Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Meditación 40: Camino de Belén

31 martes Mar 2015

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1º Él empadronamiento. -Éste sirve de ocasión para el viaje a Belén y para ejercitar las más bellas y difíciles ildefonso rodriguez villarvirtudes en la Santísima Virgen, cuales son la sumisión y la obediencia. -Contempla a Ma­ría, en compañía de San José en su pobre casita de Nazareth…, pobre, pero nada falta. -Ella ha ido preparando con gran cariño todos los detalles para el Nacimiento de su Hijo, que se aproxima…, la cunita hecha por San José…, los pañales que Ella misma ha confeccionado…, en todo hay pobreza, pero mucho cariño y amor… y el amor suple e inventa muchas cosas para mejor recibir a su querido Niño.

De repente, oyen un rumor primero, y luego se confirman en la certeza de tal rumor…; todos tienen que ir a empadronarse al lugar de su origen, y Ella y José descienden de David y de la real ciudad de Belén… ¡Qué contratiempo!… ¿Cómo iban a ir de viaje, ahora, en esas circunstancias…, cuando de un día para otro espera el divino Nacimiento? Y todo por el antojo y soberbia de un hombre, de un tirano, que así lo ordena… ¿No habría medio de burlar tal disposición…, o por lo menos de dilatarla?.. ¿por qué no esperar un poco tiempo hasta que pasara ese día dichosísimo?…

Y, sin embargo, la Santísima Virgen ni habla, ni critica, ni protesta… Con el corazón herido acata la divina voluntad…, confía en el Señor…: se arroja en sus brazos y se lanza inmediatamente-a la obediencia. -¿Quién tuvo jamás mayor disculpa para no obedecer que la Santísima Virgen en esta ocasión? -Si se hubiera rebelado y no hubiera obedecido, ¿quién la podría tachar de imperfecta?… ¿No diríamos que habría obrado muy bien… y que hubiera sido una imprudencia ponerse de viaje en aquella ocasión? No obstante Ma­ría no atiende a la prudencia de la carne…, antes es obedecer sin pensar en más… ¡Qué sumisión de voluntad y de juicio!jose-y-maria-sobre-un-burro_hacia_belen[1]

Nota bien esto, que es la parte más difícil de la obediencia… A Ma­ría la sobraban razones para no obedecer…, pero obedece ante todo y por encima de todo…, y es que ante la obediencia, no hay nada… ¡Qué lección más difícil, más penosa y más práctica nos da Ma­ría!…

2º Él viaje. -Es largo, unas cinco jornadas…; es duro por el camino tan malo y la incomodidad de hacerlo todo en una caballería…; es molesto por la época…, en diciembre, con frío, vientos desagradables, lluvias y hasta nieve. -Acompaña un poco tiempo a la Santísima Virgen…, mírala abrigada con un manto oscuro y echado un velo obre su rostro. -San José a su lado, no la quita ojo y cuida de que el jumentillo vaya por la parte mejor del camino…; adivina aquel rostro que se esconde bajo el velo…., todo él pureza, modestia…, recogimiento belleza y hermosura celestiales y, sobre todo santidad.

Otros viajeros pasan junto a Ellos, haciendo el camino más rápido y cómodamente. ¡Qué diferencia! -Todos irían criticando, maldiciendo aquella orden del César. -Ma­ría va como transfigurada, como extasiada, pensando en el tesoro que lleva consigo…; no la importa la vida exterior que la rodea. -En el viaje y en su casa, en todo momento vive con Jesús y para Jesús.

¡Qué oración haría la Santísima Virgen en este camino! -Contempla a los ángeles que se disputan el honor de acompañarla, y tú también detente a acompañarla lo mejor que puedas en esas jornadas… Ahora ayúdala a bajar del asno…, colócala al abrigo de cualquier palmera, llévala agua…, algo que te pida…, ponte a su servicio, y ruégala que aunque lo hagas mal muchas veces, no te desdeñe, sino que te admita en su compañía… No la niegues nada, que todo se lo merece…

3º Belén. -Han negado, por fin…, es hora de descansar. -José va en busca del mejor sitio que su pobreza le permite…, pero otra vez la mano del Señor que les prueba con el sufrimiento de la más dura mortificación. -Ni posadas, ni amigos, ni nadie, les abre sus puertas. ¡Qué horrible!… Después de cinco días de camino… y en vísperas de dar a luz a su Hijo, no hay dónde hospedarse… ¿No es para perder la paciencia y para murmurar y para dar lugar a todos los nerviosismos a que nosotros nos entregamos?… ¿No es esto ya demasiado?

