chispicasMartínez Cano, m.C.R.

Ser razonables  

                El odio a todo lo creado por Dios, de herejes y endemoniados, ha brotado en nuestros tiempos progresistas de mil modos muy sibilinamente. El supuesto amor a la tierra, a los animales, a lo diabólico, va unido, a menudo, al odio a la mujer y al hombre, creados a imagen y semejanza de Dios. Amor eterno.

Votamos ?  

Un matrimonio amigo, desde hace más de 30 años, me ha dicho que llevaban a votar en las elecciones generales a unas monjas contemplativas de un monasterio a las afueras de la ciudad.

Como en las últimas elecciones, las monjas no le llamaban, la esposa llamó a las monjitas por teléfono. La respuesta fue estas palabras: “Ya no votamos. Rezamos más”. Los políticos se han olvidado de Dios. Yo tampoco puedo votar a esos partidos como han dicho unos obispos españoles.

Se va al Carmelo  

                Hemos rezado el Rosario de la aurora, subiendo al monte Carmelo. Santa Misa. Desayunamos todos juntos.

Al volver a la ciudad, se me acerca una chica, joven, veinte años.

                El mes que viene entra en el Carmelo. Me dice: “estoy contenta,  no sé si en el convento podrá ir aumentando”. Aumentará muchísimo más, le digo.

Contemplar el rostro de esta chica es contemplar la pureza, la inocencia, la felicidad.

La mayor miseria  

La Beata Teresa de Calcuta decía que el gran mal de nuestros tiempos es que muchas personas no se sienten amadas. Nuestro Señor Jesucristo, ha dicho en apariciones privadas a santas canonizadas, que muchos no le aman y se queja amargamente.

La mayor miseria de nuestros tiempos es el pecado, ofender a Dios, no amar a Dios. La mayor obra de misericordia es ayudar a los pecadores a salir de su miserable estado: oración, misas, rosarios, sacrificios, etc. ayudarles a que sean eternamente felices en el cielo.