Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

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Ateísmo hoy 8

22 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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II ATEÍSMO COMO NEGACIÓN DIRECTA DE LA EXISTENCIA DE DIOS

guerra campos3Ahora sigue la exposición, lo más sencilla y elemental que me sea posible pero no carente de rigor, de las formas del ateísmo de la negación. Así como las formas de desentendimiento son de todos los tiempos, y no necesitan especial formulación por su condición primaria, las formas del ateísmo de negación han recibido su formulación clásica en los siglos XVIII y XIX. Sobreviven ahora de manera residual y como por inercia. Pueden reducirse a dos principales: 1) reacciones ante el enigma del mal y del azar; 2) interpretaciones monistas, especialmente materialistas, del universo.

1. Ateísmo por reacción ante el problema del mal.

El dilema clásico.

La primera forma es una respuesta o «solución» negativa a la pregunta sobre Dios, fundándose en la dificultad o en la supuesta imposibilidad de conciliar entre sí los . atributos propios de Dios y ciertas realidades observadas. Estamos hablando de la famosa aporía, dificultad o contradicción del Mal, que es la que subyace bajo tantas decepciones a las que hemos aludido antes. Podría recogerse en una síntesis elemental, antiquísima y, por su aparente vigor dialéctico, insuperable en su línea: Si Dios puede evitar estos males y no quiere, le falta amor aunque tenga poder; si Dios quiere evitarlos y no puede, le falta poder aunque tenga amor: y como parecen inseparablemente necesarios el poder y el amor para aceptar a Dios…, Dios no existe, o es dudosa su existencia. Esta aporía fue desarrollada en algunos escritos de la ilustración del siglo XVII-XVIII: es tópico ya el artículo de Pedro Bayle en el «Diccionario histórico-crítico»[1], en el cual expone esa inconciliabilidad entre el mal del mundo y Dios, aunque realmente el autor no llega más que a una posición escéptica o de duda.

La Teodicea.

También es sabido que estas formulaciones dieciochescas dieron lugar a la intervención de un filósofo de primer plano, Leibniz, el cual, además de tocar el tema en otros escritos, le dedicó una obra de cuyo título tomó el nombre una disciplina escolar que ha tenido fortuna: la Teodicea. Lo que pudo llamarse «Teología» (tratado sobre Dios) se llama «Teodicea»: «defensa o justificación de Dios»[2]. Tanto Leibniz como otros «defensores» de Dios -de la conciliabilidad de la bondad y poder divinos con el mal que vemos en el mundo–se inspiran en autores más antiguos, empezando por San Agustín y siguiendo por Santo Tomás de Aquino. El tema del mal ha sido muy estudiado, y se ha llegado sin duda a delimitaciones y observaciones muy atinadas[3].

Es cierto que ese tipo de consideraciones sobre el sentido del mal y su posible inserción en una bondad radical y en el marco de un destino orientado hacia el bien del mundo nunca satisface nuestra curiosidad y aún menos nuestra inquietud en la hora del dolor. Mas en todo caso contribuyen a que el obsesionado por la aporía del mal ensanche su propio horizonte y no se enclaustre en perspectivas unilaterales y a veces egocéntricas.

Especial ambigüedad en relación con la persona.

No obstante, es muy difícil para el hombre, sobre todo, para el hombre de los siglos recientes y el contemporáneo, pensar en el problema del bien y del mal sin una perspectiva antropocéntrica. No acaba de interesarle ni de convencerle una exposición que presenta una bondad del Todo, al que debe subordinarse la apetencia individual del sujeto. Entendemos la bondad como bondad para nosotros -para mí-, y sólo así nos parece aceptable. Para calificar de bueno o malo el plan universal, queremos saber si la persona humana -yo mismo-es un centro, ya que no el centro, de dicho plan. Esta pretensión está íntimamente relacionada con la tensión dramática, a la que nos hemos referido ya, que produce en nosotros la confrontación de una perspectiva objetivante (lo «natural», las fuerzas y leyes universales y necesarias, y también «ciegas») y la perspectiva del propio sujeto (la intimidad, la libertad, la persona, las aspiraciones intransferibles). Al pensar el problema del mal como problema «para mí», la bondad de Dios, considerada solamente a través de razonamientos o de los fenómenos naturales, queda a veces en una luz ambigua. Es fácil mostrar que nosotros no somos el eje de la bondad del mundo; pero no es tan fácil ver de modo convincente y consolador, que todo lo que ocurre es bueno, precisamente para mí y para cada uno.

