Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: mayo 2013

La Felicidad está en Dios

15 miércoles May 2013

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angustia, ateiísmo, beato juan pablo II, bebamos, comamos, con la muerte se acaba todo, deseo natural, frustración, hasta reventar, inhumano, radicalmente antinatural

Comamos y bebamos hasta reventar, que con la muerte se acaba todo. Esta mentalidad moderna que busca la felicidad en las cosas materiales conduce a una profunda angustia y frustración, porque le hombre tiene el deseo natural de una permanencia que sólo puede saciar en su Dios y Creador en la tierra y eternamente en el Cielo.

Si no existe la eternidad, ni no se cree en Dios, la vida se reduce a un pasarlo bien, divertirse, deambulando por el paraíso del bienestar, hasta reventar. Triste vida y terrible muerte.

El beato Juan Pablo II, decía que “muchas personas, aunque no carezcan de las cosas materiales necesarias, se sienten más solos, abandonadas a su suerte, sin lazos de apoyo afectivo”. Y es que el ateísmo, es radicalmente antinatural, inhumano, porque pretende suprimir el deseo natural del alma de conocer y amar a Dios. No está la felicidad en la posesión y disfrute de las cosas materiales, está en el amor a Dios y al prójimo. Todas las personas queremos ser felices, pero, en nuestra moderna sociedad, vemos a pocas personas alegres, que es el signo exterior de un corazón en paz y feliz.

Ni  mucho menos esta la felicidad en el vicio y en el pecado. Ni las drogas, ni la lujuria, ni la avaricia, ni la soberbia, ni la gula, ni la pasión del poder político, dan la felicidad. Porque el pecado y el vicio embrutece el alma y alejan de Dios, y de una vida feliz. Cuando los hombres y las mujeres hacen centro de sus vidas a ellos mismos, la vida se convierte un témpano que los hace fríos y duros.

Cuando el alma, por la oración y la mortificación, se ha desunido de las cosas mundanas y, vive en gracia de Dios, es dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo y nace en ella el deseo de servir a Dios y ser feliz. El cristiano, ya desde el bautismo, está incorporado a Cristo y participa de la vida divina en fomentar e incrementar esa vida divina, encuentra su felicidad.

He recibido una carta de una antigua alumna, que hace un año entró en un monasterio de vida contemplativa. Me dice: ¡Aquí cada día somos más felices!. ¡Si la gente supiera lo felices que somos, asaltarían los conventos! Cada día doy más gracias a Dios por haberme traído a este cielo en la tierra. La razón es bien sencilla: su riqueza es Dios.

P. Manuel Martínez Cano mCR

Personajes Españoles y Franco

15 miércoles May 2013

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Alvaro d’Ors: «Francisco Franco es y será, indiscutiblemente, el personaje más importante de la historia de España del siglo XX. Franco pudo inspirar odio, o envidia, pero nunca desprecio»

Víctor Ruiz Albéniz («El Tebib Arrumi»), abuelo del ministro de justicia, Alberto Ruiz FrancoGallardón, en carta del 4 de septiembre de 1942: «Por estadista te teníamos; ahora, además, hay que concederte la suprema categoría de político y gobernante. ¡Que Dios —todos los días se pide así en mi hogar— conserve tu vida, la fortaleza de tu ánimo y la sagacidad de espíritu, para bien de esta España tan querida a la que tanto amamos y que tanto te debe. Te saluda con toda emoción este veterano, inque­brantable creyente en ti y en tu obra»

José María Ruiz Gallardón (que fue secretario general de Alianza Popular): «Que la Historia juzgue al último Grande de una época grande».

José María de Parciales y Colomer: «Mil gracias al generalísimo Franco. Sus servicios a la Patria son tan preclaros y excepcionales que alcanzan un consenso tan singular que no voy a reiterarlos. Per­mitirme solo destacar que en él he tenido el más alto y eficaz inter­locutor. En su fina y alta comprensión, por encima de toda visión reducida, encontré apoyo y aliento. El sabe bien de mi lealtad que hoy ratifico». (Discurso de despedida en el relevo de la alcaldía de Barcelona, en 1973).

