Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos anuales: 2014

El bautismo

30 miércoles Jul 2014

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  1. NOCIÓN DE BAUTISMO

El Bautismo es el sacramento de la regeneración por el que somos incorporados a Cristo y nacemos a la vida sobrenatural de la gracia.

Por el Bautismo nos hacemos hijos de Dios y herederos del cielo.

El Bautismo es el fundamento de toda vida cristiana porque nos da la gracia, las virtudes infusas, los dones del Espíritu Santo y nos abre la puerta de la vida sobrenatural.

El Bautismo da la gracia santificante, quita el pecado original y todos los demás que tuviere el que se bautiza y las penas debidas por ellos; concede las gracias actuales necesarias para vivir cristianamente e imprime en el alma el carácter sacramental, que nos hace cristianos para siempre.

Por el carácter sacramental el bautizado queda incorporado al Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia, y se consagra a Jesucristo con la obligación de llevar una vida cristiana; obligación que nadie ni nada le puede dispensar.bautismo1

  1. EL BAUTISMO INSTITUIDO POR CRISTO

Los datos que nos proporcionan el Evangelio no permiten fijar con exactitud el momento en que Cristo instituyó el Bautismo.

San Buenaventura procuró armonizar las distintas opiniones de los teólogos: el Bautismo fue instituido, en cuanto a su elemento material, cuando Cristo se hizo bautizar en el Jordán y en cuanto a su fórmula sacramental, cuando Jesús dijo: «Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 18, 19).

Jesús dijo a Nicodemo que el Bautismo es necesario para salvarse: “En verdad, en verdad te digo: El que no nazca del agua y del Espíritu no entrará en el Reino de Dios” (Jn 3,5).

El sentido del sacramento del Bautismo aparece claramente en los ritos de su celebración. Se inicia la celebración con la señal de la cruz que significa la redención que Cristo nos ha adquirido por su cruz. El anuncio de la Palabra de Dios significa la iluminación del bautizando con la verdad revelada y su respuesta de fe a ella. Los exorcismos la renuncia a Satanás. El agua recuerda el poder del Espíritu Santo, para que los que son bautizados con ella “nazcan del agua y del Espíritu Santo” (Jn 3, 5). La unción con el santo crisma recuerda que el ungido es incorporado a Cristo, sacerdote, profeta, rey. La vestidura blanca simboliza que el bautizado ha resucitado con Cristo y se ha revestido de Cristo. El cirio que se enciende significa que Cristo ha iluminado al bautizado para que sea “luz del mundo”.

  1. LA CRUZ DE CRISTO Y EL BAUTISMO

Según el apóstol San Pablo, por el bautismo el creyente participa de la muerte de Cristo, es sepultado y resucita con Él: “Fuimos con Él sepultados por el Bautismo en su muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Rom 6, 34).

Los bautizados se han “revestido de Cristo” (Ga 3, 27). El Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica.

San Juan ve en el agua y la sangre que brotan del costado de Cristo crucificado la figura del bautismo y de la Eucaristía.

“Considera dónde eres bautizado, de dónde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: Él padeció por ti. En Él eres rescatado, en Él eres salvado” (San Ambrosio).

  1. NECESIDAD DEL BAUTISMO PARA SALVARSE

Cristo afirmó que el Bautismo es necesario para salvarse: “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea se condenará” (Mc 16,16).

Nadie puede salvarse sin recibir el bautismo o sin el deseo de recibirlo. El Bautismo de agua se puede sustituir, en caso de necesidad, por el Bautismo de deseo o el Bautismo de sangre.

El Bautismo de deseo es un anhelo explícito o implícito de recibir el Bautismo sacramental; deseo que debe ir unido a un acto de contrición perfecta.

San Agustín afirma: “Meditándolo una y otra vez veo que no sólo el sufrir por el nombre de Cristo puede suplir la falta del Bautismo, sino también el tener fe y corazón converso puede suplirlo, si la brevedad del tiempo de que dispone no permitiera recibirlo”.