Ni una palabra, otra vez se arroja en brazos de Dios la esperar lo que Él quiera. -Si al fin ha de triunfar siempre su voluntad, ¿por qué no la aceptamos con más resignación y alegría, sobre todo cuando nos prueba con algo desagradable? -Mira a María entrar en aquel establo de bestias…; su delicadeza…, si amor maternal, se rebelarían. -¡Qué asco!… ¡Allí iba Ella a pasar la noche!… ¡Allí iba a dar a luz a su Hijo… ¡Qué dominio el suyo!… ¿Esa es la voluntad de Dios? Pues esa es la suya también.

Póstrate a los pies de esta Virgen purísima, y pídela perdón de tu soberbia, de tu amor propio con el que tantas veces te has opuesto a la voluntad de Dios… y pídela una sumisión y obediencia como la suya, para obedecer sin réplica y sometiendo hasta con alegría, no sólo la voluntad, sino tu juicio, a tus superiores, aun cuando creas que te sobre la razón.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Imitación de Cristo 108

31 martes Mar 2015

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Capítulo 11

Que el cuerpo de Cristo y la Sagrada Escritura
son muy necesarios al alma fiel

El alma.– 1. ¡Oh dulcísimo Señor, Jesús! ¡Cuánta es la dulzura del alma devota que se regala contigo en tu banquete, donde no se le presenta otro manjar que tú, su único Amado, apetecible sobre todos los deseos de su corazón!
Seria ciertamente muy dulce para mí derramar en tu presencia copia de lágrimas afectuosas y regar con ellas tus pies como la piadosa Magdalena.imitación 2
Mas, ¿dónde está ahora esta devoción? ¿ Dónde el copioso derramamiento de lágrimas devotas?
Por cierto, en tu presencia y en la de tus santos ángeles todo mi corazón debiera encenderse y llorar de gozo.
Porque en el sacramento te tengo verdaderamente presente, aunque encubierto debajo de otra especie.

2. Porque el mirarte en tu propia y divina claridad no podrían mis ojos resistirlo, ni el mundo entero subsistiría ante el resplandor de la gloria de tu Majestad.
Tienes, pues, consideración a mi debilidad cuando te ocultas bajo este sacramento.
Yo tengo verdaderamente y adoro al mismo a quien adoran los ángeles en el cielo; mas yo sólo con la fe por ahora; ellos, claramente y sin velo.
Debo yo contentarme con la luz de una fe verdadera, y andar con ella hasta que amanezca el día de la claridad eterna y desaparezcan las sombras de las figuras.
«Mas cuando llegue este perfecto estado» (1Cor 13,10) cesará el uso de los sacramentos, porque los bienaventurados en la gloria no necesitan de medicina sacramental.
Sino que están siempre absortos de gozo en la presencia de Dios, contemplando cara a cara su gloria, y transformados de claridad en claridad ante el abismo de la divinidad, gustan el Verbo encarnado como fue en el principio y permanece eternamente.

3. Acordándome de estas maravillas, cualquier contento, aunque sea espiritual, se me convierte en grave tedio, porque mientras no veo claramente a mi Señor en su gloria, en nada estimo cuanto en el mundo veo y oigo.
Tú, ¡oh Dios!, me eres testigo de que ninguna cosa me puede consolar, ni criatura alguna dar descanso, sino tú, Dios mío, a quien deseo contemplar eternamente.
Mas esto no es posible mientras vivo en carne mortal. Por eso debo tener mucha paciencia y sujetarme a ti en todos mis deseos.
Porque también tus santos, Señor, que ahora se regocijan contigo en el reino de los cielos, cuando vivían en este mundo, esperaban con gran fe y paciencia la venida de tu gloria. Lo que ellos creyeron, creo yo; lo que ellos esperaron, espero; adonde llegaron ellos finalmente por tu gracia, tengo yo confianza de llegar.
Entre tanto caminaré con fe, confortado con los ejemplos de los santos.
También tendré los libros santos para consolación y espejo de la vida, y, sobre todo esto, el cuerpo santísimo tuyo por singular remedio y refugio.

