Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos anuales: 2014

Meditación sobre María Inmaculada: su santidad

20 miércoles Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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Todo lo que ayer meditábamos se reducía a la belleza corporal y física de la Santísima Virgen, pero ¿qué comparación puede haber con la hermosura de su Alma?-Detengámonos hoy en ella y tratemos de sondearla un poco.santisima-virgen-maria

1º La santidad en la tierra es gracia.- ¿Y quién la ha tenido mayor que María?-¿De quién se ha dicho que la ha poseído en su plenitud? Un alma en gracia es el espectáculo más bello que podemos imaginaren la tierra…, es la imagen de la hermosura del mismo Dios…-¡Qué santidad la de algunas almas tan grandes como ha habido en la Iglesia de Dios!… la de Santa Mónica, que supo formar a un San Agustín…, la de Santa Isabel, que convirtió todo su Reino a Dios… , la de Santa Teresa de Jesús a quien la dijo el Señor, que sólo por ella hubiera creado el mundo con todas sus maravillas.-Recuerda los nombres de Francisco Javier, Ignacio de Loyola, Pablo de la Cruz, Francisco de Asís… Santa Cecilia, que conversaba a diario con los ángeles… Santa Inés que no tuvo más mancha que la de su sangre derramada en aras de su virginidad… y así miles y miles de santos y santas que perfuman a diario el jardín de la Iglesia.-Junta toda esa santidad y toda esa belleza y hermosura de esas almas… y compárala con la de María.-Ella en su Concepción tuvo más· santidad y gracia que todos juntos…, donde los demás terminan, Ella empieza: ¿qué será María?

 2° Santidad de María.-La razón es, porque todos como dice San Juan, «tuvieron que ir a lavar sus vestiduras en la sangre del Cordero».- ¡Ah! si tuvieron que lavarlas, es porque estuvieron manchadas, siquiera por algún tiempo…, pero el alma de María no tuvo necesidad de ser lavada, porque nunca se manchó lo más mínimo.-..,..-En un jardín, cogemos una rosa, la más encendida y aromática… al examinar sus pétalos, vemos polvo, briznas, manchas quizá…, quizá en su cáliz, se esconde algún insecto, algún gusanillo… En el jardín de la Iglesia acune lo mismo.-Hay muchas, muchísimas flores: azucenas de pureza, lirios de candor, rosas encendidas de amor divino, violetas de humildad…, etc., pero todas en su raíz tienen gusano; todas tienen la baba de la serpiente…; son flores de jardín donde hay un áspid que a todas inficiona. Sólo María es flor de pétalos blancos, sin polvo y sin espinas: rosa de huerto cerrado…, pura más que el mismo sol, que también tiene manchas…, por eso de Ella, dice la Iglesia, que «comparada con la luz, es más pura y brillante»… ¡Qué hermosísima el alma de María!

3º La santidad y belleza del alma es amor .Por eso se encuentra en su grado perfecto en el Cielo.-El amor es unión, es participación de Dios, y ¿quién mejor que María?-Mira a los ángeles, a los querubines y serafines que se abrasan en ese fuego de caridad y de amor… ¡cómo amarán!… ¡cuál será su hermosura!… Dicen los ascetas y santos que si viéramos a un ángel, creeríamos que era Dios y le adoraríamos… que su vista sería suficiente para causarnos la muerte de alegría… que podríamos sólo con mirarlo ser bienaventurados por tiempo ilimitado, sin que nos cansáramos de ver aquel espectáculo. ¡Qué será un ángel!-Sin embargo, esto no es nada… María Inmaculada participa de Dios, tiene más fuego de amor que todos ellos juntos porque al fin ellos son siervos y esclavos de Dios María es la Madre del Señor y la Reina del Cielo y de los ángeles todos… ¿Qué será María?…

