Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

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Segunda venida de Cristo

18 jueves Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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canoA lo largo de los siglos, se ha dicho muchas veces que el fin del mundo será tal fecha. Y el mundo sigue. También que Jesucristo va venir tal día para juzgar a vivos y muertos. Del libro de religión que hemos leído varias veces recordamos que antes de la venida triunfal de Jesús se han de cumplir los siguientes acontecimientos que predice el Nuevo Testamento: la predicación del Evangelio en todo el mundo, la apostasía universal, la conversión de los judíos, el advenimiento del Anticristo y grandes calamidades.

Jesús asegura que “será predicado el Evangelio del reino en todo el mundo, testimonio para las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mt 24, 14); “Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos” (Mt 24, 4).

Jesús anunció también la apostasía universal: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lc 18, 8); San Pablo lo recordaba a los primeros cristianos: “Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía, ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición” (2Tes 2, 3).

En contraste con esta apostasía casi general, se producirá la conversión de los judíos: “No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que presumáis de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la totalidad de los gentiles, y así todo Israel será salvo, como dice la Escritura: Vendrá de Sión el  Libertador; alejará de Jacob las impiedades. Y esta será mi Alianza con ellos, cuando haya borrado sus pecados” (Rom 11, 2527).

La venida del Anticristo aparece ya en las cartas de los Apóstoles: “Hijos míos, es la última hora. Habéis oído decir que iba a venir un Anticristo… Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1Jn 18 y 22);  “Entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Venida” (2Tes 2, 8).

Jesús anunció también grandes calamidades: “Oiréis también hablar de guerras y de rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso tiene que suceder, pero todavía no es el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos. Pero todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento. Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todos los hombres por causa de mi nombre” (Mt 24, 69).

Cristo Nuestro Señor vendrá de nuevo a la tierra rodeado de majestad al fin del mundo. Jesús lo anunció repetidas veces: “El Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles” (Mt 16, 27); “entonces aparecerá el estandarte del Hijo del Hombre en el cielo, y se levantarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y majestad grande” (Lc 21, 27).

El Señor no quiso revelar el momento en que sucedería su segunda venida: “El Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mc 13, 32).

Lo importante no es saber el momento de la segunda venida de Jesús, sino estar preparados para ese día: “Cuanto al tiempo y a las circunstancias no hay, hermanos, para qué escribir. Sabéis bien que el día del Señor llegará como el ladrón en la noche” (1Tes 5, 12).

Padre Manuel Martínez Cano, mCR

Ateísmo hoy 3

18 jueves Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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Ambigüedades de la distinción entre ateísmo teórico y ateísmo práctico

guerra camposPara proceder con un poco de orden y rigor dentro de la sencillez, antes de seguir adelante hay que preguntar todavía: ¿qué clase de exclusión de Dios es esa que llamamos Ateísmo? Hemos hablado de «desentendimiento» y de «negación». Quizá no basta. Cuando se trata de ateísmo es frecuente aducir una distinción que se aplica con mucha facilidad a los comportamientos concretos de determinadas personas: la distinción entre ateísmo teórico y ateísmo práctico. Se supone que esta distinción aclara mucho las cosas, e incluso señala dos niveles de profundidad: el ateísmo teórico sería más radical, sería negar a Dios directa y conscientemente; y el ateísmo práctico, por lamentable que sea, sería más superficial, sería obrar sin coherencia en relación con Dios, como si Dios no existiese, pero sin negarlo.

Sin embargo, la claridad es sólo aparente; la distinción entre los dos modos de ateísmo es muy indeterminada. Y lo que desde luego resulta difícil, casi imposible, es deslindar en las personas concretas, aun cuando formulen científicamente su pensamiento, a qué tipo de ateísmo corresponde. ¡Dios lo sabe! En abstracto parece fácil. El ateísmo teórico sería en cada caso la negación de la existencia de Dios por ciertas razones; y el ateísmo práctico sería sencillamente la negación de la Religión, la eliminación de mi comunicación libre con Dios o de la ordenación de mi vida a Dios, por agnosticismo, por falta de confianza, por lo que fuere.

Se piensa a veces que la negación meramente práctica, compatible con el reconocimiento de la existencia de Dios, es menos negación de Dios que la teórica. ¿Pero es menos negación de Dios, por ejemplo, la rebelión directa contra Dios (el antiteísmo satánico), la oposición sistemática contra Dios reconocido como existente, mas no acatado?

