Una Epopeya misionera

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

Lo dicho hasta aquí vale, en primer lugar, como es sabido para las doctrinas reveladas por Dios en materia de fe y costumbres, y propuestas a nuestro asentimiento por la Santa Iglesia. Tales verdades constituyen el objeto directo del magisterio eclesiástico.

Pero además de este objeto principal o directo, el poder doctrinal de la Iglesia se extiende indirectamente-como se definió implícitamente en el Concilio Vaticano “a todas aquellas cuestiones que son necesarias para la guarda íntegra del depósito de la fe, para su congrua explicación y para su eficaz expresión”, para usar las palabras del mismo Relator del Concilio, Monseñor Gasser.

Salta a la vista que este objeto indirecto del magisterio romano constituye un campo amplísimo. Los principales ramos del saber humano son abarcados por su radio. Filosofía, ciencias, sociología, etc., pueden caer -y caen de hecho a menudo- bajo la luz de la Cátedra de la Verdad, por sus frecuentes relaciones con el depósito de la fe.

¿Se librará la Historia de esta ley tan universal? Evidentemente, no. La Maestra de la Vida, tanto o más que las disciplinas citadas, “se sitúa entre las ciencias que guardan estrechas relaciones con la Iglesia Católica”, como afirma Pío XII.

En efecto, no pocos hechos históricos están ligados con la religión, y con la misión divina de la Iglesia en el mundo. Y el Magisterio Romano no ha dejado de pronunciarse sobre ellos, especialmente sobre los más relacionados con nuestra era cristiana: juicios terminantes e inequívocos han sido emitidos por los Soberanos Pontífices, ora implícita, ora explícitamente sobre muchos sucesos importantes del pasado. El Faro de la verdad ha iluminado brillantemente la Historia. Como a las demás ciencias. O quizá con mayor abundancia de luz.

A quienes han de terminado firmemente en su corazón mostrarse hijos fieles y sumisos de la Santa Madre Iglesia, les resta solamente dejar que la luz romana esclarezca su camino hacia la verdad.

A pesar de los límites que hemos fijado a nuestro trabajo, al final de esta primera parte recogemos unos cuantos textos, sacados de los documentos pontificios, que prueban cómo en realidad la Iglesia ha iluminado, con meridiana claridad, las páginas más discutidas de la Historia de la Humanidad.