Juan Antonio Samaranch, después de la muerte de Franco, en un discurso a que alude la revista Lectures Françaises (n.° 641 de septiembre de 2010, p. 50) dijo: «Tener en sus manos a España durante 39 años, ha significado para ella el estado más largo de prosperidad y de paz que nuestro país ha conocido».

Diego Hidalgo (ministro del Ejército en la II República): «Franco posee en alto grado todas las virtudes militares, y su acti­vidad y capacidad de trabajo, su clara inteligencia, su comprensión y su cultura están puestas siempre al servicio de España». (Citado por Faustino Moreno Villalba en Franco héroe cristiano en la guerra. Madrid, 1985, p. 59).

Enrique Jardiel Poncela (dramaturgo), en Obra inédita (Edit. AHR. Barcelona. 1977), escribe: «La guerra no la trajo Franco sino la anarquía ya insufrible en que había caído el país» (p. 141); «Franco ni castigaba ni ha castigado solo por tener ideas contrarias a las suyas, como lo hizo el marxismo» (p. 160); «Franco comprendió que la guerra iba a ser dura, y que ya no tendría que derrotar rojos españoles, sino que en los campos de España tendría que derrotar —por primera vez— a todo el comunismo mundial, con su gigan­tesco poderío» (p. 216); «Franco vencedor y España en vías de reha­cerse y resucitar» (p. 232).

Adolfo Suárez, que pasó de la Secretaría General del Movi­miento a jefe del Gobierno —con la Monarquía Parlamentaria de la Transición— después de Carlos Arias: «El paso de los siglos no borrará el eco de su nombre, unido para siempre al recuerdo de una justicia social y un progreso como nunca antes conociera nuestra patria. Con él logró España ser una, grande y, sobre todo, libre, de cualquiera fuerzas extrañas a sus propios designios. La obra de Franco perdurará a través de las generaciones», aña­diendo, el 9 de junio de 1976, en el pleno de las Cortes, que era oportuno recordar «la gigantesca obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenajes de gratitud y que se llamaba Francisco Franco».

 

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Meditación de los Pecados

15 miércoles May 2013

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19, 23, beato juan pablo II, composición de lugar, Concilio de Trento, enemigos de Dios, Gloria de Dios, hijos de la ira, infierno hay para siempre, Job 13, meditación de los pecados, muerte de la conciencia, Nuestro Señor, realidad de la malicia del pecado, Salmo 39, san agustín, san ignacio, san juan de ávila, Santa Maravillas de Jesús, santa teresa de jesús, sentido del pecado

Dice san Ignacio que el segundo ejercicio es la meditación de los pecados, y contiene en sí, padremisericordioso-hijo2después de la oración preparatoria y dos preámbulos, cinco puntos y un coloquio. La oración preparatoria es siempre la misma: que todas nuestras oraciones, acciones y operaciones vayan dirigidas a la mayor gloria de Dios. El primer preámbulo es la composición de lugar: ver mi alma encarcelada entre brutos animales. El segundo preámbulo es la petición propia de cada meditación, pedir lo que quiero: será aquí pedir crecido e intenso dolor y lágrimas de mis pecados.

El primer punto es el proceso de  los pecados es traer a la memoria todos los pecados de la vida, mirando de año en año o de tiempo en tiempo; para lo cual aprovechan tres cosas: La 1ª, mirar el lugar y la casa donde he habitado. La 2ª, la conversación que he tenido con otros. La 3ª, el oficio que he tenido.

