Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XXXIII: Motivos para esta perfecta consagración II

28 miércoles Ago 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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consagración, devoción, motivos, perfecta, virgen

Parte Segunda

DE LA DEVOCIÓN MÁS EXCELENTE
A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Motivos de esta perfecta consagración

171. Séptimo motivo. – Lo que puede empeñarnos más todavía a abrazar esta devoción, son los grandes bienes que de ella ha de reportar nuestro prójimo. Porque por esta práctica se ejerce la caridad para con él de una manera eminente, toda vez que se le da por manos de María todo lo que se tiene de más caro, que es el valor satisfactorio e impetratorio de todas las buenas obras, sin exceptuar el menor pensamiento bueno, ni el más pequeño sufrimiento; en virtud de ella se consiente que todo lo que se ha adquirido y se adquiera hasta la muerte, en punto de satisfacciones, se emplee, según la voluntad de la Santa Virgen, en la conversión de los pecadores o en librar las almas del Purgatorio. ¿No es esto amar al prójimo perfectamente? ¿No es esto ser verdadero discípulo de Jesucristo, que se distingue por la caridad? ¿No es este el medio de convertir a los pecadores sin temor de incurrir en la vanidad, y de librar las almas del Purgatorio sin hacer casi otra cosa que lo que cada cual está obligado a hacer en su estado?

172. Para comprender la excelencia de este motivo sería menester conocer cuán grande bien es convertir a un pecador o librar un alma del Purgatorio, que es bien infinito, mayor que el crear el cielo y la tierra, por cuanto se da a un alma la posesión de Dios. Aun cuando no se sacase mediante esta práctica más que un alma del purgatorio en toda la vida, o no se convirtiese más que a un solo pecador, ¿no sería esto sólo bastante para empeñar a abrazarla a todo hombre verdaderamente caritativo?
Pero es menester notar que nuestras buenas obras reciben al pasar por las manos de María un aumento de pureza, y por lo mismo, de mérito y valor satisfactorio e impetratorio, y esta es la razón porqué llegan a ser más capaces de aliviar las almas del Purgatorio y de convertir a los pecadores, que cuando no pasan por las manos virginales y liberales de María. Lo poco que se da por medio de la Santísima Virgen, sin propia voluntad y por una caridad desinteresada, llega a ser verdaderamente poderosísimo para aplacar la cólera de Dios y atraer su misericordia, de tal modo, que una persona que sea muy fiel a esta práctica, se encontrará, quizás a la hora de la muerte, con que habrá por ese medio sacado muchísimas almas del Purgatorio y convertido muchísimos pecadores, aunque no haya practicado más que acciones ordinarias. ¡Qué gozo tendrá en ese caso el día del juicio! ¡Qué gloria en la eternidad!

173. Octavo motivo. – En fin, lo que nos induce más poderosamente en cierto modo a esta devoción a la Santísima Virgen, es el ser un medio admirable para perseverar en la virtud y ser siempre fiel a Dios. Porque ¿en qué consiste que la conversión de la mayor parte de los pecadores no suele ser durable? ¿De qué dimana que se caiga tan fácilmente en el pecado? ¿Cuál es el motivo de que la mayor parte de los justos, en vez de adelantar de virtud en virtud y de adquirir nuevas gracias, pierdan muchas veces las pocas virtudes y gracias que tenían?
Esta desgracia procede de que, estando tan corrompido el hombre, y siendo por lo mismo tan débil y tan inconstante, se fía, sin embargo, de sí mismo, se apoya en sus propias fuerzas y se cree capaz de guardar el tesoro de sus gracias, de sus virtudes y sus méritos. Y como por esta devoción el cristiano confía a la Virgen todo lo que posee, y la hace depositaria universal de todos sus bienes de naturaleza y de gracia, confía en su fidelidad, se apoya sobre su poder y se funda sobre su misericordia y su caridad, a fin de que Ella conserve y aumente sus virtudes y méritos a pesar del demonio, del mundo y de la carne, que hacen esfuerzos para arrebatárnoslos.
Como el buen hijo a su madre, y un servidor fiel a su dueño le dice el alma: Guardad el depósito. Mi buena Madre y Señora amabilísima, reconozco que por vuestra intercesión he recibido hasta ahora más gracias de las que yo merecía, y la triste experiencia me enseña que llevo este tesoro en un vaso muy frágil, que soy demasiado débil y miserable para conservarlo por mí mismo. Soy pequeño y despreciable (Ps. 118,141) recibid, pues, os ruego, en depósito todo lo que poseo, y conservádmelo con vuestra fidelidad y vuestro poder. Si Vos me lo guardáis, nada de él perderé; si Vos me sostenéis, no caeré; si Vos me protegéis, estaré a cubierto de mis enemigos.

