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Humanum Genus: la masonería 8

31 viernes Jul 2015

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– Remedios

leon xiiiPero, sea lo que sea, ante un mal tan grave y tan extendido ya, es nuestra obligación, venerables hermanos, consagrarnos con toda el alma a buscar los remedios. Y como la mejor y más firme esperanza de remedio está situada en la eficacia de la religión divina, tanto más odiada de los masones cuanto más temida por ellos, juzgamos que el remedio fundamental consiste en el empleo de esta virtud tan eficiente contra el común enemigo. Por consiguiente, todo lo que los Romanos Pontífices, nuestros antecesores, decretaron para impedir las iniciativas y los intentos de la masonería, todo lo que sancionaron para alejar a los hombres de estas sociedades o liberarlos de ellas, todas y cada una de estas disposiciones damos por ratificadas y las confirmamos con nuestra autoridad apostólica. Y, confiados en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno de ellos en particular por su eterna salvación que tengan como un deber sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esta materia ordena la Sede Apostólica.

– Desenmascarar la masonería

A vosotros, venerables hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor insistencia que, uniendo vuestros esfuerzos a los nuestros, procuréis con ahínco extirpar este inmundo contagio que va penetrando en todas las venas de la sociedad. Debéis defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos. Si miráis a estos fines en el combate, no ha de faltaros el valor ni la fortaleza. Vuestra prudencia os dictará el modo y los medios mejores de vencer los obstáculos y las dificultades que se levantarán. Pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio que Nos indiquemos algunos medios más adecuados para la labor referida, quede bien claro que lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara, para que sea conocidos de todo su verdadero rostro; y que los pueblos aprendan por medio de vuestros sermones y pastorales, escritos con este fin, las arteras maniobras de estas sociedades en el halago y en la seducción, la maldad de sus teoría y la inmoralidad de su acción. Que nadie que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación personal, juzgue serle lícito por ninguna causa inscribirse en la masonería, prohibición confirmada repetidas veces por nuestros antecesores. Que nadie sea engañado por una moralidad fingida. Pueden, en efecto, pensar algunos que nada piden los masones abiertamente contrario a la religión y a la sana moral. Sin embargo, como toda la razón de ser de la masonería se basa en el vicio y en la maldad, la consecuencia necesaria es la ilicitud de toda unión con los masones y de toda ayuda prestada a éstos de cualquier modo.

– Esmerada instrucción religiosa

Es necesario, en segundo lugar, inducir por medio de una frecuente predicación a las muchedumbres para que se instruyan con todo esmero en materia religiosa. A este fin recomendamos mucho que en los escritos y en los sermones se expliquen oportunamente los principios fundamentales de la filosofía cristiana. El objetivo de estas exposiciones es sanar los entendimientos por medio de la instrucción y fortalecerlos contra las múltiples formas del error y las variadas sugestiones del vicio, contenidas especialmente en el libertinaje actual de la literatura y en el ansia insaciable de aprender. Gran obra, sin duda. Pero en ella será vuestro primer auxiliar y colaborador el clero si lográis con vuestros esfuerzos que salga bien formado en costumbres y bien equipado de ciencia. Pero una empresa tan santa e importante exige también la cooperación auxiliar de los seglares, que unan el amor de la religión y de la patria con la virtud y el saber. Unidas las fuerzas del clero y del laicado, trabajad, venerables hermanos, para que todos los hombres conozcan y amen como se debe a la Iglesia. Cuanto mayores sean este conocimiento y este amor, tanto mayores serán la huida y el rechazo de las sociedades secretas. Aprovechando justificadamente esta oportunidad, renovamos ahora nuestro encargo, ya repetido otras veces, de propagar y fomentar con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco, cuyas reglas con prudente moderación hemos aprobado hace poco. El único fin que le dio su autor es atraer a los hombres a la imitación de Jesucristo, al amor a su Iglesia, al ejercicio de todas las virtudes cristianas. Grande, por consiguiente, es su eficacia para impedir el contagio de estas malvadas sociedades. Auméntese, pues, cada vez más esta santa asociación, de la cual podemos esperar muchos frutos, y especialmente el insigne fruto de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad jurídicas, no como absurdamente la conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el género humano y las siguió San Francisco. Una libertad propia de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de la perversa tiranía de las pasiones; una fraternidad cuyo origen resida en Dios, Criador y Padre común de todos; una igualdad que, basada en los fundamentos de la justicia y de la caridad, no borre todas las diferencias entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones, forme aquel admirable y armonioso conjunto que es propio naturalmente de toda vida civil digna y útilmente constituida.