4. Pues conozco que tengo grandísima necesidad de dos cosas sin las cuales no podría soportar esta vida miserable.
Detenido en la cárcel de este cuerpo, confieso serme necesarias dos cosas, que son mantenimiento y luz.
Dísteme, pues, como a enfermo tu sagrado cuerpo para alimento del alma y del cuerpo, y además me comunicaste «tu divina palabra, para que sirviese de luz a mis pasos» (Sal 118,105).
Sin estas dos cosas yo no podría vivir bien; porque la palabra de Dios es la luz de mi alma, y tu sacramento es pan de vida.
Estas se pueden llamar dos mesas colocadas a uno y otro lado en el tesoro de la santa Iglesia.
Una es la mesa del sagrado altar, donde está el sagrado pan; esto es, el precioso cuerpo de Cristo.
Otra es la de la Ley divina, que contiene la doctrina sagrada, enseña la verdadera fe y nos conduce con seguridad hasta lo más interior del velo donde está el Santo de los santos.

5. Gracias te doy, Señor, Jesús, esplendor de la luz eterna, por la mesa de la santa doctrina que nos diste, por tus siervos los profetas, los apóstoles y los otros doctores.
Gracias te doy, Creador y Redentor de los hombres, de que, para manifestar a todo el mundo tu caridad, dispusiste una gran cena, en la cual diste a comer, no el cordero figurativo, sino tu santísimo cuerpo y sangre, alegrando a todos los fieles y embriagándolos con el cáliz saludable en este sagrado banquete, donde están todas las delicias del paraíso y donde los santos ángeles comen con nosotros, aunque con más dichosa suavidad.

6. ¡Oh, cuán grande y honorable es el oficio de los sacerdotes, a los cuales es concedido consagrar al Señor de la Majestad con palabras sagradas, bendecirlo con sus labios, tenerlo en sus manos, recibirlo en su propia boca y distribuirlo a los demás!
¡Oh, cuán limpias deben estar aquellas manos, cuán pura la boca, cuán santo el cuerpo, cuán inmaculado el corazón del sacerdote, donde tantas veces entra el Autor de la pureza!
De la boca del sacerdote no debe salir palabra que no sea santa, que no sea honesta y útil, pues tan continuamente recibe el santísimo sacramento.
Simples y castos deben ser los ojos acostumbrados a mirar el cuerpo de Cristo; puras y levantadas al cielo las manos que tocan al Creador del cielo y de la tierra.
A los sacerdotes especialmente se dice en la Ley: «Sed santos, porque yo, vuestro Dios y Señor, soy santo» (Lev 19,2; 20,7).

7. ¡Oh Dios todopoderoso! ¡Ayúdenos tu gracia a los que hemos recibido el oficio sacerdotal, para que podamos servirte digna y devotamente con toda pureza y buena conciencia!
Y si no podemos proceder con tanta inocencia de vida como debemos, otórganos llorar dignamente los pecados que hemos cometido, y de aquí adelante servirte con mayor fervor, con espíritu de humildad y con buena y constante voluntad.

Página para meditar 132

31 martes Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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La Unión Seglar estuvo en Santiago

P.albacenaCon todos los chicos y chicas del Campamento, un muy numeroso grupo de nuestra Unión Seglar estuvo en Santiago para asistir al encuentro de la Juventud europea y de todo el mundo con el Papa.

La preocupación de Su Santidad por la predicación de la doctrina cristiana y la evangelización de todo el mundo, es tan evidente que hasta sus enemigos más obstinados han reconocido en él un admirable designio de viajar que aprovecha para predicar las verdades eternas. Pero el designio de viajar del Papa obedece a una llamada interior del Espíritu Santo, que empuja al Pastor universal a predicar por todo el mundo el apremiante clamor de la Iglesia que quiere que todos los hombres se salven y hallen el camino de la verdad.

