Espiritualidad y humanidad. La espiritualidad es la columna vertebral de cualquier servicio en la Iglesia y en la vida cristiana. Esta alimenta todo nuestro obrar, lo corrige y lo protege de la fragilidad humana y de las tentaciones cotidianas. La humanidad es aquello que encarna la autenticidad de nuestra fe. Quien renuncia a su humanidad, renuncia a todo. La humanidad nos hace diferentes de las máquinas y los robots, que no sienten y no se conmueven. Cuando nos resulta difícil llorar seriamente o reír apasionadamente, entonces ha iniciado nuestro deterioro y nuestro proceso de transformación de “hombres” a algo diferente. La humanidad es saber mostrar ternura, familiaridad y cortesía con todos (cf. Flp 4, 5). Espiritualidad y humanidad, aun siendo cualidades innatas, son sin embargo potencialidades que se han de desarrollar integralmente, alcanzar continuamente y demostrar cotidianamente.
Cardenal Müller
Las diversas corrientes psicológicas presentan una fuente de conocimiento de las personas humanas que parece infalible; y sus metodologías como el camino seguro para obtener resultados de estabilidad, normalidad y desarrollo personal; con esto se las asume como camino principal de discernimiento vocacional, formación y crecimiento interior. De aquí se deriva la desaparición o poca valoración de la importancia de la gracia divina en la vida espiritual, que queda reducida a un nivel meramente natural; y se produce una desfiguración de la finalidad de los sacramentos, de la oración y de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia acerca de la vida cristiana y vocacional.
Cardenal Rubén Salazar Gómez
El aborto es un crimen abominable, por lo tanto, su despenalización no es aceptable en ningún caso, tampoco es posible considerarlo o declararlo un derecho. Una vez más, como lo he hecho en otras tantas ocasiones, expreso claramente mi rechazo a la sentencia de la Corte Constitucional de Colombia que despenalizó el aborto en algunas ocasiones.
Cardenal Óscar Rodríguez Madariaga
En Honduras todavía hay corrupción como en la mayoría de las naciones de Hispanoamérica, que se acercan a la política como a una industria. Los políticos participan en este campo amasando una fortuna durante su mandato de gobierno y, después de un periodo, ya no tienen que trabajar para el resto de sus vidas.