Papa León XIII

Mensaje de fe 44: cartas entre Dios y un ateo

31 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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PRIMERA CARTA. -Señor Dios: Usted no existe. No puede existir. Por eso he puesto bien clara la dirección del remitente, para darme el gusto de mostrar la carta devuelta a esos crédulos que creen en usted. Si existiera, el mundo andaría mejor; los hombres no serían tan estúpidos ni tan canallas. No existe, pero le escribo para que la carta vuelva por no encontrar destino y me pueda reír de tantos creyentes embobados.

PRIMERA RESPUESTA. -Ateo amigo: Recibí tu carta. Me gusta tu sinceridad; creo que podremos ser amigos. Tienes razón de que el mundo anda mal, pero no me culpes a mí. Les he dado a los hombres libertad de acción. Ellos saben, saben muy bien, qué es lo que tienen que hacer. Si no lo hacen, no es mía la culpa. Si no fueran libres, todos protestarían, tal vez tú el primero. Serías, a lo mejor, mi enemigo, y yo no quiero que lo seas, sino mi amigo.

SEGUNDA CARTA. -Señor Dios: Aún tengo su carta entre mis manos y no me cabe la menor duda de que alguien me ha jugado una broma. Por culpa de ese alguien, todos los crédulos se han reído de mi fracaso. A pesar de la respuesta sigo sin creer en usted. No puede existir, pues queriéndome como amigo ha permitido que se burlaran de mí.

SEGUNDA RESPUESTA. -Mi amigo: Es verdad que se han reído de ti. Lo siento, pero te hago notar, que los hombres son así. Se ríen de las grandes decisiones y empresas y de los fracasos ajenos. Pero tú no has fracasado. Has empezado a triunfar. Créeme que deseo ser tu amigo. En prueba de ello te, envío este obsequio que espero te sea de utilidad.

TERCERA CARTA. -Señor Dios: Sigo creyendo que todo es una broma. Con todo, gracias por su obsequio. Raro, por cierto. Una carta prolijamente envuelta y dentro esta pequeña tarjeta: GRACIA DIVINA. ¿Es acaso algún mágico efluvio lo que me ha enviado? Todo esto me ha hecho dudar. Pero no, no puede ser. Un Dios no hace regalos de cajas vacías. A pesar de mis dudas y sospechas, ¿sabe?, cuando abrí la caja me sentí feliz; ¿Puede explicarme el porqué?

TERCERA RESPUESTA. -Mi buen amigo: Me alegro que el regalo te haya gustado y no me extraña que te haya parecido raro. Con todo, te sentiste contento, ¿verdad? Tienes razón, es algo así como un mágico efluvio, pero sólo produce efecto si tienes buena voluntad y eres dócil a sus insinuaciones. Me dices que has dudado y me alegro mucho. Quien duda busca la verdad. Tú la buscas y la encontrarás. Otra copa, si quieres podemos vernos. Vivo en el templo. Ve allí y pregunta por mí.

CUARTA CARTA. -Amigo Dios: A pesar de que quería ser tu amigo, nuestra amistad es imposible. ¿Cómo podría ser amigo de la nada: del vacío? Eres nada, reconócelo. De lo contrario ¿cómo te explicas que nadie te conozca? En la calle pregunté por ti, busqué un hombre que te conociera. Unos se rieron, otros se encogieron de hombros, los más siguieron impávidos su camino por estas calles hormigueantes e inquietas. Y los tuyos, ¿te conocen? Estuve en tu casa. Me dijeron qué estabas en el altar. No es posible, Si estás ahí, ¿cómo es que tan pocos parecían caer en la cuenta? Muchos hablaban hacia todos lados, menos hacia donde dicen que estás. Procedían como si no estuvieras.

Unos pocos parecía que te hablaban. Pero eran los menos. Luego salieron todos y se mezclaron en el bullicio de las calles, Me quedé entre ellos. Ninguno hablaba de ti. ¿Cómo explicas ese proceder de quienes se dicen tus amigos?

CUARTA RESPUESTA. -Querido amigo: Desde la primera carta -te dije que serías mi amigo porque eres sincero. Lo has demostrado una vez más. Tienes razón: muchos no me conocen, otros sí. Pero me temen o me huyen. Otros preferirían que no existiera. Hasta mis amigos a veces no me son fieles y no se portan en mi casa como deben. Lo que pasa es que les pido cosas costosas y ellos no son esforzados. Pero tú sí lo eres, y por eso te has atrevido a enfrentarte conmigo. Me alegro que sigas escribiendo, porque ¡es señal de que buscas la verdad. Y te aseguro, mi amigo, que al fin la encontrarás.

