José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Separata del “Boletín Oficial del Obispado de Cuenca”
septiembre de 1974

Esta idea la desarrolló también, aún con más viveza, el ahora Cardenal Dr. Enrique Tarancón, entonces muy ligado a la Acción Católica. Y el órgano de la dirección jerárquica de la Acción Católica Española, «Ecclesia», glosando precisamente la celebración entusiasta de la jornada del 1 de octubre en 1943: «Ante la inmensa obra del Gobierno realizada bajo su égida, obra penetrada de un profundo sentido cristiano, nos corresponde a nosotros hacer resaltar la benévola atención que ha merecido en todo momento al Jefe del Estado la tarea de recristianización encomendada por la Jerarquía a la Acción Católica Española. Palabra solícita y generosamente cumplida a lo largo de este tiempo, en el que todo han sido facilidades por parte de las autoridades públicas para esta peculiar obra de apostolado».

La misma «Ecclesia», dieciocho años más tarde: «Nos asociamos gustosos al homenaje debido a la persona que ostenta la más alta dignidad del país, como expresión y reconocimiento de su servicio a la paz y a la religión».

– Cardenal Quiroga, Arzobispo de Santiago, 1954: «Como prelado de la Santa Iglesia yo os felicito, Excelencia, por haber sido elegido por Dios para reafirmar nuestra unidad católica y para asentar en España este sistema de relaciones entre la Iglesia y el Estado, en las cuales (…) se está tan lejos de una supeditación del Estado con relación a la Iglesia (…) como de una servidumbre o enfeudamiento de la Iglesia con relación al Estado, que éste no pretende en manera alguna y que aquélla rechazaría en todo caso hasta el martirio».

– Dr. Olaechea, Arzobispo de Valencia, 1962: La Iglesia siente gratitud hacia todos los regímenes que no se opusieron al cumplimento de su misión; mayor, hacia «los que orientaron y orientan su gestión y las disposiciones legales en función del valor eterno de la persona humana». «La Iglesia mártir agradeció con las palabras del supremo jerarca de la misma a los restauradores del orden -feliz conjunción del glorioso Ejército y la noble ciudadanía- la ardua, la heroica misión que se habían impuesto (…), y tanto en la guerra como después de la victoria no sólo no encontró en el Caudillaje oposición a su misión divina, sino que encontró aliento y apoyo de toda suerte paira llevarla a cabo».

– Dr. Herrera Oria, Obispo de Málaga, 1949: «Como individuo, como Jefe de Estado, como jefe de familia, ha dado un ejemplo a toda España». «Sería por mi parte una ingratitud y hasta una cobardía si yo, con santa libertad apostólica y obedeciendo al mandato de mi conciencia, no recordara aquí el que en la cumbre del Estado, el primer magistrado de la nación da a diario un alto ejemplo al pueblo por el honrado cumplimiento die su deber. Deber que él concibe no como una orden impuesta por la disciplina militar, ni como un mandamiento político, ni como un sacrificio patriótico, sino como algo más alto, que recoge y eleva estos tres nobles aspectos del mismo; lo concibe como un deber religioso, convencido de que de su conducta, tan llena de gravísimas responsabilidades, tendrá que dar cuenta un día a Dios Nuestro Señor».