Contracorriente

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Mensajes de fe 20

11 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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Inmaculada, Medianera, Madre

La figura de María no debe suscitar en nosotros una mera contemplación extática de sus privilegios, sino también, y principalmente, una marcha dinámica hacia Cristo, como la de Ella, con Ella y en Ella.

La oración sacerdotal de Jesús: «Yo en ellos y Tú en Mí» (Jn 17, 23), se eleva en favor de todos los cristianos. Si algún alma cristiana realizó plenamente en sí esa estrecha fusión con Cristo, ésa es precisamente María, el primer templo vivo de Dios, en donde el Espíritu Santo y toda la Trinidad augusta habitaron hasta la deificación más inconcebible que se puede imaginar en persona humana.

Virgen InmaculadaSi Pablo pudo decir: «Ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí» (Gá 2, 20), ¿no se realizaría esa identificación con Cristo, mucho mejor en María? Si «el corazón de Pablo es el Corazón de Cristo» según san Juan Crisóstomo, ¿no podría decirse con mayor razón que «el Corazón de María es el Corazón de Cristo»?

María, en razón de su vida totalmente cristificada yen razón de su elección para Madre de Dios, es la criatura que realiza mejor los planes de Dios en el hombre. Hasta el punto de que en María se puede decir que no hay un latido ni un pensamiento que no sea para Cristo, más aún, que no proceda de Cristo. Jesucristo es el único «Mediador de la Nueva Alianza» (Hebr.9, 5; 12, 24). Pero si María está fusionada tan íntimamente al Corazón de su Hijo, se puede entender la Mediación de María a la luz de esta fusión íntima con Cristo, operada -en Ella. No hay dos mediaciones, sino una sola.

María Medianera

Al hablar de María Medianera, podemos adivinar que es Cristo Mediador el que actúa desde lo más interno del Corazón de María, o que es María la que obtiene gracias -la gracia del Espíritu Santo-desde lo más íntimo del Ser de Cristo. La terminología técnica sobre la Mediación Universal de María ha complicado demasiado la sencillez de una realidad objetiva que se ilumina bíblicamente al leer despacio nuevamente: «Tú en Mi y Yo en María», o a «Tu Espíritu en Mí y Yo en María, y María en Mí».

María, templo del Espíritu Santo, Sagrario de Dios, no es templo cerrado, sino él abierto a sus hijos. Si fue elegida Madre de la humanidad al pie de la Cruz, fue precisamente para engendrar hijos de Dios, dignos de Ella y dignos del Padre. Su acción maternal la realiza continuamente por la continua efusión del Espíritu Santo que Ella transmite sobre los que la invocan con sencillez humilde y filial. El dogma de Éfeso -la «Zeótokos»-, en el 431, se capta hoy en su plenitud, al ver que María no sólo engendra a Dios en Jesús, sino también en los -cristianos. A Él, dándole la humanidad y a nosotros transmitiéndonos la divinidad que procede de Él.

María Madre

Por María nos llegó Cristo al mundo. El mundo sólo podrá remontarse a Cristo, o cristificarse, a través de María. Ella es como un espejo transparente. a través del cual podemos mirar a un Dios inefable, y Dios nos mira a nosotros. María es el cristal azul que se interpone entre la humanidad caída y el Dios tres veces santo. Ya podemos mirar a Dio~. Y Dios puede posar sus ojos en nosotros. La sonrisa materna de María dignifica y facilita las relaciones entre los hombres y Dios.

El bautismo es una consagración a la Trinidad. O es como el beso de Dios al alma, en la que Él deja estampada su propia imagen. Al darnos Jesús a María por Madre, el bautismo no viene a ser otra cosa que el beso de Dios al alma a través de los labios maternales de María. Y queda ya en el alma la huella del Espíritu Santo, o es el-mismo Dios Trinidad que inicia su morada en el nuevo cristiano (Jn 14, 23) Si cada cristiano se convierte así en el templo de Dios, María es el templo más grandioso del Espíritu Santo que se pueda concebir. Pero no es una catedral gótica o románica para ser admirada por fuera, sino para entrar en ella y salir impregnado de ese Dios que inunda, como el incienso, su interior. Se entiende así mejor la Maternidad de María. Ante la viuda de Naím, a Jesús «le dio un vuelco el Corazón» -según el texto original de Lucas 7, 13, que usa el verbo griego «esplanjnisze»-y el hijo muerto recobró la vida. Ante María al pie de la Cruz -como a otra viuda de Naím- a Jesús no se le conmueve, sino que se le rompe el Corazón. Y no devuelve Él directamente la vida (Lc 7, 15) al hijo muerto, la humanidad, sino que dice a la humanidad: «He ahí a tu Madre» (Jn 19, 27), como significando: «Ella es la que os dará la vida. Esta vida que brota de mi Costado abierto, pero que se os comunicará a través de su Maternidad».