174. Esto es lo que San Bernardo dice formalmente para inspirarnos esta práctica: «Si María os sostiene, no caeréis; si María os protege, no temáis; si María os conduce, no os fatigaréis; si María os es favorable, llegaréis hasta el puerto de salvación».
San Buenaventura viene a decir lo mismo en términos más claros: «La Santísima Virgen, dice, no está colocada solamente en la plenitud de los Santos, sino que Ella es la que defiende y guarda a los Santos en su plenitud, a fin de evitar la disminución de sus virtudes; Ella impide que las virtudes de los justos se amengüen, que sus méritos perezcan, que sus gracias se pierdan, que los demonios les hagan daño; en fin, impide que Nuestro Señor los castigue cuando pecan».

 

Imitación de Cristo XXXIII: Del Camino Real de la Santa Cruz

28 miércoles Ago 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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camino real, santa cruz, vida interior

Libro Segundo

EXHORTACIÓN A LA VIDA INTERIOR

Capítulo 12 (I)

Del camino real de la santa cruz

1. Esta palabra parece dura a muchos: «Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sigue a Jesús» (Lc 9,23). Pero mucho más duro será oír aquella postrera palabra: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno» (Mt 25,41). Pues los que ahora oyen y siguen de buena gana la palabra de la cruz, no temerán entonces oír la palabra de la eterna condenación.
Esta señal de la cruz estará en el cielo cuando el Señor viniere a juzgar.
Entonces todos los siervos de la cruz, que se conformaron en la vida con el Crucificado, se llegarán a Cristo juez con gran confianza.

2. ¿Por qué, pues, temes tomar la cruz por la cual se va al Reino?
En la cruz está la salud, en la cruz la vida, en la cruz está la defensa contra los enemigos, en la cruz está la infusión de la suavidad soberana, en la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz está el gozo del espíritu, en la cruz está la suma virtud, en la cruz está la perfección de la santidad.
No está la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna sino en la cruz.
Toma, pues, tu cruz y sigue a Jesús, e irás a la vida eterna.
Él fue delante «llevando su cruz» (Jn 19,7), y murió en la cruz por ti, para que tú también lleves tu cruz y desees morir en ella.
Porque si murieres juntamente con Él, vivirás con Él. Y si le fueres compañero de la pena, lo serás también de la gloria.

3. Mira que todo consiste en la cruz y todo está en morir en ella.
Y no hay otro camino para la vida, y para la verdadera entrañable paz, sino el de la santa cruz y continua mortificación.
Ve donde quisieres, busca lo que quisieres y no hallarás más alto camino en lo alto, ni más seguro en lo bajo, sino la vía de la santa cruz.
Dispón y ordena todas las cosas según tu querer y parecer, y no hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza, y así siempre hallarás la cruz.
Pues o sentirás dolor en el cuerpo o padecerás tribulación en el espíritu.

