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Mensajes de fe 25: ¿Qué es ser católico?

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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¿Qué es ser católico?

papa-francisco-avion--644x362Ante el confusionismo y el escándalo que sufren muchas personas en el aspecto religioso hoy día, pienso que es mi deber proporcionaros una orientación clara y segura.

¿Quién es católico?

A esta pregunta la respuesta obvia es decir: «El que pertenece a la Iglesia Católica». y a ella pertenecen, por lo menos externamente, cuantos habiendo sido bautizados en ella, no han roto voluntariamente y públicamente su adhesión a la misma, aunque sean pecadores y no practiquen del todo y fielmente sus preceptos.

Cristianismo y catolicismo

A cualquiera se le puede ocurrir esta cuestión: ¿Es lo mismo ser cristiano y ser católico? A esto respondo que hace más de mil quinientos años, allá por el año 380, San Paciano, obispo de Barcelona, en una de sus cartas escribió esta frase, famosa en la historia eclesiástica: «Cristiano es mi nombre, y mi apellido es católico; aquél me nombra, y éste me declara».

La existencia, ya desde los orígenes del Cristianismo, de diversos grupos de cristianos sectarios y disidentes, dio lugar a esa exacta y hermosa definición de CATÓLICA a la única y verdadera-Iglesia fundada por Jesucristo y que permanecía fiel a la doctrina del Evangelio y a la tradición apostólica. De aquí que San Paciano añada a su frase: «Nuestro pueblo con este apelativo, al denominarse «católico», se distingue de toda secta herética».

Es patente que en el transcurso de veinte siglos han surgido iglesias y sectas que conservan el título de cristianas, pero que son ramas desgajadas del único y viejo tronco de la MADRE IGLESIA. Son hijos prófugos que abandonaron el hogar paterno. Mientras todas ellas son o iglesias nacionales o colectividades religiosas más o menos extendidas en algunas partes de la tierra, la verdadera Iglesia de Cristo sigue siendo la ÚNICA que es de veras CATÓLICA o sea UNIVERSAL.

Iglesia Católica

Desde siempre, el CREDO cristiano ha señalado a la Iglesia cuatro notas calificativas: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Es UNA por su unidad de Fe, de Culto y Sacramentos y de obediencia al Papa, sucesor de San Pedro, obispo de Roma, vicario de Cristo en la tierra y cabeza visible de su Iglesia. Es SANTA porque Cristo, su fundador, y el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, son la misma Santidad; porque santísima es la doctrina cristiana y fuentes de gracia divina son sus Sacramentos; porque, en medio de tanta miseria moral de los hombres, pecadores que la integran, la Iglesia no deja de engendrar en todo tiempo innumerables almas que han escalado las cumbres más heroicas de la santidad y obtenido una unión muy vital y mística con Cristo Jesús, que por el Espíritu Santo nos hace participar de la misma vida de Dios. Recordad lo de San Pablo: «Imitadme a mí, como yo imito a Cristo» (1 Cor 4, 16), Y lo de San Pedro: «Sois hechos partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4). Es CATÓLICA en un doble sentido de esta palabra griega: a) en cuanto permaneciendo «una» se halla extendida por toda la tierra y es la más numerosa de todas las religiones; b) y porque Cristo la instituyó precisamente para unir en Ella a todos los hombres de todos los tiempos. «Venid a Mí, todos», dijo Jesús (Mt 11, 28), que quiere hacer de toda la familia humana «un solo rebaño bajo un solo Pastor» (Jn 10, 16).

Y es APOSTÓLICA, porque Cristo la quiso edificada sobre la roca de Pedro (Mt 16, 16) y las columnas de los Apóstoles, para ser Ella a su vez «columna y fundamento de la Verdad» (1 Tim 3, 15). Por ello, se da -tan sólo en la Iglesia CATÓLICA el hecho incuestionable de lo que se llama la «sucesión apostólica», o sea, la transmisión directa, inmediata y perpetua de los poderes ordinarios de los Apóstoles, como Maestros, Santificadores y Rectores del Pueblo de Dios, en una cadena ininterrumpida desde el primer Papa, San Pedro, hasta el actual, Pablo VI, y desde los demás Apóstoles hasta el último de los obispos legítimamente consagrados.