No debemos cansarnos de pedir el crecido e intenso dolor de nuestros pecados. la conciencia se ha podrido de tal manera que ya nada es pecado: “El hombre contemporáneo experimenta la amenaza de una imposibilidad espiritual y hasta la muerte de la conciencia; y esta muerte es algo más profundo que el pecado; es la eliminación del sentido del pecado” (Beato Juan Pablo II). “Cuantas ofensas a Dios y qué pena ver que pocas almas le sirven de veras, de las que parecen suyas” (Santa Maravillas de Jesús). San Juan de Ávila: “Para todo tienes seso, y no lo tienes para esto que tanto te va, aunque te digan “infierno hay para siempre”, no obra en ti más que si no te lo dijesen… ¡Oh pecado! ¿Por qué no nos decís el mal que nos has de hacer? ” Todos los pecados mortales, aun  los de pensamiento, hacen a los hombres hijos de la ira y enemigos de Dios” (Concilio de Trento).

Hagamos el proceso de los pecados propios, con sinceridad y seriedad, sin disimularnos y mentirnos a nosotros mismos. No es un examen de conciencia para confesarme, sino para que, viendo los muchos pecados de mi vida pasada, alcance horror y arrepentimiento de mis pecados. Asumir la realidad de la malicia del pecado en mi propia alma. San Agustín decía: “¡Niño ya tan pequeñuelo y ya tan grande pecador! ¿Dónde, Dios mío, dónde y cuando fui inocente?” Y, en nuestra juventud, cuando las pasiones desordenadas se despiertan y quieren abrirse camino en nuestra vida ¿qué camino seguimos, el ancho que lleva a la perdición eterna o el estrecho que lleva a la felicidad eterna? En la edad madura ¿He tenido siempre ante mis ojos el fin eterno? ¿He procurado en todo mi salvación y la gloria de Dios? ¿Cómo he aprovechado las gracias actuales que Dios me ha concedido? “Mis iniquidades se multiplicaron más que los cabellos de mi cabeza” (Salmo 39, 19). “¿Cuántos son mis delitos y pecados? dame a conocer mi transgresión y mi ofensa” (Job 13,23). Recorramos nuestra vida sin prisas, despacio, pidiéndole al Señor la gracia de reconocer nuestros pecados y el aborrecimiento de todos y cada uno de ellos.

El segundo punto es ponderar los pecados, mirando la fealdad y la maldad que cada pecado mortal cometido tiene en sí, prescindiendo de la ofensa contra Dios que lo prohíbe. Al cometer un pecado el hombre y la mujer obran contra el justo juicio de su entendimiento, discurren siguiendo sus afectos desordenados y sus sentidos, abdican de su  razón; se rebajan al nivel de brutos animales, haciéndose semejante a ellos.

Santa Teresa de Jesús dice: “Yo sé de una persona a quien quiso Nuestro Señor mostrar cómo quedaba un alma cuando peca mortalmente; dice aquella persona que le parece que si los hombres lo entendiesen, no sería posible ninguno pecar, aunque se pusiese a mayores trabajos que se puedan pensar para huir de las ocasiones… Por  subida que esté el alma en la cumbre de la perfección, si torna atrás y a hacerse ofensas a Dios todo lo pierde. En pecando uno mortalmente todo lo pierde. Cuando el alma cae en pecado mortal, no hay tinieblas más tenebrosas, ni cosa tan obscura y negra, que no lo esté mucho más”. El Salmo 48,1 dice: “El hombre constituido en honor no ha tenido discernimiento; se ha igualado a los insensatos jumentos y se ha hecho como uno de ellos”.

Fealdad y malicia: “Reconoce y advierte cuan malo y amargo e apartarte de Yahve” (Jer 2,19). Nuestro Señor nos dice: “Muchos bienes os he hecho ¿por cuál de ellos me apedreáis?” (Jn 10,32). Dios me ha sacado de la nada y me ha colmado de bienes y yo, al pecar, me rebelo contra Él, ofendiéndole gravísimamente. “Dos maldades ha cometido mi pueblo: ¡me ha abandonado a mí, que soy fuente de agua viva, y han ido a fabricarse aljibes, que no pueden contener las aguas!” (Jer. 2, 12-13)

