Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: marzo 2013

Democracia Totalitaria Anticristiana

05 martes Mar 2013

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La democracia moderna, la única moderna que existe en nuestros días, se ha implantado en muchas naciones por la totalitarismoacción directa del demonio y sus colaboradores. Porque esta democracia está fundada en la mentira diabólica de la no existencia de Dios. Lo dijo nuestro Rey  y Señor, Cristo: “Satanás es el padre de la mentira”; y también “el dios de este mundo”, democrático o partitocrático, que es lo mismo. El primer Papa santo del siglo XX, san Pio X, dijo que los demócratas llegan al grado de perversidad de afirmar que el pueblo es soberano. El único soberano es Cristo, Rey de las familias, de las naciones y de los corazones.

La perversidad de la soberanía del pueblo, que está corrompiendo las costumbres de las personas y de los pueblos, es la mentira fundamental de estas democracias modernas demoníacas. De esa perversa mentira, siguen las infinitas mentiras que, los demócratas sin Dios, difunden por todos los medios de comunicación social. Así se puede asesinar a niños y niñas inocentes en el vientre de sus madres, con la ley del aborto en la mano, porque el aborto es sólo la “interrupción del embarazo”. Hipócritas, asesinos y mentirosos.

El matrimonio ha sido siempre la unión de un hombre con una mujer para siempre. A la unión de  homosexuales o lesbianas no puede llamársele matrimonio; sencillamente porque no lo es. Los demócratas que mienten son malos: “vosotros sois malos “(Luc 11,13), pues “hacéis las obras de vuestro padre” – el demonio – ( Jn 8,41).

Indiscutiblemente, lo más necesario y fundamental en nuestros días es estudiar la verdad católica y propagarla incansablemente por todos los medios disponibles.

¡Me indigno cuando oigo o leo: “cultura de la muerte” porque el aborto, la eutanasia y la experimentación con embriones, son asesinatos de personas inocentes; esto es anticultura, contracultura! Cultura es lo que hace al hombre más hombre, más persona; no más asesino o más endemoniado. Sólo “la verdad nos hace libres”, como enseñó nuestro Rey y Señor, Jesucristo. La Iglesia no puede renunciar al ejercicio de su misión que consiste en: “realizar en la tierra el plan divino de restaurar en Cristo todas las cosas de los cielos y la tierra” (Pío XII). Y no olvide nadie que la Iglesia somos todos los bautizados.

Los demócratas del tiempo de Jesús, lo condenaron a muerte, y una muerte de cruz. “No queremos que éste reine sobre nosotros”, dijeron a Pilato “¡crucifícale!”.

Los católicos sí queremos que Cristo reine sobre nosotros, en nuestros pueblos, en nuestras naciones. ¡Nada sin Dios! Tenemos el sagrado deber de luchar para: “reconstruir sociedades y naciones cristianas, que lo sean , no sólo por la vida de sus miembros, sino también por su plasmación en sus instituciones, en sus leyes y en toda su actividad política y social” (León XIII, Immortale Dei, 23).

El beato Juan Pablo II condenó a las democracias modernas fundamentadas en el agnosticismo y el relativismo porque: “una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia” (Centesimus annus, 46).

¡Por Cristo, por María, por la Iglesia, por España, combatamos los nobles combates de la fe!

P. Manuel Martínez Cano, mCR

Catecismo Social III

05 martes Mar 2013

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6 -¿Cómo se explica que exista el ateísmo y el indiferentismo religioso?

Por estas motivaciones: filosofías falsas, embrutecimiento de costumbres, no reflexionar sobre lo más primordial para todo hombre. La existencia de Dios y la realidad de Jesucristo son las claves para descifrar por qué hemos nacido, vivimos, morimos, y el supramundo de la eternidad, feliz o desgraciada. Pero cuando se menosprecia el sentido común y la filosofía perenne, se llega a lo peor.

En el Concilio Vaticano I se nos enseña:

«La Revelación divina es moralmente necesaria para que las verdades religiosas y morales que en sí no son inaccesibles a la razón puedan en el actual estado del género humano, sin dificultad, ser conocidas de todos, con una firme certeza y sin mezcla de error».

