Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

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Mensaje de fe nº10

04 jueves Dic 2014

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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Carta de un párroco a sus fieles sobre «los testigos de Jehová»

Mis queridos feligreses:

Sé muy bien que personas, sin duda bien intencionadas, visitan a menudo muchas de vuestras casas con el pretexto de enseñar nuevas ideas religiosas presentándose con la Biblia como aval de seguridad. Y, además, la gran propaganda que hacen de sus revistas, folletos y libros. Dios nos juzgará a todos sobre nuestro proceder, pero yo me doy cuenta de mi responsabilidad, como párroco, respecto de vuestras almas. Soy Padre y Pastor en el orden espiritual y ante el tribunal de Dios se me examinará sobre mi deber de alimentar el rebaño que me ha sido confiado y de preservarlo del error en cuestiones de Fe y Moral.cura de ars

Debo, pues, en conciencia deciros que dichas personas, que se llaman «Testigos de Jehová» han sido ellas engañadas antes y, ahora, os engañarán a vosotros. Esa Ideología, esa secta de los «Testigos de Jehová», que pretende ser cristiana y, en rigor, no lo es, sabed que es muy falsa y perniciosa.

Falsa: 1) Porque no proceden de Cristo ni de los Apóstoles ni de la Iglesia, que durante 20 siglos nos ha transmitido la Doctrina Cristiana. Ellos proceden de un protestante de Norteamérica que fundó esa secta en 1872 -hace un siglo- y que desde 1930 se autodenomina «Testigos de Jehová». ¿Acaso Cristo y los Apóstoles no nos avisaron que vendrían falsos profetas que disimuladamente enseñarían falsas doctrinas?

2) Porque no creen en la Santísima Trinidad, y la Biblia dice: «Id y bautizad en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo». En el Nombre: singular; luego, UN SOLO DIOS Y TRES PERSONAS distintas, pero de igual dignidad.

3) Porque dicen que Jesucristo no es Dios, y san Juan (1, 1-3) dice: «Y el Verbo era Dios y todas las cosas fueron creadas por el Verbo» en el Génesis (1, 1) leemos: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra». Luego este Verbo es este Dios y en san Juan (1, 14) se dice que: «El Verbo se hizo carne», y lo dice de Jesucristo. Por tanto, este Verbo es Dios que se hizo hombre y llamamos Jesucristo.

4) Porque dicen que el Espíritu Santo no es Dios, y en los «Hechos de los Apóstoles» (5, 4) san Pedro riñe a un tal Ananías porque quiso engañar al Espíritu Santo y le dice taxativamente: «No has mentido a los hombres, sino a Dios». Más claro, Imposible.

5) Porque no creen en los Sacramentos, y dice Cristo: «El que creyere y fuere bautizado se salvará» (Marcos, 16, 16); y en otra parte afirma: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis Vida» (Juan, 6, 53); y a los Apóstoles les dijo: «A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados, y a quienes no se los perdonareis, les quedarán retenidos» (Juan, 20, 22).

6) Porque dicen que creen en la Biblia, y no creen en la Iglesia que les ha dado la Biblia. Porque ¿quién si no la Iglesia nos enseña que la Biblia es cosa de Dios y divinamente inspirada?

Perniciosa: 1) Porque sus libros están impregnados de odio contra quienes no piensan como ellos. Al hablar, parece lo contrario; pero la malicia corre por dentro.

2) Dicen que los curas son el «demonio»; y los sacerdotes, los obispos, y el Papa venimos de otros y otros hasta llegar a los Apóstoles y Cristo prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. Alguno habrá malo. De los doce Apóstoles, uno fue traidor. Pero son millones los curas y religiosos que han sido buenos, santos y mártires. De 1936 a 1939, sólo en España, más de seis mil fueron, éstos sí, verdaderos testigos de Cristo.

3) Porque aspiran a la perdición de la humanidad y para ello organizan «quintas columnas» en todas las naciones. Y cuando se sentirán suficientemente fuertes dirán que Jehová enviará sus ángeles para matar a los que no sean «Testigos». Pero como los ángeles no bajarán, desde América les dirán: esos ángeles sois vosotros, pues ya dice el salmo 149: .. Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles».

