Montserrat
En Ti confío
“Ante el cielo y la tierra, ante todos los coros de los ángeles, ante la Santísima Virgen María, ante todas las Potencias Celestes declaro a Dios, Uno y Trino, que hoy en unión con Jesucristo, Redentor de las almas, me ofrezco voluntariamente como víctima por la conversión de los pecadores y especialmente por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia. Este ofrecimiento consiste en que tomo [con] la total sumisión a la voluntad de Dios, todos los sufrimientos, y los temores, y los miedos que llenan a los pecadores y en cambio les cedo todas las consolaciones que tengo en el alma, que provienen de mi comunión con Dios. […] No temo los golpes, los golpes de la Justicia de Dios, porque estoy unida a Jesús. Oh Dios mío, con esto deseo compensarte por las almas que no confían en Tu bondad. Contra toda [la esperanza] confío en el mar de Tu misericordia. Oh Señor y Dios mío, mi destino… mi destino para la eternidad, no pronuncio este acto de ofrecimiento basándome en mis propias fuerzas, sino en el poder que deriva de los méritos de Jesucristo. Este acto de ofrecimiento lo repetiré todos los días con la siguiente plegaria que Tú Mismo me enseñaste, oh Jesús: Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confió.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 309.
Cueva del Auseva
“El ejército central sale de la cueva del Auseva; el de la izquierda, baja de los Santuarios de la Burunda y de San Juan de la Peña; el de la extrema izquierda recibe un impulso de los que se extienden por la Marca Hispánica y acampa en Ripoll, y el de la derecha aparecerá en la frontera de Portugal más tarde, sembrando de templos las etapas de su jornada. ¿Y qué sucede cuando los e3ercitos avanzan? Alfonso II, apoyándose en algunos núcleos de resistencia que han quedado intactos en Galicia, llevará un día sus fronteras hasta el Miño· Ramiro II las llevará, después de la memorable batalla de Simancas, hasta el Duero; Alfonso VI, las llevará hasta el Tajo, y Alfonso el Batallador, hasta las Riberas del Ebro, desde Tudela a Zaragoza; y las huestes que recorren la orilla del Mediterráneo, que tendrá que agitarse debajo de sus garras, llegarán con Berenguer IV hasta la desembocadura del Ebro, arrojando a los dominadores más allá de la Rivera de Tortosa; y las que siguen la línea del Atlántico llegaron con Alfonso Enríquez a la desembocadura del Tajo, que los lanzará a la desoladora llanura del Alemtejo.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, pp. 62 y 63.
La Hispanidad
“Es más si se compara con la América anglosajona, donde los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizados -¿dónde están los indios de Nueva Inglaterra?- sino los habitantes de los territorios comprados a España o usurpados a Méjico. Ni despojo de territorios, ni sed de oro, ni matanzas en masa. Un encuentro providencial de dos mundos, aunque no con simetría axiológica. Encuentro en el que, al margen de todos los aspectos traumáticos que gusten recalcarse, uno de esos mundos, el Viejo, gloriosamente encarnado por la Hispanidad, tuvo el enorme mérito de traerle al otro nociones que no conocía sobre la dignidad de la criatura hecha a imagen y semejanza del Creador. Esas nociones, patrimonio de la Cristiandad difundidas por sabios eminentes, no fueron letra muerta ni objeto de violación constante. Fueron el verdadero programa de vida, el genuino plan salvífico por el que la Hispanidad luchó en tres siglos largos de descubrimiento, evangelización y civilización abnegados.” Antonio Caponetto, www.statveritas.com, Revista Empenta, nº 99 (2º Trim 2015), pp. 27 y 28.
Democracia atea
“La monarquía que proponen los judíos a Samuel, es en el fondo el equivalente a lo que desde el Magisterio de la Iglesia se ha denominado democracia atea. Francisco Canals, rememorando a Torras y Bages, describe así a esta democracia atea: «Si se olvidan los principios filosóficos antiteísticos y antinaturales -inhumanos- de las corrientes de la gran revolución política moderna en sus sucesivas etapas, se cae en la trampa de los equívocos. No se comprenderá así que el gran Obispo catalán Torras y Bages pudiese decir que «los cristianos nunca admitirán aquel principio del parlamentarismo moderno de que una mayoría pueda volver blanco lo negro, ni negro lo blanco, hacer justo lo injusto e injusto lo justo» (Dios y el César, 19 de marzo de 1911)».” Javier Barraycoa, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, p. 497.
Madres espistadas
“En nuestro caso, tenemos la civilización de origen cristiano. Ni que decir tiene que hoy día hasta muchas madres de piadosísima misa dominical están más obsesionadas con que sus niños aprendan inglés -«para llegar a ser alguien en la vida»- a que se aprendan bien el Catecismo y salven su alma. Pero hasta no hace muchas décadas, y desde hacía quince siglos, a nuestros abuelos cristianos se les enseñaba justo lo contrario que a cualquier musulmán: que ir al Cielo era lo único verdaderamente importante en este mundo, y que era algo que había que ganárselo a pulso, mediante toda una vida de esfuerzo, virtud, trabajo y piedad. Fuera de eso, lo único que tenía garantizado cualquier mortal era ir al infierno donde arder eternamente.” Juan Sánchez Galera, Revista Razón Española, nº 196, Marzo-Abril 2016, p. 195.
La secta católica liberal
“Así todo error claramente formulado en la sociedad cristiana tuvo en torno de sí otra como atmósfera del mismo error, pero menos denso y más tenue y mitigado. El Arrianismo tuvo su Semi-arrianismo; el Pelagianismo su Semi-pelagianismo; el Luteranismo feroz su Jansenismo, que no fue más que un Luteranismo moderado. Así, en la época presente el Liberalismo radical tiene en torno de sí su correspondiente Semi-liberalismo, que otra cosa no es la secta católico-liberal que estamos aquí examinando. Es lo que llamó el Syllabus un racionalismo moderado; es el Liberalismo sin la franca crudeza de sus primeros principios al descubierto, y sin el horror de sus últimas consecuencias.” Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, pp. 20 y21.
Negar la verdad misma
“Pero si, tradicionalmente, el laicismo, efecto de esta’ confrontación, consistía en la independización de lo político (lo temporal) de la religión, lo que condujo al anticlericalismo, actualmente no tiene como objeto esta exclusión recíproca de lo político y lo religioso, sino que más bien es incluyente: no trata de separar, sino de negar lo religioso, y el orden ético, la verdad misma, como algo negativo. Esto inaugura la violencia del derecho positivo sobre el orden natural. Laicidad, por consiguiente, significa eliminación de las esencias como naturaleza de cada cosa: del hombre, del trabajo, del matrimonio… No hay más derecho, entonces, que el del ordenamiento positivo, incondicionado. A lo sumo, las esencias se convierten en libertades individuales vinculadas a la conciencia subjetiva y a las creencias y opiniones.” Joaquín Almoguera Carreres, Revista Verbo, nº 537-538, agosto-septiembre-octubre 2015, p. 580.