El Bautismo de sangre es padecer la muerte, aceptada voluntariamente por el catecúmeno, en testimonio de la fe o del amor a Dios. “El que perdiere su vida por Mí la encontrará” (Mt 10,39).

Conforme al testimonio de la Tradición y la Liturgia (festividad de los Santos Inocentes), los niños que no han llegado al uso de razón pueden conseguir el Bautismo de sangre.

En cuanto a los niños que han muerto sin estar bautizados, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias que celebra por ellos. Tradicionalmente se ha enseñado que van al Limbo de los Niños.

 5. ELEMENTO MATERIAL Y FORMULA RITUAL DEL BAUTISMO

El elemento material del Bautismo es el agua natural.

El Nuevo Testamento habla sólo de agua como elemento material del Bautismo: “Renacido del agua” (Jn 3,5); “Aquí hay agua. ¿Qué impide que sea bautizado?” (Hech 8, 36).

Uno de los testimonios más antiguos de la Tradición, la Didakhé, dice: “Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo con agua viva (= corriente). Si no tienes agua viva, bautiza con otra clase de agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente. Si no tuvieras ninguna de las dos, entonces derrama tres veces agua sobre la cabeza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

El agua ha de tocar el cuerpo del bautizando. La ablución puede realizarse de tres maneras: por inmersión (sumergiendo al bautizado en la piscina bautismal), por infusión (derramando agua) o por aspersión (rociando con agua).

La fórmula ritual del Bautismo son las palabras que pronuncia el ministro al aplicar el agua. Para que la fórmula ritual sea válida es necesario invocar a las tres divinas Personas y expresar la acción presente de bautizar: “N. Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

  1. MINISTRO Y SUJETO DEL BAUTISMO

El ministro ordinario del Bautismo es el obispo, el presbítero y el diácono. En caso de necesidad, pueden bautizar los seglares, e incluso un pagano y un hereje, con tal que lo hagan en la forma que lo hace la Iglesia y que pretenda hacer lo que ella hace.

La razón teológica de que sea válido el Bautismo administrado por cualquier persona es que el Bautismo es necesario para salvarse.

Sujeto del Bautismo es cualquier persona viva que no esté bautizada.

Para que la persona que ha llegado al uso de razón reciba el Bautismo válidamente se requiere la intención de recibir el sacramento.

Para recibirlo dignamente se requiere, además, la fe y el arrepentimiento de los pecados cometidos. “El que creyere y fuere bautizado se salvará” (Mc 16,16). “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros” (Hech 3,19).

Es válido y lícito el Bautismo de los niños que no tienen uso de razón: “Si alguno dijese que los párvulos, por el hecho de no tener el acto de creer, no han de ser contados entre los fieles después de recibido el Bautismo, y, por tanto, han de ser bautizados cuando lleguen a la edad de discreción, o que más vale omitir el Bautismo que no bautizarlos en la sola fe de la Iglesia, sin creer por acto propio, sea anatema” (Concilio de Trento).bautismo-jesus

Orígenes fundamenta la práctica de bautizar a los niños en la universalidad del pecado original, y afirma que esta costumbre procede de los Apóstoles.

  1. PADRINOS DEL BAUTIZADO

“En la medida de lo posible, a quien va a recibir el Bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el Bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el Bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo” (Can 872).

Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:

1º Haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan su lugar o, faltando éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta misión e intención de desempeñarla.

2º Haya cumplido dieciséis años, a no ser que el obispo diocesano establezca otra edad o que, por justa causa, el párroco o ministro considere admisible una excepción.

3º Sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir.

4º No esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada.

5º No sea padre o madre de quien va a bautizarse» (Can 874).