Sólo el CATOLICISMO responde perfectamente al plan de Dios. Dios llama a todos los redimidos por Cristo a ser miembros de su Iglesia, y a Ella pertenecen, invisiblemente y sin saberlo, aun aquellos que en otras religiones sirvan a Dios «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23). Dichosos nosotros, los católicos, que gozamos por gracia divina, de conocer y poseer toda la Verdad religiosa y tenemos a nuestro alcance todos los medios óptimos y eficaces de salvación.

Cómo ser católicos

El solo hecho de ser bautizados ya supone una riqueza espiritual inmensa. Ante todo, la FE, luz y guía de nuestra vida temporal, que ha de ser profesada conforme al CREDO y al MAGISTERIO de la IGLESIA CATÓLICA. Después, la ESPERANZA, que nos sostiene y alienta firmemente en nuestro caminar hacia la Vida Eterna. Y como fruto exquisito, la CARIDAD, que es el amor sobrenatural a Dios sobre todas las cosas, con todo el corazón y todas nuestras fuerzas, pues es nuestro Principio y Fin; y; además, el amor al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios y a imitación del amor extremo conque Cristo nos amó primero a nosotros hasta dar su vida por nuestra salvación. La caridad cristiana al prójimo exige, a veces, sacrificios y, desde luego, unas relaciones de justicia, que muchos olvidan con daños muy lamentables.

Ser CATÓLICOS, pues, es cosa seria. Debemos CREER todas las verdades fundamentales de nuestra Santa Fe. La Religión supone una relación personal y consciente del hombre con Dios. Un Dios que no es mudo, sino que nos ha hablado a los hombres, sobre todo por medio de su Hijo, Jesucristo, Dios y Hombre a un mismo tiempo, desde su Encarnación (Jn 1, 1-18). La respuesta del católico a la REVELACIÓN de Dios ha de ser un Sí total, hecho de humildad, confianza y amor. Vivamos como buenos cristianos, firmes en la Fe Católica, soldados de Cristo, hijos amantes de la siempre Virgen María, Madre de Dios y nuestra, honradísimos de ser miembros vivos de la IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA.

«MARÍA ES EL IDEAL Y EL AMOR, IMAGEN DE LO QUE ES POSIBLE. LA VIRGEN ES EL IDEAL DE AMOR QUE DIOS AMABA AUN ANTES DE CREAR EL MUNDO. ES LA VIRGEN INMACULADA», ha escrito monseñor Fuiton J. Sheen. ¿Qué menos que acordarse de María con las TRES AVEMA­RÍAS de cada mañana y cada noche, para que Ella nos lleve a Dios?

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Meditación 38: el «Magníficat» VI

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º Recibió o socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia. -Recuerda aquí la Santísima Virgen la gran misericordia efectuada con Israel. -Era un pueblo esclavizado a los Faraones, y el Señor milagrosamente le sacó de aquella esclavitud y le llevó a través del desierto…; allí le alimentó con un maná del Cielo, y, después de sacarle triunfante de sus enemigos, le llevó a la rica tierra de promisión. -En fin, le tomó como Cosa suya…, le hizo su pueblo escogido…, y le cuidó como a un miembro de familia, con cariño y providencia admirables.

Aplica todo esto, punto por punto, a lo que Dios ha hecho contigo y verás en ello una sombra de la realidad. -Te sacó del cautiverio del demonio, infinitamente peor que el de los Faraones…, te protegió y protege sin cesar en el desierto de esta vida…, te alimenta con el verdadero maná divino de su mismo Cuerpo y Sangre… y te conduce de su mano cariñosamente a la tierra prometida, que es el Cielo.

Pero aún más: a Israel le dio título de siervo o doméstico suyo -¡gran favor, por cierto, servir a Dios!-, pero a ti te llama y te da título y honores de hijo…, de hermano de Jesucristo…, de heredero de su trono… ¡Qué realidad tan sublime y magnífica! -No dudes que, aunque Ma­ría habla sólo de la misericordia de, Dios con Israel, también pensaba en la que haría contigo y también la tenía muy presente.