Tienen otros muchos errores en cuestiones en que van muy desorientados. Así afirman que sólo se salvarán 144.000. Esta cifra, simbólica, la sacan del Apocalipsis (7, 4-8), sin querer advertir que a continuación inmediata, verso 9, san Juan añade: «y una muchedumbre que nadie podrá contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua».

Sobre el fin del mundo han dado varias fechas y al ver que no se cumplen, dan otras. Últimamente aseguraban que acabaría en 1975, pero ahora ya lo aplazan por miedo al ridículo.

Fanáticos de la letra y faltos del Espíritu que da vida, caen en pésimas interpretaciones; así, por ejemplo, rehúsan la transfusión de sangre, ocasionando la muerte de seres inocentes; aborrecen el culto a las imágenes y nos calumnian diciendo que adoramos a la Virgen. Vosotros comprendéis muy bien que no veneramos un trozo de madera o de yeso, sino la persona que representa, del mismo modo que guardamos con respeto y cariño los retratos de nuestros padres y familiares, y no por la cartulina precisamente.

En cuanto al culto y amor -no adoración- a la Santísima Virgen María, no es difícil entender que aquella privilegiada criatura que Dios escogió para Madre de su Hijo y la quiso tan íntimamente asociada a la Encarnación y a su muerte redentora, es dignísima de toda alabanza. Jesús en la Cruz nos la dio a todos por Madre en la persona de san Juan, y no se concibe la gran familia de los hijos de Dios, que es la Iglesia, sin esta Madre Virginal y Purísima, gloria de todo el género humano, honor y modelo sublime de la mujer, «vida, dulzura y esperanza» de los desterrados hijos de Eva. No ama debidamente a Cristo quien no ama filialmente a su Madre. A Jesús se va por María, como Él llegó hasta nosotros por Ella.

Finalmente, y pues sufro por los «Testigos de Jehová» muy en particular si son feligreses míos, quiero decirles que deseo su bien espiritual y me apena verlos fanatizados con ideas extravagantes so capa de religión. Sepan que soy un verdadero Padre y Pastor, siempre dispuesto a hacerles todo el bien que pueda. Y a cuantos permanecéis fieles a la santa Fe Católica, única y verdadera, os digo que no os dejéis alucinar. Tratadlos con caridad. Evitad las discusiones con ellos porque a ellos les enseñan el modo de intentar rendiros a ellos. Si se empeñan, decidles que un sacerdote irá a hablar con ellos en privado o en público. Va veréis cómo no quieren. Señal que no buscan la Luz.

Oremos por ellos y unos por otros y por el bien de la Santa Iglesia en esta hora difícil de la historia del mundo.

Os encomienda a todos al Señor y a la Madre de misericordia.

Vuestro Párroco

«LA ORACIÓN ES EL GRAN MEDIO PARA LA SALVACIÓN, Y AL MISMO TIEMPO FIN SUMO Y PRÓXIMO DE LA VERDADERA RELIGIÓN», nos dice Pablo VI. Por esto a lo menos, cada mañana y cada noche, recemos las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen.

Meditación: la anunciación y humildad de María

04 jueves Dic 2014

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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LA ANUNCIACIÓN. -CONDUCTA DE MARÍA. -SU HUMILDAD

1º La turbación. -A las palabras del Ángel contesta María con su turbación. -Mírala, encendido el rostro por el carmín de la vergüenza…, escucha el latido nervioso y apresurado de su corazón…, penetra en su disgusto profundo, íntimo…, parece que se pregunta a sí misma, asustada, y esto ¿a qué viene? -El Ángel le había dicho la verdad, pero le había herido en su humildad. -Más tarde reconocerá· Ella públicamente la certeza de las palabras del Ángel, y aún repetirá que todas las generaciones la llamarán «Bienaventurada»…, pero no para engrandecerse, sino para alabar a Dios. Más ahora es Ella… Ella misma el objeto de la alabanza, y por eso, naturalmente, espontáneamente, se asusta y se sobrecoge…, se pone en guardia como esperando una tentación…, como si Ella, pudiese pecar. -Acude con el Ángel a tranquilizar a María, y dile: «No temas, si Tú no tienes por qué temer, ni asustarte ante las alabanzas…, pero, sin embargo, bien está que te turbes y te asustes para enseñarme a mí la manera de recibir las que me den los hombres; enséñamelo prácticamente, Madre humildísima»…anunciacion_murillo