Aumenta la ambigüedad, sobre todo entre cristianos, cuando, al exigirnos justamente mayor fidelidad a nuestra vocación, llamamos «ateísmo práctico» a toda actitud de pecado. No hay peor equívoco, porque donde hay pecado reconocido hay profunda religiosidad: el reconocimiento del pecado es una de las marcas inconfundibles de la actitud religiosa.

Por otro lado, en cada una de las personas, posibles ateos, que quisiéramos examinar, se dan interferencias entre lo teórico y lo práctico y, además, es dificilísimo determinar la prioridad genética, esto es: ¿ciertas actitudes de desentendimiento O aparente negación de Dios en una persona determinada empezaron por el examen de unas razones. u objeciones, que la llevaron a declarar que DIOS es mutI1-desconocido-no existente, y en consecuencia la indujeron a conformar su vida práctica de acuerdo con esa supresión de Dios?; ¿o al contrario, fue una actitud inicial de desentendimiento o descuido, de afirmación práctica y un poco a ciegas de la propia autonomía la que poco a poco la llevó a buscar razones que cohonestasen aquella actitud y le sirviesen de coartada? A veces no lo saben ni siquiera los interesados.

Baste considerar algunos hechos. Muchas personas, que se creen totalmente ateas, mantienen sin embargo una preocupación, una «apertura» hacia lo misterioso, hacia lo trascendente desconocido: donde permanecen esta preocupación y esta apertura, no hay exclusión total de Dios. Hay otras formas de ateísmo que son posteriores al ejercicio de la fe: formas de descreimiento que aún conservan viva la desilusión, la nostalgia, a la manera de los discípulos que se retiraban a Emaús el día de la Resurrección del Señor: daban ya por acabado lo que habían esperado del Señor, formulaban ya esta esperanza en pretérito («nosotros esperábamos que Él había de restablecer el reino de Israel, pero ya estamos en el tercer día y…»).[1] Esa nostalgia era como una ceniza, pero con brasas debajo; la nostalgia dice mucho con la fe: era todavía fe, aunque en peligro de apagarse. Hay también el ateísmo de los «apasionados». Acaba de morir Jean Rostand, uno de los pensadores incrédulos más conocidos de nuestro tiempo, célebre por su racionalismo implacable, pero también por su honradez antitópica y su franqueza. Escribió en una ocasión: «Lo que me escandaliza es que aquellos que creen en Dios no piensen en Él tan apasionadamente como pensamos en su ausencia los que no creemos».[2] ¿Es éste un ateísmo radical?

Ateos que parecen muy radicales en sus formulaciones científicas sistemáticas, luego resulta que no lo son tanto. ¿Excluyen de verdad a Dios? ¿o, por 10 que sea, se deciden a no contar con Dios, a proclamar su autonomía sin trabas? Cito dos autores de los más extremosos y sistemáticos en la materia. El famoso filósofo Nicolai Hartmann, después de haber refutado a su manera con toda clase de razonamientos el valor de los indicios o pruebas que conducen a afirmar la existencia de Dios, después de establecer como postulado la afirmación de una libertad humana absolutamente desligada de toda relación con Dios, confiesa: «La falsedad de las pruebas o de las teorías no es nunca por sí sola una refutación del objeto. Éste puede subsistir. Pero permanece envuelto en una absoluta irracionalidad».[3] ¿Quiere decir que, a pesar de todo lo dicho, a lo mejor Dios existe, aunque no sea accesible con valor práctico?

El otro autor es J. P. Sartre, el clásico existencialista ateo, consolidado al parecer en un ateísmo sin preocupaciones ni búsquedas y que, sin embargo, escribió hace exactamente diecisiete años unas palabras, que no sabemos si tenían un tono irónico, pero es probable que en este momento sean para él mismo más serias de lo que se imaginaba: «Mi ateísmo es provisional. Está vinculado al hecho de que Dios no se me ha revelado todavía».[4]

Como la modalidad teórica y la modalidad práctica del ateísmo pueden darse con distintas dosis en una misma persona, y también en diferentes formas de ateísmo, siendo difícil deslindarlas. por ello renuncio a clasificar el ateísmo teórico y el ateísmo práctico como formas separadas entre las demás formas de ateísmo. Pueden invadirlas todas y podemos tropezar con ambas modalidades en cualquiera de ellas.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1] Lucas 24, 21.

