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Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XXII

04 martes Jun 2013

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Parte Segunda

DE LA DEVOCIÓN MÁS EXCELENTE
A LA SANTÍSIMA VIRGEN

De la perfecta consagración a Jesús por María

115. Hay muchas prácticas interiores de la verdadera devoción a la Santísima Virgen; he aquí en resumen las principales:
1.ª Honrarla como digna Madre de Dios con culto de hiperdulía, es decir, estimarla y venerarla más que a todos los demás Santos, como la obra más perfecta de la gracia y la primera después de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre; 2.ª, meditar sus virtudes, sus privilegios y sus acciones; 3.ª, contemplar sus grandezas; 4.ª, rendirla actos de amor, de alabanza y de reconocimiento; 5.ª, invocarla de corazón; 6.ª, ofrecerse y unirse a Ella; 7.ª, obrar en todo con la mira de agradarla; 8.ª, comenzar, continuar y concluir todas las obras por Ella, en Ella, con Ella y para Ella, a fin de hacerlas por Jesucristo, en Jesucristo, con Jesucristo y para Jesucristo, que es nuestro último fin. Más adelante explicaremos esta práctica.

116. La verdadera devoción a la Santísima Virgen tiene también muchas prácticas exteriores, de las cuales las principales son las siguientes:
1.ª Alistarse en sus Cofradías y Congregaciones; 2.ª, entrar en las Ordenes religiosas instituidas bajo su nombre; 3.ª, publicar sus alabanzas; 4.ª, hacer en honra suya limosnas, ayunos y mortificaciones espirituales o corporales; 5.ª, llevar consigo su librea, a saber: el santo rosario, o la corona, el escapulario o la cadenilla; 6.ª, rezar con atención, devota y modestamente el santo rosario, compuesto de quince decenas de Avemarías en honor de los quince principales Misterios de Jesucristo, o la corona de cinco decenas o tercera parte del rosario, en honor de los cinco Misterios gozosos, que son: la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, la Purificación y el Niño perdido y hallado en el templo; o los cinco Misterios dolorosos: la agonía de Jesucristo en el huerto de los Olivos, su flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario con la cruz a cuestas, y la crucifixión; o los cinco Misterios gloriosos, a saber: la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, su Ascensión, el Descendimiento o venida del Espíritu Santo, la Asunción de la Santísima Virgen al cielo en cuerpo y alma, y su Coronación por las tres Personas de la Santísima Trinidad. Se puede también decir una corona de seis o siete decenas, en honra de los años que se cree que la Santísima Virgen vivió sobre la tierra; o la pequeña corona de la Santísima Virgen compuesta de tres Padrenuestros y doce Avemarías en honor de la corona de las doce estrellas o los doce privilegios de la Virgen; o el Oficio de la Santísima Virgen, tan universalmente recibido y rezado en la Iglesia; o el pequeño salterio que San Buenaventura compuso en su honra, y en el cual es tan tierno y tan devoto, que no se puede rezar sin sentirse el alma enternecida; o catorce Padrenuestros y catorce Avemarías en honor de sus catorce gozos; o algunas otras oraciones, himnos y cánticos de la Iglesia, como la Salve Regina, el Alma, el Ave Maris Stella, el Magnificat o algunas otras prácticas de devoción, de que están llenos los libros piadosos; 7.ª, cantar y hacer cantar en su honor cánticos espirituales; 8.ª, hacerle cierto número de genuflexiones o reverencias, diciéndole, por ejemplo, todas las mañanas sesenta o cien veces Ave, Maria, Virgo fidelis (Dios te salve, María, Virgen fiel), para alcanzar por su mediación la fidelidad a las gracias de Dios durante el día; y por la tarde, Ave, Maria, Mater misericordiae (Dios te salve, María, Madre de misericordia), para pedir perdón a Dios por medio de Ella, de los pecados cometidos durante el día; 9.ª, ser solícito en asistir a sus Congregaciones, adornar sus altares, coronar y embellecer sus estatuas; 10.ª, conducir o hacer conducir sus imágenes en procesión, o llevar una sobre sí mismo, como arma poderosa contra el demonio; 11.ª, hacer imágenes suyas, o dedicarlas a su nombre, y colocarlas o en las iglesias, o en los aposentos, o sobre las puertas y entradas de los pueblos, de las iglesias y de las casas; 12.ª, consagrarse a Ella de una manera especial y solemne.

