Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978Guerra-Campos.5

  1. Una raíz honda del «escándalo» del no creyente: la Providencia permisiva del mal. La ambigüedad en la eficacia del «buen testimonio».

Si la «imperfección» de los cristianos no es la causa principal del ateísmo, viceversa el buen testimonio que dan los cristianos tampoco es causa suficiente para que los ateos modernos vuelvan a la fe.

Sí, el testimonio, el buen comportamiento y la coherencia de un cristiano pueden suscitar en muchos ateos dudas sobre la validez de sus interpretaciones superficiales de lo religioso. (Ejemplo: el ateo que parte del supuesto acrítico de que toda «convicción» expresada por un creyente no es más que el enmascaramiento de unos «intereses de clase», si da para su bien con un creyente luminosamente ejemplar, lo menos que podrá hacer es poner en duda aquella interpretación.) Lo cual no es poco. El servicio por amor, y la consiguiente posible eficacia en la mejora de las condiciones sociales de la vida humana sin duda pueden abrir los ojos a muchos. Pero tiene su peligro extender demasiado la eficacia atribuida al «buen testimonio»: hay una línea divisoria, más allá de la cual la exigencia de perfección en los demás, lejos de abrir camino hacia la fe, no hace más que endurecer el ateísmo.

Quiero decir: cuando la vuelta del ateo a la fe o la permanencia del creyente en la fe se vinculan a la eficacia histórica de las proyecciones sociales de los cristianos, es muy probable que por ese camino vayamos a parar, no a una reclamación frente a los cristianos y la Iglesia, sino a una reclamación frente a Cristo, que es la manifestación máxima de Dios en la Historia. Porque debajo de estas pretensiones puede esconderse algo que es el mayor obstáculo para la fe, a saber: convertir esa eficacia en condición previa para creer. Y esto es la negación de la fe.

En tal supuesto, sería malo fomentar en los ateos una ilusión de «buena conciencia», como cuando en el diálogo entre creyentes y ateos se da a entender a éstos: «vosotros tenéis toda la razón». Vamos a ser realistas y respetuosos con las personas y con la verdad, y limitémonos a decir: tenéis algo de razón, pero si para volveros a Dios o permanecer fieles a Dios esperáis a comprobar y disfrutar la eficacia en la mejora de las condiciones morales y sociales de la Humanidad, ponéis una condición no verificable. Ya no estaríamos ante una acusación contra los cristianos; estaríamos ante una resistencia contra el Plan de Cristo.

Entre Jesucristo y sus contemporáneos no se interpuso ninguna mediación de defectos o escándalos de la Iglesia y de los creyentes: ¿y qué pasó? Que los «escandalizó» y lo abandonaron, no por mal comportamiento, sino porque la verdadera raíz del escándalo no era moral; era el utilitarismo egocéntrico o la orgullosa imposición de condiciones, que la criatura no puede ponerle a Dios.

Este es, sin duda, el sentido profundo de la llamada reacción ético-agonística contra el mal: debe ser entendida como rebelión contra la Providencia de Dios, porque permite el «mal». En una palabra: el «escándalo de la Cruz».

Así se enlazan perfectamente las interpretaciones del ateísmo moderno más fundadas en los hechos conocidos, y el criterio que ya nos había suministrado hace veinte siglos la revelación evangélica (64).

Notas

(63) Un estudio concreto sobre la acción descristianizadora de un pueblo y los agentes que la fomentan: J. Ordóñez Márquez, La apostasía de las masas y la persecución religiosa en la provincia de Huelva, 1931-1936, Ed. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1968 (importante documentación masónica). Puede verse también el informe acerca de las causas del ateísmo en España, redactado por los Padres Jesuitas Blanco, Gironella, Pallás, Piulachs, Solá Y Udina, publicado en la revista Ilustración del Clero, julio-agosto 1967.

(64) ¿Se puede decir que el ateísmo, en relación con la muchedumbre del pueblo, es un momento de purificación de su fe? Se ha afirmado que, aunque ahora haya producido indiferencia religiosa, hará posible, liberando al pueblo de la ganga de la «religiosidad», que brote en el futuro una «fe» más pura.

Lo que cabe pensar es que la indiferencia religiosa de muchos sectores no sea necesariamente una situación consolidada, sino que pueda convertirse en una transición: desde una religiosidad propia de la civilización rural, que encuentra los signos de Dios en los fenómenos de la naturaleza exterior, hacia una religiosidad más antropológica, correspondiente a una civilización industrial, en la que la ciencia y la técnica desacralizan la visión del mundo y remiten la atención al hombre no sólo en cuanto contemplador sino en cuanto entiende y maneja el mundo. Pero hay que advertir que, en esa transición, el ateísmo es un elemento negativo, pues consiste en la pretensión de que el mundo sea únicamente expresión del hombre independiente. No favorece la transición a una nueva religiosidad, sino que es su rémora. Lo que puede prepararla, contra el ateísmo, es precisamente el cultivo de una religiosidad plena, conforme a la enseñanza primordial de la Sagrada Escritura, que ve el reflejo y la imagen de Dios principalmente en el hombre mismo y en su capacidad cognoscitiva y técnica; más que en los truenos y demás fenómenos espectaculares, en la entraña del pensar, del sentir y del querer del hombre : el misterio de Dios se descubre en la reflexión sincera sobre la propia persona y libertad, sobre la antinomia de un dominio creciente que engendra creciente esclavitud. Parece claro que si de la indiferencia han de brotar nuevas actitudes religiosas no será gracias al ateísmo sino a pesar de él. (Cf. J. Guerra, Fe y piedad popular ante el materialismo contemporáneo, págs. 69-92 de la obra colectiva La santificación cristiana en nuestro tiempo, Editorial de Espiritualidad, Madrid, 1976 (cf. págs. 75-76).

Interesante valoración de la religiosidad natural, que algunos desprecian, como tierra apta para que germine la fe: en la obra de J. Daniélou, citada en la nota 61, págs. 71, 100 et alibi. Ver también: J. Ordóñez márquez, Teología de la Religiosidad Popular, en el vol. Religiosidad popular y evangelización universal (Ponencias de la Semana Española de Misionología de 1977), ed. Burgos 1978, págs. 71-129.