mojonMontserrat

Cosas pequeñas

“Ahora comprendo que nada puede ponerme barreras en el amor hacia Ti, Jesús, ni el sufrimiento, ni las contrariedades, ni el fuego, ni la espada, ni la muerte misma. Me siento más fuerte que todo eso. Nada puede compararse con el amor. Veo que las cosas más pequeñas, cumplidas por un alma que ama sinceramente a Dios, tienen un valor inestimable en los ojos de sus santos.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 340.

Conocer y amar a la patria

“Luego es evidente que quien no estudie la Religión católica no puede conocer a España, ni el ideal de su vida ni el motor de sus empresas; y el que desconoce a España no puede amarla, y el que no la ama no cumple ni sus deberes para con la nación, ni sus deberes para con la Patria. Luego es una exigencia natural de la cultura, que impone el haber nacido en España y la obligación de amar a la Patria y de servir a la nación, la de conocerla; y como no se la puede conocer sin conocer su principio y su idea directriz, es necesario conocer la enseñanza católica, y, por consiguiente, esa enseñanza en nombre de la cultura y de la Patria, debe ser obligatoria. Debe ser obligatoria en las escuelas, en los Institutos, en las Universidades; nadie tiene el derecho de ignorar a su Nación y de ignorar a su Patria; y el Poder y el Estado que lo decretan, no hacen una obra de cultura, hacen una obra de estulta barbarie.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, p. 70.

Influencia de Teilhard

“En el tiempo en el cual escribía Meinvielle veía dos obstáculos para el reinado de Cristo. Podemos decir que el primero ha pasado sin pena ni gloria; en cambio el segundo sigue más vigente que nunca. El primero era la enorme fama de que gozó Teilhard de Chardin en la década del ’60; el segundo la actual y cada vez más vigente y amenazante: la gnosis teológica y filosófica que parece dominar el mundo. En cuanto a la influencia de Teilhard, como ya dije, ha desaparecido como pensamiento de un científico que se creyó teólogo; podría decirse, sin embargo, que la idea general del evolucionismo intracreatural subsiste; pero tal influjo es muy anterior al evolucionismo teilhardiano.” Alberto Caturelli, Revista Gladius, nº 94, diciembre 2015, p. 9.

Pensar

“Antes de obrar, en efecto, es necesario pensar y pensar significa aprehender la realidad y el orden de las cosas, que son reguladoras del obrar humano. Por esto tenía razón Aristóteles cuando llamaba la atención sobre la necesidad de una auténtica filosofía del hombre para comprender el fin y la regla del poder político, no la consideración de su voluntad, deseos o proyectos. La legitimidad, pues, reclama la racionalidad, que no lleva a secundar todas las opciones de los individuos, ni siquiera cuando son ampliamente compartidas. Menos aún puede considerarse válida la tesis (lockeana) según la cual el individuo tiene derecho a la felicidad y tiene el derecho de poner la felicidad en lo que cree que lo hace feliz.” Danilo Castellano, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, pp. 528 y 529.

Destrozar España

“En estos momentos en nuestro país, cesados el terrorismo y el vandalismo callejero, los separatistas concentran todas sus fuerzas en el Estado, privilegiada atalaya desde donde prosiguen con mayor ahínco su criminal tarea de destrozar España portando salvoconducto democrático sellado por el sufragio universal y amparados por la permisividad, cuando no colaboración, de los sucesivos gobiernos españoles avalada por cuatro décadas de ejercicio. Los representantes políticos de todo color ideológico que en nombre del constitucionalismo afirman la unidad de España frente a una minoría secesionista exhiben su incompetencia hasta la exasperación.” Manuel Antonio Orodea, Revista Razón Española, nº 196, Marzo-Abril 2016, p. 217.

Piadosos y liberales

“Mas para fio hacernos interminables y cansados, nos contentaremos en aducir las frases de otro Breve, el más expresivo de todos, y que por tal no lo podemos en conciencia omitir. Es el dirigido al Obispo de Quimper, en 28 de Julio de 1873. En él se dice lo siguiente, refiriéndose el Papa a la Asamblea general de las Asociaciones católicas, que se acababa de celebrar en aquella diócesis : «Seguramente no se apartarán tales Asociaciones de la obediencia debida a la Iglesia ni por los escritos ni por los actos de los, que con injurias e invectivas la persiguen; pero pudieran ponerla en la resbaladiza senda del error esas opiniones llamadas liberales, acepta a muchos católicos, por otra parte hombres de bien y piadosos, los cuales por la influencia misma que les da su religión y piedad, pueden muy fácilmente captarse los ánimos e inducirlos a profesar máximas muy perniciosas.” Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, pp. 25 y 26.

Pensar sin pensar

“De momento es preciso tener muy presentes las consecuencias que produce el nihilismo, en la línea de un pensar sin pensar o un querer que no es más que puro querer, lo que conduce tanto a la política como al derecho a un irracionalismo en el que, a su vez, todo puede llegar a ser derecho. En estas condiciones, la original universalización del derecho preconizada por codificadores y constitucionalistas, revolucionarios y doctrinarios, es negada por un relativismo que pierde la naturaleza de las cosas, abriendo así una perspectiva particularista y subjetivista del mundo jurídico y político.” Joaquín Almoguera Carreres, Revista Verbo, nº 537-538, agosto-septiembre-octubre 2015, p. 587.

La partitocracia, tal como ayer… o peor 3

“Cuando Fernández de la Mora escribió esa denuncia todavía dominaba una cierta euforia demoliberal. Sin embargo, la realidad oligárquica y partitocrática del régimen político del 78 era ya tan evidente que, poco a poco, salieron a la luz nuevas denuncias y críticas a la situación, como la de Luis de Velasco y José Antonio Gimbemat, La democracia plana; Manuel Ramírez, España de cerca. Reflexiones sobre veinticinco años de democracia; José Ramón Ca pella, Las sombras del sistema constitucional español; y Gustavo Bueno, Panfleto contra la democracia realmente existente. Muchas de estas críticas eran lúcidas y honestas, pero carecían de la profundidad intelectual de la desarrollada por Fernández de la Mora. Además, tampoco ofrecían un generoso proyecto de regeneración política y moral.” Pedro Carlos González Cuevas, Revista Razón Española, nº 200, Noviembre-Diciembre 2016, p. 256.