Glorificar a Dios

Vivir esa Maternidad de María en esta «hora de María» y en la «era de María», no es abandonarse a una mera pasividad. Ella -como la mejor de las madres, y siempre con su sonrisa que dulcifica al sacrificio- nos hará amar la Cruz, nos inducirá suavemente a las mayores renuncias y nos enseñará el arte de la verdadera humildad -algo muy distinto de lo que se lee en ciertos manuales-. La humildad de María reflejada en nosotros, nos hará sentir nuestra «nada» y nos moverá a cantar como nadie las maravillas de Dios y a trabajar en las más grandes empresas -aun ocultas-que den a Dios la gloria que Él se merece. El silencio de María, en el que supo meditar «en tantas cosas», nos enseñará a escuchar mejor a Dios y a vivir más intensamente las peticiones del Padrenuestro: «santificado sea tu nombre», «venga a nosotros tu Reino», «que se haga tu voluntad en la tierra, Como en el cielo».

Una corona de doce estrellas

Abandonarnos a María, o vivir como en su Corazón, es la fórmula definitiva para ir creciendo rápidamente en Cristo y llenarse más y más de Dios. La humanidad de la «Esclava del Señor» atrajo sobre Ella al Espíritu Santo. Hacer nuestra su humildad, o diríamos mejor, meternos en Ella, es el camino más genial y más breve para una cristificación progresiva. María cristificada y cristificadora. Imitable en su grandeza. Y cristificante por su Maternidad. La palabra dirigida a Ella que más puede arrebatar su Corazón y el de Dios, es, prácticamente, la que nos enseñó Jesús antes de morir: «He ahí a tu Madre». Algunos dicen que Dios ha muerto… Puede ser en las almas que no admiten a la Engendradora de Dios. Para los que aceptan la Maternidad de María, Dios vive, y con extraordinaria vitalidad, modelando una raza de santos como tal vez jamás conoció la historia. En el Concilio de Éfeso se la ensalzó tanto a Ella -y es verdad que Ella todo se lo merece-que se la llegó a alejar de los cristianos, de tal manera, que sólo muy lentamente iban descubriendo en Ella a la verdadera Madre nuestra. En doce Concilios posteriores -como una corona de doce estrellas-se ha ido captando a la vez más luz sobre la Maternidad de María en nosotros. Y hoy la fe nos pone en nuestras manos la fórmula sencillísima de la Maternidad de María, que escomo la energía nuclear de la santidad, capaz de revolver al mundo para transformarlo en la «radiante primavera» que tanto deseamos. Estas consideraciones nos muy adecuadas para entender la festividad de la Inmaculada.

«SI AMO A MARÍA ESTOY SEGURO DE MI PERSEVERANCIA, Y OBTENDRÉ DE DIOS TODO LO QUE QUIERA», exclama san Juan Berchmans. Para ello no podemos olvidarnos cada mañana y cada noche de rezar a nuestra Madre las TRES AVEMARÍAS.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Meditación 33: el «magníficat»

11 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villarSon tan admirables y llenas de sentido las palabras del Magníficat que encierran un conjunto maravilloso de alabanzas, de agradecimiento y virtudes tan prácticas, que no es posible pasarlas de largo, sino detenemos a saborear sus dulzuras < Ya estudiar sus enseñanzas.

1º Engrandece mi alma al Señor. -Es el fin del hombre… alabar y engrandecer al Señor. Obligación dulcísima, pero al fin obligación. -Dios todo lo ha creado para su gloria, pero la gloria propiamente solo se la puede dar en la tierra el hombre… la gloria es un conocimiento seguido de la alabanza… no podemos alabar si no conocemos.