Y la Revelación está probada por las profecías, por los milagros, y por los Evangelios, que son libros auténticos e históricos. Por esto el peor pecado es no querer conocer la verdad. Y de este pecado provienen todos los demás. De ahí que el ateísmo y el indiferentismo sean pecados gravísimos, verdaderamente inexcusables

San José, Nuestro Patrón

05 martes Mar 2013

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En la ciudad de Santa Fe, en Nuevo México, hay una capilla visitada por miles de personas cada año y que es centro de devoción al albergar un extraño misterio elevado a milagro por los fieles. El origen de este supuesto milagro es una escalera de madera que apareció de la noche a la mañana y que es atribuida ni más ni menos que al mismísimo San José.

Comencemos con la historia del lugar:

En 1852, por orden del obispo de Santa Fe, 7 monjas misioneras fueron de su hogar en Kentucky hasta Escalera San JoséSanta Fe con la idea de fundar un convento que sirviera de escuela para los niños del lugar. Tras un largo y penoso viaje que duró varios meses, en la que una de las mujeres murió y otra tuvo que regresar y donde incluso sufrieron ataques por parte de los indios, llegaron a Santa Fe donde fundaron su congregación, «La orden de las hermanas Loretto». En 1873, tras 20 años enseñando en la escuela, el obispo, Jean Baptiste Lamy, satisfecho, quiso construir una capilla, «Nuestra Señora de la Luz», que tardó 5 años en levantarse bajo el mando del arquitecto francés Antonio Mouly. Pero Mouly murió sin solucionar un gran error en el diseño que dio al traste con la alegría de las misioneras, y es que desde la planta baja no había manera de acceder al coro que estaba más elevado, y el construir una escalera normal daría al traste con el diseño, ya que no había lugar para instalarla y ocuparía gran parte de la nave. La única solución propuesta por varios expertos era derribar el coro, algo a lo que las hermanas se oponían. Es a partir de aquí cuando surge el supuesto milagro, y es que al ver que no aparecía solución, las hermanas ofrecieron una novena a San José, y misteriosamente, el noveno día, un extraño llamó a la puerta y abrió Magdalene, la madre superiora. Era un hombre canoso y con barba que llevaba un burro y herramientas, y se ofreció a construir la escalera con una condición, Magdelene no debía jamás revelar su nombre. Ésta aceptó y mandó al resto de monjas que no hablaran con el misterioso hombre. Una mañana, tras 3 meses, la escalera estaba erigida de manera magistral, y cuando la madre superiora fue a pagar al extraño, éste había desaparecido de la misma manera misteriosa como cuando llegó, sin cobrar su trabajo.

 

Desde entonces, la leyenda atribuye la escalera a San José, el padre de Jesús, que por cierto, era carpintero, y las peregrinaciones a este lugar, que se convirtió en lugar de culto, comenzaron enseguida.

 

Pero, ¿qué convierte esta escalera en extraordinaria además del misterio que envuelve su construcción?

 

Al observar la escalera, se puede comprobar que está hecha sin clavos ni ningún tipo de pegamento, solo con piezas ensambladas. Mide 6,70 metros y da dos vueltas de 360 grados perfectas. No se sustenta con ningún pilar, manteniendo un equilibrio digno de estudio aún por ingenieros y arquitectos.

La madera no proviene de ningún árbol de la zona, y un pedazo analizado por el Centro de Anatomía de Madera del Servicio Forestal de los Estados Unidos solo pudo descubrir que era de un tipo de abeto que no se encuentra en esa zona del país, y como última y extraña curiosidad, tiene 33 peldaños, sí, la edad de Cristo.