QUINTA CARTA. -Amigo Dios: A pesar de que no puedo creer en ti, me haces dudar porque eres convincente y comprensivo. Es verdad que estoy lleno de dudas y de que quien duda encuentra la verdad. Pero dime, ¿dónde la puedo encontrar?

QUINTA RESPUESTA. -Mi buen amigo: No sabes qué alegrón me has dado. Escúchame bien. Si quieres de veras saber la verdad, saber si existo, saber si soy, ve a ver mañana a las personas que señalo en la tarjeta adjunta. Ellas son verdaderas amigas mías y te dirán la verdad.

SEXTA CARTA. -Dios mío: Tenías razón. No puedes menos de existir. Si así no fuera no podría explicarme la resignación de ese joven obrero a quien esta mañana amputaron la pierna, ni el sereno dolor de esa madre que ha perdido la mayor de sus riquezas: su hijo. Ni la intrepidez de ese joven sacerdote que va a tierra de misiones, sabiendo de antemano que acortará su vida en aras del prójimo desconocido: Todos me hablaron de Ti y de tu amor. ¿Cómo pueden resignarse así? ¿Acaso no tienen ambiciones? Tú los ayudas, ¿no es así? Explícamelo todo, Amigo. Todo esto es muy grande para que lo pueda comprender solo. ¡Ah!, me olvidaba si realmente he de ser tu amigo, quiero ser como uno de los que hoy visité: Amigo de verdad.

SEXTA RESPUESTA. -Querido hijo: Serás mi amigo, lo eres ya. Todo te lo explicaré. Ven a verme a mi templo. Ya sabes dónde vivo. Te, espero y conocerás toda la verdad. Ella te hará feliz, pues eres sincero y la amas y la buscas.

Este fue más o menos -más que menos- el diálogo interior y real de un hombre que se tenía por escéptico al leer el libro «Dios es un espejo», de monseñor Oliver Sandbow, de estilo válidamente humorístico y profundo, científico y popular. El qué vive todo hombre que puede repetir sinceramente la frase de Newman: «No he pecado jamás contra la luz.»

Obra Cultural
Lauria, 4 – Barcelona-10

Meditación 57: la vida de Nazaret VI

31 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º Hallazgo del Niño. -Tres días tardaron en encontrarlo. -¡Qué días más largos!… ¡Qué noches, sobre todo! -Durante el día, el ir de una parte a otra…, el preguntar aquí y allí…, en cierto modo la distraía a la Virgen en su inmenso dolor, pero al llegar la noche…, cuando tuviera que retirarse a su posada…, cansada y agotada por el sufrimiento y cansancio del día…, ¿qué haría?», ¿en qué pensaría al verse sola? ., ¿cómo correría su imaginación y la pintaría a Jesús quizá sufriendo ya su pasión y muerte por los hombres? -Acompaña en esta noche espantosa a la Virgen…, trata de comprender la intensidad de su dolor al perder a Jesús…, para imitarla, si alguna vez te encuentras en caso semejante y también tú pierdes a Jesús… o te pones en peligro de perderle.

Y, por fin, amaneció el día de la dicha y del gozo. Ma­ría y José han regresado a Jerusalén y corriendo fueron al Templo, y allí encontraron su Vida, al ver a Jesús tranquilamente entre los Doctores. ¡Qué efectos tan variados y distintos en el corazón de Ma­ría en esta ocasión!…: de alegría inmensa por haber encontrado a su Hijo sano y salvo…, de agradecimiento al Señor que le concedía de nuevo la posesión de su Jesús…, de admiración y asombro al ver al Niño siempre tan modesto y humilde, y ahora disputando públicamente y enseñando a los doctores de la Ley… ¿Qué significaba todo aquello?

2º Las quejas maternales. -Y, efectivamente, sin poderse contener, con un afecto sumamente maternal, en cuanto Ma­ría tuvo consigo a su Hijo, le pregunta: « ¿por qué has hecho esto con nosotros? ¿No sabías que tu padre y yo íbamos a pasar muy mal rato buscándote?» -Ma­ría no acababa de salir de su asombro…; todo, en aquel día, era extraordinario. ¿Cómo Jesús…, su Jesús hasta entonces tan sumiso y obediente que jamás les causó el más pequeño disgusto ahora ha hecho esto?… ¿No había caído en la cuenta que iban a sufrir muchísimo con ello? . ¿Cómo explicar todo esto? -Se adivina fácilmente el sufrimiento y la tortura de aquel corazón de madre que ahora quiere desahogarse. -Y Jesús, que hasta entonces nada dijera, ahora, por respeto a su, madre, habla y la explica su conducta: «¿No Sabíais que debía ocuparme en las cosas de mi Padre?