Y como las demás criaturas no tienen conocimiento, parece que nos dan a nosotros ese encargo, de que en ellas veamos y conozcamos a Dios, para que en nombre suyo le alabemos. -, -Este es nuestro oficio…, recoger esas notas de bondad sabiduría, poder, hermosura y caridad, que Dios ha ido depositando en las criaturas y con ellas formar el himno de la gratitud que debemos entonar en alabanza de Dios. -¡Oficio magnífico y sublime! ¿Como lo cumples? -¿Sabes alabar a Dios? ¿Trabajas por conocerle para mejor amarle? Piensa que cuando no lo haces faltas a tu deber…, eres una nota discordante que desafina horriblemente en ese concierto de alabanzas…, no sabes torpemente interpretar el cántico que te confía la creación entera. -Y todo por tu culpa… ¡qué vergüenza! -Mira a Ma­ría. -Son sus primeras palabras, recoger las alabanzas y grandezas que Santa Isabel la dice para dirigirlas a Dios… A Él solo la gloria y el honor… ¡qué hermoso comienzo de este magnifico cántico!visitacionaIsabell

Además mira cómo Ma­ría engrandece al Señor con toda su alma y corazón. -Nosotros, a lo más, le engrandecemos con la lengua, pero no con todo nuestro ser. -Cuando pecamos, aunque sea venialmente, empequeñecemos a Dios en nosotros…, parece como que le disminuimos y llega a desaparecer con el pecado mortal.

Todos los santos engrandecieron a Dios con sus obras, y cada día le aumentaban con su santidad; pero no siempre también ellos tuvieron faltas, e imperfecciones  también algo alguna vez empequeñecieron al Señor en sus corazones: Solo Ma­ría es la que nunca, ni un momento dejo de engrandecerle y siempre… sin cesar… fue creciendo y aumentando a Dios en su purísima alma. -Por eso dice en presente: «Mi alma engrandece», no dice engrandeció o engrandecerá… sino ahora y siempre engrandece. -Parece que esa es su ocupación perpetua… su oficio principal., como si no tuviera otro…

Abísmate en este ejemplo y piensa en ti comparándote con Ma­ría. -¡Oh! si siempre engrandeciéramos al Señor o al menos, si nunca le empequeñeciéramos, ¿cuál sería ya nuestra santidad? «Poco podemos y poco valemos, pero con eso poco y del modo que podemos, propongámonos alabar y engrandecer al Señor como Ma­ría…

2º Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. -Ma­ría se alegra y se goza, mejor aun, se encuentra como inundada de un gozo infinito. -¿De qué se goza? -No de cosas terrenas… ni de algo corporal. -Es un gozo íntimo, espiritual, que tiene por objeto al mismo Dios. -Se goza y alegra en Dios… en la posesión plena y perfecta de Dios.

Santa Isabel la recuerda sus grandes gracias y privilegios, y aunque son motivo suficiente para alegrarse y gozarse en ellos, no obstante, parece que no repara tanto en los dones, como en el autor y dador de los mismos. -San Agustín; decía al Señor: «No me des tus cosas, sino a ti mismo»… esto es lo que aún con mayor razón indica la Virgen en estas palabras. -No sabemos buscar a Dios v por eso no acertamos a gozar de Él. ¡Qué dulzuras no ha comunicado siempre a los que le han amado! -¿Cuáles serian las que derrama­ría en la Virgen? -¿Qué extraño, pues, que su alma benditísima saltara de gozo y de alegría divina?

Mas repara que, no dice sólo que su gozo está en Dios, sino en Dios Salvador. -Esta es la raíz y fundamento de la alegría espiritual y del gozo eterno que esperamos…, por eso, porque es Él nuestro Sa1vador. -Estábamos condenados a las tristezas, y amarguras eternas del infierno.: -Gracias a nuestro Salvador se han convertido en gozo y alegría sempiterna… ¡Qué alegría sentirá el alma al ver allí a su Criador!…, pero sobre todo, ¡cuando vea a su Salvador y Santificador!… Porque, ¿de qué hubiera servido criarnos, si no nos hubiera salvado y santificado?