4. A veces te dejará Dios, a veces te perseguirá el prójimo y, lo que peor es, muchas veces te descontentarás de ti mismo y no serás aliviado ni refrigerado con ningún remedio ni consuelo; mas conviene que sufras hasta cuando Dios quisiere.
Porque quiere Dios que aprendas a sufrir la tribulación sin consuelo y que te sujetes del todo a Él y te hagas más humilde con la tribulación.
Ninguno siente así de corazón la pasión de Cristo como aquel a quien acaece sufrir cosas semejantes.
Así que la cruz siempre está preparada y te espera en cualquier lugar; no puedes huir dondequiera que fueres porque dondequiera que vayas llevas a ti contigo, y siempre hallarás a ti mismo.
Vuélvete arriba, vuélvete abajo, vuélvete fuera, vuélvete dentro, y en todo esto hallarás cruz. Y es necesario que en todo lugar tengas paciencia, si quieres tener paz interior y merecer perpetua corona.

5. Si de buena voluntad llevas la cruz, ella te llevará y guiará al fin deseado, adonde será el fin del padecer, aunque aquí no lo sea.
Si contra tu voluntad la llevas, cárgaste, y hácestela más pesada, y, sin embargo, conviene que la sufras.
Si desechas una cruz, sin duda hallarás otra, y puede ser que más grave.

Página para Meditar: el Amor a la Virgen

20 martes Ago 2013

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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El amor a la Virgen es dulce. Como lo es el amor a la madre. Hemos de procurar sentir esa dulzura y no contentarnos Con venerar a la Virgen María como a la Reina y Señora de cielos y tierra y Madre de Dios. La dulzura del amor nos ha de venir de considerarla como Madre nuestra. Porque Con Cristo nos da el ser de la gracia, nos sustenta con su devoción, nos defiende en los peligros, nos enseña Con sus ejemplos, nos consuela en nuestras penas, nos alienta, da fortaleza y nos regala con cariño.

Hemos de pedirle a la Virgen que nos dé afecto de corazón, profundo, que se manifieste en la necesidad de rezarla, de obsequiarla, de invocarla, de pensar en Ella, de recurrir a Ella continuamente como a nuestra Madre que todo lo puede y que nos abraza Con su cariño maternal. Hemos de amar a María Con aquel arraigado afecto que le tenían nuestros padres, que le tuvo siempre el pueblo español, que siembra de ermitas a Haría sus montes y de templos suntuosos dedicados a Ella sus ciudades. Que en los rincones de todos sus valles y de sus picos tiene recuerdos para María. Que cubre de oro y piedras preciosas las coronas y los –mantos de sus imágenes. Que reza el Rosario en familia y le consagra poesías y cantos bellísimos. Que llena su literatura de las glorias de María y que inspira a sus mejores pintores y artistas con cuadros y con imágenes de incalculable valor artístico, para enaltecer la pureza y la grandeza de María.

Ternura en el amor a la Virgen. Dulzura en el amor a la Virgen. Decir de Ella como decía San Estanislao, al preguntarle un compañero si amaba a la Virgen. Con el rostro encendido respondió: ¡No he de amarla si es mi Madre!

Este mes de mayo, dedicado a la Virgen María, es el mes de manifestarle nuestra ternura en los obsequios espirituales de cada día. Haz obras de ternura, hazlas con dulzura y saborearás en tu alma las palabras que le dirigía el gran obispo español San Pedro de Mazonzo al componer la Salve: “Oh María, mi vida, mi dulzura, mi esperan”.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 50, mayo de 1981

Siempre a Contracorriente

20 martes Ago 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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Con bastante retraso he leído la homilía del Santo Padre Francisco del 23 de junio. El Papa afirma rotundamente: “¡Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos! Pero también existe el martirio cotidiano, que no implica la muerte pero es también “perder la vida” por Cristo, cumpliendo con su deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don y del sacrificio”. Como era la víspera de san Juan, el Papa dijo que el Bautista “Murió por la causa de la verdad cuando denunció el adulterio de Herodes y Herodías. ¡Cuántas personas pagan un alto precio por su compromiso con la verdad! ¡Cuántos hombres justos prefieren ir contracorriente! ¡No tengáis miedo de ir contracorriente! ¡Sean valientes!”

Nuestro blog nació en septiembre del año pasado Contracorriente. Y seguimos contracorriente: contra el olvido de Dios y el desprecio de su santa ley, el amor a Dios sobre todas las cosas y el fiel cumplimiento de los Mandamientos de la ley de Dios.