117. Hay gran número de otras prácticas de verdadera devoción a la Santísima Virgen, que el Espíritu Santo ha inspirado a las almas santas y que son muy edificantes, las cuales se podrán leer más detalladamente en el Paraíso abierto a Filagia, compuesto por el Rdo. P. Pablo Barry, de la Compañía de Jesús, que ha recogido en esa obra gran número de devociones que los Santos han practicado en honor de la Santísima Virgen, las cuales sirven admirablemente para la santificación de las almas siempre que se hagan como es menester, es decir: 1.º, con buena y recta intención de agradar sólo a Dios, de unirse a Jesucristo, como último fin, y de edificar al prójimo; 2.º, con atención y sin distracción voluntaria; 3.º, con piedad, sin ligereza y sin negligencia; 4.º, con modestia y compostura corporal, respetuosa y edificante.

118. En fin, protesto altamente que después de haber leído casi todos los libros que tratan de la devoción a la Madre de Dios, y de haber conversado familiarmente con las más sabias y santas personas de estos últimos tiempos, no he conocido ni sabido práctica alguna hacia la Santísima Virgen semejante a la que voy a exponer, que exija de un alma más sacrificios para con Dios, que la vacíe más de sí misma y de su amor propio, que la conserve más fielmente en la gracia, y la gracia en ella, que la una más perfecta y fácilmente a Jesucristo, y finalmente, que sea más gloriosa a Dios, más apta para la santificación propia y más útil para el prójimo.

119. Como lo esencial de esta devoción consiste en el interior, no será igualmente comprendida por todos; algunos se quedarán en lo que tiene de exterior, sin pasar más adelante, y éstos serán el mayor número; otros, que serán pocos, entrarán en lo más recóndito, pero no subirán más de un grado. ¿Quiénes subirán hasta el segundo? ¿Quién alcanzará el tercero? En fin, ¿quién será el que permanezca en él habitualmente? Solamente aquél a quien el Espíritu Santo revele este secreto, el alma a quien el mismo Espíritu conduzca a ese estado, para progresar de virtud en virtud, de gracia en gracia, de luz en luz, hasta llegar a la transformación de sí mismo en Jesucristo y a la plenitud de su perfección sobre la tierra y de su gloria en el cielo.

 

Hacer Reverencia a Dios

27 miércoles Feb 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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San Ignacio nos dice que el hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor. La reverencia a Dios san ignacionuestro Señor, exterior e interior, nace de la contemplación de la grandeza de Dios, de sus atributos divinos: sabiduría infinita, omnipotente, misericordioso, Verdad y Amor eterno… La presencia del Vicario de Cristo nos impulsa a venerarle. Deberíamos sentirnos abrumados y anonadados ante Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Andar cada instante en la presencia de Dios, sin atrevernos a mirarle, sin alzar la voz, en silencio amoroso ¡Qué grandeza, qué poder, qué hermosura, qué realeza la de nuestro Dios!¡Qué poco nos impresiona hoy la grandeza de Dios!

Cuanta deficiencia vemos en el culto exterior a Dios. San Juan de Ávila viendo a un sacerdote que celebraba la Santa Misa sin recogimiento le dijo: “Trátelo bien que es hijo de buena Madre”. Un amigo sacerdote, me dijo que Madre Teresa de Calcuta asistió a la inauguración de una de sus casas de misericordia. Al salir el sacerdote de la sacristía para celebrar la Santa Misa sin la casulla, salió inmediatamente de la capilla. Sus hijas le preguntaron si  se encontraba indispuesta. La respuesta de la beata fue: No. Es que un sacerdote que se atreve a celebrar la Misa sin los ornamentos sagrados prescritos por la Iglesia no puede predicar nada que me interese.

