Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

Mensajes de fe 32: Liturgia de la Misa y comunión

06 miércoles May 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

≈ Deja un comentario

Cuanto reproducimos no es discutible ni opinable… al menos para un católico que se siente obligado a cumplir todas las NORMAS DEL PAPA Y DE LA IGLESIA. primera-comunion-rezando--644x362No son cosas anteriores al Vaticano II, sino lo mandado por el mismo Concilio en su «Constitución de Sagrada Liturgia», número 22: «Nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia… Ni tampoco un obispo por sí solo. Han de ser todos en Conferencia Episcopal territorial». Lo demás trae confusionismo y «autodemolición de la Iglesia… así llena del humo de Satanás» (Pablo VI). Es engañar a los fieles hacerles creer que se hace por tratarse de «modernidad, progreso, renovación, creatividad, experimentación». Toda nueva «experiencia» ha sido prohibida terminantemente por Roma (Véase la III Instrucción Litúrgica de Roma, de fecha 5-9-1970).

I. -Todos han de arrodillarse en la consagración de la Santa Misa o Sacrificio Eucarístico.
(Así se llama en todos los documentos de la Iglesia, a pesar de la moda de llamarla sólo «Eucaristía», palabra en que convienen muchos «separados»).
Los fieles han de arrodillarse en la «epiclesis consecratoria», sin ninguna espera, o sea cuando el celebrante invoca al Espíritu Santo y santificador extendiendo las manos hacia abajo sobre el cáliz y la hostia. El sacerdote se hincará dos veces de rodillas, en actitud de ADORACIÓN… ¿Y los fieles no? Cuando celebran juntos varios sacerdotes, los demás concelebrantes habrán de INCLINARSE PROFUNDAMENTE (Ordenación General del Misal Romano, 1969: 174 c; 2002: nº 222 c). Se manda ESTAR DE RODILLAS A TODOS LOS FIELES EN LA CONSAGRACIÓN (Ibíd. nº 21; nº43); exceptúa SOLAMENTE el caso de imposibilidad física o moral y cita ejemplos de esta «fuerza mayor», como, por causa de salud, el no caberse en el templo llenísimo -es frecuente en San Pedro del Vaticano- y otras similares CAUSAS RAZONABLES. Nunca serán causas razonables las «inventadas arbitrariamente o convencionales», como apiñar a los fieles alrededor del altar, cuando caben holgadamente en el templo. Se trata de casos de ancianos, enfermos, reumáticos, etc. En estos casos excepcionales habrá que INCLINARSE PROFUNDAMENTE mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración, en actitud de fe y de adoración activa. Además en el ya citado nº 43 de la Ordenación General de Misal Romano del 2002, se dice: “Allí donde sea costumbre que el pueblo permanezca de rodillas desde que termina la aclamación del Santo hasta el final de la plegaria eucarística y antes de la Comunión cuando el sacerdote dice: Este es el Cordero de Dios, es loable que dicha costumbre se mantenga”, pero guardando siempre la uniformidad de todos los participantes no impedidos, como se dice antes en este mismo número.comunión
¡Nunca ha de ser el fiel un mudo espectador! Así lo ordenó Su Santidad el Beato Pablo VI al publicar el ORDO MISSAE, con fecha 3-4-1969, y Su Santidad San Juan Pablo II en la Institutio generalis Missalis Romani de tercera edición del Misal Romano, 2002 (Traducción española: Ordenación General del Misal Romano, 2005) en el nº 3 de 1969 y en el nº 18 de 2002. Así mismo se dice en el PROEMIO (26-3-1970, del MISAL LATINO VATICANO típico y en la mismas Institutio del 2002), en el número 3, el porqué de esta ACTITUD DE ADORACIÓN, CON LAS RODILLAS (las dos genuflexiones del sacerdote y genuflexión doble de los fieles).
La consagración es el momento preciso en que empieza el SACRIFICIO EUCARÍSTICO del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, la REAL PRESENCIA PERSONAL (no sólo simbólica o moral) del Salvador glorioso y resucitado, y la TRANSUBSTANCIACIÓN DEL PAN Y DEL VINO que pierden realmente su substancia, conservando las apariencias o accidentes sacramentales. (Nadie ha prohibido la campanilla y el tañer de la campana de la torre o campanario que asocia a toda la feligresía a cada misa, recordándoles la misa espiritual y la comunión espiritual, y la adoración de todos junto con la misa cercana y la misa «perenne», ininterrumpida día y noche en la Iglesia). Quien desea ocultar estos tres dogmas o misterios católicos sobre la Santa Misa que se obran en la consagración y quien los discute, no tiene de católico más que el nombre. Pronto perderá la fe y la hará perder a los demás.
Este es uno de los puntos principales de la revolución neomodernista para «protestantizar» a la Iglesia, aunque no pocos, incluso sacerdotes influidos por libros, revistas o grupos de presión desviados, lo sigan inconscientemente. No se han dado cuenta de que es muy fácil así retorcer u ocultar la letra ESCRITA mandada por la Iglesia. Ya lo hizo Satanás, en las tentaciones del desierto, cuando tuvo la osadía de retorcer las palabras de la Biblia y decir al Salvador: «Todo el mundo te daré si POSTRADO me adorares». (San Mateo, 4, 9). Cuando en un templo se enseña u ordena lo contrario, los fieles deben seguir el consejo del libro de los Ejercicios de San Ignacio cuando enseña a «sentir con la Iglesia Jerárquica», y hacer «todo lo contrario»: ponerse en primer término, cerca del altar, y arrodillarse a tiempo, para arrastrar a todos con su buen ejemplo.