8. OBLIGACIONES DE PADRES Y PADRINOS

Los padres del niño que va a ser bautizado, y así mismo quienes asumirán las funciones de padrinos han de ser convenientemente ilustrados sobre el significado de este sacramento y las obligaciones que lleva consigo» (Can 851).

“Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano” (Can 855).

“Los padres tienen la obligación de hacer que los hijos sean bautizados en las primeras semanas; cuanto antes después del nacimiento, e incluso antes de él, acudan al párroco para pedir el sacramento para su hijo y prepararse debidamente” (Can 867).

Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere:

1º Que den su consentimiento los padres, o al menos uno de ellos, o quienes legítimamente hacen sus veces.

2º El niño de padres católicos, e incluso de no católicos, en peligro de muerte, puede lícitamente ser bautizado, aun contra la voluntad de los padres» (Can 868).

Imitación de Cristo 75

23 miércoles Jul 2014

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Capítulo 38

Del buen régimen en las cosas exteriores
y del recurso a Dios en los peligros

1. Hijo, con diligencia debes mirar que en cualquier lugar y en toda ocupación exterior estés libre dentro de ti y señor de ti mismo, y que todas las cosas estén debajo de ti y no tú debajo de ellas, para que seas señor y director de tus obras, no siervo ni esclavo venal, sino más bien libre y verdadero israelita, que pasa a la suerte y libertad de los hijos de Dios.
Los cuales tienen bajo los pies las cosas presentes y contemplan las eternas.
Miran lo transitorio con el ojo izquierdo, y con el derecho lo celestial.maria
Y no les atraen las cosas temporales para estar asidos a ellas; antes ellos las atraen más para servirse bien de ellas según están ordenadas por Dios e instituidas por el Supremo Artífice, que no hizo cosa en lo creado sin orden.

2. Si en cualquier acontecimiento estás firme y no juzgas de él según la apariencia exterior, ni miras con la vista del sentido lo que oyes y ves, antes luego por cualquier negocio entras en lo interior, como Moisés en el tabernáculo a pedir consejo al Señor, oirás algunas veces la respuesta divina y volverás instruido de muchas cosas presentes y venideras. Pues siempre recurrió Moisés al tabernáculo para determinar las dudas y dificultades, y tomó el auxilio de la oración para esquivar así los peligros y maldades de los hombres.
Así debes entrar en el secreto de tu corazón, pidiendo con eficacia el socorro divino.
Pues por eso se lee que Josué y los hijos de Israel fueron engañados por los gabaonitas, porque no consultaron primero con el Señor (Jos 9), sino que, creyendo fácilmente en las blandas palabras, fueron con falsa piedad engañados.

Santiago Apóstol

23 miércoles Jul 2014

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El 25 de julio, la Iglesia universal festeja al apóstol Santiago. En la ciudad de Compostela, nacida en torno de su sepulcro, se concentran es estos momentos numerosos fieles. Allí, España le honra como a su patrono. Allí confluyen, desde hace más de mil años, innumerables peregrinos de toda la cristiandad. Santiago, Roma y Jerusalén han sido, durante centurias, las metas de las mayores peregrinaciones de la Iglesia católica.santiago-apostol

Pasados veinte siglos, entre los sepulcros o lugares de los apóstoles, solamente Santiago en Compostela, San Pedro y San Pablo en Roma, conservan vivo todavía un culto resonante; y acaso el de Compostela sea el más afectuoso y el más popular ¿Qué podemos esperar del apóstol Santiago? Según un conocido testimonio de la Europa medieval, el motivo principal de atracción para los peregrinos de Santiago era «visitar el cuerpo de un apóstol que, a su vez, había tenido la dicha de ver y de tocar a Dios hecho hombre». Visitaban a un testigo del Señor. La Iglesia es apostólica. Está fundada sobre testigos enviados por Jesús. Por ellos enlazamos de un modo sensible con el Hijo de Dios asociado a nuestra historia.