La luz de la Revelación cristiana.

En este sentido -abramos un paréntesis-está claro que una de las manifestaciones más gozosas y estimulantes de la fe cristiana se da precisamente en este punto. Porque la respuesta a la ambigüedad de las manifestaciones de la bondad de Dios en la Naturaleza está en la Revelación de Cristo. El lenguaje de la Naturaleza es ambiguo: el fuego, el aire, el agua producen bienes y producen desgracias, y parece además como si produjesen unos y otros frutos con ciego automatismo. Cristo es la revelación personal de las intenciones de Dios, es Aquel en quien la Revelación se identifica con la persona del Revelador: por eso, la fe cristiana es asociación del creyente a esa Persona. Y Cristo nos garantiza el amor de Dios, contra todas las apariencias contrarias que subsisten, no tanto con explicaciones, que tampoco las da en forma satisfactoria, como por su solidaridad fraterna con nosotros en nuestro dolor. Así nos demuestra que, siendo nuestro destino como el suyo, estando asemejados, por la. fraternidad con Él, en la relación con el Padre, el Padre nos ama a nosotros como le ama a Él. Aunque no lo parezca. Esta demostración fáctica, insuficiente para disipar nuestras dudas o para responder a nuestras preguntas en el campo del conocimiento, es más que suficiente para fundamentar nuestra confianza con una orientación válida, no subjetiva e ilusoriamente estimulante, sino objetiva-mente fundada en el hecho histórico de Cristo muerto y resucitado.

El «escándalo» de la cruz y el «silencio de Dios«.

Pero ahora hablamos de posturas de hecho y de sus motivaciones, por 10 menos las alegadas, sean o no valederas. Y es un hecho que así como la solidaridad de Jesús con nuestro dolor y nuestra muerte provoca, en el ámbito de la fe, gratitud y confianza, se torna para otros en motivo o pretexto de oscuridad y escándalo: porque la cruz del Señor, que es esa misma solidaridad fraterna con nuestra situación ambigua, oscurece la trascendencia y el poder de Dios. Dios se manifiesta, sí, pero humilde; no luce cegador en el sol del mediodía, sino que nos alumbra el camino sobriamente con la linterna o el candil de la noche. Por lo cual hasta algunos creyentes vuelven a sentir la angustia de eso que recientemente se ha insistido en llamar el «silencio de Dios»: el silencio ante las súplicas, el silencio ante los retos y ante los sarcasmos («Si eres Hijo de-Dios, baja de la Cruz», demuestra que Dios te ama); y, como no 10 demuestra con una respuesta inmediata al reto, a algunos les parece que la falta de respuesta es falta de existencia, es vacío de Dios[4].

Entonces las señales anteriores, que habían manifestado la presencia y el amor de Dios, se desvanecen; algunos sufren la impresión tremenda de que lo fatal triunfa siempre, de que Cristo fue en un momento dado de la historia un luminar espléndido, pero que también esta luz ha sido reabsorbida y devorada por la noche, por la trágica fatalidad de las fuerzas ciegas. Y unos van a parar de nuevo al ateísmo. Otros, a una fe que ha degenerado ya en nostalgia, al modo de los discípulos de Emaús («nosotros esperábamos…»; aunque mientras decían esto en pretérito, su corazón estaba todavía ligado al Señor, quien por otra parte no andaba lejos: iba con ellos, hablaban con Él).

Progresismo ateo nostálgico.

Esta nostalgia -sobre todo en el ambiente de progresismo más o menos romántico que se dio en el siglo XIX-muchos intentaron al mismo tiempo expresarla, cantándola casi morbosamente, y expelerla, sacudírsela de encima, para alistarse en nuevas esperanzas. Es una forma típica del progresismo postcristiano, que trata de «pasar más allá» de Cristo proclamando su admiración por Él. Más de una vez he citado unos versos de un notable poeta portugués, Antero de Quental, que me parecen los más expresivos de esa actitud, compartida por otros muchos; versos que se refieren al atractivo de Jesús, al que sin embargo hay que abandonar pasando más allá, si más allá hay más luz:

¡Avante! Os martas ¡icarao sepultos…
mas os vivos que sigam, sacudindo
como o pó da estrada os velhos cultos!