Son las primeras palabras que cita el Evangelio de Jesús… ¡Qué hermosas! y ¡qué misterio tan Profundo encierran!… Todo lo que ha hecho ha sido ordenado por el Padre, y ante aquella voluntad divina, no cabe más que obedecer, aunque la obediencia sea amarga y cueste sufrimientos, como en este caso. -Bien sabía Jesús el dolor de Ma­ría y de José…; también su corazón sufría al verlos a ellos sufrir…, pero el Padre lo quería, y Él también lo quiso…

3º Nuestro modelo. -Jesús nos da aquí ejemplos de altísimas virtudes…, nos enseña a obedecer a Dios antes que a los hombres…, a seguir nuestra vocación y sus divinos mandamientos en todo momento y en todas las, circunstancias…, aunque tenga que sangrar el corazón. -: -Hay que oír las llamadas de Dios donde Él quiera…, cuando Él quiera… y en la forma que Él mismo elija.

Además hemos de obedecer como Dios se merece, con prontitud…, con energía…, con exactitud .Muchas veces es necesario para obedecer, una gran firmeza de voluntad con 9que vencer las dificultades que se presentan…; mira el modelo, r ahí verás ese valor y firmeza que necesitas. -Jesús no endulza a sus padres el dolor del sacrificio…, no les prepara para esta separación…, no da un paso para ir a su encuentro…, cuando ya le han encontrado no les consuela con palabras dulzarronas y carnosas…; simplemente les dice la verdad, y les expone la voluntad de su Padre, superior a ellos y a quienes todos deben obedecer. -Ma­ría y José lo comprenden… bajan la cabeza y ya no hablan ni pregunta más –medita mucho en este paso tan extraordinario y pide a Jesús esta firmeza y este valor, para obedecer así con toda exactitud al Señor.

También Ma­ría es modelo de grandes virtudes ¡Qué bien lleva; con su dolor la dura prueba!… Detente a considerar su paciencia…, su sumisión a la voluntad divina…, su humildad, creyéndose indigna de tener a Jesús y culpable de su pérdida…; su perseverancia y actividad en buscarle…; ¡hasta el fin del mundo hubiera ido Ella si fuera necesario!…

4º Buscar a Jesús. -Aprende tú también aquí a buscar a Jesús. Le puedes perder por el pecado…, pero a veces aún sin pecado, Jesús se oculta para probarte, como hizo con su Madre… Es entonces cuando el demonio se aprovecha a tentarte con el desaliento…, el cansancio…, la desconfianza…, la desesperación. Eso jamás.

Mira a Ma­ría… no encuentra a Jesús en seguida, pero no para hasta hallarlo. -Eso debes hacer tú… Él sufrimiento o el dolor de tu sacrificio, no deben quitarte ganas y alientos para buscar a Jesús…; al contrario, entonces debes echarle más de menos, como Ma­ría…, y como María, no vivir ni descansar hasta merecer con tu diligencia…, fervor… y perseverancia, encontrarlo.

Y cuando se encuentra así a Jesús, ¡qué contento y alegría para el alma!… ¡Cómo brotan espontáneamente las palabras del Cantar de los Cantares: «encontré al que ama mi alma…, le guardaré bien y ya nunca le soltaré»! Pide a Ma­ría el saber bien cumplir la voluntad de Dios…, el no merecer nunca que Jesús te castigue con marcharse de tu corazón y ocultarse de ti…; en fin, que sepas trabajar sin descanso en su compañía para con Ella, y por Ella ir siempre a Jesús…, vivir con Jesús… y buscarle sin cesar hasta encontrarle.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Página para meditar 149

31 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaLa Novena de la Gracia que tenemos a la vista, en honor de San Francisco Javier, recibió este nombre por un como plebiscito popular, al comprobar el pueblo cristiano la verdad de la promesa hecha por el Santo al P. Marcelo l1astrilli, al que curó milagrosamente y prometió que concedería la gracia que se le pidiera en el transcurso de una novena para suplicar su intercesión.