Los Apóstoles, por tanto, son piezas básicas en la vida cristiana, ya que ésta no se alimenta sólo de aspiraciones o de teorías, sino de realidades atestiguadas. Todos los apóstoles podrían suscribir estas admirables palabras de San Juan, el hermano de Santiago: «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos, lo que palparon nuestras manos tocando al Verbo de vida… –la vida eterna, que estaba en el Padre y que se manifestó…-, os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros… para que sea vuestro gozo colmado» Podemos esperar de Santiago, sobre todo, que nos ayude a purificar y enderezar la fe, como principio y fundamento de toda nuestra vida; a situarnos con exactitud ante el reino de Dios, proclamado por Cristo y su Iglesia. El reino de Dios es un descubrimiento del amor; es adoración; es perdón de los pecados, docilidad filial, fraternidad en casa del Padre, visión completa de la realidad según los planes de Dios, esperanza de una vida plena.

El anuncio de este reino suscita la expectación de muchos. Pero, a veces, nos empeñamos en suplantarlo por un reino a la medida de nuestras pretensiones inmediatas, subordinado al logro egoísta de la independencia y del bienestar. Así, los discípulos de Jesús soñaban con la restauración política del reino de Israel, que estaba entonces bajo la dominación de los romanos. Santiago y Juan solicitaban para sí los primeros puestos. Jesús encauza su ambición hacia lo esencial: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber mi cáliz?», es decir, ¿podéis asociaros incondicionalmente a la suerte, al destino, que me reserva el Padre? La suerte de la cruz. Y la respuesta es decidida: «Podemos». Santiago será el primero de los apóstoles en dar su sangre por el Señor. Cuando el Resucitado va a despedirse de los apóstoles, «les habla del reino de Dios… Ellos le preguntaban: ¿Es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel?» La respuesta de Jesús es tajante: «No os toca a vosotros eso… (Con el poder del Espíritu) seréis mis testigos hasta el extremo de la tierra.» El Señor no juzgaba la legitimidad de las aspiraciones políticas de Israel; no las condenaba; pero las desliga de la misión directa confiada a los apóstoles.

El reino es Él, cualesquiera que sean las circunstancias exteriores. El Evangelio es fecundo por sí mismo. Transfigura, como un fermento activo, la vida en la tierra; pero no está limitado por la eficacia de nuestros programas, ni su esperanza se nutre de los éxitos temporales. La fe es confiada («Pedid y recibiréis»); pero, al mismo tiempo, es incondicional («Padre, si es posible, pase de mí esta cáliz, pero hágase tu voluntad y no la mía»). Misterio de la cruz: el poder de Dios, manifestado en Cristo, no actúa como un realizador satisfactorio de nuestras pretensiones inmediatas, sino como demostración de que nos ama y de que está con nosotros para realizar un programa de vida superior, cuya prenda tangible es la resurrección de Jesucristo. Santiago, patrono de España, nos ha inspirado siempre este aprecio de la fe, como valor primario. Con su protección se ha dado en nuestra patria un prodigio histórico: que, a través de siglos de presencia mahometana, se haya conservado la continuidad de un pueblo cristiano, sin diluirse, mientras, por ejemplo, las espléndidas cristiandades del país de San Cipriano o de San agustín se han desvanecido. Y no fue una conversación meramente defensiva: la fe, que había sido el aglutinante supremo en el interior del país, impulsó en su momento a España a una expansión misionera que, juntamente con Portugal, le dio a la Iglesia su universalidad geográfica.

La fidelidad se mostró, una vez más, como fuerza creadora. Son hechos innegables por los que nosotros y el mundo entero debemos dar gracias a Dios. No tenemos por qué avergonzarnos de que nuestros padres hayan estimado la fe como el bien máximo que podían ofrecer a sus hermanos en todo el mundo. Lamentaremos, si acaso, en la presencia de Dios lo que haya habido de defectuoso en el cumplimiento de dicha tarea. En las actuales condiciones de la historia, vuelve Jesús a preguntarnos, como a Santiago, si estamos dispuestos a seguirle.