Mírala cual la pintó Murillo después de mucho orar y comulgar. – En un pedazo de Cielo, envuelta entre nubes de celajes azules, con las manos sobre el pecho, la mirada fija en Dios, elevándose que a nosotros tanto nos arrastra hacia la tierra, calzada de la .luna, vestida con la blancura de la nieve y el azul del Cielo, prendidas de su manto las estrellas y rodeada de ángeles que con palmas y rosas en las manos contemplan atónitos aquella belleza; ¡qué retrato tan bellísimo!… y, sin embargo, ese fue el pintor del retrato..;, pero el pintor de la realidad no fue Murillo, ni pudo ser otro que el mismo Dios… y puesto Dios con todo su poder y amor a pintar y hermosear el alma de María, ¿qué cuadro habrá hecho? .. ¿Qué será, la Inmaculada?… Tota pulchra es…, dila muchas veces con el alma extasiada ante Ella… Toda hermosa eres, Madre mía… tanto que todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza Dame el participar de esta hermosura… que de esta belleza de pureza y virginidad me enamore para así imitarte en algo… y para ello te doy desde ahora alma, vida y corazón,… ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!… y si no me dejas, en tus brazos de Madre participaré de tu belleza y contigo iré a gozar de ella en el Cielo…

La santa Misa

20 miércoles Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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  1. RELIGIÓN Y SACRIFICIO

No ha habido en la historia de la Humanidad un pueblo sin religión, ni religión sin sacrificio ofrecido a Dios.

El hombre siente el deber de reconocer el supremo dominio del Creador, de darle gracias, aplacarlo y tenerle propicio y pedirle beneficios. Todo esto lo expresa ofreciendo a Dios alguna cosa que es inmolada o destruida en reconocimiento del supremo dominio de Dios sobre el hombre, y como señal de la ofrenda interior de su adoración.

En los primeros momentos de la Humanidad, vemos a Caín y Abel ofreciendo a Dios los frutos de la tierra y de lo mejor de sus ganados.eucaristia5
Abraham, Melquisedec y todos los Patriarcas ofrecieron a Dios sacrificios.
En la ley de Moisés se describen detalladamente las diversas clases de sacrificios que el pueblo de Israel ofrecía al Señor.
El supremo sacrificio ofrecido a Dios es la Santa Misa.

  1. EL SACRIFICIO DE LA MISA EN LA SAGRADA ESCRITURA

El profeta Malaquías profetió el sacrificio de la Santa Misa con estas palabras: “Desde el orto del sol hasta su ocaso es grande mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pura” (Mal 1, 11).

El sacrificio que profetiza Malaquías no puede referirse al sacrificio de Cristo en la Cruz, porque éste se ofreció en un solo lugar (en el Calvario) y no en todas partes como dice el profeta.
El sacrificio profetizado por Malaquías tiene su cumplimiento en el Sacrificio de la Misa, que es ofrecido en todo lugar y es puro en cuanto a la hostia ofrecida y al sacerdote principal que ofrece el sacrificio, que es Cristo.
En la Última Cena, Cristo designó su cuerpo como cuerpo de sacrificio y su Sangre como sangre de sacrificio: “Esto es mi Cuerpo, que es entregado por vosotros”, “ésta es mi sangre, que es derramada por vosotros”. Términos bíblicos que expresan un verdadero y propio sacrificio.

Las especies de pan y vino separadas representan simbólicamente la separación real del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que tuvo lugar en el sacrificio de la Cruz.
«Me atrevo a afirmar que Dios, con ser omnipotente, no puede darnos nada de más valor que la Santa Misa; con
ser sapientísimo no pudo inventar nada más excelente, y con ser riquísimo, ningún obsequio mejor pudo hacernos» (San Agustín).

  1. EL SACRIFICIO DE LA NUEVA ALIANZA

San Irineo de Lyón decía que la carne y la sangre de Cristo en la Eucaristía son “el nuevo sacrificio de la Nueva Alianza”.
La Santa Misa es el sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece a Dios por ministerio del sacerdote en memoria y renovación del sacrificio de la Cruz.