Años después el P. Filipucci experimentaría en sí mismo, por un nuevo milagro que le devolvió la salud, la verdad de la poderosa intercesión de San Francisco Javier. Al P. Filipucci se le deben las oraciones de la novena que seguimos rezando y que él imprimió en Lisboa en 1695. A él debemos también la fijación de las fechas 4 al 12 de marzo para concluir la novena el día de la canonización del Santo.

Gracias a la Novena de la Gracia, tiene la Iglesia un nuevo Santo y la Compañía de Jesús un mártir. El niño Juan de. Britto, de muy delicada salud, que era paje en la Corte de Juan IV, rey de Portugal, inducido por el P. Filipucci, hizo con su piadosísima madre la novena dela gracia, y no solamente recuperó la salud, sino que pudo ingresar en la Compañía y partir como misionero al Malabar, donde halló la corona del martirio, después de llevar una vida misionera émula de la de San Francisco Javier.

El Venerable P. Hoyos, Apóstol del Corazón de Jesús, recurrió en su difícil empresa a la Novena, y confesó después haber sido visitado por San Francisco Javier, quien le dijo que complacería sus deseos y que por todo el mundo se· extendería el culto al Sagrado Corazón.

Conocidísima es la petici6n de Santa Teresita del Niño Jesús, de poder pasar toda la eternidad haciendo el bien, descargando una lluvia de rosas sobre la tierra. Confesó poco antes de morir que había pedido la gracia .de seguir haciendo el bien después de su muerte y que estaba segura de haber conseguido esa gracia, «porque por medio de esta Novena,-son sus palabras- se obtiene todo lo que se desea.».

En nuestro tiempo, fue otro Santo, el gran apóstol de la Novena. Nada menos que el Santo Pontífice San Pio X. El favoreció constantemente la difusión y conocimiento de la Novena y de la devoción a San Francisco Javier. De este Santo Pontífice son estas palabras:»Hace ya cerca de tres siglos que los fieles acostumbran a recurrir confiadamente a. San Francisco Javier, principalmente por medio del devoto ejercicio, al que por su grande y comprobada eficacia, no dudaron en llamar Novena de la Gracia.»

Son innumerables las nuevas citas que podríamos añadir. Basten las que anteceden para que nos animemos a vivir una Novena con todo fervor y con la confianza más completa de obtenerlo que el Señor nos inspire que debemos pedir.

Necesita de la intercesi6n de San Francisco Javier, nuestro Padre Santo, la Iglesia y las Misiones, la Unión Seglar y nuestras obras. También nuestra familia. Ojalá hubiera entre nosotros muchas madres como la de San Juan de Britto, que pidi6 para su hijo la salud, la gracia de ser jesuita, y la. de ser misionero. A su generosidad de madre, el Santo, la coronó con la bendición extraordinaria de ser la madre de un mártir.

Queridos míos: no empequeñezcamos nuestras vidas. Vivamos a lo San Francisco Javier, so fiando, anhelando, pensando, viviendo a lo grande, para ganar el mundo entero para Jesucristo.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 149, marzo de 1991

Crímenes de América

31 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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padre cano                He vuelto de colonias de los niños y, sobre mi mesa, hay una carta que Ramón Santillán Fraile, ha escrito en una red social. Nuestro compatriota manifiesta su profunda tristeza por estas palabras del Papa Francisco “los crímenes cometidos en la llamada conquista de América”. Después de exponer sus magníficos cinco puntos, Ramón dice: “Esto no es óbice para mi fe en Cristo y en la Iglesia. Pero conste mi protesta respetuosa y firme”.

San Ignacio de Loyola – lo sabe muy bien el Santo Padre Francisco, dice: “que todo buen cristiano ha de ser pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla”. Vamos a intentar salvar las palabras del Papa que ni nombra a España, ni a Hispanoamérica. Está hablando “a los hermanos y hermanas del movimiento indígena latinoamericano”. Así, yo podría interpretar que los crímenes, cometidos en la llamada conquista de América, ocurrieron en Norteamérica donde los protestantes ingleses masacraron a los indígenas. Los españoles creamos una nueva raza, uniendo sangre indígena y española, con la fe, esperanza y caridad cristianas. Caso único en la historia. Los indios eran y son personas, hijos de Dios y ciudadanos de las Españas.

