Contracorriente

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El Hombre ha sido Creado por Dios

13 miércoles Feb 2013

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Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para diosque domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre las bestias de la tierra y sobre cuántos animales se mueven sobre ella. Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo (Gen. 1, 26-28).

¿Para qué me ha creado Dios? ¿A dónde voy? ¿Cuál es mi fin? Lo racional, lo lógico, lo sensato es dar respuesta a estos interrogantes. La razón y la fe me dicen que Dios me ha creado para vivir eternamente feliz con Él en el Cielo. San Agustín: Nos hiciste, Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Dios es mi origen, mi dueño, mi creador, dependo absolutamente de Él. Dios es mi fin.

¡Qué contraste! Salí de la nada, me creó Dios. Nada y Dios. De mi parte, nada soy y nada tengo. Conocer y vivir esta verdad con el corazón es la base más sólida de la humildad, fundamento de la santidad. He salido de la nada ¡qué humillación! Me ha creado Dios ¡qué dignidad! San Ignacio quiere que el ejercitante penetre profundamente esta verdad para que, cuando la soberbia quiera abrirse paso en nuestras vidas, respondamos: ¡Soy nada! Y también para cuando el demonio nos tiente, con sus impedimentos, tristezas y desánimos, le respondamos: ¡Vengo de Dios! ¡Soy de Dios! ¡Dios es mi Padre! Sí, todos los hombres y mujeres podemos decir a nuestro Creador: ¡Padre nuestro! Nuestro Señor Jesucristo dice en el Evangelio ciento setenta veces: ¡Padre!

San Agustín: Dios me creó, luego soy de Dios, me creó todo, luego todo cuanto soy, de Dios soy. El dominio de Dios sobre nosotros es esencial, universal, supremo, absoluto, continuo, ineludible. Tengo que convencerme que soy de Dios, todo suyo y siempre suyo; puesto que de Él lo he recibido todo: mi cuerpo, mis sentidos, mi alma, mis facultades, mi tiempo, mis diversiones, hasta el último instante de mi vida terrena ¡Todo son dones de Dios!

¿Ha sido la voluntad de Dios la norma de mi conducta? O ha sido el capricho, mi soberbia o las pasiones desordenadas. ¿No hemos procedido una y mil veces como si fuéramos algo? ¿Cuántas veces en nuestra vida privada o pública hemos obrado con independencia de Dios? ¡Somos de Dios y debemos vivir para Dios!

Vivimos constantemente por la gracia de Dios; cada momento de nuestras vidas es una nueva creación. Somos suspiros del amor de Dios. Niños pequeños que sólo en el regazo de su Padre y de la Virgen María podemos vivir. Vivamos esta realidad celestial. Así nuestra vida será una ininterrumpida y dulcísima dependencia de Dios. ¡Solo Dios basta! Santa Teresa de Jesús ¡Solo Dios! San Rafael Masía

Tertuliano se preguntaba ¿Qué pensaba la Trinidad al trabajar el barro con que Cristo había de ser hombre? Su Santidad Benedicto XVI nos ha recordado que: Esa misma palabra que siempre ha estado con Dios, que es Dios mismo y por el cual todas las cosas fueron creadas (cf. Col. 1,16-17), se ha hecho hombre: el Dios eterno e infinito se sumergió en la finitud humana, en su criatura, para conducir al hombre y a la entera creación a Él. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: La primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa el de la primera (n. 349). Los Padres de la Iglesia han acercado Jesús a Adán, hasta llamarlo segundo Adán o el Adán definitivo, la imagen perfecta de Dios. Con la Encarnación del Hijo de Dios se da una nueva creación, que nos da la respuesta completa a la pregunta ¿Quién es el hombre?. Sólo en Jesús se revela plenamente el proyecto de Dios sobre el ser humano: Él es el hombre definitivo según Dios. El Concilio Vaticano II lo reitera firmemente: En realidad, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado… Cristo, el nuevo Adán, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación (Gaudium et spes, 22; Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 359). El Hijo de Dios… trabajó con manos de dios_padre_trinidadhombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado (Gaudium et Spes, 22)

Dones Naturales del Padre Alba

06 miércoles Feb 2013

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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Para la Mayor Gloria de Dios y en honor de su fiel siervo el Padre P.albacenaJosé María Alba Cereceda S. J.,  invocando el favor de la Señora, voy a dar una ligera pincelada del modo de ser del Padre. Escribiré unos cuantos recuerdos, para que sea algo más conocido, aunque ya sé que serán solamente unas gotas en el mar.

En primer lugar, de su personalidad, humanamente hablando. Siendo el Padre Alba una persona de cualidades muy excepcionales, aunque en su humildad jamás se jactaba de ello, podía aparecer incluso simple, pues era sumamente sencillo y abierto con todo el mundo que le rodeaba (en ello se basaron sus enemigos para decir que en el orden natural no servía para nada). No tenía doblez.

