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Por ti bendigo al país entero

“Un día Jesús me dijo que iba a castigar una ciudad, que es la más bonita de nuestra patria. El castigo iba a ser igual a aquel con el cual Dios castigó a Sodoma y Gomorra. Vi la gran ira de Dios y un escalofrío traspasó mi corazón. Rogué en silencio. Un momento después Jesús me dijo: Niña Mía, durante el sacrificio, únete estrechamente Conmigo y ofrece al Padre Celestial Mi Sangre y Mis Llagas como propiciación de los pecados de esta ciudad. Repítelo ininterrumpidamente durante toda la Santa Misa. Hazlo durante siete días. Al séptimo día vi a Jesús en una nube clara y me puse a pedir que Jesús mirara aquella ciudad y todo nuestro país. Jesús miró con bondad. Al ver la benevolencia de Jesús empecé a rogarle por la bendición. De repente Jesús dijo: Por ti bendigo al país entero. Y con la mano hizo una gran señal de la cruz encima de nuestra patria. Al ver la bondad de Dios, una gran alegría llenó mi alma.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 39.

Nuevo Mundo

“Esta fecha -una de las más importantes de la historia de la humanidad- marca también la del comienzo de la fe y de la Iglesia en este continente. Llegado a esta Isla, en la que hace casi quinientos años se celebró la primera Misa y se plantó la primera cruz, como Obispo de Roma y Sucesor del apóstol Pedro deseo inaugurar esta novena de años, junto con el Episcopado y con toda la Iglesia en América Latina, así como con los representantes de los Obispos de España, de Portugal, Filipinas, Estados Unidos y Canadá, especialmente vinculados, por diversos títulos, a esta celebración. “El mismo Dios que dijo: de las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones”. Ante la expedición guiada por Cristóbal Colón se abrieron tierras desconocidas y apareció un Nuevo Mundo. Y a la vez, el mismo Dios que a los descubridores, rodeados por el abismo del inmenso océano, permitió un día dar el grito de ¡tierra!, El mismo “ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo” (2 Cor 4,6). 2. Este fue el principio salvífico del conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo: el comienzo de la evangelización de América, el comienzo de la fe y de la Iglesia en el Nuevo Mundo.” San Juan Pablo II, Ante el V centenario de la evangelización de América, pp. 23-24.

Mensaje del Caudillo

“Es incalculable la potencialidad de un pueblo cuando está unido, cuando trabaja en paz y cuando persigue sus objetivos de elevación con tenacidad, avanzando cuando es posible y sabiendo aprovechar las ocasiones oportunas cuando esto es aconsejable. Ese es nuestro camino, que no ofrece ninguna estrategia complicada. Se trata, sencillamente, de saber avanzar y conservar lo conquistado sin comprometernos en dudosas aventuras. En la vida contemporánea los Estados tienen como primer deber el ofrecer a sus ciudadanos esta eficacia: paz para el trabajo, paz para el estudio, garantías para mejorar el futuro. La política no es una entelequia de ideología utópica ni un campo de trabajo para desahogar las pasiones. La política es una tarea realista y cotidiana de construcción de la convivencia, el bienestar y el progreso de la mayoría.” Francisco Franco, Mensaje de fin de año, 30 de diciembre de 1968.

Tradición y rebeldía

“Desgraciadamente, los pueblos sin tradición ni siquiera pueden rebelarse contra ese poder que ha moldeado sus conciencias, pues su angosta y distorsionada visión del mundo es la que el poder les ha inculcado, y afuera hace mucho frío. Y si en algún caso ese pueblo sin tradición, medroso y debilitado por los placebos y morfinas que el poder le suministra, llega a descubrir que está siendo pisoteado, su rebelión será apenas un vómito estéril de odio, un grito emberrinchado e injurioso, un ansia desnortada de revanchismo y revolución, porque para entonces su alma hecha trizas y deshabitada de Dios ya habrá sido conquistada por todos los materialismos envilecedores que han constituido su habitual dieta. Y, a la vez que se rebelan contra el tirano que los ha convertido en un gurruño infrahumano, los pueblos sin tradición le solicitan que les siga suministrando la ración de veneno que, en época de vacas flacas, les racanea. Y ante su queja, el tirano podrá incluso doblarles la ración, benevolente y enternecido; pues en esos chiquilines emberrinchados (¡podemonios!) no verá sino criaturitas adictas a la dulce ponzoña de placeres plebeyos que él suministra.” Juan Manuel de Prada, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, p. 382.

Orden, justicia y desarrollo

«El Estado había de asumir una función orientativa y de control del proceso económico sin la adquisición de la propiedad de los medios de producción: “No se trata, ciertamente, de una aceptación absoluta de planificación y colectivización marxistas; pero sí de un compromiso entre la propiedad privada de los medios de producción y el juego de la oferta y la demanda, por un lado, y las exigencias de la justicia social”. La legitimidad del nuevo Estado radicaba en una nueva fórmula. No en una utopía social, como en el marxismo; no en una supuesto voluntad general, como en la democracia liberal; no en el nacionalismo, en la religión o en cualquier otro tipo de ideología, sino en la “eficacia”, es decir, la capacidad de garantizar el orden la justicia y el desarrollo”» Pedro Carlos González Cuevas, Revista Razón Española, septiembre-octubre 2015, p. 164.

Un alto poder directivo

“Puesto que ni las regiones ni las clases pueden dirimir sus contiendas y sus conflictos, necesitan un poder neutral que pueda dirimirlos y que pueda llenar ese vacío que ellas por sí mismas no pueden negar. Y como tienen entre sí vínculos y necesidades comunes que expresan las clases, necesitan un alto poder directivo, y por eso existe el Estado, o sea la soberanía política propiamente dicha, como un poder, como una unidad, que corona a esa variedad y que va a satisfacer dos momentos del orden: el de proteger, el amparar, que es lo que pudiéramos llamar momento estático, y el de la dirección, que pudiéramos llamar el momento dinámico.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, pp. 46 y 47.

La revolución

“El término revolución está gastado y manido -en español, como en cualquier otro idioma culto- y no tanto por las revoluciones hechas cuanto por lo mucho que se ha hablado de hacerlas. Hoy casi todos los partidos políticos del mundo la proyectan, y son ya demasiados los adolescentes que juegan a revolucionarios. Este abuso del vocablo se acentuó especialmente en Europa al aparecer esos mitos políticos -comunismo, fascismo y nazismo- que postulaban la revolución. Se tornó vulgar y cotidiana, bajó a la plazuela y, al andar en boca de todos dispuesta a designar las más dispares cosas, aceleró su desgaste y su desvitalización.” Gonzalo Fernández de la Mora, Revista Razón Española, julio-agosto 2015, p. 5.