[2] JEAN ROSTAND: «Ce qui me scandalise, c’est que ceux qui croient en Dieu, n’y pensent pas aussi passionnément que nous, qui n’y croyons pas, pensons a son absence». (Cf. Ce que je erais, Paris, 1953; Inquietudes de un biólogo, Ed. Fontanella, Barcelona, 1969.)

[3] N. HARTMANN, Ethik, ed. 1935, p. 743.

[4] J. P. SARTRE, en Recherehes et Débats n 32 Paris 1960, p. 61.

Humanum genus: la masonería 1

10 miércoles Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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240px-Leo_XIIIEl género humano, después de apartarse miserablemente de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, «por envidia del demonio», quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno combate sin descanso por la verdad y la virtud, y el otro lucha por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. -El primer campo es el reino de Dios en la tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo. Los que quieren adherirse a ésta de corazón y como conviene para su salvación, necesitan entregarse al servicio de Dios y de su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad. El otro campo es el reino de Satanás. Bajo su jurisdicción y poder se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, se niegan a obedecer a la ley divina y eterna y emprenden multitud de obras prescindiendo de Dios o combatiendo contra Dios. Con aguda visión ha descrito Agustín estos dos reinos como dos ciudades de contrarias leyes y deseos, y con sutil brevedad ha compendiado la causa eficiente de una y otra en estas palabras: «Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial». -Durante todos los siglos han estado luchando entre sí con diversas armas y múltiples tácticas, aunque no siempre con el mismo ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen el campo peor parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia bajo la guía y con el auxilio de la masonería, sociedad extensamente dilatada y firmemente constituida por todas partes. No disimulan ya sus propósitos. Se levantan con suma audacia contra la majestad de Dios. Maquinan abiertamente la ruina de la santa Iglesia con el propósito de despojar enteramente, si pudiesen a los pueblos Cristianos dejos beneficios que les ganó Jesucristo nuestro Salvador. Deplorando Nos estos males, la caridad nos urge y obliga a clamar repetidamente a Dios: «Mira que bravean tus enemigos y yerguen la cabeza los que te aborrecen. Tienden asechanzas a tu pueblo y se conjuran contra tus protegidos. Dicen: ‘Ea, borrémoslos del número de las naciones’.»

Ante un peligro tan inminente, en medio de una guerra tan despiadada y tenaz contra el cristianismo, es nuestro deber señalar este peligro, descubrir a los adversarios, resistir en lo posible sus tácticas y propósitos, para que no perezcan eternamente aquellos cuya salvación nos está confiada, y para que no sólo permanezca firme y entero el reino de Jesucristo, cuya defensa Nos hemos tomado, sino que se dilate todavía con nuevos aumentos por todo el orbe.

I. La Iglesia, frente a la masonería

Nuestros antecesores, los Romanos Pontífices, velando solícitamente por la salvación del pueblo cristiano, conocieron la personalidad y las intenciones de este capital enemigo tan pronto como comenzó a salir de las tinieblas de su oculta conjuración. Los Romanos pontífices, previendo el futuro, dieron la señal de alarma frente al peligro y advirtieron a los príncipes y a los pueblos para que no se dejaran sorprender por las artimañas y las asechanzas preparadas para engañarlos. El papa Clemente XII, en 1738, fue el primero en indicar el peligro. Benedicto XIV confirmó y renovó la constitución del anterior pontífice. Pío VII siguió las huellas de ambos. Y León XII, incluyendo en su constitución apostólica «Quo graviora» toda la legislación dada en esta materia por los papas anteriores, la ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII, Gregorio XVI y reiteradamente Pío IX hablaron en el mismo sentido.