El sacrificio del Altar no es una simple conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo, sino que es un sacrificio propio y verdadero, por el que Cristo, Sumo Sacerdote de la Nueva Ley, mediante su inmolación incruenta, renueva sacramentalmente lo que hizo en la cruz, ofreciéndose al Padre como víctima infinitamente agradable a la majestad divina.
El sacrificio eucarístico y el sacramento de la Eucaristía se realizan por medio de la misma consagración. La Eucaristía es sacramento en cuanto Cristo se nos da en ella como alimento del alma, y es sacrificio en cuanto en ella Cristo se ofrece a Dios Padre como Hostia.milagro-transubstanciacic3b3n
El sacramento de la Eucaristía tiene como fin la santificación del hombre, y el sacrificio eucarístico la glorificación de Dios. La Eucaristía como sacramento es una realidad permanente y como sacrificio es una acción transitoria.
“Todas las obras buenas reunidas no equivalen al Sacrificio de la Misa, porque ellas son las obras de los hombres y la Santa Misa es la obra de Dios” (San Juan Mª Vianney).

  1. EL SACRIFICIO DE LA CRUZ Y DEL ALTAR

En el sacrificio de la Santa Misa se actualiza y conmemora el sacrificio de la Cruz.
El concilio de Trento enseña que Cristo dejó en su Iglesia un sacrificio visible: “en el cual se representase aquel sacrificio cruento que había que realizar una vez en la Cruz, se conservase su memoria hasta el fin de los siglos y se nos aplicase su virtud salvadora para la remisión de los pecados que cometemos a menudo”.

El sacrificio de la Cruz y el sacrificio del Altar son uno e idéntico sacrificio, sin más diferencia que el modo de ofrecerse: cruento en la cruz, incruento en el altar.
En el sacrificio de la Santa Misa y en el de la Cruz son idénticos la hostia y el sacerdote principal (Cristo).
El sacrificio de la Cruz y el de la Santa Misa es el mismo porque es una misma oblación, un mismo ofrecimiento de Cristo en la Cruz, sacramentalmente renovado en la Santa Misa.

“La Santa Misa, que renueva la inmolación del Salvador y nos aplica personalmente todo el mérito del sacrificio de la cruz, es el acto más excelso, más santo, más meritorio para el hombre y más glorioso para Dios” (San Pedro Julián).

  1. FINES DE LA SANTA MISA

La Santa Misa se celebra para adorar a Dios, para reparar nuestros pecados y los de la humanidad, para pedirle dones y para darle gracias por los beneficios que nos ha concedido.
Con la Santa Misa adoramos a Dios Padre. Por la mística inmolación de Jesucristo, se ofrece a Dios un sacrificio de valor infinito en reconocimiento de su supremo dominio sobre nosotros y de nuestra humilde servidumbre hacia El, que es lo propio de la adoración.
La Santa Misa es sacrificio de reparación por los pecados porque, como renovación que es del mismo sacrificio redentor de Cristo, tiene toda su virtud infinita y toda su eficacia reparadora.
Ningún sufragio aprovecha tan eficazmente a las almas del purgatorio como la aplicación del Santo Sacrificio de la Misa.
La Santa Misa tiene un inmenso valor impetratorio para obtener de Dios todas cuantas gracias necesitamos; porque, además de ser la oración de la Iglesia, se añade la eficacia infinita de la oración del mismo Cristo que se inmola místicamente por nosotros y está realmente presente “siempre vivo para interceder por nosotros” (Hebr 7, 25).
La Santa Misa es sacrificio de acción de gracias, porque es el mismo Cristo quien se inmola por nosotros y ofrece a su Eterno Padre un sacrificio de acción de gracias que iguala, e incluso supera, a los grandes beneficios que de Él hemos recibido.