Gózate con la Virgen con este pensamiento y alégrate por tener un tan grande y sublime Redentor y Salvador. -Fíjate cómo también este gozo ha de ser en el espíritu, esto es, un gozo purísimo, sin mezcla de nada carnal~ y, por lo mismo cómo de este gozo has de cuidar por ser verdadero. -Aunque el cuerpo sufra con la penitencia y mortificación, si el espíritu se goza y alegra, esto es lo único que te importa.

Finalmente, piensa que el gozo de Ma­ría no fue en Sí misma, sino sólo en Dios…, es decir, nada de gozo egoísta, que busca su comodidad y complacencia, sino gozo de amor…, que se alegra de amar y ver amado el objeto de su amor, aunque por este amor sufra y padezca. -Ma­ría miraba en sí misma y allí veía a Jesús en sus mismas entrañas y esta vista causaba su gozo en Dios.

Tú también puedes mirar dentro de ti a Dios, y en tu corazón debes encontrarle…, cuanto más le veas así, más gozo sentirás. -Aplica también esta vista a la Sagrada Comunión. -¿No tienes a Jesús como le tenía Ma­ría, dentro de ti? -¿Sabes, como Ella, mirarle? ¿Sa.bes gustar del gozo y de la alegría de su presencia real? ¿Le miras así muchas veces al día?

Pide a la Santísima Virgen te enseñe a mirar a Jesús…, a estrechar contra tu pecho amorosamente a Jesús a deleitarte con las dulzuras divinas de Jesús en cuya comparación son amargas todas las dulzuras de la tierra…

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen Ma­ría
26ª edición, Valladolid, 1965

Imitación de Cristo 102

11 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 4

Que se conceden muchos bienes
a los que devotamente comulgan

imitacion-de-cristoEl Alma.– 1. Señor, Dios mío, «prevén a tu siervo con las bendiciones de tu dulzura» (Sal 20,4) para que merezca llegar digna y devotamente a tu sublime sacramento.
Mueve mi corazón hacia ti y sácame de este grave entorpecimiento; visítame con tu gracia saludable, para que pueda gustar en espíritu tu suavidad, cuya plenitud se halla en este sacramento como en su fuente.
Alumbra también mis ojos, para que pueda mirar tan alto misterio, y esfuérzame para creerlo con firmísima fe.
Porque obra tuya es, y no poder humano; sagrada institución tuya, y no invención de hombres.
Ninguno ciertamente es capaz por sí mismo de entender cosas tan altas que aun a la sutileza angélica exceden.
Pues yo, pecador indigno, tierra y ceniza, ¿qué podré escudriñar y entender de tan alto secreto?

2. Señor, con sencillez de corazón, con fe firme y sincera, y por mandato tuyo, me acerco a ti con reverencia y confianza, y creo verdaderamente que estás aquí presente en el sacramento como Dios y como hombre.
Pues quieres, Señor, que yo te reciba y que me una contigo en caridad.
Por eso suplico a tu clemencia, y pido la gracia especial de que todo me deshaga en ti y rebose de amor, y que no cuide ya de ninguna otra consolación.
Porque este altísimo y dignísimo sacramento es la salud del alma y del cuerpo, medicina de toda enfermedad espiritual, con la cual se curan mis vicios, refrenándose mis pasiones, las tentaciones se vencen o disminuyen, dase mayor gracia, la virtud comenzada crece, confirmase la fe, esfuérzase la esperanza y se enciende y dilata la caridad.comunión

3. Porque muchos bienes has dado y das siempre en este sacramento a tus amados, que devotamente comulgan, Dios mío, huésped de mi alma, reparador de la enfermedad humana y dador de toda consolación interior.
Tú les infundes mucho consuelo contra diversas tribulaciones, y de lo profundo de su propio desprecio, y con una nueva gracia los recreas y alumbras interiormente; y así, los que antes de la comunión estaban inquietos y sin devoción, después, recreados con este manjar y bebida celestial, se hallan muy mejorados.
Y esto lo haces de gracia con tus escogidos para que conozcan verdaderamente y experimenten a las claras cuánta flaqueza tienen de sí mismos, y cuán grande bondad y gracia alcanzan de tu clemencia.
Porque siendo por sí mismos fríos, duros e indevotos, de ti reciben el estar fervorosos, devotos y alegres.
Pues, ¿quién, llegando humildemente a la fuente de la suavidad, no vuelve con algo de dulzura?
¿O quién está cerca de algún gran fuego que no reciba algún calor?
Tú eres fuente llena, que siempre mana y rebosa; fuego que de continuo arde y nunca se apaga.