Doce e brando era o seio de Jesús…
¿Qué importa? Havemos de passar, seguindo,
se além do seio d’éle houver mais luz.[5]

Parece cruel hacer en este punto una anotación inevitable: ¿»Más luz»?, al poco tiempo Antero de Quental se suicidaba.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1] P. Bayle, Dictionnaire historique et critique, 1695.

[2] G. G. LEIBNIZ, Essais de Théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de l’homme et l’origine du mal, Amsterdam, 1710.

[3] Algunos tratados sobre el mal: SAN AGUSTÍN, passim y especialmente en las Confesiones y en De Civitate Dei 11. 22.

SANTO TOMÁS DE AQUINO: Quaestio disputata de Malo; Lib. III Contra Gentiles, c. 3, 4, 7, 10, 11, 12, 13, 14, 15; Summa Theol. l.a q. 19, 9; q. 48, artículos 1 al 6; q. 49, arto 1 al 3.

  1. SADET, Si Dieu existe, pourquoi le mal, Aviñón, 1927.
  2. D. SERTILLANGES, Le probleme du mal, Paris, 1948 y 1951.
  3. M. J. CONGAR, El problema del mal, en la obra colectiva «Dios, el hombre y el cosmos» (citada en la Bibliografía final), pp. 599-643.
  4. PETIT, El problema del mal, en núm. 20 de la «Enciclopedia del Católico en el siglo xx», Ed. Casal i Vall, Andorra, 1958.

Ch. JOURNET, El mal (estudio teológico), ed. española, Rialp, Madrid, 1965.

[4] Sobre los reflejos literarios del «silencio de Dios», cf. Ch. MOELLER, Literatura del siglo XX y Cristianismo, vol. 1 («El silencio de Dios»), edición Gredas, Madrid, 1961: introducción y análisis de obras de Camus, Gide, A. Hux1ey, Simone Weil, Graham Greene, Julien Green, Bernanos.

La oposición entre 10 «natural» y 10 «personal» aparece en el siguiente texto de GIDE: «Yo me guardo de confundir bajo ese nombre de Dios dos cosas completamente diferentes, tan diferentes que llegan a oponerse:

Por un lado, el conjunto del Cosmos y de las leyes naturales que 10 rigen: materias, fuerzas y energías. Esta es la parte de Zeus. Y podríamos muy bien llamarle Dios, pero sólo quitando a esta palabra todo significado personal y moral

Por otro lado, el haz de todos los esfuerzos humanos hacia el bien, hacia lo bello; la lenta apropiación de esas fuerzas brutales y su sometimiento a la realización del bien y la belleza sobre la tierra. Esta es la parte de Prometeo y es asimismo la parte de Cristo. …Ese Dios… no existe más que en el hombre y por el hombre. Y es vano todo esfuerzo para exteriorizarlo mediante la oración. Cristo está vinculado con él. Pero es el Otro al que se dirige cuando, al morir, lanza su grito de desesperación: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Yo, que no creo, no puedo ver en eso más que un trágico equívoco. No existe abandono alguno, ya que nunca existió entendimiento; porque el Dios de las fuerzas naturales no tiene oídos y permanece indiferente a los sufrimientos humanos, tanto al de Prometeo encadenado en el Cáucaso como al de Cristo clavado en la cruz». (Texto de 1942, editado en Feuillets d’automne, Paris, 1949, pp. 257-58; traducción de Ed. Cristiandad en El ateísmo contemporáneo (citado en la Bibliografía final), vol. 1, t. 2

[5] Antero de Quental, Sonetos

La voz de los santos 9

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in La voz de los santos, Uncategorized

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SanJuanBosco«La Eucaristía y la Virgen son las dos columnas que han de sostener nuestras vidas».

 San Juan Bosco

“El amor no es otra cosa que el brillo de Dios en los hombres».