Nuestra deuda de gratitud para con Dios Padre quedaría eternamente insatisfecha sin la Santa Misa.
“Más honra a Dios una sola Misa que todas las demás obras de los ángeles y de los hombres por fervorosas que sean” (San Claudio de la Colombiere).

  1. FRUTOS DE LA SANTA MISA

Los fieles que participan en la Santa Misa reciben frutos espirituales en proporción a su fervor, atención y devoción.
Del fruto general de la Santa Misa se beneficia toda la Iglesia, tanto los fieles de la Iglesia militante como las almas del purgatorio.

Del fruto especial de la Santa Misa se beneficia la persona o personas por quienes el sacerdote aplica la Santa Misa. Puede aplicarse por los fieles vivos, por los difuntos o en acción de gracias.
Del fruto especialísimo se beneficia el sacerdote celebrante, quien lo recibe de una manera infalible (si no pone impedimentos), aunque celebre la Misa por otros.

“El que oye devotamente la Santa Misa y está exento de pecado mortal merece más que si fuese en peregrinación por todo el mundo y diese todos sus bienes a los pobres” (San Bernardo).

  1. ESTRUCTURA DE LA SANTA MISA

La Santa Misa se celebra conforme a una estructura fundamental que se ha conservado a través de los siglos hasta nosotros. Comprende dos grandes momentos que forman una unidad básica: la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística.

Liturgia de la Palabra: lecturas bíblicas, homilía y oración universal.
Liturgia eucarística: ofertorio, consagración y Comunión.
La liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística constituyen juntas un solo acto de culto a Dios.

La acción sacrificial esencial de la Santa Misa se realiza en la Consagración. Para que tenga lugar el sacrificio eucarístico es necesario que se efectúe la doble consagración del pan y del vino como hizo Jesús en la Última Cena.

 “Al pronunciar el sacerdote las palabras de la consagración separa con un tajo incruento el cuerpo y la sangre del Señor, usando de su voz como espada” (San Gregorio Nacianceno).

El calvario y la Misa

 La Ordenación General del Misal Romano prescribe los gestos y posturas corporales de los fieles durante la Santa Misa:
De pie: desde el principio de la Misa hasta el final de la oración colecta, en el canto del Aleluya, en el Evangelio, en el Credo y en la Oración de los fieles.

Sentados: en las lecturas que preceden al Evangelio, en la homilía, en la preparación de los dones del Ofertorio.
De rodillas: en la Consagración.
Al celebrar la Santa Misa, los sacerdotes deben vestir los ornamentos sagrados prescritos por las rúbricas.

«El muy santo, sagrado y muy soberano sacrificio y sacramento de la Misa es el centro de la religión cristiana, el corazón de la devoción, el misterio inefable que comprende el abismo de la caridad divina y por él, Dios aplicándose realmente a nosotros, nos comunica sus gracias y favores» (San Francisco de Sales).

  1. PARA PARTICIPAR BIEN EN LA SANTA MISA

“Para oír bien la Santa Misa, meditad las circunstancias de la Pasión del Salvador, que se renuevan en ella de un modo admirable. Considerad el templo como el lugar más santo y respetable del mundo, como un nuevo Calvario. El altar es de piedra y encierra huesos de mártires. Las velas que arden y se consumen simbolizan la fe, la esperanza y la caridad. Los manteles que cubren el altar representan los lienzos que envolvieron el cuerpo de Cristo; el crucifijo nos lo muestra muriendo por nosotros.

Ved en el sacerdote a Jesucristo revestido de todas las vestiduras de su pasión. El amito representa el retazo de tela con que los verdugos velaron la faz del Salvador. El alba, la vestidura blanca que por burla le puso el impúdico Herodes. El cíngulo, las sogas con que los judíos ataron a Jesús en el huerto de los olivos para conducirle a los tribunales. La estola, las sogas con que tiraban al llevar Jesús la cruz por las calles de Jerusalén. La casulla, el manto de púrpura que en el pretorio se le echó sobre los hombros o la cruz con que se le cargó. En una palabra, el sacerdote revestido de los ornamentos sacerdotales nos aparece como el mismo Jesucristo yendo al suplicio del Calvario.