Contra la desobediencia al Papa, la fiel obediencia al Vicario de Cristo en la tierra.

Contra la anarquía litúrgica, la fidelidad a las rúbricas y al espíritu de la Iglesia.

Contra la muerte del alma por el pecado mortal, la vida de la gracia santificante que nos diviniza.

Contra la leyenda negra de España e Hispanoamérica, el amor a la patria hasta dar la vida por ella.

Contra la pena de muerte ejecutada en el vientre de las madres de niños inocentes, la pena de muerte para el asesino recalcitrante, si fuese necesario.

Contra la disolución de la familia por el divorcio, la familia católica que reza unida.

Contra el capitalismo salvaje que permite que millones de personas mueran de hambre, la justa distribución de los bienes de la tierra y la limosna.

Contra el pansexualismo denigrante y bestial, la castidad y pureza cristianas.

Contra las modas mundanas y deshonestas, la modestia y el pudor cristiano de la mujer católica.

Contra las diversiones pecaminosas y frívolas, las diversiones sanas y santas.

Contra el hedonismo y las afecciones desordenadas, la vida austera de oración y sacrificio.

Contra las mentiras y las calumnias constantes, la verdad evangélica y el amor al prójimo.

Contra la tristeza morbosa y enfermiza, la alegría de los hijos de Dios y el entusiasmo por la vida.

Contra la indigencia de los pobres que malviven en las calles de Barcelona, más asociaciones católicas como los Jóvenes de San José.

Contra los hijos de las tinieblas y sus infernales proyectos, la luz evangélica de los hijos de María santísima y sus actividades apostólicas.

Contra la ateocracia totalitaria, el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

El Sumo Pontífice termina su homilía diciendo: “Que María ayude a hacer siempre nuestra lógica del evangelio, ¡Sean valientes! ¡Vamos adelante!”

 

                                                                                                                                      P. Manuel Martínez Cano mCR

La Conversión de San Pedro

20 martes Ago 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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Simón nació en Betsaida, una aldea campesina y marinera, en la orilla del lago Tiberíades. Vivía con su esposa y se ganaba la vida con la pesca. Es san Juan quien nos narra el primer encuentro de Simón con Jesús: “Andrés halla a su, hermano Simón con Jesús y le dice: hemos hallado al Mesías, que quiere decir Cristo. Le condujo a Jesús que, fijando en él la vista, dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan, tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro” (JN 1, 41-42).

San Pedro, a la primera llamada de Jesús, deja todo lo que tenía y le sigue. Fogoso,, sencillo, vehemente, fiel, generoso y de gran Corazón, el Señor le promete el primado universal, de la Iglesia. Después de la pesca milagrosa, dijo Jesús a Simón: “No temas, en adelante vas a ser pescador de hombres” (Luc 5, 10); “Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre eta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos y cuanto desatases en la tierra será desatado en los cielos”. (Mt. 16, 18-19).

Presuntuoso y casi infantil, Pedro le dice a Jesús en la última Cena:: “Señor, preparado estoy para ir contigo no sólo a la prisión, sino a la muerte. Jesús le dijo: Yo te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme” (Lc. 22,33-34).

Y Pedro fue el único apóstol que defendió con la espada a Jesús en el huerto de Getsemaní. Pero, como los demás discípulos, se acobardó y huyo. Rectificó y siguió a Jesús de lejos. Y tal y como Jesús le anunció, le negó tres veces en la casa del sumo sacerdote (Lucas 22, 54-62). Y al instante cantó el gallo. “Vuelto el Señor, miró a Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, cuando le dijo: Antes que el gallo cante hoy me negarás tres veces; y saliendo fuera lloro amargamente”. (Luc. 22, 61-62).