4. Por esto, si no me es dado sacar agua de la abundancia de la fuente, ni beber hasta hartarme, pondré siquiera mis labios a la boca del caño celestial, para que, a lo menos, reciba de allí alguna gotilla para templar mi sed y no secarme enteramente.
Y si no puedo ser todo celestial y tan abrasado como los querubines y serafines, trabajaré, a lo menos, por hacerme devoto y disponer mi corazón para adquirir siquiera una pequeña llama del divino incendio, mediante la humilde comunión de este divino sacramento.
Pero todo lo que me falta, buen Jesús, Salvador santísimo, súplelo tú benigna y graciosamente por mí, pues tuviste por bien de llamar a todos diciendo: «Venid a mí todos los que tenéis trabajos y estáis cargados, que yo os recrearé» (Mt 11,28).

5. Yo, pues, trabajo con sudor de mi rostro, soy atormentado con dolor de mi corazón, estoy cargado de pecados, combatido de tentaciones, envuelto y oprimido de muchas pasiones, y no hay quien me valga, no hay quien me libre y salve sino tú, Señor Dios, Salvador mío, a quien me encomiendo y todas mis cosas, para que me guardes y lleves a la vida eterna.
Recíbeme para honra y gloria de tu nombre, pues me dispusiste tu cuerpo y sangre en manjar y bebida.
Concédeme, Señor Dios, Salvador mío, que crezca el afecto de mi devoción con la frecuencia de este soberano misterio.

Manipulación y verdad

11 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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canoTodas las herejías son mentiras, inspiradas por el demonio a los soberbios de corazón corrompido. La gran herejía de nuestros tiempos es “la soberanía del pueblo”. Sólo hay un soberano: Cristo, Rey del Cielo y de la Tierra. “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la Tierra. Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”. La democracia moderna, niega el Reinado Social de Jesucristo que es doctrina del Magisterio de la Iglesia. Ante Cristo, debe doblarse toda rodilla en el Cielo y en la tierra. “Incurriría en grave error el que negase a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada una de las realidades sociales y políticas del hombre” (Quas Primas, 8). Un militante del Office Internacional de París, daba una conferencia sobre el tema que nos ocupa. Fue interpelado por un enemigo de la Iglesia, que le dijo: “Pretendéis una utopía. ¿Cuándo ha reinado Jesucristo en la sociedad civil?” Respuesta del gran intelectual francés: “Cristo reinó en la sociedad civil en la España Imperial” ¡Viva España Católica!

manipulacionCristo es la Verdad:» Yo soy el camino, la Verdad y la vida” (Jn 14,6). Y a todos nosotros nos dice: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,32). Sí, “Dios nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4). Debemos combatir los nobles combates de la fe para vivir nosotros en la Verdad y difundir por todo el  mundo la verdad. San Agustín nos dice. “Si me preguntáis cuál es el camino que conduce al conocimiento de la verdad, qué cosa es esencial de la religión de Jesucristo, te responderé: Lo primero es la humildad, lo segundo es la humildad y lo tercero es la humildad, y cada vez que me hagáis la misma pregunta, os daré la misma respuesta”. Santa Teresa de Jesús lo decía así: “humildad es andar en verdad”. Y su hija, beata Isabel de la Trinidad exclamaba. “Jesús me ama, Jesús me basta. Esta es la Verdad. Todo lo demás no me interesa… ¡Es tan bella la verdad, la verdad del amor! ¡Me amó y se entregó por mí!”