Pero las vestiduras de la pasión también nos enseña las disposiciones con que hemos de asistir al santo sacrificio. La modestia y el recogimiento son significados por el amito, que se coloca primero sobre la cabeza y después sobre la espalda; la pureza, por la blanca alba y el cíngulo; por la estola, la inocencia; y el amor de la cruz y del yugo del Señor, por la casulla.

El mejor medio de asistir a la Santa Misa es unirnos con la augusta víctima. Haced lo que ella, ofreceos como ella, con la misma atención que ella, y vuestra ofrenda será ennoblecida y purificada, siendo digna de que Dios la mire con complacencia si va unida a la ofrenda de Jesucristo.

Caminad al Calvario en pos de Jesucristo, meditando las circunstancias de su pasión y muerte. Pero, por encima de todo, uníos al sacrificio, comiendo junto al sacerdote vuestra parte de la víctima. Así, la Misa logra toda su eficacia y corresponde plenamente a los designios de Jesucristo.

¡Ah!, si las almas del purgatorio pudieran volver a este mundo, ¡qué no harían por asistir a una sola Misa! Si pudierais vosotros mismos comprender su excelencia, sus ventajas y sus frutos, ni un solo día querríais pasar sin participar en ella». (San Pedro Julián).
“Si el hombre conociera bien este misterio moriría de amor” (San Juan Mª Vianney).

Página para meditar nº 101

20 miércoles Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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Primer retiro del curso
Nuestro primer retiro de toda la Asociación se dirigirá a renovarnos este año en la Guardia de Honor y en la vida comunitaria. ¿Cómo es mi Guardia de Honor? Sin Guardia de Honor vivida y saboreada no soy miembro vivo de mi Asociación, aunque se me vea mucho y haga bastantes cosas. La Asociación vive y yo vivo en ella por la Guardia de Honor.

adoración al santisimo

La vida comunitaria de la Asociación se enraíza en la reunión de grupo. Si aporto entrega, ilusión, sinceridad, mi reunión de grupo marchará bien. Si mi reunión de grupo cojea, es que mi entrega a mis hermanos es aún poco generosa y mi oración es tibia.

Hasta donde lo permita Dios

Ensombrecido el horizonte de todo el mundo, pero más aún en nuestra Patria, que ha dilapida­do el tesoro de gracias obtenido por los miles de mártires de nuestra Cruzada, se preguntan mochos: ¿Hasta qué límites de traición y desolación de cuerpos y almas permitirá Dios el avance del mal? La paciencia de Dios es infinita. Los impíos que se apoderan del pueble elegido, se lo llevaron cautivo durante siglos y arrasaron la ciudad santa. En el misterio del Calvario no sabe uno qué admirar más: si la condescendencia divina o el contraste de odios, crueldades, blasfemias, traiciones, ceguera, cobardías, deslealtades, rebeldías, apostasías… que se dieron cita allí. Y sin embargo, Dios toleró pacientemente toda esa inmensa manifestación de la malicia humana.

Pero no debemos preguntarnos eso, sino respondernos sinceramente si sabremos ser los hombres y mujeres de los nuevos tiempos. Abunda tanto la desolación y la ruina porque son muy grandes nuestros pecados y los pecados de nuestra Patria.