Además de mi Creador, Dios es mi Padre y un Padre infinitamente misericordioso y cariñoso: “ofender a tal padre, hacer algo contra su voluntad es gran crueldad” (San Agustín). Dios nos ama con entrañas de madre. Dios no está muy lejos de nosotros, sin preocuparse de nosotros. Dios nos ama infinitamente: “¡Oíd cielos! ¡Apresta el oído tierra! Que habla Yahve: Yo he criado hijos y los he engrandecido, pero ellos se han rebelado contra mí”. Y todo por un vil deleite. Crece la maldad del pecado al considerar que el Dios que me ha creado y me ha cuidado, y me cuida como Padre, además es mi Redentor, mi salvador. Al pie de la cruz, junto con María santísima, se comprende lo que es el pecado. La Justicia divina para reparar los pecados de los hombres exigió la pasión y muerte de su divino Hijo. Pecar es pisotear la sangre de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Y pecamos en la presencia de Dios. Solo un hijo que ha perdido la razón, un desnaturalizado se puede atrever a ofender a su Creador, Padre y Redentor. Jesús, para justificarnos no encontró otra excusa: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

San Enrique de Ossó: “¿Has reflexionado alguna vez, hija mía, que cosa es el pecado? Pecado es una deliberada transgresión de la ley de Dios; un insulto hecho a Dios en su misma presencia, un acto irracional más vil que de bestia; es hacerse esclavo de las pasiones; del mismo demonio; es renunciar al cielo, y escoger el infierno por morada sempiterna. ¿Sabes tú lo que has hecho pecando? Has ofendido a una Majestad infinita; has cometido una infinita injusticia; has querido destruir una bondad infinita. Cuando pecas, llenas de amargura el Corazón bondadoso de Dios Padre, traspasas el Corazón de Cristo, crucificas a Jesucristo, tu más insigne bienhechor. ¡Cuánta malicia! ¡Cuánta indignidad y vileza! ¿Has cometido en tu vida algún pecado mortal, hija mía? ¡Qué crueldad! ¡Qué horrible fiereza! Sábete que cuantas veces pecaste, tomaste en tus manos los beneficios de Dios para con ellos golpearle, maltratarle, darle muerte si te hubiera sido posible. ¿Cuándo se ha visto tan horrible crimen y monstruosa ingratitud? ¡Dios mío!  ¡Y tantas veces como he pecado! ¡Oh Dios de bondad! ¡Perdón, Dios mío! Apiadaos de mí según vuestra gran misericordia”.

La Voz de los sin Voz XXI

15 miércoles May 2013

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Pedro: A mí me parece que, hasta el más “demócrata de toda la vida”, está convencido voz de los sin vozde que estas democracias modernas son, en realidad, regímenes políticos totalitarios, porque no tienen como fin el bien común, son el bien particular de los partidos políticos; sobre todo, de los que llegan al poder. Esto del gobierno de las mayorías, es un caramelo que cada día se atraganta a más ciudadanos. Porque en realidad, son unas minorías las que hacen y deshacen, mientras se ponen las botas hasta las cejas.

Salomé: Pues es verdad, porque muchas de las leyes democráticas son inmorales y , por lo tanto no son leyes sino violencias institucionalizadas. Como el aborto. Para mí, son tiránicas las leyes que no están ordenadas, al bien común, en beneficio de los ciudadanos. Hay impuestos que claman al cielo.

Santiago: Estoy de acuerdo, la democracia puede ser un sistema de gobierno legítimo, siempre y cuando respete la ley natural y la ley divina. Lo que actualmente impera en España, y en estas muchas naciones, es una oligarquía, el gobierno de unos pocos que defienden solamente sus intereses.

Judit: Una cosa está muy clara: los principios democráticos revolucionarios son absolutamente incompatibles con los principios naturales y sobrenaturales. No se puede ser demócrata y católico si el principio fundamental del demócrata es “lo que diga la mayoría”. Lo que diga la mayoría no es el fundamento de la verdad y del bien. El aborto es un crimen abominable, fruto de ese principio fundamental de la democracia contemporánea.