II. -Cuando se tiene conciencia de pecado en materia grave hay que confesarse antes de comulgar.
(Cuestión aparte si se trata de escrúpulos o de cosas dudosamente graves ya consultadas al confesor).

Decir otra cosa es hacerse apóstol del sacrilegio. Lo declara el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005) en la pregunta nº 291: “Para recibir la sagrada Comunión se debe estar […] en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercase a comulgar.” Comulgar de otro modo «será comer y beber su propia condenación» (San Pablo, 1ª Corintios, 11, 29).
III. -Siguen obligando dos graves mandamientos de la iglesia
-Una hora de ayuno natural antes de comulgar (excepto beber agua o tomar medicinas, Código de Derecho Canónico 1983, nº 919)
-“QUIÉN YA HA RECIBIDO LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA, PUEDE RECIBIRLA DE NUEVO EL MISMO DÍA SOLAMENTE DENTRO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN LA QUE PARTICIPE” (Ibídem. nº 917).

IV. – Siempre se puede comulgar en la boca y de rodillas, pero hacerlo en la mano en la mano hay varias restricciones.
Reproducimos a continuación varios números de la Instrucción Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 25 de marzo del 2004
«88. Los fieles, habitualmente, reciban la Comunión sacramental de la Eucaristía en la misma Misa y en el momento prescrito por el mismo rito de la celebración, esto es, inmediatamente después de la Comunión del sacerdote celebrante. (Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 55.) Corresponde al sacerdote celebrante distribuir la Comunión, si es el caso, ayudado por otros sacerdotes o diáconos; y éste no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de los fieles. Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al sacerdote celebrante, según las normas del derecho. (Cf. S CONGR. RITOS, Instr., Eucharisticum mysterium, n. 31: AAS 59 (1967) p. 558; PONT. COMIS. PARA LA INTERP. AUTÉNTICA DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO, Respuesta ad propositum dubium, día 1 de junio de 1988: AAS 80 (1988) p. 1373.)
89. Para que también «por los signos, aparezca mejor que la Comunión es participación en el Sacrificio que se está celebrando», (MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 85.) es deseable que los fieles puedan recibirla con hostias consagradas en la misma Misa. (Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 55; S CONGR. RITOS, Instr., Eucharisticum mysterium, n. 31: AAS 59 (1967) p. 558; MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, nn. 85, 157, 243.)
90. «Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos», con la confirmación de la Sede Apostólica (En la Nota del Secretarido de la Episcopado Español de 19 de marzo de 1976, se dice que “no suplanta la costumbre de recibir la Sagrada Comunión en la boca” Eclesia nº 1782, 20 de marzo de 1976, p.34). «Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, que deben establecer las mismas normas». (Cf. MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 160.)
91. En la distribución de la sagrada Comunión se debe recordar que «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos». (Código de Derecho Canónico, c. 843 § 1; cf. c. 915.) Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie.
92. Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, (Cf. MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 161.) si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, (en España se permitió por Decreto de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino el 12 de febrero de 1976) se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. SI EXISTE PELIGRO DE PROFANACIÓN, NO SE DISTRIBUYA A LOS FIELES LA COMUNIÓN EN LA MANO. (CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Dubium: Notitiae 35 (1999) pp. 160-161.)
93. La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento. (Cf. MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 118.)
94. No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado «por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano». (Ibidem, n. 160.) En esta materia, además, debe suprimirse el abuso de que los esposos, en la Misa nupcial, se administren de modo recíproco la sagrada Comunión.
96. Se reprueba la costumbre, que es contraria a las prescripciones de los libros litúrgicos, de que sean distribuidas a manera de Comunión, durante la Misa o antes de ella, ya sean hostias no consagradas ya sean otros comestibles o no comestibles. Puesto que estas costumbres de ningún modo concuerdan con la tradición del Rito romano y llevan consigo el peligro de inducir a confusión a los fieles, respecto a la doctrina eucarística de la Iglesia. Donde en algunos lugares exista, por concesión, la costumbre particular de bendecir y distribuir pan, después de la Misa, téngase gran cuidado de que se dé una adecuada catequesis sobre este acto. No se introduzcan otras costumbres similares, ni sean utilizadas para esto, nunca, hostias no consagradas.
103. Las normas del Misal Romano admiten el principio de que, en los casos en que se administra la sagrada Comunión bajo las dos especies, «la sangre del Señor se puede tomar bebiendo directamente del cáliz, o por intinción, o con una pajilla, o una cucharilla». (MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 245.) Por lo que se refiere a la administración de la Comunión a los fieles laicos, los Obispos pueden excluir, en los lugares donde no sea costumbre, la Comunión con pajilla o con cucharilla, permaneciendo siempre, no obstante, la opción de distribuir la Comunión por intinción. Pero si se emplea esta forma, utilícense hostias que no sean ni demasiado delgadas ni demasiado pequeñas, y el comulgante reciba del sacerdote el sacramento, solamente en la boca. (Cf. ibidem, nn. 285b y 287.)
104. No se permita al comulgante mojar por sí mismo la hostia en el cáliz, ni recibir en la mano la hostia mojada. Por lo que se refiere a la hostia que se debe mojar, esta debe hacerse de materia válida y estar consagrada; está absolutamente prohibido el uso de pan no consagrado o de otra materia.»
CON LA LEY ECLESIÁSTICA EN LA MANO SIEMPRE Y EN TODO LUGAR SE PUEDE COMULGAR EN LA BOCA Y DE RODILLAS, QUE MUESTRA MAYOR RESPETO Y ADORACIÓN.

V. – CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI el 7 de julio de 2007
Reproducimos este documento en su totalidad por su gran interés
Los sumos pontífices se han preocupado constantemente hasta nuestros días de que la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de «alabanza y gloria de su nombre» y «para el bien de toda su Santa Iglesia».
Desde tiempo inmemorial, y también para el futuro, es necesario mantener el principio según el cual, «cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia Universal, no sólo en cuanto a la doctrina de la fe y los signos sacramentales sino también en cuanto a los usos universales aceptados por la tradición apostólica y continua. Éstos han de observarse no sólo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe y para que la ley de la oración de la Iglesia se corresponda a su ley de la fe.[1]
Entre los pontífices que tuvieron esa preocupación resalta el nombre de San Gregorio Magno, que hizo todo lo posible para que se transmitiera a los nuevos pueblos de Europa tanto la fe católica como los tesoros del culto y de la cultura acumulados por los romanos en los siglos precedentes. Ordenó que fuera definida y conservada la forma de la Sagrada Liturgia relativa tanto al Sacrificio de la Misa como al Oficio Divino, en el modo en que se celebraba en la Urbe. Promovió con la máxima atención la difusión de los monjes y monjas que, actuando según la regla de San Benito, siempre junto al anuncio del Evangelio, ejemplificaron con su vida la saludable máxima de la Regla: «Nada se anteponga a la obra de Dios» (cap. 43). De esa forma, la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, no solamente enriqueció la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad.
En el transcurso de los siglos, muchos otros pontífices romanos han mostrado una particular solicitud para que la Sagrada Liturgia manifestara de la forma más eficaz esta tarea. Entre ellos destaca san Pío V, que animado por gran celo pastoral tras la exhortación de Concilio de Trento, renovó todo el culto de la Iglesia, revisó la edición de los libros litúrgicos enmendados y, «renovados según la norma de los Padres», los puso en uso en la Iglesia Latina.
Entre los libros litúrgicos del rito romano, resalta el Misal Romano, que tuvo su desarrollo en la ciudad de Roma, y que, poco a poco, con el transcurso de los siglos, tomó formas que tienen gran semejanza con las vigentes en tiempos más recientes.
«Este mismo objetivo fue perseguido por los Romanos Pontífices a lo largo de los siglos siguientes, asegurando la puesta al día, definiendo los ritos y los libros litúrgicos, y emprendiendo, desde el comienzo de este siglo, una reforma más general». [2] Así actuaron nuestros predecesores Clemente VIII, Urbano VIII, san Pío X, [3] Benedicto XV, Pío XII y el beato Juan XXIII.
En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo de que la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido por este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte renovados. Éstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así, los Romanos Pontífices se han ocupado de que «esta especie de edificio litúrgico (…) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía». [4]
En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriéndose con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu de manera tan profunda, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial «Quattuor abhinc annos», emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica «Ecclesia Dei», dada en forma de Motu Proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen.
Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles, tras haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, y haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocando al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios, con las presente Carta Apostólica establecemos lo siguiente:
Art. 1.- El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» («Ley de la oración»), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante, el Misal Romano promulgado por san Pío V, y nuevamente por el beato Juan XXIII, debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la «Lex orandi» de la Iglesia en modo alguno inducen a una división de la «Lex credendi» («Ley de la fe») de la Iglesia; en efecto, son dos usos del único rito romano.
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores «Quattuor abhinc annis» y «Ecclesia Dei», se sustituirán como se establece a continuación:
Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar tanto el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 como el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración, siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita permiso alguno, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.
Art. 3.- Las comunidades de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, tanto de derecho pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o «comunitaria» en sus oratorios propios, pueden hacerlo. Si una sola comunidad o un entero Instituto o Sociedad quiere llevar a cabo dichas celebraciones a menudo o habitualmente o permanentemente, la decisión compete a los Superiores mayores según las normas del derecho y según las reglas y los estatutos particulares.
Art 4.- A la celebración de la Santa Misa, a la que se refiere el artículo 2, también pueden ser admitidos —observadas las normas del derecho— los fieles que lo pidan voluntariamente.
Art.5. § 1. En las parroquias donde haya un grupo estable de fieles adherentes a la precedente tradición litúrgica, el párroco acogerá de buen grado su petición de celebrar la Santa Misa según el rito del Misal Romano editado en 1962. Debe procurar que el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia, bajo la guía del obispo como establece el can. 392, evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia.
§ 2. La celebración según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.
§ 3. El párroco permita también a los fieles y sacerdotes que lo soliciten la celebración en esta forma extraordinaria en circunstancias particulares, como matrimonios, exequias o celebraciones ocasionales, como por ejemplo las peregrinaciones.
§ 4. Los sacerdotes que utilicen el Misal del beato Juan XXIII deben ser idóneos y no tener ningún impedimento jurídico.
§ 5. En las iglesias que no son parroquiales ni conventuales, es competencia del Rector conceder la licencia más arriba citada.
Art.6. En las misas celebradas con el pueblo según el Misal del beato Juan XXIII, las lecturas pueden ser proclamadas también en lengua vernácula, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica.
Art.7. Si un grupo de fieles laicos, como los citados en el art. 5, § 1, no ha obtenido satisfacción a sus peticiones por parte del párroco, informe al obispo diocesano. Se invita vivamente al obispo a satisfacer su deseo. Si no puede proveer a esta celebración, el asunto se remita a la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei».
Art. 8. El obispo, que desea responder a estas peticiones de los fieles laicos, pero que por diferentes causas no puede hacerlo, puede indicarlo a la Comisión «Ecclesia Dei» para que le aconseje y le ayude.
Art. 9. § 1. El párroco, tras haber considerado todo atentamente, puede conceder la licencia para usar el ritual precedente en la administración de los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Penitencia y de la Unción de Enfermos, si lo requiere el bien de las almas.
§ 2. A los ordinarios se concede la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontifical Romano, siempre que lo requiera el bien de las almas.
§ 3. A los clérigos constituidos «in sacris» es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962.
Art. 10. El ordinario del lugar, si lo considera oportuno, puede erigir una parroquia personal según la norma del canon 518 para las celebraciones con la forma antigua del rito romano, o nombrar un capellán, observadas las normas del derecho.
Art. 11. La Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejerciendo su misión. [5]
Esta Comisión debe tener la forma, y cumplir las tareas y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle.
Art. 12. La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercerá la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones.
Todo cuanto hemos establecido con esta Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere «establecido y decretado» y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de julio de 2007, tercer año de mi Pontificado.
BENEDICTUS PP. XVI
NOTAS
[1] Ordenación General del Misal Romano, 3ª ed. 2002, n. 397.
[2] JUAN PABLO II, Carta. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
[3] Ibíd.
[4] S. PÍO X, Carta. ap. en forma de Motu proprio, Abhinc duos annos, 23 octubre 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cf. JUAN PABLO II, Carta. ap. Vicesimus quintus annus, 3: AAS 81 (1989), 899.
[5] Cf. JUAN PABLO II, Lett. ap. en forma de Motu proprio Ecclesia Dei, 2 julio 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498.