Sin perder tiempo comencemos a hacer oración y penitencia por todo ello, y con certeza acortaremos los tiempos de destrucción y castigo. Nada de la vida mundana y de las ideas liberales y marxistas que no a han traído el castigo, tenga lugar en nuestra vida. Viviremos ya desde ahora en los tiempos nuevos profetizados y subseguirán llenos de luz a la oscuridad del presente. La hora está cerca.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 101, noviembre de 1986

Imitación de Cristo nº 76

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 39

Que el hombre no sea importuno en los negocios

  1.  Hijo, encomiéndame siempre tus negocios; y yo los dispondré bien y oportunamente.
    Espera mi voluntad, y sentirás mi provecho.passionhome

El Alma.- 2. Señor, de muy buena gana te encomiendo todas las cosas, porque poco puede aprovechar mi cuidado.
¡Ojalá que no me ocupasen mucho los acontecimientos que me pueden venir, sino que me ofreciese sin tardanza a tu voluntad!

  1.  Hijo, muchas veces el hombre negocia con ahínco lo que desea; mas cuando ya lo alcanza, comienza a pensar de otro modo, porque las aficiones no duran mucho cerca de una misma cosa, sino que nos llevan de una en otra.
    Por lo cual no es poco dejarse a sí mismo, aun en las cosas pequeñas.
  2. El verdadero aprovechar es negarse a sí mismo; y el hombre negado a sí es muy libre y está seguro.
    Pero el enemigo antiguo y adversario de todos los buenos no cesa de tentar; mas de día y de noche pone graves asechanzas para precipitar, si pudiere, al incauto en el lazo del engaño.
    «Velad y orad -dice el Señor- para que no caigáis en la tentación» (Mt 26,41).

El «humo de Satanás»

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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San Ignacio de Loyola, cuya fiesta celebramos el día de hoy, propone en sus Ejercicios la meditación de las dos banderas: la de Cristo y la de Lucifer; y nos sugiere imaginar a éste «como si se asentase… en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo…».