En efecto, tan pronto como una serie de indicios manifiestos -instrucción de procesos, publicación de las leyes, ritos y anales masónicos, el testimonio personal de muchos masones- evidenciaron la naturaleza y los propósitos de la masonería, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la masonería, constituida contra todo derecho divino y humano, era tan perniciosa para el Estado como para la religión cristiana. Y amenazando con las penas más graves que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad. Los masones, encolerizados por esta prohibición, pensaron que podrían evitar, o debilitar al menos, en parte con el desprecio y en parte con las calumnias, la fuerza de estas sentencias, y acusaron a los Sumos Pontífices que las decretaron de haber procedido injustamente o de haberse excedido en su competencia. De esta manera procuraron eludir la grave autoridad de las constituciones apostólicas de Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y Pío IX. No faltaron, sin embargo, dentro de la misma masonería quienes reconocieron, aun a pesar suyo, que las disposiciones tomadas por los Romanos Pontífices estaban de acuerdo con la doctrina y la disciplina de la Iglesia Católica. En este punto muchos príncipes y jefes de gobierno estuvieron de acuerdo con los papas, ya acusando a la masonería ante la Sede Apostólica, ya condenándola por sí mismos, promulgando leyes a este efecto. Así sucedió en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y otros Estados de Italia.

Pero lo más importante es ver cómo la prudente previsión de nuestros antecesores quedó confirmada con los sucesos posteriores. Porque sus providentes y paternales medidas no siempre, ni en todas partes, tuvieron el éxito deseado. Fracaso debido, unas veces, al fingimiento astuto de los afiliados a la masonería, y otras veces, a la inconsiderada ligereza de quienes tenían la grave obligación de velar con diligencia en este asunto. Por esto, en el espacio de siglo y medio la masonería ha alcanzado rápidamente un crecimiento superior a todo lo que se podía esperar, e infiltrándose de una manera audaz y dolosa en todos los órdenes del Estado, ha comenzado a tener tanto poder, que casi parece haberse convertido en dueña de los Estados. A este tan rápido y terrible progreso se ha seguido sobre la Iglesia, sobre el poder de los príncipes y sobre la misma salud pública la ruina prevista ya mucho antes por nuestros antecesores. Porque hemos llegado a tal situación, que con razón debemos temer grandemente por el futuro, no ciertamente por el futuro de la Iglesia, cuyo fundamento principal es demasiado fuerte para que pueda ser socavado por el solo esfuerzo humano, sino por el futuro de aquellas naciones en las que ha logrado una influencia excesiva la secta de que hablamos u otras semejantes que están unidas a ella como satélites auxiliares.

Por estas causas, tan pronto como llegamos al gobierno de la Iglesia, comprendimos claramente la gran necesidad de resistir todo lo posible a una calamidad tan grave, oponiéndole para ello nuestra autoridad. Aprovechando repelidas veces la ocasión que se nos presentaba, hemos expuesto algunos de los puntos doctrinales más importantes que habían sufrido un influjo mayor de los perversos errores masónicos. Así, en nuestra encíclica «Quod Apostolici muneris» hemos demostrado con razones convincentes las utópicas monstruosidades de los socialistas y de los comunistas. Más tarde, en otra encíclica, «Arcanum», hemos defendido y explicado la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, cuya fuente y origen es el matrimonio. Por último, en la encíclica «Diuturnum» hemos desarrollado la estructura del poder político, configurado según los principios de la filosofía cristiana; estructura maravillosamente coherente con la naturaleza de las cosas y con la seguridad de los pueblos y de los gobernantes. Hoy, siguiendo el ejemplo de nuestros predecesores, hemos decidido consagrar directamente nuestra atención a la masonería en sí misma considerada, su sistema doctrinal, sus propósitos, su manera de sentir y de obrar, para iluminar con nueva y mayor luz su maléfica fuerza e impedir así el contagio de tan mortal epidemia.

Papa León XIII

La voz de los santos 4

10 miércoles Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in La voz de los santos, Uncategorized

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mateo1«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos’
San Mateo 5,3.

«La ley de Cristo, que se cumple en el amor, nos obliga a procurar la salvación de las almas más que la del cuerpo».

San Francisco de Asís

«Sólo el amor crea»

San Maximiliano Kolbe

 «Dejad todas las cosas, os repito, pero no dejéis la oración: que ella sola os volverá a Dios, aunque os hayáis alejado mucho de Él. Entendedlo bien: ella sola».

San Pedro J. Eymard

«El buen lector [de la Sagrada Escritura] no se preocupa tanto de conocer lo que lee, cuanto de ponerlo en obra».

San Isidoro de Sevilla

 «Muéstrate siempre alegre, pero que tu sonrisa sea sincera».

 San Juan Bosco

 

Chispicas 20

10 miércoles Jun 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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chispicasNo recuerdo concilio que haya hablado más y tan profundamente de la Virgen María que el Concilio Vaticano II: “Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo, y unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta de Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas” (Lumen Gentium, 53).

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