Lineline

Un obispo misionero irlandés, Monseñor O. Hair, estuvo ejerciendo el apostolado durante muchos años en Sudáfrica… En una de sus caminatas se pierde. No sabiendo qué hacer, invoca a su ángel de la guarda, a san José y a Nuestra Señora del Buen Consejo, y sigue su camino completamente desorientado. Al fin, llega a un grupo de casas. Precisamente, un campesino está en ese momento trabajando cerca de su casa, y le dice: – Llega usted en buen momento, pues en la casa vecina hay un hombre que se está muriendo. El obispo se presenta en casa del moribundo y, a su vista, éste se pone a llorar de alegría, exclamando: – Yo soy irlandés. Cuando era niño, mi madre me enseñó a rezar a san José, pidiéndole la gracia de una santa muerte. He rezado esta plegaria todos los días de mi vida. A los 21 años, después de haber participado en la guerra, me quedé en África. Cuando caí enfermo, le recé a san José con más fervor aún, y ahora me manda un sacerdote de forma inesperada. Al día siguiente, el enfermo murió en la paz del Señor, habiendo tenido una buena muerte.

Lineline

A finales del siglo XIX, el padre Juan abad de la abadía de Fontfroide (Francia) fue testigo de un favor especial de san José. Él mismo cuenta: Durante mi estancia en la abadía de Senanque, una tarde el portero me dijo: – Un señor pregunta por usted. Voy a su encuentro. Era un hombre apuesto, bien vestido, de modales distinguidos, pero parecía turbado. A pocos pasos de él, pastaba un soberbio caballo negro. Y me dice: – Yo no lo conozco a usted. Lo he visto de lejos y lo he hecho llamar. Mi caballo me llevó por las rocas y se ha detenido delante de su puerta. ¿Qué casa es ésta? – Es un monasterio. – Yo soy el director del circo imperial de Lyon. Mis negocios van de maravilla. Tengo a mis órdenes un personal numeroso, pero estoy atormentado por la idea de suicidarme. Yo nunca conocí a mi padre. A los 7 años perdí a mi madre. Después de la muerte de mi madre, cogí el poco dinero que encontré y me fui al circo vecino. Estaba completamente solo, no tenía parientes ni amigos. El director del circo me trató como a un hijo suyo y, al morir, me dejó su circo. He estado por todas partes, he ganado mucho dinero. Pero, desde hace un tiempo, no sé qué me pasa, me siento desgraciado y me quiero ahogar. Mi madre me enseñó una oración que me hacía recitar todos los días: «Dios te Salve José, lleno de gracia divina, bendito seas entre todos los hombres y bendito es Jesús, el fruto de tu virginal esposa. San José, destinado a ser padre del Hijo de Dios, ruega por nosotros en nuestras necesidades familiares, de salud y trabajo, y dígnate socorrernos en la hora de nuestra muerte. Amén». Recito esta oración todos los días antes de dormir. Hoy llevé mi caballo a orillas del Ródano; pero saltó hacia atrás y escapó. Por primera vez en mi vida, no he sido dueño de mi animal. Yo lo abracé y él se sintió conmovido. Le dije: – Usted cenará con nosotros esta noche, dormirá en el duro suelo y mañana pasará el día aquí. Se quedó tres días con nosotros. Lo instruí en las verdades fundamentales de la fe. Se confesó y comulgó. Después regresó a Avignon totalmente transformado, ordenó sus negocios, vendió su circo, distribuyó el dinero a los pobres y se hizo religioso. Algunos años más tarde, se sintió aquejado de fiebres altas y murió como un santo, joven aún y desconocido. Vean lo que vale la protección de san José. Él fue fiel a la oración, aun sin comprender lo que decía y sin saber a quién se dirigía, y recibió su recompensa.