Esa íntima preocupación del Papa se centra de manera particular en Europa. Fue Europa la sede de la Cristiandad medieval. Si Europa vuelve a encontrarse con su verdadera raíz cristiana, si en ella nace con pujanza juvenil el ansia de reconstruir la Cristiandad destruida por los siglos de la Revolución anticatólica, el mundo se abrirá a la fe católica y se hará de toda la humanidad una sola familia en una única fe.

Por eso el Papa se vuelve a los jóvenes. Por eso el Papa quiere que los jóvenes tomen parte con él en una obra gigantesca cual es la de rehacer la unidad católica de las naciones de Europa, para que suene ya definitiva la hora de la conversión del mundo.

El Papa se hace eco así del clamor de los Papas de este siglo, cada vez más apremiante, porque el fin de estos últimos tiempos llega ya a su consumación. Después sonará el definitivo juicio de las naciones que no quisieron volverse a Dios. San Pío X decía: “Es todo un mundo el que tiene que reconstruirse desde sus fundamentos.” Y el Papa Pío XI señalaba los medios de esa reconstrucción, “Es preciso proclamar la realeza de Cristo sobre todos los pueblos,” Era Pío XII el que llamaba a los cristianos a ser “apóstoles de un mundo mejor, para convertirlo de salvaje en humano y de humano en divino:” Poco después, en plena agitación conciliar, Juan XXIII enseñaba: “la Iglesia, Madre y Maestra, está preparada para combatir los sagrados combates de la fe.” Asimismo, al término del Concilio, el Papa Pablo VI insistió: “La religión católica es la vida de la humanidad; la fe católica es la única explicación sublime y exacta del hombre.”

Pues bien, todo ese clamor de la Iglesia llamando a los hombres a su seno antes de que se acabe la hora undécima resuena en el Papa Juan Pablo II en su llamada “Abrid las puertas al Redentor”. “Pueblos de Europa, encontraos con vosotros mismos, en la misma raíz de vuestro ser, de vuestra fe católica, en esta frontera del año dos mil.”

Como un nuevo Pedro el Ermitaño, se ha lanzado el Papa a todas las calles y plazas del mundo para encontrarse con los hombres, para enseñarles que fuera de Cristo no hay salvación, ni siquiera es posible la misma vida del hombre.

Que haga esto el Papa nos demuestra la gravedad de la hora que vivimos. Nunca el pueblo cristiano ha sentido tan palpablemente la presencia de su Pastor universal. Nunca se ha sentido por otro lado tan abandonado en su vida diaria y en las orientaciones pastorales del momento. La confusión ha ido en aumento entre los católicos y por consecuencia en todos los hombres. Sólo Dios, que no abandona a sus hijos, nos ha deparado este regalo de sencillez y de inocencia del Papa actual. Al contemplarle ensimismado en oración, mientras evolucionaban cerca de él los posesos del Rock and Ron, la serenidad del Pontífice y su presencia nos predicaba desde el silencio las palabras de Jesucristo: “Nada temáis, yo he vencido al mundo.” Sí, el mundo será de Cristo y Europa y con ella toda la tierra entrarán en la Iglesia para la gloria de la Virgen María.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 132, abril de 1989

Niñas y niños,
venid con nosotros
a las Colonias del Padre Alba.
Sana diversión, santa formación.
De de 7 a 11 años.
Del 2 al 12 de julio de 2015.

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Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión y santa formación.
Dos niveles: de 11 a 15 años
y de 16 en adelante.
Del 27 de julio al 10 de agosto de 2015.

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Organiza: Asociación de la Inmaculada y san Luis Gonzaga
Colegio Corazón Inmaculado de María
Apdo. 97 – 08181 – Sentmenat (Barcelona)

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES
campamentosdelpadrealba@gmail.com
Tel. 93 715 34 08

La esperanza del evangelio: conversión y purificación I

31 martes Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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guerra campos3Cumpliendo, hermanos, la honrosa invitación de vuestro pastor inmediato, vamos a reflexionar durante estos días como lo que somos, como creyentes. No hablamos ahora con incrédulos, con gentes alejadas, con gentes que buscan, más o menos afanosamente, entre las sombras. Somos creyentes, miembros de la gran familia de la fe y de la esperanza, y si nuestras reflexiones en estos días van a ser propias de creyentes, esto significa que serán estrictamente religiosas, o lo que es igual: que cada uno de nosotros -yo el primero-al pensar o al escuchar, nos vamos a situar en la presencia de Dios.