Padre S. Pio de Pietralcina

“¡Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado amarte, ¿por qué me diste un solo corazón y tan pequeño?».

San Felipe Neri

«Seamos misioneros de la misericordia de Dios, que siempre nos perdona, nos espera siempre y nos ama tanto».

El papa Francisco

«Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando…».

Beato Piergiorgio Frassati

«Nada es imposible para quien se fía de Dios y se entrega a Dios».

Benedicto XVI

Chispicas 25

15 miércoles Jul 2015

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 chispicas       ESPADAS

                En el evangelio del lunes de la decimoquinta semana del tiempo litúrgico ordinario, hemos leído, esta misma semana: “En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “No he venido a la tierra a sembrar paz, sino espadas” y esto, como dice el Señor, ocurrirá entre los propios familiares”. Yo entiendo bien lo del ecumenismo y el diálogo con otros cristianos no católicos. Pero hay diálogos que se convierten en armas de guerra ideológica. Las palabras de Jesús son claras y contundentes “quien creyere y se bautizare, se salvará, el que no creyere se condenará”.

        LA MUJER

          Edith Stein

                “¿Se puede hablar de una vocación especial de la mujer o de una multitud de vocaciones de la mujer? En los principios del movimiento feminista las militantes radicales atacaron lo primero y reivindicaron para la mujer todas las profesiones. Sus adversarios no querían admitir lo segundo y reconocían sólo una vocación natural de la mujer. La cuestión exige el análisis de ambos puntos de vista. Ante todo proponemos la cuestión: ¿existe una vocación natural de la mujer y qué actitud anímica exige? Sólo aquél  a quien una ardiente pasión polémica le ha cegado los ojos puede negar el hecho evidente de que el cuerpo y el alma de la mujer han sido formados para un fin especial. Y es afirmación clara e irrebatible de la Escritura la que desde el principio del mundo enseña la cotidiana experiencia: que la mujer ha sido destinada para compañera del hombre y madre de la humanidad. Para eso ha sido creado el cuerpo; pero a él le corresponde su particularidad anímica”.

TESTIMONIO ANTE LA MUERTE

                Ricardo. Una vida sacerdotal entregada a los jóvenes en la Vocación Salesiana. Nacido a la Vida Nueva a los 53 años. Aquí tienes algunas frases del libro “Quiero ser palabra”, escrito en los últimos meses de su vida, plenamente consciente de su Pascua definitiva.

                Como signo y como acto de fe y gesto de confianza yo he querido rezar en las claves del delicioso ecologista Francisco de Asís: “Hermano cáncer”. . . Al nombrarlo dentro del universo de la fraternidad también el cáncer ha perdido su veneno y se ha convertido en camino y compañero a la vez; es el “hermano cáncer”. . . ¡Alabado seas mi Señor por el hermano cáncer! “El miedo al cáncer no tiene derecho a apoderarse de mí, aunque sacuda con su presencia sorprendente mi cuerpo y mi espíritu: porque no puede imponerse por encima del Dios de la vida y del futuro, ni siquiera cuando se ha acabado toda esperanza. Él hace saltar su salvación más allá de todos los cánceres y muertes”. “(La enfermedad, el cáncer) No es una descomposición; es ya una vida nueva que se está multiplicando”. “Mi cáncer me está haciendo más comprensivo, flexible, tolerante”. “Enfermar es nacer. Volver a unas nuevas claves de existencia y de valoración, más auténticas, más verdaderas y más conformes con el corazón envolvente de Dios. . Dios es el único que marca nuestro ritmo de vida”. “No es que Dios me quiera porque valgo mucho; sino que valgo todo porque Dios me quiere”. “En el límite de mi importancia, con Dios compasivo y solidario a mi lado, voy a llegar a decir: “Sólo Dios basta”. . . Venceré el último enemigo mío, cuando ya me encuentre indefenso e incapaz de lucha: a mí mismo, diosecillo recurrente y victorioso en muchas “batallas” ante el Dios de la fraternidad y de la llamada a ir más allá de mí mismo”.

