pintura-religiosa-con-paisajes-marinosIsabel

Amor a María

Recuerden, finalmente, los fieles que la verdadera devoción no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes. (Lumen Gentium 67)

Isabel la grande

Y así continuó, como prueban sus hijos bastardos, llegando una de sus hijas a ser abadesa y uno de sus hijos a ser arzobispo de Zaragoza. Sin que bastara a remediarlo la extraordinaria prudencia de Isabel, que en cuanto veía a su marido fijarse en una dama, destinaba a su esposo a regiones lejanas, por aquello de que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Con todo, esta mujer fue tan grande que supo perdonarle, y lo que es más, siguió amándole tiernísimamente. Conmueve leer en su testamento de Medina del Campo, el año 1504, su disposición de que la entierren en Granada, y que si a la muerte de su esposo, él “eligiere sepultura en otra cualquier iglesia o monasterio… de estos mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado e sepultado junto al cuerpo de Su Señoría, porque el ayuntamiento que tuvimos viviendo, y en nuestras almas espero, en la misericordia de Dios a que en el cielo lo tengan, e representen nuestros cuerpos en el suelo”. (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

Cristo Rey de la Sociedad

Así, el Señor, al darnos los medios de salvación, no sólo nos proporciona los medios espirituales sino también los medios naturales necesarios. Uno de estos medios es una sociedad que nos ayude a practicar la virtud, y no una sociedad que nos pone en peligro de caer en la inmoralidad, como sucede en la sociedad contemporánea de todo el mundo. El hombre es un ser social, y para su desarrollo armonioso necesita la asistencia de sus hermanos. Por lo tanto, que la sociedad viva bajo la ley del Evangelio forma parte del plan de Dios para la salvación del hombre. La sociedad lo debe adorar públicamente, porque Él es el Rey de la sociedad. En la sociedad globalizada de hoy en día, la instauración del Reino social de Cristo está lejos de ser una posibilidad que podamos esperar basándonos en nuestros limitados medios naturales, pero no debemos olvidar que nada es imposible para Dios, como le dijo el Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María en el día de la Anunciación. (Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

Grandeza de la vocación al matrimonio

El sacramento del matrimonio es un gran acto de fe y de amor: testimonia el coraje de creer en la belleza del acto creador de Dios y de vivir aquel amor que empuja a seguir adelante siempre más allá, más allá de sí mismos y también más allá de la misma familia. La misma Iglesia está plenamente involucrada en la historia de todo matrimonio cristiano: se edifica en sus logros y padece en sus fracasos. Pero debemos interrogarnos con seriedad: ¿aceptamos completamente, nosotros mismos, como creyentes y como pastores también, este vínculo indisoluble de la historia de Cristo y de la Iglesia con la historia del matrimonio y de la familia humana? ¿Estamos dispuestos a asumir seriamente esta responsabilidad, es decir, que todo matrimonio va en el camino del amor que Cristo tiene a la Iglesia? ¡Esto es grande! (…) La decisión de “casarse en el Señor” contiene también una dimensión misionera, que significa tener en el corazón la disponibilidad a hacerse intermediario de la bendición de Dios y de la gracia del Señor para todos. En efecto, los esposos cristianos participan, como esposos, en la misión de la Iglesia. ¡Y se necesita coraje para eso, eh! Por esto cuando yo saludo a los flamantes esposos, digo: “¡He aquí los valerosos!” Porque se necesita coraje para amarse así como Cristo ama a la Iglesia». (Papa Francisco: Audiencia general 6/5/2015)

La mujer

Edith Stein

Consideremos primero tranquilamente el contraste entre la vida real de la mujer como es ahora comúnmente y nuestras exigencias. Muchas de las mujeres viven como oprimidas bajo el doble peso del trabajo de la profesión o frecuentemente por la necesidad de la ganancia y de los deberes de la familia; siempre en acción, exhaustas, nerviosas, irritables ¿Dónde podrán encontrar la paz interior y la alegría para ofrecer a los demás apoyo, sostén y guía? Las consecuencias son diariamente pequeños choques en la relación con el marido y los hijos, a pesar del gran amor recíproco y el reconocimiento de los trabajos, malestar en toda la casa, debilitamiento de la comunidad doméstica.

El goce egoísta

Así el árbol prohibido es el goce egoísta.

Árbol de la vida: la atracción sexual se usa para la conservación de la especie dentro del matrimonio.

La gran excepción: a pesar de la excelencia de la creación, Jesús al nacer, quiso hacerlo de una madre Virgen, que nunca sintió el atractivo de la fruta misteriosa. Ella, la Virgen, fue el prototipo de los que se mantienen célibes y vírgenes por el voto de castidad para transmitir, con la aprobación divina, la vida más excelsa, la del espíritu, como la Virgen que nos dio la Vida por antonomasia. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

 Homosexualidad y esperanza

Hay también muchos informes autobiográficos de hombres y mujeres que creyeron alguna vez estar irremisiblemente amarrados con homoeroticismo y conducta homosexual. Muchos de estos hombres y mujeres (Exodus 1990-2000) se describen ahora como libres del homoeroticismo, de las fantasías y la conducta. La mayoría de estos individuos encontraron la libertad a través de participar en grupos de apoyo basados en la religión, aunque algunos también han buscado ayuda de terapeutas. Desgraciadamente un número de personas y grupos profesionales influyentes han preferido ignorar esta evidencia (APA 199; Herek 1991) y pareciera haber un esfuerzo coordinado de parte de los “apologistas de la homosexualidad” de negar la eficacia del tratamiento de la atracción homoerótica, o afirmar que tal tratamiento es dañino. Barnhouse se mostró admirado de estos esfuerzos: “La distorsión de la realidad inherente en la negación que la condición pueda ser curada, por los apologistas de la homosexualidad, es tan inmensa que uno se pregunta qué pueda motivarla”. (Barnhouse 1977) (Asociación Médica Católica – AMCA)