Llamaba la atención su agudeza de entendimiento en el trato con la gente, que dejaba prendado a todo el mundo. Sabía tratar a toda clase de personas: sabios, personajes ilustres, eruditos en cualquier campo del saber, gente sencilla de la calle, trabajadores de todas clases, vendedoras del mercado… Tenía gracia  para decir en cada momento y a cada uno lo que le llegaba al corazón y dejaba boquiabierto al más erudito -y a los que Io acompañaban-, pues sorprendían siempre sus salidas, aun después de tantos años de conocerlo y estar con él casi continuamente. Admiraba siempre a los que vivían con él cuando se empezaba una conversación sobre cualquier tema o hablaba con personajes duchos en algo específico, cómo él se ponía a la altura de sus conocimientos, fuera el que fuera el campo del saber al que correspondieran.

Incluso pocas horas antes de morir, en aquellas terribles noches inquietas en que no podía dormir recitaba hermosas y largas poesías en francés o de San Juan de la Cruz, o pedía, como una vez, que le buscáramos en concreto el poema A los caballos de los conquistadores de un poeta del s, XIX-XX, que, por cierto, no encontrarnos en la biblioteca (él mismo quiso que le lleváramos aún cuando apenas se tenía en pie, para verificar que no estaba, aunque apenas veía). Eran las dos o las tres de la madrugada y se justificó diciendo: Es que he sido profesor de Literatura. Tenía una gracia especial en su estilo literario y en su oratoria. Llamaba la atención en su construcción de las frases la expresión de sus ideas, el modo propio con que lo hacía… y aunque divagara, no perdía jamás el hilo de lo que se había propuesto decir. En los últimos días, casi incapaz de hablar por su extrema debilidad y por la trepanación que le hicieron del cráneo para realizar la biopsia -el decía que le habían tocado el nervio de la mandíbula inferior derecha-, musitaba, con apenas voz, lo que tenía que decir con el mínimo de palabras, y aun en este estado, dictó las cartas de despedida, con múltiples interrupciones, para taparse la cara con las manos o descansar sobre el brazo, pues se agotaba o tenía dolor -no lo supimos-, y resultaba dramático el oírle, pero sus cartas resultaban bien hilvanadas.

Tenía una personalidad sumamente rica. Siempre demostró un gran equilibrio emocional. Nos dejaba a todos admirados. A veces solía decir que, de joven, un cierto amigo suyo le había dicho que era incapaz de conocer lo que le afectaba en el campo emocional. Junto a la agudeza de entendimiento tenía esta personalidad tan polifacética. Era firme en sus ideas. Cuando empezaba un proyecto, aunque hubiera interrupciones, lo acababa, incluso hasta en los momentos más difíciles de sus últimos días. Para educar a los que le rodeaban siempre decía con acierto lo que le convenía a cada uno, aunque le pudiera sentar mal, pero siempre dejaba el corazón consolado, pues al mismo tiempo era sumamente afectuoso y cariñoso. Con suma serenidad veía partir a los jóvenes que él había formado que se iban al seminario o, una vez ordenados-, a sus parroquias, y parecía que no se inmutara, pero, una vez marchados, hacía comentarios como las despedidas son un poco como la muerte. No era amigo de blandenguerías. Sólo en los últimos días se le oyó decir a unos y a otros, de los muchos que pasaron a verle, palabras y demostraciones de más afecto, como: tomar la mano del visitante y ponérsela sobre el corazón, reiterándole su afecto.

En fin, no acabaríamos de expresar todo lo que nos ha demostrado estos últimos días. Su nobleza de corazón se demostró más en los últimos días pues nos agradecía a todos nuestra lealtad y nuestra fidelidad, sobre todo en la hora amarga de la persecución hace unos años. Lo agradeció siempre, pero lo manifestó más en sus últimos días: uno a uno nos decía palabras de agradecimiento.

Conociendo su carácter abierto al máximo, alegre en todo momento, confiado y seguro de sí mismo, sencillo y humilde, siempre de buen humor, a menudo no se sabía si decía las cosas en serio o en broma. Siempre nos incitaba a ser la alegría de los que nos rodearan, a hacer la vida alegre a los demás. Cuando anuncié a una de las señoras del servicio que ya volvía del hospital, exclamó: ¡Qué bien! ¡Ya llega la alegría de la casa!… Es verdad, así lo hablábamos entre nosotras el otro día. Él siempre sabía decir palabras agradables a todo el que le salía al paso.

En ocasiones se decía de él mismo: A veces me parece que soy el oso (el que hace reír).

Un día entró en un mercado para buscar cajas, pues había que guardar libros, y a los pocos momentos ya tenía revolucionadas a todas las vendedoras y, naturalmente riendo gozosas, todas arremolinadas a su alrededor. Al salir decía: Voilá le témoignage!… pues llevaba sotana y sabía que daba testimonio de sacerdote. Como esta anécdota se pueden contar múltiples.

En las bodas de sus jóvenes, al terminar, cogía las tarjetas de los menús y ¡ya la tenía liada! En ellas escribía poesías anónimas dirigidas a las damas alabándoles su peinado o la prenda que llevaran que más llamaba la atención, y las mandaba por medio de los niños que hubiera, con lo que tenía al comedor entero revolucionado.