2º Grandeza de esta humildad. -Penetra y considera lo inmensa que es esta humildad, precisamente en este paso. -Se concibe la humildad de María en Belén, rechazada por todos… en Egipto, huyendo de sus enemigos… en Nazaret, ignorada y escondida en aquella casa de artesanos pobres y casi miserables…, en la Cruz, siendo la Madre de un ajusticiado… pero, ahora, ¡visitada por un Ángel!…, ¡buscada por Dios que la pide su consentimiento y se queda esperando la respuesta!… ¡Alabada y enaltecida hasta la altura más grande!… ¡Qué humildad más inconcebible!

Mucho menos fueron elevados Adán en el Paraíso y los ángeles malos en el Cielo… y, sin embargo, se desvanecieron con la soberbia y cayeron en el abismo. -Pero María sabe que lo que la dicen es de parte de Dios…, que es un Ángel que no puede mentir, y por lo mismo que es verdad todo lo que dice, lejos de envanecerse…, se turba y humilla más y más. -¡Qué grande, qué simpática, qué atrayente es María por su humildad! -Qué bien sabe Dios buscar la reparación del pecado que empezó por la soberbia, por medio de esta profundísima humildad.

3º Humildad verdadera. -La humildad no es apocamiento; nos hace pequeños ante nuestros ojos…, pero grandes, muy grandes a los ojos del Señor. -Así María, nunca fue más grande a los ojos de Dios que en esta ocasión. -Pero, al fin, la humildad no es de cobardes y ruines, sino de fuertes y de magnánimos. -Mira a María… turbada, anonadada, ante las palabras del Ángel…, pero conserva su juicio sereno, tranquilo, y… estudia, piensa y obra con decisión. -Eso es la  -verdadera humildad: conocer la voz de Dios, someter su juicio y propio parecer a ella y seguirla. -Y esto, aunque cueste como a María -bien sabia .los sufrimientos, dolores y espadas agudísimas que atormentarían su corazón… y, no obstante, se decide a aceptar la propuesta del Señor. – Humilde pero magnánima, viril, valiente. -Ese es el fruto de la humildad.

4º Tu humildad. -¿Eres tú semejante a María, en la humildad y en la generosidad del sacrificio? -¿No buscas halagos, sonrisas, palabras humanas? -¿Buscas lo último, lo penoso, lo humillante? -Cuando Dios te lo da ¿al menos te conformas… o protestas y deseas evitarlo? Piensa mucho en tu nada, pues así como Dios sacó de la nada las grandezas de la creación…, del conocimiento de tu nada, brotará tu grandeza. –Conoce a Dios, que es el todo; conócete a ti, que eres nada, y la conclusión será la humildad.

Ejercítate en actos de humildad interior y haz muchos actos de humillación exterior. –Agradece y ama a quienes te ayudan a humillarte con desprecios, burlas, etc…

Página para meditar 116

04 jueves Dic 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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Espíritu cuaresmal

Las Palabras del Señor en el Sermón de la Montaña, resumen cuál ha de ser el espíritu de la Cuaresma para nosotros: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. Bien sabéis que justicia en la Sagrada Escritura es equivalente a santidad. Así se nos dice de S. José que era varon justo, de Simeón y de otros muchos, para indicarnos que eran santos. Las palabras del Señor nos enseñan que Dios bendice a aquellos que tienen verdaderos deseos de santidad, a aquellos verdaderamente valientes, que dejando atrás ilusiones vaporosas en las que se mece el Corazón según sus apetitos naturales, buscan los medios de ejercitar las virtudes y se va tras ellas venciendo la repugnancia natural. Entonces hay verdadera hambre y sed de santidad, ansia ardiente de seguir a Jesucristo y de arrollar todo lo que se opone a su seguimiento.Vier brennende Kerzen auf Adventskranz

¿Qué medios nos servirán para lograr esa hambre y sed de santidad? Las ocho Bienaventuranzas nos lo revelan. Pero en forma de resumen os indicaré les más aptas para vosotros.