La beata Jacinta de Fátima decía: “Madrina ¡Pida mucho por los sacerdotes! ¡Pida mucho por los religiosos! Los sacerdotes sólo deberían preocuparse por las cosas de la Iglesia. Los sacerdotes deben ser puros, muy puros. La desobediencia de los Sacerdotes y de los Religiosos a sus superiores y al Santo Padre ofende mucho a nuestro Señor”. La Misericordia Divina, nuestro Señor Jesucristo se quejó amargamente ante Santa María Faustina Kowalska de la falta de reverencia y del comportamiento mundano y frívolo de sacerdotes, religiosos y religiosas. Recemos con fervor.

Nuestro santo doctor, san Juan de Ávila, nos dice: “Vete siempre en la presencia de Dios, trabajando de andar siempre compuesto con reverencia delante de tan gran Señor, gozándote de que su Majestad sea en si mismo tan lleno de gloria como es… Si bien miras, gran parte de nuestras obras van mezcladas de mil imperfecciones, y viéndolas su Majestad, delante de cuyo acatamiento tiemblan los serafines, tan tibias, tan sin reverencia y con tanta mezcla de imperfecciones, está muy claro que las acepta Dios por el amor de su unigénito Hijo”.

La Santa Misa es el acto más sublime y más santo que se celebra todos los días en la Tierra. Nada hay más sublime en el mundo de nuestro Señor Jesucristo, y nada más sublime en Jesucristo que el Santo Sacrificio de la Cruz en el Calvario, actualizado en cada Santa Misa que se celebra en la Tierra. La Santa Misa es la renovación del Sacrificio de la Cruz, es el mismo Sacrificio de la Cruz incruento. Santa Misa, Cena del Señor y Sacrificio de la Cruz son un mismo Sacrificio. “Con la Santa Misa se tributa a Dios más honor y reverencia que pueden tributarle todos los ángeles y santos del Cielo. Puesto que el de éstos, es un honor de criaturas, mas en la Santa Misa se le ofrece su mismo Hijo Jesucristo, que le tributa un Honor Infinito”(San Alfonso Mª de Ligorio).

Durante la celebración de la Santa Misa, en la consagración, te arrodillas en medio de una multitud de ángeles, arcángeles y querubines, que están presentes en torno del altar. Santa Teresa de Jesús suplicaba un día al Señor que le indicara como podría reparar sus ofensas yEl calvario y la Misa pagarle los dones que le había concedido. Jesús le contestó: “Oyendo una Misa”. El santo cura de Ars, san Juan María Vianney decía: “Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Misa es obra de Dios. En la Misa, es el mismo Jesucristo Dios  y Hombre Verdadero el que se ofrece al Padre para remisión de los pecados de todos los hombres y al mismo tiempo le rinde un Honor infinito”.

Ningún día sin participar devota y fervorosa en la Santa Misa. Para adorar a Dios Padre y darle el honor que se merece; para darle gracias por tantos favores naturales y sobrenaturales que nos ha concedido en nuestra vida; para aplacar su justa ira y por tantos pecados cometidos por los hombres y las mujeres; para implorar su misericordia divina para todos los habitantes del mundo; para llenar el Cielo de almas y hacer más gloriosa la pasión de Cristo.

 

P.Manuel Martínez Cano mCR

Benedicto XVI Dimite

21 jueves Feb 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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El año 2005 brincábamos de alegría, cuando dejaste de ser cardenal para garraldaconvertirte en Benedicto XVI. Hemos disfrutado de tu sencillez de buen Pastor, de tu alma fina con la confianza siempre puesta en Cristo, Verdad absoluta.