Su virtud principal, a mi entender, era su misericordia: todo lo llevaba a la mejor parte, todo lo justificaba, teníapadreramblas un gran corazón, que enamoraba a todo el que se le acercaba: los niños del colegio recurrían a él cuando se hacían merecedores de castigo, pues sabían que él les estimularía a pedir disculpas y a suavizar y enmendar su maldad.

Una exclamación que se le oía decir a menudo era ¡MAGNÍFICO! y en los últimos días dijo que había ofrecido todos sus magníficos por la salvación de Israel.

Algo se ha dicho hasta aquí de cómo era el padre Alba, visto exteriormente… aunque cada una de sus virtudes y facetas merecería capítulo aparte. Pido a todos los que le han conocido que escriban anécdotas, recuerdos suyos… aunque hay tanto que no creo que pueda ser posible ser publicado exhaustivamente.

Isabel Lamarca

 
 

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen III

16 miércoles Ene 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Parte Primera

DE LA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
EN GENERAL

Excelencia y necesidad de la devoción a la Santísima Virgen

santísima virgen14. Confieso con toda la Iglesia que no siendo María sino una pura criatura salida de las manos del Altísimo, comparada con la Majestad infinita es menos que un átomo, o más bien es nada, puesto que sólo Dios es quien es, y por consiguiente, confieso que este gran Señor, Ser soberano y absoluto, ni ha tenido ni ahora tiene necesidad alguna de la Santísima Virgen para hacer su voluntad santísima y para manifestar su gloria. Basta que Dios quiera, para que todo se haga.

15. Digo, sin embargo, que así y todo, habiendo querido Dios empezar y concluir sus más grandes obras por la Santísima Virgen desde que la formó, es de creer que no cambiará de conducta en el transcurso de los siglos, pues es Dios y no varía en sus sentimientos ni en su proceder.

16. El Eterno Padre no ha dado su único Hijo al mundo sino por medio de María. Por más suspiros que hayan exhalado los Patriarcas, por más ruegos que le dirigieron los Profetas y los Santos de la antigua ley durante cuatro mil años para poseer ese tesoro, no ha habido más que María que lo haya merecido y que haya obtenido gracia ante Dios en fuerza de sus súplicas y por la alteza de sus virtudes. El mundo era indigno, dice San Agustín, de recibir al Hijo de Dios directamente de las manos del Padre; se lo ha dado a María para que el mundo lo recibiese por Ella. El Hijo de Dios se ha hecho hombre para nuestra salvación, pero en María y por María. El Espíritu Santo ha formado a Jesucristo en María, pero después de haberla pedido su aquiescencia por uno de los primeros ministros de su corte.

17. El Eterno Padre ha comunicado a María su fecundidad, en cuanto una pura criatura podía recibirla, a fin de darle poder para engendrar a su Hijo y después a todos los miembros de su cuerpo místico.

18. Dios Hijo ha bajado a su seno virginal, como el nuevo Adán al paraíso terrestre, para tener en Ella sus complacencias y para obrar en Ella las grandes maravillas de la gracia. Dios hecho hombre ha encontrado su libertad en verse aprisionado en su seno; ha hecho aparecer su poder en dejarse mandar por esta Virgen bendita; ha hallado su gloria y la de su Padre en ocultar sus esplendores a todas las criaturas de la tierra para no revelarlos sino a María; ha glorificado su independencia y su majestad en depender de esta humilde Virgen en Su Concepción, en su Nacimiento, en su Presentación en el templo, en su vida oculta de treinta años, hasta su muerte, en la que debía acompañarle, porque no quería menos que sacrificarse con Ella y ser inmolado con su beneplácito al Padre Eterno, como en otro tiempo Isaac, por la obediencia de Abraham, a la voluntad de Dios. Ella es quien le ha amamantado, alimentado, cuidado, y podríamos añadir, sacrificado por nosotros.
¡Oh admirable e incomprensible dependencia de un Dios! El Espíritu Santo, para demostrarnos todo su valor, no ha podido pasarla en silencio en el Evangelio, por más que nos haya ocultado casi todas las cosas admirables que esta Sabiduría encarnada ha hecho en su vida oculta. Jesucristo ha dado más gloria a Dios, Su Padre, por la sumisión que ha tenido a María durante treinta años, que la que le hubiera proporcionado convirtiendo al mundo entero por obra de sus mayores maravillas. ¡Oh, cuán altamente se glorifica a Dios desde el momento en que para complacerlo se somete uno a María, a imitación de Jesucristo, nuestro único modelo!

19. Si examinamos de cerca el resto de la vida de Jesucristo, encontraremos que ha querido inaugurar sus milagros por María. Santificó a San Juan en el seno de su madre Santa Isabel por la palabra de María, porque apenas habló la Virgen, Juan fue santificado, y ese es el primero y mayor milagro de la gracia. Bastó el humilde ruego de María para que en las bodas de Caná cambiase el agua en vino, y ese es su primer milagro sobre la naturaleza. Ha principiado y seguido sus milagros por María, y los continuará por María hasta la consumación de los siglos.

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