“EL MUNDO VA MAL. IRÁ BIEN EL DÍA QUE QUERAMOS, O SEA, EL DÍA EN QUE NOS DECIDAMOS A ORAR», decía el célebre filósofo Gratry. Por esto, lo mínimo que todo hombre que reflexiona debe rezar cada día son las TRES AVEMARÍAS. Este obsequio a la Virgen es muy importante para la vida eterna.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10
Este número a sido actualizado
con las nuevas disposiciones
de las autoridades competentes.

Meditación 45: la profecía de Simeón

06 miércoles May 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

≈ Deja un comentario

1º Simeón era un varón justo, dice el Evangelio, temeroso de Dios y que esperaba la consolación de Israel… de este modo, con la santidad de su vida, se había preparado y hecho digno de ver y conocer al Mesías… Él Espíritu Santo le había prometido interiormente en su corazón, que no moriría sin que fuera así… Sólo esa promesa fue bastante para estimularle a ser un santo… ¿No te bastan a ti las promesas regaladísimas de Jesús para lo mismo?… ¿No sabes que con la santidad poseerás a Jesús y a María en vida y en muerte y en la eternidad?… ¿Qué más quieres? ¿Qué otro bien mayor, puedes apetecer?;. ¿Por qué, pues, no te decidesa la santidad, como lo hizo Simeón, solo por merecer la dicha de ver y tener en sus brazos a Jesús y conocer a su Madre Santísima? present2
2º La Revelación. -Y llegó, efectivamente, el día. -Iluminado Simeón por la luz del Cielo, en -aquella Mujer confundida con todas las demás…, como una de tantas…, reconoce a la Madre del Señor, y en el Niño que lleva en brazos, al Mesías verdadero. -Fíjate bien, por María conoce a Jesús..;, por la Madre al Hijo…; siempre,/siempre lo mismo,.., nunca Jesús sin María.
Entonces 5imeón, se adelanta y pide el Niño a la Madre… ¡Con qué respeto tomaría en sus brazos al Niño Jesús!… ¡Con qué fervor le miraría y le estrecharía entre sus brazos, mientras se abismaba en alegría y amor! -Mira a aquel santo viejo sosteniendo en sus brazos al que con los suyos sostiene toda la creación… ¡Qué bien empleada dio toda su vida de austeridad y santidad por el placer de este momento!…; sólo con esto se daba por bien pagado… y por eso, entusiasmado, entona aquel cántico hermosísimo de agradecimiento al Señor: Nunc dimittis… «¡Señor!, ahora ya puedes disponer cuando quieras de tu siervo»… Después de ver a María y de tener a, -Jesús, ya no quiere más en este mundo…, está seguro que en todo él, no habrá nada semejante…, ya todo le cansa, todo le hastía…; ya no quiere ver más y desea morir. -Y tú, que ves con la fe diariamente a Jesús y le tocas y te alimentas de Él, ¿por qué tienes gusto de otras cosas que no son Él?…, ¿por qué no has muerto a todas las cosas, incluso a ti mismo, para vivir sólo de Él y sólo para Él?
3º La Profecía. -Y entonces, lleno del Espíritu Santo, dirigiéndose a María, la dice: «He aquí que Éste será causa de ruina y resurrección para muchos en Israel y señal de contradicción»… ¡Qué efecto causarían estas palabras en la Santísima Virgen!… ¡Cómo las meditaría para comprender bien su íntimo y misterioso significado, ya que veía claramente que eran palabras dictadas por el mismo Dios! -Trata de comprender tú, como María, este último significado… ¡Jesús, causa de ruina y de salvación para muchos!…, es decir desde ahora ésta será la única razón de salvación y condenación de la humanidad… Todo el que se salve, será por Jesús…; todo el que se condene, será por ir contra Jesús.
Por tanto, es salud y vida para quien lo desea… llama a todos…, a todos busca…, por todos muere y derrama su sangre…, para todos funda su Iglesia y en ella coloca sus Sacramentos, fuentes de vida y de salud… Él es, por consiguiente el único Salvador del mundo.
Todas las almas que se han santificado y han adquirido la posesión gloriosa del Cielo…, todas lo han conseguido por Él; ni una sola lo hubiera podido hacer por sí misma. -Pero, en cambio, todo el que no quiera aprovecharse de la sangre de Jesús, se perderá irremisiblemente, ésta será la razón de la condenación eterna de los malos.
Penetra en el corazón de María y trata de comprender lo que pasaría por Ella, al escuchar estas palabras…; aquel corazón vio de repente todo lo que Jesús estaba haciendo e iba a hacer por todos los hombres…, le vio desangrado en la Cruz, muriendo por todos… y a la vez vio a la inmensa mayoría de los hombres no aprovecharse de esos méritos y gracias de Jesús…; vio cómo pisoteaban su sangre… y vio cómo esa sangre eternamente clamaría venganza contra ellos y eternamente pesaría sobre sus cabezas.
Da gracias a Jesús y pídele sea salud y no ruina para ti, y al mismo tiempo procura sentir pena y dolor, como la Santísima Virgen, a la vista. de tantas almas para quienes Jesús será, su perdición.
4º Señal de contradicción. -Finalmente, añade Simeón: «será señal de contradicción». -Ante Jesús no hay términos medios: o con Él o contra Él. Ya se ve esto, en su nacimiento…Pastores y reyes le adoran, pero Herodes le buscaba para la muerte…; su presencia no es nunca indiferente…, siempre excita o amores o rencores y odios enconados.
La historia de la Iglesia confirma, en los veinte siglos, esta verdad…; siempre ha habido discípulos fieles que le siguen hasta la muerte y fariseos que le calumnian y tratan de perseguirle con odio implacable… ¡Cuántas almas enamoradas de Jesús!… ¡Cuántas desgraciadas que no viven más que para ultrajarle!…
Convéncete de esta verdad… No hay, realmente, términos medios: el que no está con Él, está contra Él. -Fuera, pues, tibiezas y claudicaciones e inconstancias…; abrázate a Él…, júrale un amor intenso y eterno. -Pide a la Virgen te lo dé así a sentir y… sobre todo, a practicar, para que toda tu vida sea un continuo acto de amor a Jesús.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Imitación de Cristo 113