LinelineEn la noche del 2 de enero de 1885, un anciano se presentó en casa de un sacerdote para pedirle que fuera a ver a una mujer agonizante. El sacerdote siguió al desconocido. La noche era muy fría, pero el anciano parecía San Joséno darse cuenta de ello. Iba adelante y decía al sacerdote para tranquilizarlo, pues la zona era de mala fama: – Yo lo esperaré a la puerta. La puerta donde se detuvo era una de las más miserables del barrio… Al llegar junto a la moribunda, la moribunda estaba diciendo entre gemidos: – ¡Un sacerdote! ¡Un sacerdote! ¡Me voy a morir sin sacerdote! – Hija mía, yo soy sacerdote. Un anciano me llamó para que viniera. La enferma le confesó los pecados de su larga vida de pecadora y el sacerdote le preguntó si había observado alguna práctica de devoción en su vida. – Ninguna, respondió, salvo una oración que recitaba todos los días a san José para obtener la buena muerte. El sacerdote, después de confesarla, le dio la comunión y la unción de los enfermos, y ella quedó muy reconfortada. Cuando el sacerdote llegó a la puerta, no encontró a nadie. Pero, reflexionando sobre el acontecimiento de esa noche y sobre el misterio consolador que había ejercido, sintió nacer en su corazón la convicción de que el caritativo anciano no era otro que el glorioso y misericordioso san José, patrono de la buena muerte.

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Los Problemas Actuales de la Educación V

05 martes Mar 2013

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actuales, educación, problemas

Eneñanza Liberadora

Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Uncategorized

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El Hombre Ha Sido Creado para Servir a Dios

05 martes Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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1, 1 Co 31, 1 Jn 2.3-6, 10 de Agosto de 1253, 17, 39, abolir, acción de gracias, único Dios, cielo, colosenses, concilio vaticano II, Cristo Señor, cumplir sus deseos, dadme un religioso fiel cumplidor de la Regla y sin más lo canonizo, desasosiego, descontento, Deuteronomio, Dios Padre, discípulo predilecto, doctor de la iglesia, Dt 4, ejércitos, enseña, imperio, leyes, Lumen Gentium 44, mala conciencia, mandamientos de la Iglesia, mandamientos de la ley de Dios, misericordia, Mt.5, obligación del cristiano, Papa, plenitud, salmo 102, salmo 118, San Francisco de Asís, san Juan, san juan de ávila, san pablo, san Pío V, Santa clara, Santa Madre Iglesia, santa teresa de jesús, santo de la alegría, sálvame, Señor, servid, servir a Dios, servir a Dios es hacer lo que Dios manda, servir a Dios es reinar, sujetar nuestra voluntad, ternura, versículo 17, vivir eternamente, voluntad de Dios, ya comáis ya bebáis hacedlo todo para Gloria de Dios

Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, nos ha creado para servirle en esta vida y vivir servir a Dioseternamente con Él en el Cielo. En el salmo 102, Dios nos dice: “Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos. Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de Su imperio”. Y en el Deuteronomio nos exige: “Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allí arriba, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo”(Dt 4,39-40). El salmo 118 nos recuerda: “Te invoco de todo corazón: respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes; a ti grito: sálvame. Y cumpliré tus decretos” (145-152). Servir a Dios es cumplir sus deseos, guardar sus preceptos y mandamientos, guardar sus leyes y cumplir Sus decretos. Nuestra Santa Madre Iglesia nos enseña que debemos servir a Dios cumpliendo los diez mandamientos de la ley de Dios y los cinco de la Iglesia.

Los mandamientos de la ley de Dios son:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas

2. No pronunciarás el nombre de Dios en vano.

3. Santificarás las fiestas.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre.

5. No matarás

6. No cometerás actos impuros.

7. No robarás.

8. No dirás falsos testimonios ni mentirás.

9. No consentirás pensamientos o deseos impuros.

10. No codiciarás los bienes ajenos.

Estos Diez Mandamientos se encierran en dos; amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia son:

1. Oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.

2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte, y si se ha de comulgar.

3.  Comulgar por Pascua de Resurrección.

4. Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia.

5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”, dice el Señor. “No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”(Mt 5,17). Y el discípulo predilecto del Señor, san Juan, dice: “En esto sabemos que  conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quién dice: “Yo le conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quién guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quién dice que permanece en él debe vivir como vivió él” (1 Jn 2, 3-6).

San Pablo enseña a los colosenses: “Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor”. En el versículo 17, les había recordado: “Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de Él”. ¡Nosotros también!¡Sirvamos al Señor!