Pablo: La Historia nos enseña que las naciones se han gobernado por regímenes políticos distintos: el imperio, la monarquía, la república, la democracia… Los católicos, como cualquier otro ciudadano, pueden preferir una u otra forma de gobierno, siempre y cuando no se oponga a la sana razón, al bien, la verdad y a la doctrina católica.

Rut: Su Santidad, el Papa Francisco, ha dicho que para que haya vocaciones, hemos de rezar mucho. Claro está que le Papa se refiere a vocaciones sacerdotales y religiosas. Pero también tenemos que tener en nuestras intenciones las vocaciones políticas. Hacen mucha falta políticos que defiendan la ley natural y la divina en el gobierno de las naciones.

Andrés: Estoy convencido de que rezamos poco, muy poco. Y el Señor, nos dice que oremos ininterrumpidamente. Un cristiano reza continuamente si su corazón late en deseos de unirme a Dios en todo, aunque esté muy ocupado en asuntos temporales. Tener un corazón dócil y humilde que reconozca la necesidad de acudir continuamente a Dios. Señor, envíanos políticos católicos.

María: Es muy extraño ese empecinamiento de los demócratas de no querer aceptar como fundamento de sus leyes la ley natural y la ley divina, los mandamientos de la ley de Dios. Sin Dios no se puede explicar nada de lo que nos rodea. El fundador de la física contemporánea, teoría de la relatividad, y premio Nobel, en 1921, Einstein dice: “Todo aquel que está seriamente comprometido con el cultivo de la ciencia llega a convencerse de que en todas las leyes del universo está manifiesto un espíritu infinitamente superior al hombre y, ante el cual, nosotros con nuestros poderes debemos sentirnos humildes”. Está claro que la soberbia política es creer que los demócratas han descubierto que Dios es el hombre.

José: Si el fin de la política, no es la justicia, como decía Benedicto XVI, el gobierno de los políticos, se convierte en una técnica inmoral, como comprobamos cada día, con la promulgación de leyes democráticas antinaturales y salvajes. Efectivamente no hay ninguna ley de Dios. La ley fundamental de los demócratas actuales es la declaración de los derechos del hombre de la República Francesa de 1789 y la de la ONU de 1948. Esa ley fundamental de los demócratas es siempre el Hombre sin Dios, los derechos del hombre sin Dios. Los derechos de los más fuertes y salvajes.

Magdalena: Verdaderamente es de salvajes, asesinar a niños inocentes en el seno de sus madres. Nada impide hoy que se declaren guerras inmorales, donde mueren muchos inocentes o que cualquier hijo de familia, mate a su vecino para robarle. Sin Dios, pueden justificarse todos los crímenes. Como la eliminación de los indios en Norteamérica. No en la América Hispana. La verdadera persecución de los indios se realizó a partir de la independencia ya que los indígenas, protegidos por la legislación española, lucharon preferentemente al lado de los realistas españoles en casi toda América y no sólo en Perú y Venezuela.

Magdalena, Presidenta

Catecismo Social XIII

15 miércoles May 2013

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16, anticientífico, azar, ciencia, condición racional del hombre, derecho natural, eterna, existencialismo, Gaudium et Spes, hacer el bien y evitar el mal, juicio final, juicio particular, libertad, materialismo, orden natural, preguntas fundamentales, razón, razón de la propia existencia, reino, reino animal, reino mineral, relativismo, responsabilidad, sentido religioso del hombre, todo es materia, VaticanO II, vegetal

IlI. EL ORDEN NATURAL Y EL ORDEN SOBRENATURAL

 

1- ¿Existe un orden natural?

Fluye de la condición racional del hombre. El hombre está por encima del reino mineral, catecismo socialvegetal y animal, aunque participe de algunas condiciones de los mismos. Pero, por encima de todo, el hombre tiene razón, libertad y responsabilidad. Y estas características reclaman un concepto del propio hombre y de todo lo que nos rodea.