El primero es que os dediquéis seriamente a la oración. En ella se alimenta el deseo de acercarse más al Dios tres veces Santo. El segundo es el de ejercitarse personalmente en las virtudes, con actos generosos de ellas, porque así saborearemos la hermosura de la virtud que nos lleva en derechura a la caridad con Dios, que es la reina de las virtudes.

La tercera es el trato con los santos, en la lectura de sus vidas, en la oración y en la súplica de su intercesión. El ejemplo de los santos y la familiaridad con ellos, inevitablemente nos despertará hambre y sed de la santidad.

Pero sobre todo, el medio más corto y más fácil para la santidad es el de la obediencia. Entregarnos a la obediencia sin discusión, sin tenernos que convencer de que lo que se nos dice o manda es lo mejor; antes al contrario, no poner dificultades internas algunas, creyendo que «todo lo puedo en Aquel que me conforta”. Nunca un “no puedo”, nunca «es demasiado”. ¿Obedecer a quién? A los que tengo por naturaleza y gracia que obedecer. Pero además, a los corazones generosos el Señor les inspira más heroísmo, a su semejanza, hasta el heroísmo de El mismo que se sometió incluso a sus verdugos para agradar a Dios Padre. Hay un límite sin límites en el obedecer, que se confunde con el amor de los perfectos. Obediencia que engendra la santidad a que es el amor a Dios Sobre todas las cosas. Un amor sin punto final.

Ese espíritu profundo y purificador de la Cuaresma es buscar en su raíz la obra de nuestra santificación para la gloria de Dios.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 116, Marzo de 1988

Curso de la Vida humana en Cristo

27 jueves Nov 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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En Cristo la vida humana puede resumirse en dos grandes perspectivas: en su curso histórico, Cristo vive en relación íntima con el Padre, en solidaridad perfecta con los hombres contemporáneos, pero obediente, es decir, ordenando su vida hacia el Padre en obediencia hasta la muerte, sin transformar las condiciones ordinarias de la vida, que acepta para sí mismo; al final, después de la muerte, Cristo resucita, es entronizado como rey y señor del universo, primogénito entre sus hermanos, anticipo y prenda de nuestra propia resurrección y victoria final.guerra campos 5

En medio de esta vida ordinaria, Cristo «pasó haciendo el bien»: todo el bien que es posible hacer sin cambiar las coordenadas generales de la condición humana, y manifestando el poder de Dios, para que sepamos que el Padre está presente, interesado por nosotros a pesar de que no transforma inmediatamente nuestra condición dolorosa. Precisamente por esto, la manifestación del poder divino, más que medio para resolver los problemas históricos, es signo de la pre

sencia íntima del amor y de la esperanza en la plenitud futura. Dicho sencillamente y a sabiendas de que esta verdad escandaliza: Cristo multiplicó los panes en una o dos ocasiones, pero no resolvió el problema de las carestías que, de vez en cuando, asolaban algunos países. No intentó resolverlos. Lo cual indica y Él lo afirmó expresamente que la multiplicación de los panes tenía, sí, un fin inmediato, que era hacer un bien con misericordia; pero tiene un fin principal, que es servir de signo para elevar la atención hacia otro pan, que da satisfacción plena a necesidades mucho más profundas y permanentes que una carestía transitoria.

Tal es el curso de la vida humana en Cristo. Todos los intentos que se han hecho para dar otra visión de Cristo falsean la realidad que aparece en el Evangelio.

