palba2Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 233, noviembre de 1998

Un santo triste es un triste santo, dijo Santa Teresa. ¿Qué hacer para estar siempre alegres? No hablamos de la alegría de las risotadas, sino de la alegría permanente del alma que tiene su casa interior bien arreglada. En ese orden interior brota la alegría de saber que en cada paso se agrada a Dios.

Lo primero es tener bien organizado el plan de cada día, de cada semana, mes y año.

El año la presiden los Ejercicios Espirituales. El mes lo preside el retiro mensual. La semana la preside la confesión semanal. El día lo preside la meditación y la misa y comunión diarias.

Sobre ese esquema vienen los trabajos de cada jornada. El trabajo hecho con perfección para agradar a Dios y con recta Intención es oración. Vivir en nuestra jornada el Apostolado de la Oración. Jamás el ocio, que es enemigo de toda virtud. La Sagrada Escritura nos dice que “el que come, come para el Señor”.

Con ello quiere enseñarnos que, hasta el comer, que parece una función tan material, si se hace para guardar la salud y empleada para el servicio de Dios, es una obra de virtud. Es el comer para vivir y no vivir para comer, Lo mismo pasa con el descanso. Es preciso descansar, no solamente en el sueño, sino en la interrupción del trabajo que llevamos entre manos, para que la sana diversión, y el juego oportuno, distiendan la tensión nerviosa y rehagan las fuerzas psicológicas para reanudar el trabajo con nuevo ímpetu. También nos enseña eso mismo la Sagrada Escritura cuando nos dice que “yo duermo, pero mi corazón vela”. El descanso y la honesta diversión tomadas para dar gusto a Dios son oración. La respuesta de San Carlos Borronee jugando al billar, apelen le preguntaba qué haría si supiera que había de morir enseguida, refleja esta actitud del cristiano espléndidamente, Procuraría hacer carambola.” Pasear, conversar, cantar o tocar un instrumento, escuchar música, jugar, realizar oficios manuales, leer, ver una proyección ilustrativa de video o cine, bañarse en el mar en lugares de segura moralidad, hacer viajes de conveniencia e interés y excursiones, todo esto puede llevarlo a término el cristiano y dar con ello mucha gloria a Dios. En Dios lo comenzó y por Él lo hace.

Si el cristiano guarda ese orden, el orden la guardará a él y nacerá en su alma una profunda paz y alegría de saberse en cada momento cumplidor de la voluntad de Dios.

Es el plan de vida que todos debemos tener, a imitación de los santos monasterios, donde la regla interior del amor a Dios y la regla exterior del horario bien establecido ayudan extraordinariamente al alma en cada actividad. Orar, trabajar, descansar, unirse en caridad con la comunidad, convierten la vida en oración.

Sujetémonos a un plan de vida, aprobado por el confesor, y nacerá en nuestra alma la perfecta alegría.