Hemos sido iluminados por tu inteligencia angélica, por tu religiosidad ferviente, y por tu pedagogía de la fe sin fisuras. Has escuchado  el ruido de los vientos del error, has aceptado los riesgos de la humanidad y de la Iglesia, ha sido la luz del faro sobre el acantilado del siglo XXI y fuerza de roca contra el oleaje de la adversidad.

Juan Pablo II no te aceptó la dimisión cuando cumpliste los 75 años, porque sabía que tú eras el mejor regalo del cielo para conducir el diálogo en el mundo moderno, el teólogo que conoce a fondo los temas fronterizos entre Fe y Razón.

Los que esperaban que fueras una caña agitada por el viento en el desierto han quedado defraudados, porque Benedicto XVI  sólo sabe decir amén a la verdad y no a los trapicheos  de quienes pretenden ser como dioses cambiando la misma ley de Dios a su antojo.

Has demostrado ser el continuador del Concilio Vaticano II, que está muy lejos de estar agotado, pero nunca al continuador de un post-concilio a espaldas del concilio. Los de talante marxista, que tanto abundan hoy en España, te acusaban de que “has querido erradicar la Teología de la Liberación”, por no querer distinguir ellos entre Teología de la liberación  de talante marxista, de la de talante cristiano.

En cierta ocasión tuviste que suplir a Juan Pablo II enfermo, en el Viacrucis del Viernes santo; y en tu meditación sobre la novena estación, cuando Jesús cae por tercera vez, pusiste el dedo en la llaga de una Iglesia caída, cuando nuestros cristianos se alejan de Cristo, arrastrados por la ola de la secularismo sin Dios; cuando Dios entra a menudo en el vacío y maldad del corazón que abusa del sacramento  de la presencia eucarística; cuando se falta al respeto al sacramento de la reconciliación, en el cual Cristo nos espera para levantarnos de nuestras caídas; cuando el mayor dolor le traspasa el corazón por la traición de sus discípulos y la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre.

Impresionaba este hablar de la Iglesia como el de un campo  en el que parece que abunda más la cizaña que el trigo, o un barco que hace agua por todas partes. Pero concluías diciendo que Cristo cae por tercera vez y se levanta para levantarnos y llega al Calvario para redimirnos y resucita para resucitarnos.

Y, ahora, caído por la debilidad de tus fuerzas, renuncias a ser obispo de Roma, no por cobardía sino por la valentía de tu humildad. Ves que te faltan fuerzas para remar mar a dentro, para que otro se haga cargo del timón  de la nave de Pedro y marque el rumbo conocedor de la rosa de los vientos.

Tres noticias de gran relieve han sonado esta semana: El meteorito de 130.000 toneladas caído sobre Rusia, el rayo que hemos visto fotografiado sobre la cúpula del Vaticano y tu renuncia, la gran sorpresa, que a todos nos ha cogido con el pie cambiado.

Tu renuncia voluntaria, obligado por la falta de fuerzas para tanto peso de responsabilidad, después de 600 años de la anterior renuncia, ha sido la noticia bomba de más peso histórico que el meteorito y de más susto que el simbólico rayo sobre  la cúpula de Miguel Ángel.

Vas a seguir siendo Benedicto XVI, pero traspasas tus poderes a un nuevo vicario de Cristo. Te vas a dedicar a la oración, en la clausura de un monasterio, para seguir salvando al mundo. Yo lo siento porque, los que no querían, en el año 2005 que fueras vicario de Cristo, hoy se frotan las manos. Pero espero que no pretendan aplaudir, hasta con las orejas, presumiendo que el nuevo Papa sea el que ellos ansían. Muy pronto saldremos de dudas. El Espíritu Santo, que nos ha traído, a caballo de los siglos XX y XXI, Papas de talla universal, volverá a confortarnos, con su fuerza divina, en estos tiempos de capa caída

Ángel Garralda García, Vicepresidente de la Hermandad Sacerdotal Española. 

     

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