Por consiguiente, en el curso de nuestra propia vida, vivimos ya transfigurados, porque la lejanía de Dios, en la que hemos caído por el pecado, se convierte en proximidad por la filiación divina, por la presencia amistosa de Dios en nuestros corazones; y esto da ciertamente un sentido nuevo, como cuando nace el sol, a todas las realidades, por duras que sean. Pero, en cuanto a la liberación de los efectos de aquella lejanía a que antes me referí: desequilibrios, oscuridad, dolor, muerte, vivimos en esperanza. Ésta es la tesis del Evangelio y de los Apóstoles. Vivimos en la tensión gozosa de quien camina hacia una plenitud que llegará, mas no se realiza dentro de programaciones históricas.

De lo anterior se desprende el carácter de la respuesta cristiana para la fase temporal de nuestra vida, la que vivimos en esperanza.

LA VIDA TEMPORAL DEL CRISTIANO

Cristo resucitado, presente en la Iglesia.

Primer elemento configurador de nuestra vida en el tiempo es que Cristo mismo, muerto y resucitado, sigue presente en la Iglesia. Muchas veces se pregunta: ¿Cuál es la novedad que aporta el cristianismo a la solución de los problemas humanos? No hemos respondido nada mientras no digamos esto: Aporta la presencia de Cristo; no estoy solo en el mundo; en todos mis afanes, programas, búsquedas, ilusiones o desilusiones, estoy relacionado con Cristo, muerto y resucitado, presente en la Iglesia, conmigo, con nosotros, entre los hombres. Ésta es la gran novedad que aporta el cristianismo.

De ahí se deduce el carácter más significativo que tiene para nosotros la Iglesia, la vida comunitaria con Cristo presente. Toda la Iglesia, en lo que tiene de proclamación de la palabra, de realización de los signos sacramentales, en toda su acción, ha sido definida, en cierto modo, por el Concilio Vaticano II como gran sacramento, gran señal visible y operativa de la presencia salvadora de Cristo. En ese marco actúan los sacramentos. De modo eminente, la Eucaristía, que es la posibilidad sensible de asociar mi vida de obediencia filial y confiada, en medio del dolor, las preocupaciones, las limitaciones, hasta la muerte, a la obediencia y pasión de Cristo, con lo cual enderezo mi vida hacia lo que le da sentido, hacia Dios Padre; es la posibilidad de entrar en comunicación personal directa, aunque silenciosa, con Cristo, fuente de inspiración, de ánimo, de exigencia, de alegría, liberación de mi debilidad y de mi pecado; es al mismo tiempo, por tratarse de Cristo resucitado, una prenda, especie de anticipo de mi propia futura resurrección, es decir, del logro de la totalidad de mis aspiraciones para el espíritu y el cuerpo, para la vida individual y social, incluso para la transformación del universo que me cobija.

Éste es el primer factor del cristianismo, que olvidan algunos evangelizadores de nuestros días, siendo tan fundamental. Si eliminamos esto, ninguna otra realidad merece el nombre de cristiana.

Principio animador: el Espíritu que difunde en nosotros la caridad.

El principio animador, que fluye para mi vida de la presencia histórica y continua de Cristo, y la única causa posible de todas las transformaciones que cabe esperar del cristianismo, como respuesta radical, es la presencia del Espíritu Santo, influjo directo, íntimo, del mismo Dios, dando luz, amor, esperanza, oración, sentido de su presencia invisible; despertando en mí exigencias y, al mismo tiempo, posibilidades. Es la gracia de Dios.

La manifestación normativa, criterio de actuación, actitudes y comportamientos, que fluye de la comunicación del Espíritu, lleva el nombre de caridad o amor. Una caridad entendida no como un afecto cualquiera, sino como expresión de una comunión de vida superior, participable por todos los hombres. De esta presencia o acción del Espíritu, de la caridad, entronizada en el centro mismo de cada persona y de la historia humana, brotan dos notas diferenciales de la moral cristiana: filiación y vocación.