En las revelaciones que tuvo la beata Ana Catalina emmerich, transcritas en su obra “la amarga pasión de Cristo”, la Virgen María, pregunto: “simón, que ha sido de Jesús, mi hijo”. Y estas palabras penetraron hasta lo íntimo de su alma, de forma que no pudo resistir su mirada y le dio la espalda retorciéndose las manos; pero María se acercó a él y le dijo con profunda tristeza: “Simón, hijo de Juan, ¿Por qué no me respondes? Entonces Pedro exclamó llorando: “¡Oh María! Tu Hijo está sufriendo más de lo que puedo expresar, no me hables. Ha sido condenado a muerte, yo he renegado de El tres veces”

¡No te negaré!, Pedro mostró su presunción al contradecir al Señor, jactarse de su valentía y anteponerse a los demás: “aunque todos se escandalicen, yo no. Estoy preparado para ir contigo a la cárcel y a la muerte”. No imitemos a Pedro, en su soberbia y presunción. Desconfiemos totalmente de nosotros mismos y, a la vez, confiemos absolutamente en el Señor. Sin la gracia, no podemos nada, pero con la gracia de Dios lo podemos todo, hasta dar la vida por Cristo. Contra presunción, humildad.

Pedro negó al Señor, fue un cobarde, un traidor, no confiemos en vuestras fuerzas o en nuestra inteligencia. Pedro se durmió en el huerto de Getsemaní, a pesar de que el Señor le dijo que velase e hiciese oración. Nunca dejemos nuestra oración, nuestra Adoración Nocturna. Estemos siempre unidos al Señor. Que las cosas de este mundo no nos alejen de nuestras obligaciones para con dios y la Iglesia. No sigamos a Jesús de lejos. No seamos negligentes. Cristo va al calvario por nuestros pecados. Acompañémosle cada día, cada hora, unidos en la oración, el sacrificio, el apostolado.

San Pedro, fue el apóstol que más dones recibió del Señor, hasta le advirtió de su caída y su traición. ¿Cómo es posible que ante la pregunta de una criada le niegue? El, que había dicho que Jesús era el Hijo de Dios. Hay circunstancias en nuestra vida que debemos evitar, si nos ponemos en ocasión de pecado, pecaremos. Como los monjes, religiosos y religiosas tienen sus reglas y constituciones, que deben cumplir para ser santos, todos debemos tener un horario de vida espiritual que nos acerque al Señor y nos separe del mundo.

Pero san Pedro “volvió en si” (Lc. 15, 17) al contemplar la mirada cariñosa y tierna de Jesús. Y sus lágrimas purificaron su corazón. Conversión inmediata sincera y constante por la que siempre fue fiel a su divino Maestro. La Virgen refugio de pecadores y madre de los humildes, oídas las palabras de Pedro, le confortó y le animó para que siguiera firme en la misión que Jesús le había encomendado.

Efectivamente, apenas resucitado, Cristo se le apareció en la ribera del lago de Tiberíades y le confirmo en su misión, sin exigirle más que una triple manifestación de amor: “¿Me amas más que estos?”. “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas, apacienta mis ovejas”. San Pedro, fue el primer Vicario de Cristo en la tierra, el primer Sumo Pontífice, el primer Papa. Nuestro Rey y Señor, no solo perdona nuestros pecados, también los olvida y nos da la gracia que necesitamos para ser santos, para ser otros Cristos.

Jesús le anunció a Pedro con que muerte iba a Glorificar a Dios. Llego a la capital del imperio romano hacia el año 42. En el 64 Nerón emprendió una gran persecución contra los cristianos. Muchos fueron martirizados y otros huyeron convenciendo a san Pedro que les acompañara. Cuando huía de Roma, se le apareció Cristo con la cruz a cuestas. Pedro dijo “¿Quo Vadis?” Señor ¿A dónde vas? Y Cristo, le contestó: “A Roma para ser crucificado”. Pedro atendió perfectamente, volvió a roma y allí fue crucificado cabeza abajo, donde hoy se alza la gran basílica que lleva su nombre. Era el año 67.

Con San Pedro, Vicario de Cristo, confesemos intrépidamente, hasta la muerte: “tú eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo”,¡ ¿Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina!

 

                                                      P. Manuel Martínez Cano mCR

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