06 miércoles May 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Capítulo 16

Que debemos manifestar a Cristo
nuestras necesidades y pedirle su gracia

imitacion-de-cristo-dEl alma.– 1. ¡Oh dulcísimo y amantísimo Señor, a quien deseo recibir ahora devotamente! ¡Tú conoces mi flaqueza y la necesidad que padezco, en cuántos males y vicios estoy caído, cuántas veces me veo agobiado, tentado, turbado y mancillado!
A ti vengo por remedio, a ti acudo por consuelo y alivio.
Hablo a quien todo lo sabe, a quien son manifiestos todos los secretos de mi corazón, y a quien sólo me puede consolar y ayudar perfectamente.
Tú sabes los bienes que más falta me hacen y cuán pobre soy en virtudes.

2. Vesme aquí delante de ti, pobre y desnudo, pidiendo gracia e implorando misericordia.
Da de comer a este tu hambriento mendigo, enciende mi frialdad con el fuego de tu amor, alumbra mi ceguedad con la claridad de tu presencia.
Conviérteme todo lo terreno en amargura, todo lo pesado y contrario en paciencia, todo lo ínfimo y criado en menosprecio y olvido.
Levanta mi corazón a ti en el cielo, y no me dejes andar vagando por la tierra.
Tú sólo me seas dulce desde ahora para siempre, pues tú sólo eres mi manjar y bebida, mi amor, mi gozo, mi dulzura y todo mi bien.

