Guerra-Campos.5José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Separata del “Boletín Oficial del Obispado de Cuenca”
septiembre de 1974

III

Dentro de estas coordenadas se inscriben las declaraciones de la Jerarquía de la Iglesia sobre la persona y la actuación de Francisco Franco, Jefe del Estado. Ellas constituyen el núcleo de la presiente nota pastoral. De su copioso número bastará reunir aquí un pequeño haz representativo. No necesitan encuadramiento ni comentarios; por sí mismas sugieren el marco y el tono y dibujan claramente él perfil de los temas y los motivos de las afirmaciones.

– Todos los Obispos sobrevivientes en España, 1937, escribiendo a los Obispos del resto del mundo durante la guerra: «Tenemos la esperanza de que, imponiéndose con toda su fuerza el enorme sacrificio realizado, encontraremos otra vez nuestro verdadero espíritu nacional. Entramos en él paulatinamente por una legislación en que predomina el sentido cristiano en la cultura, en la moral, en la justicia social y en el honor y culto que se debe a Dios. Quiera Dios ser en España el primer bien servido, condición esencial para que la nación sea verdaderamente bien servida».

– El Papa Pío XII, en mensaje a los españoles al terminar la guerra, 1939: «La garantía de nuestra firme esperanza son los nobilísimos y cristianos sentimientos de que han dado pruebas inequívocas el Jefe del Estado y tantos caballeros, sus fieles colaboradores, con la protección leal que han dispensado a los supremos intereses religiosos y sociales, conforme a las enseñanzas de la Sede Apostólica».

(Esta conjunción de lo religioso y lo social se acentuaba también, con curiosa terminología, en una comunicación de los Obispos de filipinas en 1937, en que hacían suya la causa que sostienen «todos los buenos españoles que luchan al lado del glorioso Caudillo por la salvación religiosa y económica de España»).

El mismo Pío XII, al Embajador de España, 1943: «Hemos visto a Cristo triunfar en la escuela, resurgir la Iglesia die las ruinas abrasadas y penetrar el espíritu cristiano en las Leyes, en las instituciones y en todas las manifestaciones de la vida oficial. Nos, finalmente, hemos contemplado a Dios presente otra vez en vuestra historia».