               EL ALMA

                El alma goza de unicidad, sustancialidad, espiritualidad, simplicidad e inmortalidad. Es única porque rige toda la vida vegetal, sensible, intelectual del hombre. Es sustancial porque es el soporte de todo el hombre. La separación de alma y cuerpo, produce la muerte del cuerpo. Y el alma es espiritual, o sea, es capaz de la abstracción, de captar conceptos inmateriales, de sentir la atracción por lo que está por encima de todo el universo. Esto reclama la simplicidad del alma, que no puede estar compuesta de lo que se pesa, de lo que se mide, de lo que se toca, de lo que se divide. Y explica que el alma es inmortal. Recordemos estos textos evangélicos: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero el alma no la pueden matar” (Mt. X, 28). “Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos” (Mt. XIX, 17). “¿Qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mt. XVI, 26).

CIVILIZACIÓN CRISTIANA

                “No se edificará la ciudad de un modo distinto a como Dios la ha edificado;. . . no, la civilización no está por inventar, ni la nueva ciudad por construir en las nubes. Ha existido, existe: es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla, sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad: “omnia instaurare in Christo” [San Pio X, Carta sobre Le Sillon “Notre charge apostolique” (I, II)]”.

DALMACIO NEGRO Y FRANCO

                Pedro Carlos González Cuevas, ha escrito el magnífico libro “La razón conservadora. Gonzalo Fernández de la Mora, una biografía político-intelectual” En la reseña del libro que hace el Catedrático Dalmacio Negro, en Razón Española, afirma: “Como el hombre vive en la historia, uno de los problemas del género biográfico consiste en insertar la trayectoria del biografiado en la tendencia temporal a la que pertenece. Y el autor lo hace magistralmente al describir la circunstancia vital de Gonzalo Fernández de la Mora [30.IV.1924-10.II.2002] dentro de la trayectoria dominante: la de la España franquista de la posguerra de 1945 a la que sirvió con “su insobornable honradez, su capacidad crítica y su inteligencia». En primer lugar, por patriotismo, en segundo lugar, por entender que la gobernación de Franco era la más eficaz desde los tiempos de Felipe II y, en tercer lugar, como defensor de la civilización occidental, esencialmente cristiana, que veía amenazada por la sovietización del pensamiento”.

SAN JUAN PABLO II Y ESPAÑA

                San Juan Pablo II amaba con todo su corazón a María Santísima “Totus Tu” España, siempre amó a la Virgen Santísima. El Papa dijo en nuestra patria: “Motivo particular de esperanza es para mí la sólida devoción que este pueblo, España, con sus pastores al frente, profesa, privada y públicamente, a la Madre de Dios y Madre nuestra. Pertenecéis a una tierra que supo defender siempre con la fe, con la ciencia y  la piedad las glorias de María: desde su concepción inmaculada hasta su gloriosa asunción en cuerpo y alma a los cielos, pasando por su perpetua virginidad. No olvidéis este rasgo vuestro. Mientras sea este vuestro distintivo, estáis en buenas manos. No habéis de temer. Que Jesús, modelo acabado de pastores, Hijo de María, os ayude siempre. Os bendigo en su nombre cordialmente”.

 

 Padre Cano,  mCR.

 

Humanum genus: la masonería 6

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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  1. El mal radical de la masonería

