padre canoHace un mes, una señorita católica, bien formada, me sorprendió con estas palabras: “Dios no juzga, ni castiga; son los pecados mortales los que llevan a las almas al infierno”. Hace más de un año, que un párroco predicaba lo mismo: “Dios no condena a nadie”. Pues miren ustedes, en el Credo afirmamos que Jesucristo ha de venir para juzgar a los vivos y a los muertos.

Es doctrina de la Iglesia que en el mismo instante de la muerte del cuerpo, el alma es juzgada por Dios. El juicio es definitivo: los justos van al Cielo y los condenados al infierno. Al purgatorio, van las almas que tienen que purificarse antes de entrar en el Cielo.

Benedicto XII, en la Constitución “Benedictus Deus”, dice que las almas de todos los santos: “están y estarán en el Cielo, en el reino de los cielos y paraíso celeste con Cristo. . ., vieron y ven la divina esencia con visión intuitiva y también cara a cara. . ., definimos además que. . . las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno, donde son atormentados con penas infernales”.

El Concilio de Florencia enseña que las almas que mueren en gracia de Dios y totalmente purificadas “son recibidas inmediatamente en el Cielo y ven claramente a Dios mismo Trino y Uno”, y que las almas que mueren en pecado mortal “bajan inmediatamente al infierno, para ser castigadas”.

Cristo, clavado en la cruz, dice al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc.16, 28)

Santa Margarita María, Mensajera del amor del Corazón de Jesús, exclamaba: “¡Cuán dulce es morir después de haber tenido en vida verdadera devoción al Corazón de Jesús que nos ha de juzgar!”.

El apóstol San Juan, nos dice: “Dios es amor” y San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia, nos tranquiliza diciéndonos, que en el juicio particular, Jesús solo nos examinará de una asignatura: “Al atardecer de la vida te examinarán en el amor”. Cielo, infierno y purgatorio. Meditemos hermanos.

 

Manuel Martínez Cano m.C.R.