Lo que no dice la Santísima Virgen es la correspondencia de Israel al Señor…; bien lo sabes: dureza de corazón…, desconfianza de Él en el desierto…, un total olvido de Dios en las delicias de la tierra de promisión, llegando a buscar otros dioses para adorarlos… y, finalmente, rechazando a su Hijo cuando vino a salvarnos y dándole muerte cruelísima de Cruz… Todo eso sacó Dios de su misericordia para con aquel pueblo. -Mas… ¿también en esto será figura tuya? . ¿Tú también habrás imitado a Israel en esta enorme y negra ingratitud?;.. ¿También podrá decir de ti el Señor que de su viña elegida, que era Israel, no sacó más que agrazones silvestres, agrios y amargos?… Por lo menos en algunas ocasiones, reconoce, con humildad y con santa vergüenza que así ha sido…, pero promete firmemente que ya no será más así…

2º Como lo había prometido a Abraham y a sus descendientes, por todos los siglos. -¡Qué bien cumple Dios su palabra! -Así lo prometió a Abraham ya sus hijos los demás grandes Patriarcas del Antiguo Testamento… y como lo prometió, lo cumplió. -No ignoraba Él, lo que aquel pueblo iba a hacer con sus beneficios, y, no obstante…, no se echa para atrás y deshace su promesa. -¡Qué fiel es el Señor!

Pero mira, como dice la Virgen, que esta fidelidad y exactitud de Dios, es por: todos los siglos…, esto es, que como cumplió lo prometido entonces, también lo cumplirá en lo que prometa después.

Y, efectivamente, según San Pablo, esta fidelidad, de Dios se manifiesta en tres cosas: a) en no dejar al demonio que nos tiente más de lo que nosotros. podemos resistir, pues es bien claro que si le deJara, nadie le vencería…, ¡tanta es su astucia!, ¡tanto su poder y sabiduría!;

  1. b) es fiel en no abandonarnos durante la tentación…; no es como las amistades terrenas, que en las pruebas y dificultades de la vida, en especial en la más terrible, la de la muerte, nos dejan solos y nos abandonan…, no nos sirven para nada. -Mas el Señor no es así: cuando es mayor la tentación y la necesidad, tanto más nos asiste con su ayuda y con su gracia…, de tal modo, que nos da ésta a medida de aquélla, sin que nunca nos falte Él…, a pesar de que tantas veces le dejamos nosotros;
  2. c) en fin, es fiel en darnos un premio eterno, se hemos sabido, con su gracia, luchar y vencer…; esta fidelidad de Dios, es el fundamento de nuestra esperanza… ¡el Cielo!…, ¡la posesión de Dios!… y esto ciertamente, pues su palabra no faltará…; ¡qué consuelo y alientos nos da en la vida esta mirada a Dios…, al Cielo…, a la corona que nos aguarda!…

Mira qué debes decir al Señor ante este ejemplo suyo de fidelidad que te recuerda la Santísima Virgen. -¡Qué pena qué vergüenza que tú tantas veces hayas sido infiel e inconstante en tus palabras y promesas al Señor! -Si hubieras cumplido sólo la mitad de las cosas que tantas veces le has prometido, ¿cuál sería ya tu santidad para estas fechas? -Pide a María la gracia de la exactitud…, de la fidelidad…, de la formalidad y constancia en el cumplimento de tus palabras.

3º Resumen y conclusión. -¡Qué sublime el canto del Magníficat! -¡Qué hermosísima la oración de Ma­ría. -¡Cuántas cosas abarca! -¡Él canto de la gratitud de su alma a Dios! -¡Él canto de la Redención, con el que publica» las maravillas y grandezas que en esta obra hizo el brazo poderoso del Señor y su misericordia! -¡Él canto en fin, de la humildad! -Fíjate bien que es en lo que más insiste. -Claramente nos señala el camino que hemos de seguir…, no hay otro… Ni Ella ni Jesús encontraron, ni siguieron tampoco otro… ¡Lánzate generosamente por él!… ¡A imitar a Jesús ya María en su humildad!… Ten, por tanto; una devoción tierna y ferverosa a este sublime cántico y diariamente repítele en la Comunión para dar gracias al Señor…, al mismo tiempo que te examinas de tu fidelidad en la promesa que hoy le haces de seguirle en la humildad.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Imitación de Cristo 106

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 9

Que debemos ofrecernos a Dios con todas
nuestras cosas y rogarle por todos

imitacion-de-cristoEl alma.– 1. Señor, tuyo es todo lo que está en el cielo y en la tierra.
Yo deseo ofrecerme a ti de mi voluntad y quedar tuyo para siempre.
Señor, con sencillez de corazón me ofrezco hoy a ti por siervo perpetuo, en obsequio y sacrificio de eterna alabanza.
Recíbeme con este santo sacrificio de tu precioso cuerpo que te ofrezco hoy en presencia de los ángeles que están asistiendo invisiblemente, para que lo recibas por mi salud y la de todo tu pueblo.

