chispicasMartínez Cano, m.C.R.

El becerro de oro que adoraron los judíos en el desierto sigue siendo el dios de los poderosos de este mundo. Serán juzgados por Cristo: “No se puede servir a Dios y al dinero”.

Karl Marx, ideólogo del marxismo, de raza judía, afirmó que el dinero “el dios de los judíos, se ha secularizado y se ha convertido en el dios del mundo”.

Todos los partidos políticos adoran al dios dinero. Es su única preocupación llenar los bolsillos y las cuentas bancarias de dinero. El proletariado, la raza, la islamización son fachadas. Se debe adorar al dinero. Después sufrirán eternamente en el infierno, si no se convierten.

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El beato Pablo VI insistía mucho en el conocimiento de la verdadera libertad. La libertad necesita la madurez humana y cristiana de las personas.

La dificultad de hoy está en que el democratismo no forma a personas humanas. Las manipula desde los primeros años a la vejez. ¿Dónde va la gente? donde va Vicente: a cines, deportes, espectáculos… y a las urnas para que ganen la derecha, la izquierda, el centro. Y es verdad, ellos son los que ganan. Nada más que ellos.

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Hace tres días, una señora me dijo que su párroco dijo en la homilía que san Juan, como estaba desterrado en una isla sin comida ni agua, tenía delirios y sueños terroríficos. Que lo que escribió en el Apocalipsis son mentiras.

El siglo pasado me dijo un feligrés que su párroco habrá dicho que la Ley del Antiguo Testamento fue abolida por Cristo. El seglar le contestó que Jesús dijo que no había venido a abolir la ley sino a perfeccionarla. El párroco remachó: somos libres.

Esa es la cuestión que la ley impide ser libre. Pues, no. Libertad y ley son necesarias para la perfección de las personas. Cicerón hace bastantes siglos, decía: “Magistrados y ministros de las leyes, jueces intérpretes de las leyes y finalmente todos siervos de las leyes para que podamos ser libres”.

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Hace años D. Rafael Gambra Ciudad, que Dios lo tenga en su gloria, escribió el magnífico libro “El silencio de Dios”. Uno de los mejores médicos de España, ha dicho “hoy los enfermos están tristes porque no hablan con Dios”, no rezan”.

Y Dios siempre está con nosotros. Jesús dijo: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Dios está en todas partes, en el Cielo, en la tierra, en nosotros. Y Jesús está escondido en la Eucaristía, como dicen los niños de Fátima.

En nuestros tiempos de tanta confusión y corrupción, debemos decir a todo el mundo – a tiempo y a destiempo -: no es Dios el que se esconde. Es el hombre quien ha desterrado a Dios de su vida, de su familia, de la sociedad ¡Volvamos a Dios! ¡Somos hijos de Dios!