– Dogmática depravada

leon xiiiLa naturaleza y los métodos de la masonería quedan suficientemente aclarados con la sumaria exposición que acabamos de hacer. Sus dogmas fundamentales discrepan tanto y tan claramente de la razón, que no hay mayor depravación ideológica. Querer destruir la religión y la Iglesia, fundada y conservada perpetuamente por el mismo Dios, y resucitar, después de dieciocho siglos, la moral y la doctrina del paganismo, es necedad insigne e impiedad temeraria. Ni es menos horrible o intolerable el rechazo de los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo para cada hombre en particular, sino también para cuantos viven unidos en la familia o en la sociedad civil; beneficios, por otra parte, señaladísimos según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En este insensato y abominable propósito parece revivir el implacable odio y sed de venganza en que Satanás arde contra Jesucristo. De manera semejante, el segundo propósito de los masones, destruir los principios fundamentales del derecho y de la moral y prestar ayuda a los que, imitando a los animales, querrían que fuese lícito todo lo agradable, equivale a empujar al género humano ignominiosa y vergonzosamente a la muerte. Aumentan este mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y a la sociedad civil. Porque, como hemos expuesto en otras ocasiones, el consentimiento casi universal de los pueblos y de los siglos demuestra que el matrimonio tiene un algo sagrado y religioso; pero además la ley divina prohíbe su disolución. Si el matrimonio se convierte en una mera unión civil, si se permite el divorcio, la consecuencia inevitable que se sigue en la familia es la discordia y la confusión, perdiendo su dignidad la mujer y quedando incierta la conservación y suerte posterior de la prole. La despreocupación pública total de la religión y el desprecio de Dios, como si no existiese, en la constitución y administración del Estado, constituyen un atrevimiento inaudito aun para los mismos paganos, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento estuvo tan grabada no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que consideraban más fácil encontrar una ciudad en el aire que un Estado sin Dios. En realidad, la sociedad humana, a que nos sentimos naturalmente inclinados, fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de Dios procede, como de principio y fuente, toda la perenne abundancia de los bienes innumerables que la sociedad disfruta. Por tanto, así como la misma naturaleza enseña a cada hombre en particular a rendir piadosa y santamente culto a Dios, por recibir de Él la vida y los bienes que la acompañan, de la misma manera y por idéntica causa incumbe este deber a los pueblos y a los Estados. Y los que quieren liberar al Estado de todo deber religioso, proceden no sólo contra todo derecho, sino además con una absurda ignorancia. Y como los hombres nacen ordenados a la sociedad civil por voluntad de Dios, y el poder de la autoridad es un vínculo tan necesario a la sociedad que sin aquél ésta se disuelve necesariamente, síguese que el mismo que creó la sociedad creó también la autoridad. De aquí se ve que, sea quien sea el que tiene el poder, es ministro de Dios. Por lo cual, en todo cuanto exijan el fin y naturaleza de la sociedad humana, es razonable obedecer al poder legítimo cuando manda lo justo como si se obedeciera a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna. Y nada hay más contrario a la verdad que suponer en manos del pueblo el derecho de negar la obediencia cuando le agrade. De la misma manera nadie pone en duda la igualdad de todos los hombres si se considera su común origen y naturaleza, el fin último a que todos están ordenados y los derechos y obligaciones que de aquéllos espontáneamente derivan. Pero como no pueden ser iguales las cualidades personales de los hombres y son muy diferentes unos de otros en los dotes naturales de cuerpo y alma y son muchas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada hay más contrario a la razón que pretender abarcarlo y confundirlo todo en una misma medida y llevar a las instituciones civiles una igualdad jurídica tan absoluta. Así como la perfecta disposición del cuerpo humano resulta de la unión armoniosa de miembros diversos, diferentes en forma y funciones, pero que vinculados y puestos en sus propios lugares constituyen un organismo hermoso, vigoroso y apto para la acción, así también en la sociedad política las desemejanzas de los individuos que la forman son casi infinitas. Si todos fuesen iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, el aspecto de este Estado sería horroroso. Pero si, dentro de los distintos grados de dignidad, aptitudes y trabajo, todos colaboran eficazmente al bien común, reflejarán la imagen de un Estado bien constituido y conforme a la naturaleza.

Los perturbadores errores que hemos enumerado bastan por sí solos para provocar en los Estados temores muy serios. Porque, suprimido el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, despreciada la autoridad de los gobernantes, permitida y legitimada la fiebre de las revoluciones, desatadas hasta la licencia las pasiones populares, sin otro freno que la pena, forzosamente han de seguirse cambios y trastornos universales. Estos cambios y estos trastornos son los que buscan de propósito, sin recato alguno, muchas asociaciones comunistas y socialistas. La masonería, que favorece en gran escala los intentos de estas asociaciones y coincide con ellas en los principios fundamentales de su doctrina, no puede proclamarse ajena a los propósitos de aquéllas. Y, si de hecho no llegan de modo inmediato y en todas partes a los mayores extremos, no ha de atribuirse esta falta a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficaz virtud de la inextinguible religión divina y al sector sano de la humanidad que, rechazando la servidumbre de las sociedades clandestinas, resiste con energía los locos intentos de éstas.