André Mourois decía que “el signo de nuestro tiempo es la vuelta de Satanás”. Y así es, aunque el diablo nunca ha cesado de tentar a los hombres y las mujeres, San Juan Pablo II nos advierte que: “el demonio está vivo y trabaja en el mundo. De su obra depende el mal y los desórdenes presentes en el hombre y en la sociedad”. El Santo Padre Francisco está diciendo lo mismo. Sí, el humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia y se ha apoderado de los Estados modernos que difunde continuamente calumnias y mentiras por todos sus medios disponibles que  son, prácticamente, todos los medios informativos: “Un Estado Moderno que posea el control de los medios de información y de propaganda, puede manipular los espíritus, deformar las conciencias y falsifican los criterios” (Eduardo Coloma).

Muchas familias católicas se están deshaciendo y pudriendo por los medios de comunicación que tienen en sus casas. Porque “los medios de comunicación social ponen sutilmente en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad” (San Juan Pablo II). “Los comportamientos humanos ya no están de acuerdo con los criterios del Evangelio. En muchas familias el bien de la fe cristiana no es transmitido a las nuevas generaciones. Ojalá que el lema “Venga a nosotros tu Reino” sea el impulso para una nueva evangelización” (San Juan Pablo II).

Siempre misioneros de la Verdad, con la Virgen María a nuestro lado.

Manuel Martínez Cano, mCR

Página para meditar 125

11 miércoles Feb 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaAborrecemos lo ordinario, lo de todos los días, lo que nos resulta monótono por su repetición constante. Y, sin embargo, es en lo de todos los días en lo que tenemos que irnos educando para adquirir las virtudes, desarraigar los vicios y dar gloria a Dios.

Cada año tendríamos que desarraigar un vicio como nos recomienda Kempis, y en muy poco tiempo seríamos perfectos. La labor de autoeducación es la que más nos urge a todos. Al irnos haciendo mayores, al ser ya mayores, se olvida este aspecto, y nos acostumbramos a que los demás como solemos decir, “nos acepten como somos”. Y no tendríamos que ser así, sino que la autoeducación sobrenatural que nos da la Iglesia, tiene que ir formando en nosotros, hombres y mujeres, no abandonados, sino en camino de avance. Como le gusta a D. Luis Madrid Corcuera, “estemos en marcha”.

Para avanzar como nos enseña S. Ignacio, hemos de ordenar nuestros afectos desordenados, nuestras operaciones desordenadas. Cuando S. Agustín explica que la virtud consiste en el “orden del amor”, nos enseña lo mismo que S. Ignacio y lo mismo que siglos antes en el Libro del Cantar de los Cantares, decía al Espíritu Santo, en boca de la Esposa: “El Esposo ha ordenado en mi la caridad”. Amar y saber amar es el secreto de la perfección de la santidad. Con la ayuda de nuestro Señor tenemos que enseñar a nuestro corazón a amar y a saber amar.Estampa Virgen de Lourdes

Debemos, por encima de toda otra consideración, amar a Dios. Nos lo manda en su santa Ley: “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, alma y fuerza”. Y para enseñar a amar a nuestro corazón, le tenemos que enseñar a conocer los objetos amados, los objetos dignos de ser amados. De ahí la meditación, el trato con Dios, la Sagrada Comunión que nos va descubriendo poco a poco el conocimiento interno de Dios. Y como sabemos por el Principio y Fundamento y por la Contemplación para alcanzar a amor, el corazón va aprendiendo también a amar al hombre y todas las demás cosas con respecto a Dios. Así se ordena el amor al prójimo, el amor al mundo, obra de Dios, el amor a la obra sobrenatural de Dios, que es la nueva creación, el amor a los misterios revelados, el amor a la Iglesia. Y como consecuencia de todo el amor a la virtud, a la ley, a las costumbres cristianas, a la familia, a la patria, a todo lo santo y bueno que Dios ama.

Por eso, porque para amar más y más hay que conocer más y más con el conocimiento sabroso del trato interno, hay que ordenar la inteligencia y el corazón para que sepamos educarnos en el orden del amor y en el caso aparente de lucha de bienes o deberes, de conflictos de actitudes y de tiempos, sepamos dar la preferencia al orden del amor que nos enseña a conocer y amar a Dios cada día más.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 125, enero de 1989

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Niñas y niños,
 venid con nosotros
a las Colonias del Padre Alba.
Sana diversión, santa formación.
Del 2 al 12 de julio de 2015.

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Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión y santa formación.
Del 27 de julio al 10 de agosto de 2015.

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Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

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