Hay una tendencia frecuente, que conocéis bien, a reducir todas las consideraciones, discusiones o estudios a una especie de confrontación horizontal entre personas y grupos sociales, señalándose los unos a los otros con el dedo, buscando los unos en los otros la responsabilidad o el mérito. Sin juzgar ahora ese procedimiento, sí quiero señalar que durante la santa Cuaresma, en la presencia del Señor y sabiendo sobre todo que nos preside el mismo Jesús muerto y resucitado por nosotros, es necesario que cada uno entre en sí mismo y se compare, no con los demás, sino con Dios y con la llamada de Dios.

Esto no excluye que, en algún momento, tendamos la mirada hacia situaciones ambientales que nos condicionan y ante las cuales tenemos que intentar reaccionar con actitud de cristianos. Y tampoco excluye el que, en algún momento, hablemos de la proyección de la fe sobre el campo social, de nuestra responsabilidad de cristianos ciudadanos en el orden de la configuración de la sociedad, de las leyes y, sobre todo, en el orden de la acción educadora respecto a los niños y a los más jóvenes. Pero incluso estas aplicaciones, recordadas con sencillez, serán como una derivación de la vida interior, de nuestra comunión con Cristo, de la fe.

La Cuaresma, como sabéis, es un tiempo de preparación para la Pascua, pero es mucho más que un sector especial del año en víspera de una fiesta señalada. Pues tanto la Cuaresma como su final glorioso, la Resurrección de Jesús, afecta a la totalidad de nuestra vida: se trata de caminar hacia la vida atravesando la muerte y el dolor. De ahí que las reflexiones cuaresmales, si se hacen con sencillez, docilidad interior y suficiente seriedad, tengan que abarcar toda nuestra vida, pues se trata de orientar, no unas semanas, sino la vida entera.

En esta labor de orientación, hay dos aspectos absolutamente indispensables que tenemos que replantearnos muchas veces, porque en numerosas ocasiones sentimos necesidad de ellas.

La primera, la conversión, ya que, en realidad, nadie puede vivir seriamente si no se marca de vez en cuando con claridad el rumbo, el norte de su vida. La diferencia respecto a otros hombres radica en que, mientras ellos deben ordenar su vida a la luz del proyecto que se han elaborado para sí mismos (más o menos convencionalmente), nosotros, los creyentes, sabemos que este proyecto o manera de enfocar la vida que cada uno tiene que seguir (y sin la cual seríamos hojas muertas arrastradas por el viento) es un proyecto subordinado, gracias a Dios, a una vocación: a la voluntad del Padre. Convertirse es volver a aceptar que no estamos solos y que la totalidad de nuestra vida debe realmente quedar condicionada por la voluntad del Padre.

Para descubrir (o redescubrir) y para realizar esta ordenación de nuestra vida, necesitamos, en segundo término, purificación. Continuamente nos vamos deteriorando por el desgaste, el descuido, la desgana, las adherencias torcidas, las mil pequeñas deformaciones del egoísmo y, por eso, de forma constante, necesitamos limpiarnos de nuestras desganas y nuestros criterios desviados, incluso para ver: porque la gracia principal que un cristiano ha de pedir al Señor cuando se detiene a reflexionar sobre la voluntad de Dios, es la gracia de la vista. Lo más trágico de la condición humana es que cuanto peor actuamos, menos nos damos cuenta de lo que hacemos. Ésa es nuestra ceguera.

Junto a la vista, necesitamos la recuperación de la visión exacta de los criterios, así como el impulso para seguir esa voluntad superando el cansancio y la inapetencia interior, con un nuevo espíritu gozoso que recobre la adhesión a la verdad y al bien y que, en última instancia, logre lo que es la clave misma de una vida cristiana auténtica o de una vida humana normal: la sensación de experimentarnos más libres cuanto más fieles somos a nuestra propia vocación y misión.