El Santo Padre Francisco ha dicho: “Al igual que San Juan Pablo II, pido que la Iglesia – y cito lo que dijo él – “Se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos” (San Juan Pablo II, Bula Incarnationis inystesium, 11.) Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue San Juan Pablo II: “pide humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino de los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Me reafirmo en lo arriba escrito: San Juan Pablo II, no condenó “los crímenes que los españoles cometidos en Hispanoamérica”. Eso lo difunde la maldita ideología de la “Leyenda Negra”, contra la Iglesia Católica y la España de las Españas. El 31 de Octubre de 1982, San Juan Pablo II, dijo: “Gratitud a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas españoles; por el calor de vuestro recibimiento, por el afecto puesto en la hospitalidad dispensada a un amigo, y sobre todo a quien España siempre ha querido entrañablemente a lo largo de su historia: al Papa. Precisamente porque conozco bien y aprecio en todo su significado ese rasgo característico del catolicismo español, deseo corresponder con una confidencia.

Llego a vosotros al cumplirse mi cuarto año de pontificado. Exactamente un año después de cuando estaba programado, y que no pudo realizarse por las conocidas causas. Y quiero ahora manifestaros que desde los primeros meses de mi elección a la cátedra de San Pedro pensé con ilusión en un viaje a España, reflexionando incluso sobre la ocasión eclesial propicia para tal visita.

Hoy me trae a vosotros la clausura – en vez de la apertura – del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús, esa gran Santa española y universal, cuyo mayor timbre de gloria fue ser siempre hija de la Iglesia y que tanto ha contribuido al bien de la misma Iglesia en estos cuatrocientos años.

Vengo, por ello, a rendir homenaje a esa extraordinaria figura eclesial, proponiendo de nuevo la validez de su mensaje de fe y humanismo.

Vengo, a encontrarme con una comunidad cristiana que se remota a la época apostólica. En una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San Pablo; que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada para la fe por el afán misionero de los siete varones apostólicos; que propició la conversión a la fe de los pueblos visigodos en Toledo; que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago; que vivió la empresa de la reconquista; que descubrió y evangelizó América; que iluminó la ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología en Trento.

Vengo atraído por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes. En efecto, gracias sobre todo a esa simpar actividad evangelizadora, la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en español. Tras mis viajes apostólicos, sobre todo por tierras Hispanoamérica y Filipinas, quiero decir en este momento singular: ¡Gracias, España; gracias, Iglesia en España, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!

Esa historia, a pesar de las lagunas y errores humanos, es digna de toda admiración y aprecio. Ella debe servir de inspiración y estímulo para hallar en el momento presente las raíces profundas del ser de un pueblo”.

Dos años después el Papa polaco vino a la tierra de María Santísima, España, para decirle a la Virgen que era todo suyo, y también: “He venido (. . .) a postrarme ante la Virgen del Pilar Patrona de la Hispanidad, para dar gracias a Dios por esa gesta y por la contribución de hombres y mujeres de España en una SIN PAR obra de Evangelización”. Hoy la mayor porción de la Iglesia habla y reza en español. La obra misionera de España, en nuestros días, es insuperable.

Tengo varios textos de Papas alabando la evangelización de los españoles en Hispanoamérica. Julio II (1503-1513) el 28 de julio de 1508: “Han penetrado el océano y han llevado el saludable estandarte de la Cruz a tierras desconocidas”. León X (1513–1521) “sus habitantes y aborígenes son capaces para la cultura y la civilización (se) adhieren a nuestra ortodoxa fe y abrazan con gusto sus costumbres y preceptos” (13 de octubre de 1521). Adriano VI (1522-1523) alaba los trabajos, gastos y sacrificios, llevados a cabo por nuestros antepasados, para atraer “a gran número de infieles de las falaces tinieblas de los ídolos a la verdadera haz de la fe ortodoxa”.

Tengo más textos de Sumos Pontífices que inciden en lo mismo durante cinco siglos. El Cardenal Cicognani, dijo: “cada legajo que se desempolva en el grandioso Archivo de Indias es una nueva apología de la labor cristianamente civilizadora de España en América”. El estudioso de las leyes de Indias, Rafael García García, reconoce que sus 6.336 disposiciones “forman el mejor código de caridad que ha emanado de los gobernantes civiles de todas las épocas de la Historia”.

Taine, que no fue precisamente un santo padre, afirmó rotundamente: “Hay un momento extraño y superior de la especie humana, la España de 1500 a 1700”.

Me voy de campamentos. Dios mediante, volveremos. Son los campamentos del P. Alba S.J. llevamos 42 años gritando con piedad y fervor en nuestras actividades ¡Viva España Católica! ¡Viva el Papa! ¡Viva Cristo Rey!

Manuel Martínez Cano,  mCR

 

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