3. ¡Oh, si me encendieses todo con tu presencia y me abrasases y transformases en ti, para ser un espíritu contigo por la gracia de la unión interior y por la efusión de tu abrasado amor!
No consientas que me separe de ti ayuno y seco, sino obra conmigo piadosamente, como lo has echo muchas veces con tus santos de un modo admirable.
¡Qué extraño sería si todo yo estuviese hecho fuego por ti y desfalleciese en mí, pues tú eres fuego que siempre arde y nunca cesa, amor que limpia los corazones y alumbra el entendimiento!

la fe es razonable

06 miércoles May 2015

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

≈ Deja un comentario

P.CanoEl catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “la fe es una adhesión persona del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras” (n. 176). “La fe es un don sobrenatural de Dios. Para crecer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo” (n.179)
Esta adhesión, este asentimiento firme e irrevocable, de nuestra inteligencia y nuestra voluntad a lo que Dios ha revelado debe ser conforme a razón, como enseña el Concilio Vaticano I: “Dios quiso que a los auxilios internos del Espíritu Santo se juntaran argumentos externos de su revelación, a saber, hechos divinos, y, ante todo los milagro y las profecías” (D. 1790)
Un milagro es un hecho sensible histórico y extraordinario que supera las fuerzas y leyes de la naturaleza creada, que solo puede ser realizado por Dios. La fe no es irracional. Es lo más razonable. La Iglesia antes de confirmar un milagro, analiza la verdad histórica, la verdad científica, la verdad relacionada con el bien sobrenatural realizado por Dios, por medio del milagro. Así confirma la autenticidad de una revelación, la doctrina divina o la fe de los fieles. Un milagro es una intervención de Dios en la historia de la humanidad. Dio hizo milagros en su Pueblo, Israel, como leemos en el Antiguo Testamento.
Jesucristo hizo muchos milagros. Y tan evidentes, que sus enemigos dijeron “¿Qué hacemos?, que este hombre hace muchos milagros” (Jn 11, 47). La resurrección de Lázaro fue el detonante de la sentencia de muerte de Jesús. Y su resurrección, la manifestación de su divinidad.
Los milagros, comprobados científicamente, son señales claras de la intervención de Dios en la historia. En la Iglesia Católica han sucedido muchos y verdaderos milagros, perfectamente comprobados por la ciencia y confirmados por el Magisterio de la Iglesia. Para la canonización de un santo se requieren dos milagros. Y son muchos los santos canonizados. En Lourdes y en otros santuarios marianos, han ocurrido muchos milagros. En la Iglesia, siguen sucediendo muchos milagros. Sencillamente, porque la verdadera religión es la religión católica.

Las profecías son milagros de orden intelectual. La profecía es la predicción cierta de un hecho futuro, que no se puede prever, porque depende de la exclusiva voluntad de Dios y de la libertad de los hombres. Sólo Dios puede conocer el futuro libre y sólo Él puede dar a conocer un acontecimiento naturalmente imprevisible. La profecía es clara señal de la intervención de Dios. Tanto en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se anuncian hechos futuros, profecías, que se cumplieron posteriormente.
La predicción de un eclipse solar no es una profecía, porque el eclipse puede preverse naturalmente, ya que está sujeto a las leyes de la naturaleza. Werner Heinemberg, el físico que ha revolucionado la ciencia del siglo XX, Premio Nobel, ha dicho: “Es posible establecer contacto entre el alma y Dios, de la misma manera que un ser humano puede establecer contacto con otros seres humanos. Lo que sí creo cierto es en Dios y que de Él viene todo. Las partículas atómicas tienen un orden y una armonía que tienen que haber sido impuestos por alguien”
La fe es lo más razonable. El doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, dice: “La fe es un gusto anticipado del conocimiento que nos hará bienaventurados en la vida futura”. Seamos razonables.
Pidamos al Señor que sepamos “combatir los nobles combates de la fe”. La Santísima Virgen está con nosotros.