La señal de que andamos mal, de que necesitamos rectificar, es precisamente esa disociación entre la llamada, el deber, la misión, el objeto de nuestra esperanza y nuestra impresión íntima de libertad. La señal de que estamos ciegos se aprecia cuando, al servir a Dios o al cumplir nuestra misión en la vida, nos sentimos como esclavizados: porque lo que constituye al hombre en su perfección, incluso natural, es precisamente lo contrario, la coincidencia de su servicio a la misión que le corresponde y la espontaneidad, el amor, la alegría, la ilusión íntima. Entonces, todas las energías del hombre se canalizan en la buena dirección y su vida es fecunda y al mismo tiempo, en cuanto cabe, feliz.

Queridos hermanos: para lograr este esfuerzo de purificación -que hay que renovar siempre, de reorientación tendiendo a esa meta maravillosa, de recobrar de nuevo el gusto, la alegría, la satisfacción interior en el servicio de Dios, en la aceptación de la voluntad del Padre y por tanto, para recuperar la libertad auténtica (que no consiste nunca en hacer lo que viene en gana, sino en que nuestro corazón espontáneamente se sienta movido hacia las metas a las cuales debe dirigirse), tenemos que volver los ojos con sencillez a Jesús. Y aquí, sobra cualquier tipo de palabras eruditas o de consideraciones sutiles.

Nuestra Cuaresma está siempre presidida por la Cuaresma de Jesús, que inició con las tentaciones a las que Él mismo se vio sometido en el desierto. Son exactamente las mismas que nos atenazan a nosotros en todos los tiempos y nos impiden conquistar ese gozo y esa libertad en la obediencia liberadora. ¿Cuáles son las tentaciones de Jesús y dónde está su valor y su significación actual, actualísima (pues ésta es siempre permanente)?

En la primera tentación se le sugiere al Señor que utilice su poder milagroso, pues estaba hambriento, para convertir las piedras en panes. En la segunda tentación se le sugiere al Señor que utilice el poder milagroso, con la esperada protección de Dios, para hacer un gesto espectacular que impresione a las gentes, a los testigos de la gran ciudad de Jerusalén: «Tírate desde aquí arriba y no te pasará nada”.

Ambas sugerencias van manifiestamente encaminadas a desviar al Señor de cumplir la voluntad del Padre. Jesús venía a instaurar el Reino de Dios, a promover el bien pleno de los hombres en comunión con el Padre. ¿Cómo se consigue ese bien, cómo se instaura ese Reino? Había y hay siempre dos enfoques: primero, el enfoque de la mayor parte de sus propios contemporáneos y el enfoque de la mayor parte de nosotros mismos cuando nos dejamos llevar por el egoísmo. Segundo, el enfoque del Padre.

El enfoque del egoísmo, individual o colectivo, es utilizar el poder de Dios para conseguir el triunfo fácil, la solución rápida de nuestros problemas inmediatos. Es, con una visión menos individualista, instaurar sin dificultades y sin ningún género de conversión interior, sólo por el brazo poderoso de Dios, un orden social satisfactorio, restableciendo el reino de Israel. En aquel caso concreto, expulsar a los romanos.

La voluntad del Padre era precisamente la contraria: disponer desde la raíz los corazones a una esperanza más alta que todos los triunfos y las ventajas transitorias de la vida terrenal, caminar hacia una vida superior y gozar ya en ella como hijos, poniendo los ojos en la meta de la resurrección (victoria total sobre la muerte), por el camino que conjuga la sumisión, la obediencia filial, la superación del egoísmo, la docilidad ante Dios y, al mismo tiempo, la aceptación paciente y serena de la lucha, del esfuerzo, de las dificultades, del fracaso, de la muerte.

La tercera tentación, que parece dar un salto casi infinito, más allá de las anteriores, no es sino su prolongación. Mostrándole todos los reinos de la tierra, todo lo que suele atraer nuestra atención y nuestra apetencia egoísta e inmediata, le dijo: «Todo es tuyo si te postras y me adoras». Esta tentación ya no trata de utilizar el poder de Dios para nuestros fines, sino que intenta independizarse de Dios. Es una apostasía: una adoración al diablo, a los poderes adversos al Señor, a uno mismo, a la humanidad, a los planes humanos o a las construcciones y proyectos humanos.