 

2- ¿Cuáles son las preguntas fundamentales que debe plantearse todo hombre?

Son las más sencillas y las más profundas que empalman las raíces comunes para los hombres de todos los tiempos, culturas y clases. La razón de la propia existencia, el destino de la misma y el itinerario que hemos de seguir, concretados en estos interrogantes: ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué vivo? Es imposible orientar la propia vida y la sociedad sin resolver estos enigmas.

 

3 – Para el cristiano están dadas las respuestas. ¿Quiénes las niegan?

El cristiano sabe que venimos de Dios, en definitiva, por medio de los padres. Que terminada la existencia temporal, el alma espiritual, simple e inmortal, tendrá que dar cuenta a Dios, en el juicio particular, y en el juicio final para toda la humanidad, de cómo ha discurrido su vida, si en gracia o apartado de Dios. Y como que el hombre nace y se desarrolla en la sociedad, la gloriosa primogenitura de hijos de Dios por encima de todas las cosas materiales ofrece las grandes motivaciones de lo que llamamos el orden natural, o sea, aceptar la realidad y la esencia del propio hombre y de la sociedad, sin menoscabo de los cambios accidentales. Niegan el orden natural los materialistas, los relativistas, los existencialistas.

 

4 -¿En qué consisten estas ideologías?

El materialismo afirma que todo es materia, incluso el pensamiento y el espíritu humano. Sus más radicales errores proceden de asegurar que la materia es eterna y que todo es producto del azar. Esto, además de ateo, es totalmente anticientífico. Ni la materia es eterna ni el universo se explica por el azar. y las ciencias cuanto más se profundizan ofrecen argumentos apodícticos en contra de la eternidad de la materia y del azar como causa del mundo. Para los materialistas no hay orden natural. Niegan a Dios, de Quien en definitiva procede el orden natural.

El relativismo sostiene que todo es cambiante y que la realidad es algo vaporoso. El relativismo sólo se fija en las variaciones accidentales. Entonces, para los relativistas, la religión, la moral, la ética, son totalmente variables. Nada es vigente para todos los tiempos. Todo se transforma y se cataloga como opiniones de una época. Los relativistas no admiten las normas permanentes del orden natural.

El existencialismo ataca de frente el orden natural. Ni siquiera admite que el hombre tenga naturaleza. Para Jean Paul Sartre -corifeo del existencialismo ateo- el hombre es su «proyecto de libertad» y «un absur do entre dos nadas,. Al no admitir ninguna realidad, el existencialismo es fanáticamente subjetivista.

 

5 -La ciencia y el sentido religioso del hombre, ¿prueban el orden natural?

Ciertamente. La ciencia observa que los fenómenos están íntimamente enlazados con una precisión maravillosa. La química, los planetas, cualquier aspecto humano y del cosmos, exigen una tal compleja combinación, permanente y sapientísima, que ni el materialismo, ni el relativismo, ni el existencialismo, puede justificarse. Hay transformaciones, pero en las mismas hay algo que no cambia. Y lo que cambia no anula lo permanente. Cada animal engendra a otros de su misma especie. Cada árbol, los mismos frutos. Ni un elefante alumbra pollitos, ni un peral produce plátanos. Si esto sucediera, lo valoraríamos como algo anormal. Y la conciencia del hombre distingue perfectamente un acto virtuoso de un crimen, una generosidad de un robo, un abrazo de una puñalada. Y esto en todos los tiempos de la historia. Ya hace muchos siglos que Aristóteles enseñaba que lo único que es relativo es el relativismo. Y lo mismo cabe afirmar del materialismo y del existencialismo.

 

6 -Entonces, ¿en qué consiste el orden natural o, lo que es lo mismo, el derecho natural?

El orden natural es aquel conjunto de principios o de normas que todo hombre considera como algo suyo. El Vaticano II ha recordado que «en lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer» (Gaudium et Spes, 16). Sintetizando podríamos decir que aparece como evidente este principio para todos los hombres: hay que hacer el bien y evitar el mal.

 

 

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