He leído en una revista de espiritualidad lo siguiente: En el segundo capítulo reflexiona sobre esta antigua afirmación: “fuera de la Iglesia no hay salvación, la cual ha sido superada”.
No sé en qué momento se ha superado “el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica” (Beato Pio IX)
De la lección de mis profesores retuve estos apuntes:
Jesucristo instituyó una sola Iglesia a la que encargó perpetuar la obra de la Redención. Para salvarse, pues, es necesario pertenecer a la Iglesia Católica: «Una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva» (IV Concilio de Letrán).
El Beato Pío IX advierte a los que afirman que cualquier religión es buena para salvarse, que: «Por la fe debe sostenerse que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse; que ésta es la única Arca de salvación; que quien en ella no hubiese entrado perecerá en el diluvio. Sin embargo, también hay que tener por cierto que quienes sufren ignorancia de la verdadera religión, si aquella es invencible, no son reos por ello de culpa alguna».
«Aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos esculpidos por Dios en los corazones de todos y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna( … ), pues Dios, que manifiestamente ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamiento y costumbres de todos, no consiente en modo alguno( … ) que nadie sea castigado con eternos suplicios si no es reo de culpa voluntaria. Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica» (Beato Pío IX).
El Concilio Vaticano II enseña que «no podrán salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran pertenecer a ella» (Constitución dogmática, Lumen Gentium, 4° 14).
San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, para defender a la Iglesia en todos los campos de batalla, nos dice: “Para el “sentido” verdadero, que “en la Iglesias militante” debemos tener, se guarden las reglas siguientes”:
1ª regla. La primera, depuesto todo juicio, debemos tener ánimo aparejado y pronto, para obedecer en todo a la “verdadera” esposa de Cristo nuestro Señor, que es la nuestra santa madre Iglesia “jerárquica”.
9ª regla. Alabar finalmente todos preceptos de la Iglesia, teniendo ánimo pronto, para buscar razones en su defensa y en ninguna manera en su “ofensa”.
13ª regla. Debemos siempre tener, para en todo aceptar, que “lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia “jerárquica” así lo determina; creyendo que entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia su esposa, “es” el mismo espíritu, que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas. Porque por el mismo Espíritu y Señor nuestro, que dio los diez mandamientos, es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia.
¡Virgen María, intercede por nosotros! ¡Sálvanos!