2. Señor, yo te presento en el altar de tu misericordia todos mis pecados y delitos, cuantos he cometido en tu presencia y de tus santos ángeles desde el día que comencé a pecar hasta hoy, para que tú los abrases todos juntos y los quemes con el fuego de tu caridad, quites todas las manchas de ellos, limpies mi conciencia de todo delito y me devuelvas tu gracia, que perdí por el pecado; perdonándome enteramente, y admitiéndome misericordiosamente al ósculo de tu paz.

3. ¿Qué puedo yo hacer por mis pecados sino confesarlos humildemente, llorándolos e implorando tu misericordia sin cesar?
Yo la imploro, pues, en tu divino acatamiento; óyeme propicio, Dios mío.
Aborrezco mucho todos mis pecados, y no quiero ya cometerlos más; antes, estoy y estaré arrepentido de ellos mientras viviere, dispuesto para hacer penitencia y satisfacer según mis fuerzas.
¡Perdóname, oh Dios mío, perdóname mis pecados por tu santo nombre! ¡Salva mi alma, que redimiste con tu preciosa sangre!
Vesme aquí que me encomiendo a tu misericordia, me entrego en tus manos.
Haz conmigo según tu bondad, y no según mi malicia e iniquidad.

4. También te ofrezco, Señor, todos mis bienes, aunque muy pocos e imperfectos, para que tú los enmiendes y santifiques, para que los hagas agradables y aceptos a ti, y siempre los mejores; y a mí, hombrezuelo inútil y perezoso, me lleves a un santo y bienaventurado fin.

5. También te ofrezco todos los santos deseos de los devotos y las necesidades de mis parientes y amigos, hermanos, hermanas y de todos los que amo, y de cuantos me han hecho bien a mí y a otros por tu amor.
Y de todos los que desearon y pidieron que yo orase o dijese misa por ellos, y por todos los suyos, vivos y difuntos.
Para que todos sientan el favor de tu gracia, el auxilio de tu consolación, la protección en los peligros y el alivio en los trabajos, para que, libres de todos los males, te den muy alegres y cordialísimas gracias.

6. También te ofrezco mis oraciones y el sacrificio de propiciación, especialmente por los que en algo me han enojado, contristado o vituperado, o me han hecho algún daño o agravio.
Y por todos los que yo enojé, turbé, agravié y escandalicé, por palabra o por obra, por ignorancia o advertidamente, para que tú nos perdones a todos nuestros pecados y ofensas recíprocas.
Aparta, Señor, de nuestros corazones toda mala sospecha, toda ira, indignación y contienda, y cuanto pueda estorbar la caridad y disminuir el amor del prójimo.
¡Misericordia, misericordia, Señor! Da tu misericordia a los que la pidan y tu gracia a los que la necesitan, y haz que vivamos de tal modo que seamos dignos de gozar de tu gracia y aprovechemos para la vida eterna. Amén.

Página para meditar 130

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaNuestro problema espiritual, el problema que explica todos los otros problemas del espíritu tiene un nombre: ORACIÓN. El avance en la virtud procede del avance en la oración. Los fracasos en la vida cristiana son en realidad fracasos en la oración.

Tratareis con personas devotas, religiosas, sacrificadas, piadosas. Un trato más hondo, un conocimiento de ellas más profundo os llevará a descubrir que la raíz de todo es su vida de oración. Conoceréis otras personas en apariencia semejantes a las primeras, incluso con dones y cualidades superiores, pero que en un momento dado se derrumban, o ente el sacrificio de su fama o de su hacienda, toman decididamente otro camino o dan marcha atrás. Es que no te­nían oración, practicaban la oración, sin tener “vida de oración”. En nosotros mismos, advertiremos que no avanzamos en nuestro propio conocimiento, que le imitación de Nuestro Señor Jesucristo no pasa de ser un libro bien escrito, y que las perspectivas de nuestra vida en lugar de ser cada vez más desprendidas, siguen siendo conservadoras, pueriles. Todo ello se debe a que no hemos penetrado en la vida verdadera de la oración.