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Esta imagen nos hace evocar las palabras, ya famosas, que pronunció el Papa el día de San Pedro, y que han suscitado tantos comentarios en todo el mundo. «Se diría -afirmó- que a través de alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios.»
«Se creía -añadió el Papa- que después del Concilio iba a venir un día de sol para la historia de la Iglesia; por el contrario, ha llegado un día de nubes, de tempestad, de oscuridad…» ¿Cómo ha ocurrido esto? Porque «ha intervenido un poder adverso: el demonio», tantas veces aludido y mencionado por Cristo y los apóstoles.
Los efectos de la intervención diabólica en la Iglesia, según el Papa, son dos: la confusión (incertidumbre, inquietud, problemática, insatisfacción, enfrentamientos…); y una tristeza, que obstruye la alegría que brota espontáneamente de la fe, y frustra el «himno de gozo», connatural a toda auténtica renovación de la Iglesia.
El discurso de Pablo IV ha conmovido a los creyentes. Mas, por otra parte, algunos medios en la Iglesia -como informa un diario suizo, y hemos podido comprobar entre nosotros- «han reaccionado con embarazo, irritación o ironía». Parece como si, para algunos católicos, resultase una sorpresa que el Papa tenga fe en lo que dice el Señor sobre la realidad misteriosa del demonio y que tome en serio su influjo.
¿Es una novedad la intervención demoníaca? No; Jesús nos habla de Satanás como el adversario habitual del reino de Dios; es «homicida desde el principio»; «mentiroso y padre de la mentira», odia la verdad; y por eso los que le siguen no acogen la palabra de Dios: él mismo arrebata la semilla de sus corazones, para que no crean y se salven.
Eso es habitual. Pero hay horas en que Satanás zarandea a los creyentes de modo extraordinario; y precisamente para estas horas recibió Pedro el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos de que ésta es una hora extraordinaria de Satanás. Tres días antes de que lo dijese públicamente en la misa de San Pedro, tuvimos la oportunidad de referir aquí sus reiteradas manifestaciones en ese sentido.
¿Por qué es una hora extraordinaria? Sin duda, porque está en curso un ataque a las raíces del ser mismo de la Iglesia y la religión. Felices aquellos a quienes no haya alcanzado el oleaje; pero el Papa, renovando el aviso de San Pedro, nos pone a todos en guardia frente al poder maligno que ronda para devorarnos. ¿Y en qué consiste exactamente este ataque radical? El Papa lo ha expuesto en centenares de ocasiones. Algo hemos apuntado ya en «El octavo día». Pongámoslo de relieve de un modo claro y conciso.
Ante todo, es bueno recordar lo que advierte Jesús: El diablo es «mentiroso»; induce al mal bajo apariencia de bien. Cuando tentó al mismo Jesús, antes de llegar a la proposición descarada contra el reino de Dios («Te daré los reinos terrestres, si postrado me adorares»), pasó gradualmente por otras, que parecían razonables (subvenir a la necesidad de alimentos, hacer una ostentación milagrosa ante el pueblo) y aparentaban servir al reino; pero, en realidad, desviaban del camino trazado por la voluntad de Dios. La pretensión de que el poder de Dios manifieste necesariamente su eficacia en la solución inmediata de problemas temporales, el exhibicionismo conforme a las expectaciones de moda en las gentes, son la negación de la Cruz. Por esa vía no hay adhesión al reino de Cristo; lo que hay es un intento de utilizarlo para nuestros programas. De ahí que la muchedumbre, que le aclamó rey tras la multiplicación de los panes, le abandonase cuando Él levantó su atención hacia el pan de vida eterna. Y cuando Pedro quiso disuadir al Señor de aceptar la pasión oyó: «Apártate de mí, Satanás».
También ahora, el Papa se refiere a «algo preternatural, venido al mundo precisamente para echar a perder y sofocar los frutos del Concilio». Podríamos sintetizar esta intervención diabólica del modo siguiente: uno de los propósitos del Concilio fue acercar la Iglesia al mundo actual, para comunicarle el Evangelio. Con este fin, es laudable, es necesario, tratar de comprender las preocupaciones de los contemporáneos, incluidos los ateos, y presentarles la palabra de Dios de forma que la sientan como una luz que orienta sus vidas. Pero, con este pretexto, el demonio consigue que no pocos propugnen, desde dentro, un repliegue de la Iglesia a las posiciones del mundo: una como disolución de su fe y de su misión en las palabras y en los objetivos de aquél. La operación comprende tres partes, señaladas por el Papa el día 23 de junio:
Primera. –Vaciar la fe de su contenido revelado transmitido por los Apóstoles y el magisterio, para confundirla prácticamente con una corriente de opiniones y deseos de este tiempo. «Algunos piensan -dice el Papa- que la Iglesia debería renunciar incluso a las certezas adquiridas, para dedicarse únicamente a escuchar las aspiraciones del mundo».
Segunda. –Prescindir de la constitución divina de la Iglesia, o, como dice el Papa: Se rechaza «la Iglesia preconciliar» y se concibe una «Iglesia nueva, casi reinventada».
Tercera. –Reducir la misión de la Iglesia a una acción temporal, una acción política revolucionaria. En el extremo de esta secularización o desacralización, que el Papa denuncia, desaparece la adoración de Dios; nos adoramos a nosotros mismos, concentrando la esperanza sobre el mundo que pretendemos construir en el tiempo.
Éstas son las formas descaradas de la tentación; pero hay otras más ambiguas y disimuladas, que preparan el camino hacia aquéllas.
Cuando la Santa Sede nos previno a los obispos españoles, en relación con la llamada asamblea conjunta, sobre el peligro de ciertos errores, apuntaba en las tres direcciones que acabamos de indicar.
Es lo peor del humo, cuando es muy espeso, que oculta hasta los focos del incendio. El diablo trata de pasar inadvertido. Pero el Papa nos ha avisado. Conocer la enfermedad es un requisito, independiente de optimismos y pesimismos, para poder afrontarla con buen ánimo.
Con solicitud y confianza en Dios nos será dado conservar lo más precioso de la vida: la certeza y la alegría de la fe.

31 de julio de 1972

Mons. José Guerra Campos

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

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