Papa León XIII

Ciencia y fe 7: mascotas

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Hola querido lector. Aquí me tienes de nuevo, aunque creo que esta vez no voy a hacer amigos (si alguna vez los hago). Voy a hablar de mascotas. Sí, de esos animalillos que algunos eligen como amigos.

Me dirás, “¿qué pintan las mascotas en un blog católico?” pues lo mismo que cualquier otro tema, pues entiendo que la perspectiva católica abarca todos los aspectos de nuestra vida, incluso los más pequeños.mascota-cuidado-

También me podrás decir”¿Y con qué autoridad te ocupas del tema?” En el aspecto católico, con la única y exclusiva autoridad del sentido común, que no tengo otra.

En el aspecto técnico, con la experiencia y conocimiento que me dio, entre otras actividades cercanas, el ser presidente de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Barcelona, que fue en su momento la Entidad proteccionista más importante de España, y con nombre internacional.

Por cierto, creo que fui el primer presidente sin título nobiliario –, pero quien la sacó de la ruina económica y financiera en que se encontraba y la encauzó en la senda de la viabilidad económica. Creo que es lo mejor que podía hacer por la causa. También realicé cambios estructurales fundamentales, pero creo que el aspecto  económico fue más importante.

Desde ese cargo vi muchas cosas que no vienen a cuento, pero me hice una composición de lugar que sí viene a cuento  y que paso a comentarte.

Las mascotas, que como todo tienen sus detractores y sus defensores, suponen en general, un plus de compromiso y responsabilidad que son buenos aunque sean con irracionales, pues quien los ejerce es un racional.

Además, el poder sobre la mascota es total y discrecional por parte del dueño.

Es bueno tener un poder absoluto sobre un ser vivo e indefenso, porque es un catalizador de cómo usamos ese poder absoluto en la impunidad; hay quienes son buenos porque no se atreven a ser malos por el “qué dirán”.

Las mascotas nos dan la oportunidad de ser pacientes y responsables con quienes no pueden defenderse ni acusarnos. Esto puede ser muy pedagógico, especialmente para los niños.

La mascota nos da la oportunidad de ejercer el amor sin esperar más recompensa que la fidelidad animal, que es un valor absolutamente abstracto y material pues carece de racionalidad. Y eso es bueno; pues ejercemos el amor a cambio de nada.

En personas mayores, solitarias, enfermas,… las mascotas pueden ser parte de una terapia al estimular en el ser humano  sentimientos de amor, con los efectos derivados, que ello conlleva. Eso es también bueno.

El único inconveniente de las mascotas, especialmente las más humanizadas – como los perros -, es que nos pueden hacer perder el “oremus”; he visto que muchas personas sensibles, tienden a comparar a las mascotas con las personas: “…este perro es mejor que muchas personas… “…”si las personas fueran como los animales…”

No, la mejor mascota, el mejor de los perros, es siempre infinitamente inferior al ser humano más despreciable. Porque por humanizada o inteligente que sea una mascota es siempre un ser irracional, es decir, hay una diferencia no de matiz, sino de grado, con una persona.

Esto es extrapolable también, al gorila y al chimpancé.

Naturalmente la mascota ha de estar adecuadamente alimentada y con el control sanitario oportuno, pero tratar a una mascota como a una persona, vistiéndola, comprándole caprichos, gastando en ella lo que no damos en caridad, eso es un problema de otra índole. Cuando la mascota nos arrastra en lugar de acompañarnos, es que hemos traspasado el umbral de la cordura. Y eso no es bueno.

Mientras tengamos esto claro y diáfano, las mascotas pueden ejercer una buena influencia en nuestras vidas. Son criaturas que Dios ha puesto para eso, para que las admiremos y respetemos como obra de la Creación.

Querido lector. He meditado cada palabra que he escrito. Te pido que hagas lo mismo si algo de lo dicho te ofende, pues en ningún momento ha estado en mi ánimo ofender a quienes aman a los animales, esas deliciosas criaturas que Dios ha creado para nuestro deleite. Gracias por tu atención y comprensión. Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

José Cepero

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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