Ese es nuestro, negocio más importante. Esa ha de ser nuestra decisión más decidida. Esa ha de ser nuestra tarea hasta el fin de la vida.

Desde los tiempos casi apostólicos se hizo clásica la definición de oración de San Nilo: “Oración es elevación de la mente a Dios”.

La mejor preparación pare la oración es vivir una vida íntegramente cristiana, colocar con sinceridad por encima de todo las cosas de Dios, abnegar con sinceridad las cosas carnales, las pasiones egoístas, los infantilismos y caprichos constantes o del momento. El rato de oración es reflejo del día. Si durante el día nos sumergimos en lo terreno, no podremos sentir facilidad y elevar nuestro espíritu a Dios durante los minutos que consagramos a la oración. Al comienzo de la oración es muy importante hacer con sosiego un acto de fe en la presencia de Dios y penetrarnos de su misteriosa habitación en nosotros: “Mi Padre y Yo vendremos y haremos morada en el alma”. La presencia de Dios en nuestro interior, con quien vamos a tratar, es el prólogo de toda oración.

¿Cuál es el tiempo más apto para la oración diaria? En general podemos decir que el mejor parece ser el de la mañana, antes de comenzar otros quehaceres. Pero cada uno ha de elegir según sus propias circunstancias, para tener su oración del modo más recogido. La duración ha de ser de tal manera que permita llegar al íntimo y profundo recogimiento del alma con Dios. Decía San Ignacio que para hombres verdaderamente mortificados en sus pasiones, les bastaba un cuarto de hora. Pero para personas, como son la mayoría, que están muy ocupados exteriormente, no parece que sea suficiente menos de media hora. Lo que a esto se añada, sin faltar al propio deber o en días excepcionales, será preciosa ayuda para alcanzar la familiaridad y unión permanente con Dios.

El criterio para saber si nuestra oración es buena, nos lo da San Ignacio, cuando al oír de una persona espiritual que era de mucha oración, respondía, “será de mucha mortificación”, enseñando que quería pusieran atención en el fruto de la oración, que consiste en el vencimiento propio y en la imitación de las virtudes del Señor, para conformarnos más y más con el modelo de Cristo Jesús.

Que es lo mismo que enseñaba Santa Teresa cuando decía que “en estas cosas interiores de espíritu, la que más acepta y acertada es, es la que deja mejores “dejos”. Llamo “dejos”, confirmados con obras. No deseo otra oración sino la que me hace crecer en las virtudes.”

Mes de Mayo y mes de Junio, sean para todos avanzar en la vida de oración.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S I.
Meridiano Católico Nº 130, junio de 1989

*****

Niñas y niños,
venid con nosotros
a las Colonias del Padre Alba.
Sana diversión, santa formación.
De de 7 a 11 años.
Del 2 al 12 de julio de 2015

 *****

Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión y santa formación.
Dos niveles: de 11 a 15 años
y de 16 en adelante.
Del 27 de julio al 10 de agosto de 2015

Católico, apostólico y romano o Judío saduceo

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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Ecanon varias ocasiones, un buen hombre me dijo que era “católico, apostólico y romano” y español; había hablado con varios obispos e incluso residió en la nunciatura de España cuando vino San Juan Pablo II a nuestra patria. Sabe hablar hebreo, arameo, griego, latín. Organizó el primer congreso judío en España. El libro de las conferencias, que se expusieron en una universidad católica de España, lo publicó la universidad. Se empeñó en que lo leyera. En su conferencia destaca “la gran injusticia histórica que cometieron los Reyes Católicos con la expulsión de los judíos”. Le invitaron a dar la conferencia a Israel. Asistió el que fue quinto jefe de gobierno israelí. Le entregaron una medalla conmemorativa. Sólo leí su conferencia. Me pidió mi opinión y le dije que estaba en total desacuerdo con él. De injusticia de los Reyes Católicos, nada de nada. Fueron los judíos los que traicionaron a España, uniéndose con los musulmanes y abriendo las puertas de las ciudades a los enemigos de la Iglesia Católica. Los Reyes Católicos restablecieron la unidad política y religiosa de España, establecida en el III concilio de Toledo en 568. Los judíos que quisieron quedarse en España, se quedaron.

