Pero levántate y ponte en pie, pues me he aparecido a ti precisamente para elegirte como servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré. Te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a quienes te envío para que les abras los ojos, y se vuelvan de las tinieblas a la luz y del dominio de Satanás a Dios; para que reciban el perdón de los pecados y parte en la herencia entre los que han sido santificados por la fe en mí. (Hechos 26, 14-15)
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Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. (San Mateo 11, 29-30)




La Iglesia se ha pronunciado en numerosos documentos en contra de cualquier práctica de la eutanasia y en particular, en la cuestión 2276 y siguientes del Catecismo. En este sentido, la doctrina de la Iglesia sobre la eutanasia se puede resumir en los siguientes aspectos: