve camino hay para entrar en el infierno; porque no falta más, sino que le quiebren el vaso de vidrio, que es este cuerpo que traemos a cuestas, que es una pura flaqueza, y basta para quebrado un dolor de costado o una apoplejía; entonces diera el hombre mil mundos por haber hecho lo que ahora le rogamos.

4. Penas

a) De sentido. 95. ¿Cómo podréis sufrir el infierno, pues todas las penas de esta vida no son tanto como la menor de allá? Porque aunque otro tormento no hubiera, sino el lugar oscuro y tenebroso debajo de la tierra, lleno de hedor horrible, sería bastante; añadid los tormentos de demonios, fuego, piedra, azufre, hambre, sed, aullidos, visiones intolerables y estar excomulgados de Dios, feos, negros, hediondos… ; así estarán los malaventurados condenados.

96. Si tu alma no come, morirá. ¿Qué entendéis por morirá? Que morirá a la vida de la gracia; no me refiero a la vida natural, que ésa no la puede morir, siempre estará viva, aunque esté en el infierno, mientras Dios fuere Dios. Su muerte, cuando el alma se separa del cuerpo, la llama San Juan segunda; la primera es cuando muere a la gracia por el pecado.

Los que están en el infierno estarán, como los que están en agonías de muerte; siempre estarán tragando la muerte y nunca acabarán de morir; tendrán muerte siempre viva y vida siempre muerta.

97. No hay proporción de las penas del infierno a las del purgatorio: las del infierno son eternas, rigurosísimas; las del purgatorio, temporales con mil favores y refrescos; ya dicen acá una misa por vos, ya os rezan algunas oraciones y os ofrecen otros sufragios.

b) Pena de daño. 98. El que vive en este mundo consigo propio, sin Dios en el obedecer, se halla en el otro sin Dios en el gozar. ¡Oh, lástima grande, que habiendo en Dios tantos bienes como en El hay: tanto poder y tanto saber; tanto amor y caridad; hermosura y riquezas, eternidad y millones de bienes, que no hay lengua que los pueda declarar, el malaventurado infernal se queda ayuno de todo esto, como si no existiera!

¿Qué le aprovecha que haya todos estos bienes y maravillas en Dios, si no ha de gozar de El ni de ellos? Esta pena es la mayor del condenado, la privación del gozo de Dios. Llamase poena damni.

99. ¡Qué maldad para asombrar! Dejar a Dios por el demonio, y estando camino del cielo, meterse de pies en el infierno y querer más tratar con Dios enojado, que con El, apacible y manso. Pues si quien peca hijo es del diablo, ¡qué mal padre tienes! ¿Qué puedes heredar de tal padre sino infierno, lo que él posee y tiene? Y eso es lo que da a sus hijos.

100. ¿Y qué piensas que es infierno? Ser lanzado un hombre de la mesa de Dios, llena de hartura y de lumbre, y echado en las tinieblas de fuera con la voz del Juez, que dice: «Apartaos de Mí malditos de mi Padre al fuego eterno». Juntarse con Dios es paraíso; apartarse de Dios es infierno.

5. Eternidad

101. Aparejaos, gentes, para la sentencia, que habéis de oír: «Apartaos…, etc.». ¿Huisteis de Mí? Yo huiré de vosotros. ¿No me quisisteis? Apartaos de Mí para siempre. ¿Dónde irá un hombre echándolo Dios de Sí? ¿Hay otro Dios como Tú que lo reciba? Palabra recia: «Apartaos de Mí… ».

102. ¡Oh malaventurado el que por tan pequeño rato se atreve a echar sobre sí penas eternas, penas que nunca se han de acabar, penas que no han de tener remedio! Que esta certidumbre tienen que aquellos tormentos y penas no han de haber fin ni remedio ni jamás han de salir de allí ni han de gozar de bien alguno.

6. Reflexiona

103. Señor, ¿infierno para mí, perder a Dios, desterrado de Dios para siempre jamás? ¿Qué haré para ser librado aquel día? -Velad orando para que seáis dignos de huir estas cosas y estar delante del Hijo de Dios.

-Decidme: ¿oráis? -¿Qué hemos de orar? -Pedid a Dios que para aquel día espantoso podáis estar en pie; pedidlo, lloradlo, suplicadlo. Así es menester, que con mucho trabajo lo alcanzaron de Dios los santos.

104. Examinaos. ¡Ay de aquél que no se mira! ¡Ay de aquél que de sí se olvida! Cuanto menos te mires ahora quién eres, tanto más te mirarás y remirarás, después que estés ardiendo en los infiernos. Entonces hará Dios que te estés mirando y será el mayor tormento que tendrás. Querrás huir de ti y no podrás; querrás olvidarte de ti, y mientras Dios fuere Dios, te estarás mirando y te tendrás a ti mismo delante de tus ojos mirándote y remirándote y dando vueltas, para que no quede nada de ti que delante de tus ojos no lo tengas. ¡Mírate!

105. «Dolores inferni circundederunt me: los dolores del infierno me cercaron» (Ps. 17,6). ¡Oh Señor, que estoy aquí y mi nombre en el infierno! ¿Qué mucho que me den una bofetada, que me huellen por ahí todos? Lo doy todo por bien empleado, porque no me eche donde merezco; porque la Majestad de Dios me sea mansa, yo sufro todo eso de buena voluntad.

106. Si no están los soberbios quebrantados, si no están por el suelo; no ha entrado Dios por su casa, no saben qué cosa es Dios. Tiembla el que a Dios siente; tiembla, como hoja en el árbol, de la justicia de Dios…

Bueno es conocer el hombre quién es; bueno es pensar en sus miserias, pero no mucho; no escarbes mucho que peligrarás. Cuando uno pasa un río, conviene no mirar al agua, sino la tierra firme. No has de pensar luego que estás ya en el infierno; mira que eso es víspera de la desesperación; mira a tierra firme; mira que la misericordia de Dios te puede perdonar eso y muy mucho más que eso. ¿Qué remedio para estos dos males, para los que nunca se miran y para los que mirándose mucho desmayan? ¿Habrá aquí por ventura algún flaco desmayado que diga: « ¿Quién soy yo para ir al cielo? ¿Quién soy yo para que Dios me perdone?

A éste tal le dice Jesucristo nuestro Señor: No desmayes, esfuérzate, prosigue lo que comenzaste, no desfallezcas en la mitad del camino, que de todo es remedio mi Carne; no te espanten tus males ni tus pecados, que de todo es cura y medicina mi Carne.

107. Pues queremos parte en el cielo con Jesús, no nos descontente su compañía en la tierra; porque El determinado está de no tener por compañero en su gozo, sino al que lo fue de sus penas.

¿No es mejor penar aquí un poco por Cristo, que arder allá para siempre con Lucifer? ¿No es mejor escondemos un poco al mundo y después en el reino de Dios parecer gloriosos delante de todos?

Probado habéis de ser, si habéis de ser coronado. Por eso mirad que seáis como el oro, que se apura en el fuego y no como paja que se quema en él.

Ejercicios espirituales dirigidos por San Juan de Ávila
Joaquín Marturet, S.J. Salamanca-1980 (p.75-80)

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

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Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

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