mariaIsabel

El secreto de María

Lo que de ti quiere Dios, alma, que eres su imagen viva, comprada con la sangre de Jesucristo, es que llegues a ser santa, como El, en esta vida, y glorificada, como El, en la otra. Tu vocación cierta es adquirir la santidad divina; y todos tus pensamientos, palabras y obras, tus sufrimientos, los movimientos todos de tu vida a eso se deben dirigir; no resistas a Dios, dejando de hacer aquello para que te ha criado y hasta ahora te conserva. ¡Qué obra tan admirable! El polvo trocado en luz, la horrura en pureza, el pecado en santidad, la criatura en su Criador, y el hombre en Dios. Obra admirable, repito, pero difícil en sí misma, y a la naturaleza por sí sola imposible. Nadie si no Dios con su gracia y gracia abundante y extraordinaria puede llevarla a cabo; la creación de todo el universo no es obra tan grande como ésta. (San Luis Mª Grignion de Montfort

La mujer

Edith Stein

Aquí no se habla de un dominio del hombre sobre la mujer: a ella se la denomina como compañera y ayuda, y del hombre se dice que se uniría a ella y que los dos serían una sola carne. Esto quiere decir que la vida de los dos primeros seres humanos tiene que ser considerada como la más íntima comunidad de amor, que ambos colaboran en perfecta armonía de fuerzas en un único ser, tal como sucedía en el individuo antes del pecado, la perfecta armonía de las potencias; espíritu y sentido estaban en la justa relación sin posibilidad de contraste. Por eso no conocían al inicio ningún instinto desenfrenado del uno frente al otro. Esta idea aparece presente en las palabras: estaban desnudos y no se avergonzaban.

El hombre nuevo democrático

Esta utilización espuria de la igualdad como “camino hacia la esclavitud” o coartada para la masificación y uniformización de los pueblos ya fue vislumbrada por Tocqueville en La democracia en América: “Todo poder central que sigue sus instintos naturales ama la igualdad y la favorece; pues la igualdad facilita singularmente la acción de semejante poder, lo extiende y lo asegura […]. Se puede decir, igualmente, que todo poder central adora la uniformidad, pues la uniformidad le ahorra el examen de una infinidad de detalles de los que debería ocuparse si hiciera las reglas para los hombres, en lugar de hacer pasar indistintamente a todos los hombres bajo la misma regla”.

Pero ¿cómo se consigue “hacer pasar indistintamente a todos los hombres bajo una misma regla”? ¿Cómo se alcanza la masificación social, requisito previo para crear el hombre nuevo democrático? (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Perseverar en la castidad

“No nos llamó Dios a la impureza sino a la santidad”. (Tes. 4, 1)

Dice el apóstol san Pablo que nuestra santificación es que no nos demos a los deleites de la carne. A la castidad llama santidad. Jesús, el Hijo de Dios, la llama virtud celestial y angélica porque nos hace semejantes a los ángeles. Después de la resurrección, en aquella vida dichosa y bienaventurada, no habrá casamientos ni bodas, sino todos serán como ángeles de Dios. Por esto san Cipriano hablando con unas vírgenes les dice: “Lo que después habéis de tener en la gloria, eso comenzáis a gozar en esta vida; porque mientras perseveráis en castidad y limpieza sois iguales a los ángeles”. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Construir la Cristiandad

Sería absurdo pensar que el Papa incita a una actitud defensiva, de respuesta permanente a la agresión continua efectuada por un mundo secularizado que rechaza a Dios; se trata, por el contrario, de incitar a los hombres para que construyan, con todas las deficiencias humanas, un mundo que responda a las exigencias cristianas. En efecto, así se desprende de sus palabras al referirse a la evangelización auténtica e integral, cuyo mandato de evangelizar obliga a todos los hombres: “Se dirige a los profesionales y a los hombres de cultura, para que impregnen las realidades temporales del espíritu evangélico”. Por ello, dice en otro lugar, que la nueva evangelización se caracteriza también porque “a la vez que anuncia a Jesucristo allí donde aún no lo conocen, planteará mayores exigencias a quienes ya pertenecen a su grey”. Estas mayores exigencias consisten en convertirse en auténticos agentes de evangelización, a fin de que la sociedad, no sólo en los hombres que la componen, sino también en las instituciones y en sus sistemas de vida y de organización, responda a los mandatos cristianos. (Estanislao Cantero – Verbo)

Homosexualidad y esperanza

Algunos clérigos, tal vez porque creen, erróneamente, que la atracción por personas del mismo sexo es genética e inmutable, han estimulado a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo que se identifiquen con la comunidad homosexual, proclamando públicamente el ser “gay” o lesbiana, pero vivir la castidad en su vida personal. Hay varias razones por la cuales es este una conducta equivocada:

  1. Se basa en una idea errónea que la atracción por el mismo sexo es un aspecto inmutable del individuo y decorazona a las personas de buscar ayuda.
  2. La comunidad “gay” promueve una ética de conducta sexual que es antitética a las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre sexualidad, y no oculta su deseo de eliminar la “erotofobia” y el “heterosexualismo”. Sencillamente, no hay manera que se puedan reconciliar las posiciones de los personeros de la comunidad “gay” con las de la Iglesia Católica.
  3. Coloca a personas que son fáciles de tentar en lugares que deben ser considerados como ocasión próxima de pecado.
  4. Crea una falsa esperanza de que la Iglesia pueda cambiar eventualmente su enseñanza de moral sexual. (Asociación Médica Católica – AMCA)

Democracia anticristiana

Tampoco es admisible el artículo 21, en que se acepta que “la voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”. Este principio -que es la base de la democracia anticristiana y rousseauniana- es absolutamente ateo. Pío XII nos dice en la Summi Pontificatus: “No menos nocivo para el bienestar de las naciones y de toda la sociedad humana es el error de aquellos que con intento temerario pretenden separar el poder político de toda relación con Dios, del cual dependen, como de causa primera y de Supremo Señor, tanto los individuos como las sociedades humanas”. Y San Juan XXIII nos rubrica: “No puede ser aceptada como verdadera la posición doctrinal de aquéllos que erigen la voluntad de cada hombre en particular, o de ciertas sociedades como fuente primaria y única, de donde brotan derechos y deberes y de donde provenga tanto la obligatoriedad de las constituciones como la autoridad de los poderes públicos”. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)