A uno que le puso su dificultad de cómo servir a Dios, san Juan de Ávila le dio la solución. Pregunta el fiel cristiano: “Padre, es grande el trabajo de servir a Dios ¿Cómo tengo que rezar, ayunar, dar limosnas y hacer obras buenas? No puedo, no me atrevo a ponerme en estos trabajos ni saldré con ellos”. Respuesta de nuestro doctor de la Iglesia: “Te engañas, porque son mayores los trabajos que pasa uno que no sirve a Dios, porque es tan grande el tormento de la mala conciencia, aquel continuo desasosiego y descontento, que dentro de sí tienen los que no sirven a Dios, que no tienen los trabajos que hay en su servicio. ¿Quién podrá decir las continuas voces que allá dentro les andan dando?: “Mal haces esto, mejor fuera así, mira que pierdes a Dios, mira que le ofendes, le has ofendido, ¿qué será de ti, dónde irás?

Es, sin duda, mucho más pesado este continuo martirio y desasosiego”.

Servir a Dios es hacer lo que Dios manda. Sujetar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Debemos hacer siempre lo que Dios quiere y porque Dios lo quiere. Esta obligación del cristiano, brota del dominio del Creador sobre la criatura. El apóstol san Pablo nos dice: “Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo para gloria de Dios” (1 Cor 31). Servimos a Dios orando, trabajando, comiendo, descansando divirtiéndonos honestamente… El secreto está en que no hagamos nunca nuestra voluntad sino la voluntad de Dios. Servir a Dios es reinar. Dios no pide nada imposible y cuando exige algo difícil, nos lo facilita con sus gracias actuales.

El Concilio Vaticano II enseña: “Por los votos, o por otros sagrados vínculos análogos a ellos por su propia naturaleza, por los que se obliga el fiel cristiano a la práctica de los tres consejos evangélicos antes citados, se entrega totalmente al servicio de Dios sumamente amado, en una entrega que crea en él una especial relación con el servicio y la gloria de Dios” (Lumen Gentium, 44, 1).

El Papa san Pio V, afirmaba: “Dadme un religioso fiel cumplidor de la Regla y sin más lo canonizo”.

San Francisco de Asís: “Encarecidamente pido, como puedo, al hermano, mi señor ministro general que haga que la Regla sea inviolablemente guardada por todos… a los hermanos que no quieran guardar estas cosas, no los tengo por católicos ni por hermanos míos; tampoco quiero verlos ni hablarles hasta que se arrepientan”.

Santa Clara: El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser monja, y dos días después de que su regla fue aprobada por el Papa, santa Clara se fue al Cielo. En sus manos tenía la Regla bendita por la que ella entregó su vida.

Santa Teresa de Jesús: “Hijas mías y señoras mías, por amor de Dios las pido tengan gran cuenta de la guarda de la Regla y Constituciones, que si la guardan con la puntualidad que deben, no es menester otro milagro para canonizarlas”.

Volvamos al santo de la alegría, la ternura y la misericordia, san Francisco de Asís: “Y a todos mis hermanos, clérigos y laicos mando firmemente, por obediencia, que no introduzcan glosas en la Regla ni en estas palabras, diciendo: Esto quieren dar a entender; sino que así me dio el Señor decir y escribir sencilla y puramente la Regla y estas palabras, del mismo modo las entendáis sencillamente y sin glosa y las guardéis con obras santas hasta el fin. En todos los capítulos que celebran, cuando leen la Regla, lean también estas palabras”.

El Concilio Vaticano II ha dicho que los religiosos han de volver a las fuentes de su espiritualidad: A las Reglas y Constituciones de sus fundadores. No se trata de que los religiosos se adapten al mundo si no que vivan sencilla y humildemente en el mundo tal y como vivieron sus santos padres fundadores.

Los padres de la Compañía de Jesús, decían que si se hubiese perdido la Regla escrita por san Ignacio de Loyola, se podía rehacer, viendo cómo vivía san Juan Berchmans. De esto se trata, de vivir santamente, no mundana y frívolamente.

P.Manuel Martínez Cano, mCR

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