Hay judíos y judíos, le dije. Judíos santos y judíos perversos. A unos judíos que dijeron a Jesús: “Nosotros no somos hijos de fornicación, tenemos por padre a Dios”; les contestó: “Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre” (Jn 8, 41-44).

Los miembros del Sanedrín, que sentenciaron a muerte a Jesús eran judíos, y judíos eran los que dijeron: “No queremos que éste (Jesús) reine sobre nosotros”. En su carta a la Iglesia de Sardes, san Juan dice: “He aquí que yo te entregaré algunos de la sinagoga de Satán, de esos que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten” (Apo 3,9). Cristo es judío y la Virgen Santísima judía y los primeros mártires y santos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, judíos son.

Y ¿qué opina usted de las torturas de la Inquisición?, me preguntó. Mi respuesta fue: el tribunal de la Inquisición, es el tribunal más justo que ha existido en la historia. Se pusó blanco. Añadí: claro que cometió errores; hasta san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila pasaron por sus calabozos. Responde: Torquemada fue un monstruo de maldad. No dice lo mismo el profesor Saldaña, vicepresidente de la Asociación Internacional de derecho penal. Afirma que Torquemada fue inquisidor general y gran legislador de la Inquisición con sus cinco “Instrucciones” escritas para evitar todo “odio, enemistad u otra corrupción” y fue un “monumento de ciencia penal y de humanidad”. Por ciero, Torquemada era de origen judío.

El especialista de la Inquisición Española, el danés Gustav Henningsen dice: “Los actos y procesos de la Inquisición española, según la naturaleza de los delitos, nos recuerdan los diagnósticos médicos, las notas de un psicólogo, los análisis detallados de un sexólogo, los análisis fenomenólogos de un historiador de las religiones, las descripciones de un historiador de la Iglesia o el esfuerzo de análisis de un historiador literario”. El historiador francés Jean Limont dice: “Fuera de España la represión de las “brujas y los brujos” sumió a toda Europa en la muerte… En 1609 ardieron 600 brujas en el pequeño País Vasco francés. Y se calcula que no perecieron menos de 100.000 brujas y brujos en Alemania a lo largo del siglo XVII. Ahora bien, desde 1530 la Inquisición no condenó a muerte a ningún “brujo” ni a ninguna “bruja”, salvo una sola excepción reparada”. Bennasar ha dicho que la realidad de la Inquisición española es completamente diferente a la visión impuesta por la “leyenda negra”.

Y, ¿qué me dice del purgatorio?, pregunta el escritor. Que es doctrina de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Es un estado del alma en que las almas justas, salidas de este mundo con alguna mancha de sus pecados, sufren castigos por los pecados no expiados perfectamente en esta vida. El segundo libro de los Macabeos 12, 38-46; el evangelista San Mateo 12,32; San Pablo en su primera carta a los Corintios 3, 11-15, hablan del Purgatorio. Varios Papas y Concilios enseñan la existencia del purgatorio: “Manda el Santo Concilio (de Trento) a los obispos que diligentemente se esfuercen para que la sana doctrina sobre el purgatorio… sea creída, mantenida, enseñada y en todas partes predicada por los fieles de Cristo (Dezinger 983).

Y con sonrisa burlona, dice: y las personas ¿están ardiendo siempre en el infierno? Respuesta: Sí, eternamente. La Sagrada Escritura no se entiende sin la existencia del infierno. “Id, malditos al fuego eterno”, dice Cristo. Los Sumos Pontífices y los Concilios de la Iglesia han enseñado la existencia de las penas eternas del infierno. Las dos grandes revelaciones privadas del Cielo, la Virgen de Fátima y la Divina Misericordia en Polonia, nos recuerdan que son muchos los que se condenan en el infierno. Santa Faustina Kowaska afirma que “muchos están en el infierno porque no creyeron que existía el infierno”. A tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios.

Me dijo: usted es un sacerdote tradicional, de los que andan por ahí. Yo soy un sacerdote católico, apostólico y romano, le contesté.

Para mí, nuestro personaje no es católico, ni apostólico ni romano. Parece ser un judío, de la secta de los saduceos, que no creían en la resurrección de los muertos ni en la vida eterna.

P. Manuel Martínez Cano, mCR

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

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