Pero esta tercera tentación que parece tan abominable por su carácter diabólico y absoluto, presenta dos opciones. Una de dos: o es el germen que existe desde el principio (una actitud íntima de independencia que nos empuja a utilizar a Jesús no por lo que Él es, ni aceptando su ofrecimiento, sino únicamente para ponerlo al servicio de nuestros fines, para que nos convierta en panes las piedras, para conseguir la paz y la justicia y el progreso y el desarrollo y todas las demás bienandanzas legítimamente deseables en este mundo, pero nada más), o es como la desembocadura del despecho, pues ya que Dios (o la Iglesia) no nos consigue pronto y de una manera fácil todas estas ventajas, tangibles e inmediatas, no queremos saber nada con Dios, intentando conseguirlas nosotros solos.

Ahora se habla mucho -con razón en parte- de que todos esos movimientos culturales y políticos ateos que hay en el mundo, en parte son como una extraña emanación, o si se quiere, como una desembocadura del Cristianismo, pues de alguna manera ellos presumen de asumir valores cristianos y a veces se llaman a sí mismos humanismo cristiano. Pero ese humanismo cristiano exalta al hombre y niega la sumisión a Cristo. Se trata de una apostasía a la que se llega por la falta de la plena docilidad y conformidad de nuestra voluntad con la de Dios. Porque le ponemos condiciones. Sin ir muy lejos, muchas corrientes de opinión y actitudes de ese tipo se dan por todas partes y tienen contaminado el aire que respiramos donde quiera que estemos.

Pero centrándonos quizá en nosotros mismos, que gracias a Dios todavía proclamamos al Señor y confesamos que lo es y ponemos en Él, con más o menos defectos, nuestra esperanza, también es verdad que abunda mucho entre nosotros mismos esa forma de utilitarismo que consiste en reducir la fe a conseguir ayudas y valores transitorios, en cuanto que tenemos la osadía, en muchas ocasiones, de hacer distinciones en la Palabra de Dios entre lo que nos conviene y lo que nos interesa menos.

Por ejemplo, una de las actitudes típicas más extendidas, a veces donde menos debiera pensarse, es la de aquellos que distinguen en la moral cristiana, en la expresión de la voluntad de Dios para orientar nuestra vida hacia el bien y hacia la felicidad, dos bloques: el primero de ellos es el de aquellas actitudes, mandamientos o virtudes que favorecen lo que podemos llamar brevemente -para entendernos- la justicia social, y a eso sí se le da mucha importancia. ¿Por qué se le da mucha importancia? ¿Por amor a la justicia? Dios quisiera que fuera así. Pero cuántas veces es sólo egoísmo, porque en ello se juegan derechos propios, posibilidades, seguros, ventajas, tranquilidad, que nos dejen en paz por lo menos, que no suframos violencia, etc., todo lo cual está muy bien.

La señal, sin embargo, de que no siempre hay amor a la justicia es que, si la infracción de la justicia no toca el sosiego o la seguridad de nuestras vidas, entonces la infringimos. Por ejemplo, si la justicia consiste en eliminar a los niños de las entrañas de su madre, entonces muchos cristianos están dispuestos a considerarlo legítimo o aceptable, porque no se juegan nada en ello: no tienen relación con esas personas ni vínculo de afecto o de intereses, no han penetrado todavía en la producción de las relaciones sociales, no cuentan. Por tanto, es una señal evidente de que las apelaciones a la justicia, que suelen ser muy ruidosas precisamente en este tipo de personas, no son profundamente sinceras.

José Guerra Campos

Chispicas 9

25 miércoles Mar 2015

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descargaEn 1943, ante el embajador de España, Pio XII pronunció estas palabras:»Hemos visto a Cristo triunfar en la escuela, resurgir la Iglesia de las ruinas abrasadas y penetrar el espíritu cristiano en las leyes, en las instituciones y en todas las manifestaciones de la vida oficial. Nos, finalmente, hemos contemplado a Dios presente otra vez en vuestra historia». Palabras del Vicario de Cristo. No de los secuaces del demonio.