Moral de filiación, Moral de vocación

Moral de filiación: es decir, no del deber abstracto, no de meras normas y leyes, sino de comunicación personal y cordial, que es lo que transfigura las normas, sin suprimirlas (al contrario, sublimándolas) y, por tanto, da un sentido a la vida, que es la auténtica novedad práctica y vital del cristianismo. Sean cuales fueren las contingencias históricas, tanto si nos toca una época de logros y de justicia como una época de fracasos, injusticia, abandono o incomprensión, que sobre esto el cristianismo no nos da garantías, la verdadera aportación novedosa del cristianismo en el aspecto vivencial es la posibilidad de vivir con espíritu filial: sentirse animado por la presencia del Padre, atraído por Él, con confianza, serenidad, gratitud, alegría. Es una inmensa transformación; pero sólo los que la experimentan reconocen lo que es, porque, dicha con palabras, no parece casi nada.

Moral de vocación: es decir, de misión. Estamos en el mundo, como ya se dijo en el paraíso, para ser vicarios de Dios en la obra de dominio y ordenación de la tierra y de la vida social.

Por tanto, la moral cristiana de filiación, que, por serlo, es también de vocación o misión, hace que la esperanza sea, y tenga que ser, activa.

José Guerra Campos

Imitación de Cristo 91

27 jueves Nov 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 52

Que el hombre no se repute por digno de consuelo,
sino de castigo

El Alma.– 1. Señor, no soy digno de tu consolación ni de ninguna visita espiritual, y por eso justamente lo haces conmigo cuando me dejas pobre y desconsolado.
Porque, aunque yo pudiese derramar un mar de lágrimas, aún no merecería tu consuelo.

Por eso no soy digno sino de ser afligido y castigado, porque te ofendí gravemente y muchas veces, y pequé mucho y de muchas maneras.jesus cruz

Así que, bien mirado, no soy digno de la menor consolación.
Mas tú, Dios clemente y misericordioso, que no quieres que tus obras perezcan «para manifestar las riquezas de tu bondad en los vasos de tu misericordia» (Rom 9,13), aun sobre todo merecimiento, tienes por bien de consolar a tu siervo de un modo sobrehumano.

Porque tus consolaciones no son ilusorias como las humanas.

2. ¿Qué he hecho, Señor, para que tú me dieses ninguna consolación celestial?
Yo no me acuerdo haber hecho ningún bien, sino que he sido siempre inclinado a vicios, y muy perezoso para enmendarme.
Esto es verdad, y no puedo negarlo. Si dijese otra cosa, tú estarías contra mí y no habría quien me defendiese.
¿Qué he merecido por mis pecados sino el infierno y el fuego eterno? Conozco, en verdad, que soy digno de todo escarnio y menosprecio, y no merezco ser contado entre tus devotos. Y aunque me moleste el oírlo, acusaré mis pecados contra mí y en favor de la verdad, para que más fácilmente merezca alcanzar tu misericordia.

3. ¿Qué diré yo, pecador, y lleno de toda confusión?
No tengo boca para hablar sino sola esta palabra: Pequé, Señor, pequé; ten misericordia de mí; perdóname.
«Déjame un poco para que llore mi dolor, antes que vaya a la tierra tenebrosa y cubierta de obscuridad de muerte» (Job 10,20).

¿Qué es lo que principalmente exiges del culpable y miserable pecador, sino que se convierta y se humille por sus pecados?
De la verdadera contrición y humildad de corazón nace la esperanza de ser perdonado, se reconcilia la conciencia turbada, repárase la gracia perdida, se defiende el hombre de la ira venidera y se juntan en santa paz Dios y el alma arrepentida.

4. El humilde arrepentimiento de los pecados es para ti, Señor, sacrificio muy acepto, que huele más suavemente en tu presencia que el incienso.
Este es también el perfume agradable que tú quisiste que se derramase sobre tus sagrados pies, porque nunca desechaste el corazón contrito y humillado.
Allí está el lugar del refugio para el que huye del enemigo; allí se enmienda y limpia lo que en otro lugar se erró y se manchó.

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"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

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"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

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