P. Manuel Martínez Cano, mCR

Página para meditar 137

06 miércoles May 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

≈ Deja un comentario

alba cerecedaEl 2 de Febrero comenzará su vida religiosa en el Noviciado de las Hermanas de la Cruz, en Sevilla, ESPERANZA SANMARTÍ. Debemos tener doble alegría en el alma: porque se acrecienta el número de las que se entregan del todo para el servicio de Dios, y porque la Virgen bendice una vez más a la UNIÓN SEGLAR, llamando de entre sus filas a una joven a la vida de perfección religiosa.
En todo grupo o asociación religiosa, apostólica, de formación, en todo Colegio religioso, Centre o Universidad católica, han de brotar como fruto natural de la labor que se realiza entre los jóvenes, las vocaciones de ambos sexos, para la vida religiosa, para el sacerdocio y para la vida misionera, Es parecer de algunos santos al tratar de este tema, que la señal de un buen espíritu en aquella organización o movimiento religioso juvenil es que salgan vocaciones en un número crecido, que suelen señalar alrededor de un treinta por ciento. Por eso, aunque Dios nos ha bendecido con la abundancia de las llamadas entre nosotros, podemos preguntarnos si hemos llegado al número de los llamados y no nos quedamos cortos, porque hoy las necesidades son urgentísimas, con la caída de las vocaciones en tantos lugares. Es necesario orar más y suplicarle al Señor que nos envíe más vocaciones para multiplicar su gloria,
Los que conocen por revelación divina el estado al que el Señor los llama son pocos. Así fueron llamados los apóstoles; así fue llamado San Luis Gonzaga, de labios de la Virgen cuando oraba ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, en Madrid, En la mayoría de los casos, Dios procede en el gobierno de las vocaciones, como en todas las demás cosas: es decir, de una manera admirable lleva los acontecimientos en conformidad con la naturaleza de cada persona, suscitando en el alma los sentimientos e ideas adecuados que desembocan de una forma sencilla en la claridad de la vocación. Me decía una vez una vocación: yo no sé cómo se fue desarrollando todo en mi interior y en mi exterior; me parece que es algo así como el nacimiento del sol. De la noche a la mañana, pasando por mayor y menor claridad paulatinamente, ha llegado mi vocación, sin yo saberlo, a iluminarlo todo en mí vida.
Santo Tomás nos enseña que a quienes Dios llama para un fin determinado, prepara y dispone para que posean la idoneidad y aptitud conveniente. La mejor señal de vocación divina es la aptitud para aquella vocación y la recta intención subjetiva de procurar en aquella vocación determinada, la gloria de Dios, que consiste en la propia santificación y en la salvación de las almas.
La idoneidad de las cualidades, no nos la da la propia vivencia de nuestra miseria, sino la experiencia personal de llevar una vida habitualmente lejos del pecado mortal; la continuidad en la vida de piedad que se me ha señalado en la dirección espiritual y el cultivo de las ideas y afectos correspondientes al ideal vocacional; y en último término la opinión del director espiritual o de algún sacerdote experimentado, que me aconseja seguir adelante en la llamada de Dios, confiando en su amor, ya que el Señor no se dejará vencer en generosidad.
Por esa razón la vocación, en último término, supone generosidad y fe. Generosidad por mi parte de entregarme todo a Dios. Fe de entregarle a mi Señor la oscuridad de mi mente que no tiene evidencia inmediata de la llamada, pero que está segura de que el Señor que empezó la obra buena de mi alma, Él mismo la llevará a término.
Durante todo el mes de febrero, roguemos intensamente por la perseverancia de ESPERANZA SANMARTÍ, para que sea santa religiosa y viva en ella el amor del Corazón de Jesús que vino a inflamar la tierra entera.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 137, febrero de 1990

← Entradas anteriores
Entradas recientes →
marzo 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
« Sep    

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

palba2

Archivos

Categorías

  • Artículos (1.171)
  • Artículos – Contracorriente (919)
  • Carta Dominical (118)
  • Chispicas (266)
  • Cosicas (108)
  • De Hispanoamérica (1)
  • Dominicas (266)
  • El Coladero (1)
  • El nacimiento de la España moderna (75)
  • Francisco franco (176)
  • Guerra Campos (286)
  • Hemos leído (99)
  • Hispanoamérica. La verdad (192)
  • Historia de España (57)
  • Hitos (175)
  • Imagén – Contracorriente (132)
  • La Iglesia vive de la Eucaristia (22)
  • La voz de los santos (154)
  • Magisterio (38)
  • Meditaciones de la Virgen (174)
  • Mensajes de fe (214)
  • Miguicas (265)
  • Mojones (184)
  • Mostacicas (265)
  • Noticas (10)
  • Oraciones (391)
  • P. Manuel Martínez Cano (736)
  • Padre Alba (268)
  • Palabras de Dios (94)
  • Para pensar (27)
  • Pensamientos (99)
  • Pensar es sano (111)
  • Sabaticas (266)
  • Santos (111)
  • Semillicas (265)
  • Sintonía con la jerarquia (184)
  • Uncategorized (1.327)
  • Vida mixta (13)
  • Vida religiosa ayer, hoy y mañana (22)

Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

Mis tuits

Twitter P. Cano

Mis tuits

“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • Contracorriente
    • Únete a otros 279 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Contracorriente
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...