                                       *              *              *

                Los terroristas islámicos están asesinando a miles de miles de personas católicas. Ni una sola ha  apostatado ¡vivan los mártires de Oriente y del África!. Los cientifistas del democratismo partitocrático están torturando y asesinando a millones y millones de niños en el seno de sus madres. Esto dicen, no es terrorismo, es el pueblo quien lo ha decidido.

                                       *              *              *

                «Habrá mártires en España», ha dicho un periodista católico. Bien. Pero también habrá cruzados y cruzadas que lucharán con las armas como hicieran nuestros mayores en su cruzada contra el ateísmo comunista, socialista y anárquico.

                                       *              *              *

                Junto a la piscina de Betesda vivía un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Nadie le ayudaba a bañarse y curara. Lo ve Jesús y le dice:»coge tu camilla y echa andar». Y se puso andar con la camilla a cuestas. Los judíos se indignaron porque era sábado y no podía transportar nada. Vuelve a verlo, Jesús en el Templo y le dice:»Mira has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Es verdad que Dios es infinitamente misericordioso; y también es verdad que el infierno existe y es eterno.

                                       *              *              *

                Un buen historiador dijo que la Iglesia despertó un día, con asombro, arriana. Muchos eclesiásticos cayeron en la herejía de Arrio que negaba la divinidad de Cristo. Hoy muchos eclesiásticos han caído en la herejía de negar la soberanía de Cristo sobre todas las actividades humanas, la política también. Me lo ha dicho un profesor de universidad. Bien dicho está.

                                       *              *              *

                Isabel la Católica es, para mí, junto a Santa Teresa de Jesús y todas las santas, la mujer más extraordinaria de la Historia. Reina humildísima, política excepcional, evangelizadora insuperable, esposa fidelísima, madre heroica, recogía los hijos que su esposo había tenido con otras mujeres, cristianizadora y civizadora de las Españas, obra sin par en la historia, como dijo San Juan Pablo II. Santa muy santa ¿Por qué no la veneramos en los altares?. Mi pobre entendimiento no lo entiende.

                                       *              *              *

                La Iglesia católica fundada por Cristo, educa a hombres y mujeres, desde su infancia a su madurez, para que sean honra de la patria y gloria de Dios. Estas democracias, fundadas por la canalla de Paris, pervierten a niños y niñas desde su más tierna infancia para que sean marionetas, manipuladas por el capitalismo salvaje y los partidos sin Dios.

                                       *              *              *

                El obispo de San Sebastián ha dicho que los católicos no pueden votar a ningún partido del parlamento actual. Todos los políticos han consensuado el aborto y otra leyes antinaturales y anti divinas. Si la memoria no me traiciona, solo he votado una vez en esta Transición que nunca termina. Tiene que destruir todo lo que la Iglesia edificó.

                                       *              *              *

                «Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno lo aman, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno lo dan, con los buenos se juntan siempre y los favorecen siempre» (Santa Teresa de Jesús) ¡Si los españoles lo pusiéramos en práctica, reconquistaríamos el mundo para Cristo!.

                                       *              *              *

                El 16 de Julio de 1251, en Cambridge (Inglaterra) la Virgen se apareció al superior general de la Orden del Carmen, San Simón Stok y le dijo:»Recibe, hijo mío muy amado, el escapulario de tu Orden, privilegio para ti y para todos los carmelitas. Quien muriere con él puesto no padecerá el fuego del infierno». Los seglares que mueran con el escapulario puesto se salvarán.

                                       *              *              *

                «Querido pueblo de España: Concluyo este mensaje subrayando una actitud de Santa Teresa: su fidelidad a la Iglesia, en cuyo seno ella vivió y murió. Ya desde ahora pongo mi visita bajo la protección de Santa Teresa de Jesús. Con ella os digo: Tened ánimo, vivid la esperanza, sed fieles a vuestra fe. ¡Hasta pronto, España, tierra de santos, tierra de Teresa! Te bendigo con toda mi alma, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». No. No; Su Santidad el Papa Francisco no viene a España para celebrar el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Son palabras del Mensaje que San Juan Pablo II envió a los españoles con motivo del IV Centenario del nacimiento de nuestra compatriota ¡Viva el Papa! ¡Viva España Católica!

 Padre Cano,  mCR

 

 

 

 

 

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Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

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Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

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Twitter P. Cano

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

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