La tentación de ahora no es urgir al Señor para que instaure un reino temporal, ni pedirle los primeros puestos. La tentación es más bien invitarle a que se retire, a que nos deje concentrar toda nuestra esperanza y todo nuestro corazón en el reino que nosotros mismo intentamos construir en el tiempo. Es decirle a los apóstoles que han dado demasiada importancia a la fe. Se aboga por que los pueblos renuncien a su consagración, a las motivaciones trascendentes; se busca un modo prácticamente ateo, como forma de convivencia, con peligro de que se convierta en forma de vida.

Yo espero que el Apóstol vele sobre nosotros, sobre nuestras familias, sobre todo el pueblo de España, para que se reavive el gozo y el compromiso de la fe. Y como la fe, que es don continuamente ofrecido por Dios a cada uno, nos ha venido ligada a una tradición, que también es don de Dios, haga el Apóstol que las generaciones sucesivas hereden de nosotros la fidelidad al Evangelio.

24 de julio de 1972

 Monseñor José Guerra Campos

Post mortem Francisco Franco: Obispo de San Sebastián

23 miércoles Jul 2014

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Obispado de SAN SEBASTIÁN.

«Los asistentes no quedaron satisfechos con la homilía pro­nunciada (por Mons. José María Setién), porque en ella no se había hecho alusión a la vida y obra del Jefe del Estado. Por ello, se levantaron agrias voces de protesta contra don José Ma­ría Setién, incluso soeces insultos. Este incidente duró unos ocho minutos. Y para calmarlo, hubo de subir el Sr. Gobernador a los micrófonos del presbiterio, donde con voz firme pidió que se respetase el templo de Dios y la persona de la Jerarquía, alu­diendo al testamento 180px-Retrato_Oficial_de_Francisco_Francoespiritual del Caudillo y rogando a los asis­tentes una oración en silencio «por lo que no hemos oído». Re­cobrada una calma nerviosa, se hizo la oración de los fieles en la que el canónigo don José Arámburu pidió expresamente por el alma del Jefe del Estado, Francisco Franco, Caudillo de Espa­ña (…). Fuera del recinto sagrado, terminado el funeral, se can­tó por el gentío congregado en el atrio el himno de la Falange. Y, a continuación, un grupo bien nutrido de personas se acerca­ron al domicilio del Sr. Obispo en actitud amenazante… En el domicilio del Sr. Obispo, protegido por fuerzas de la Policía, des­pués de encaramarse al balcón del piso primero, se izó a media asta la bandera nacional, disolviéndose la gente después de un buen espacio de tiempo. Estas manifestaciones contra el señor Obispo Auxiliar han venido repitiéndose por espacio de varios días. Se recitaba el Padre nuestro, se cantaba el himno «Cara al sol», se daban gritos patrióticos y se proferían insultos contra Mons. Setién».

(Información del Bol. Of. del Obispado, sección «Iglesia Diocesana», núm. de diciembre de 1975, pág. 618.)

 

El 27 de noviembre, en la Acción de gracias, solemne por la proclamación del nuevo Rey, el Obispo Don Jacinto Argaya dijo:

«Permitidme una confidencia…: No pude estar presente aquí el día del funeral por el alma de S.E. el Caudillo. Fuimos testigos de la ejemplaridad de su vida familiar, de la devoción en sus prácticas religiosas y de tantos otros rasgos que le acreditaban como cristiano conse­cuente. Ese cristiano que tan manifiesto ha quedado en sus no­bles palabras póstumas de testimonio de fe, de perdón a los enemigos, de preocupación por la patria temporal que dejaba.

No se quebró después la línea que aquí se había iniciado. Sin entrar a enjuiciar su actuación política, nadie regateará elo­gios para la plena entrega a las tareas de gobierno, para la ri­gurosidad y seriedad impuesta en todas sus funciones, para el ejemplo de su vida privada, para la estabilidad lograda en un país que durante siglo y medio venía siendo atormentado por tremendos vaivenes políticos. No es posible eludir una alusión a sus últimos días. Incorporado a Cristo por el bautismo, por una fe intensamente vivida, por un amor a la Eucaristía paten­temente manifestado, le tocó hacer culminar esta incorporación con otra de tipo más personal y humano, si cabe hablar así: la del sufrimiento. Su muerte no fue la trágica de un atentado, de un accidente, sino, como la de Cristo, la culminación de un lar­go período de tremendos sufrimientos de toda índole. Parecía, ya el final, que no había lugar en su cuerpo para una nueva llaga o un nuevo sufrimiento. Acá en la tierra le tocó purificarse antes de pasar la frontera de la muerte. Y esos méritos obteni­dos en su vida y en su larga agonía le habrán acompañado aho­ra ante el Tribunal del Cielo. (…) El Jefe del Estado recién fallecido puedo estar ya, a estas horas, en condición de interceder por nosotros, pero puede también necesitar de nuestros sufragios.

Carecería de sentido, por otra parte, rendir un homenaje a la memoria de Franco y desconocer y olvidar sus últimos deseos que fueron los de su vida entera: «Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria». Marchando hacia la patria eterna, Francisco Franco nos ha precedido con la señal de la fe y duerme el sueño de la paz…»

 

 

No, Zapatero

23 miércoles Jul 2014

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Zapatero, el ex presidente de España que culminó el programa socialista de destruir las raíces cristianas de nuestra patria -“a España no la va a conocer ni la madre que le parió”- (Alfonso Guerra) ha propuesto la “alianza permanente entre las confesiones religiosas”, vinculadas a la ONU y a la Alianza de Civilizaciones” para crear una “autoridad religiosa global” que, naturalmente, había de ser masónica, porque, como dicen los papas, el fin de las sectas secretas es la destrucción de la civilización cristiana.

Los papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI han alabado el diálogo entre los culturas y las religiones pero “no solo desde la razón positivista” porque “Una razón que sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas”. Los enemigos de la Iglesia han intentado por todos los medios violentos que desaparezca de la faz de la tierra. En varios países, sigue la lucha violenta y en, otros, la lucha política anticristiana. Todos luchan contra la educación católica en los colegios y en las universidades.

Zapatero afirma que ninguna religión puede presentarse como verdadera. Por supuesto, solo es verdad lo que se vota en los parlamentos democráticos. El dogma fundamental del ex presidente es “La única verdad es la libertad”. ¿La libertad, para qué? para asesinar a millones de niños en el vientre de sus madres, para asesinar ancianos y enfermos en los hospitales… Eso es libertad satánica que hace siempre el mal, algunas veces disimuladamente. Zapatero: la libertad es para hacer el bien, para amar Dios sobre todas las cosas, al prójimo, aunque sea enemigo, y a la patria (en nuestro caso a España) la nación de eterna cruzada ¿volverán nuevos cruzados? sí, si lo quiere el Señor.verdad y libertad

La única verdad no es la libertad. La verdad, Zapatero, es Cristo, Dios y hombre verdadero, Rey y Señor de todas las naciones. Y la única religión fundada por Cristo es la católica. Sólo una religión puede ser verdadera, pues solo hay un Dios. Las distintas religiones que hay en el mundo se contradicen en su doctrina, moral y culto. Como Dios no puede contradecirse, solo una religión puede ser verdadera. Tenemos la obligación de reflexionar hasta hallar la verdadera religión.

Zapatero, yo y todas las personas deberíamos tener muy presente que en el mismo instante de nuestra muerte seremos juzgados por Cristo. Los mueran en gracia de Dios irán al Cielo, para ser felices eternamente, y los que mueran en pecado mortal al infierno, donde sufrirán eternamente.

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

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